Las tentaciones habitan cerca

El torero Francisco Rivera Ordóñez recibe esta noche en Santander la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, un galardón que ha suscitado una gran polémica y toda clase de protestas de algunos miembros del estamento taurino y de los aficionados

 

El matador se lo ha llegado a creer. En una entrevista concedida al diario El Mundo, asegura que este premio lo considera como un reconocimiento a su carrera, y por supuesto, al esfuerzo por mantener una saga de extraordinarios personajes, en el cual él no se ve como el un eslabón más, sino como quien custodia, perpetúa y da continuidad a este imponente pasado. Parece que el maestro no se da cuenta que este reconocimiento nada tiene que ver con su apellido, sino más bien con los méritos propios que cada uno pueda desarrollar. Aunque es evidente, que tanto pedigrí es lo único que ha tenido en cuenta el Ministerio de Cultura, a la hora de justificar este homenaje, y no precisamente la aportación del matador de toros al engrandecimiento de las Bellas Artes.

Y es que Rivera Ordóñez no ha hecho nada relevante para merecer este reconocimiento (taurinamente hablando). El diestro argumenta que las críticas le vienen dadas con tanta saña porque su proyección mediática y su faceta de personaje del mundo del corazón (que no busca) ha sido la excusa para vapulearle y, por tanto, confundir al personal, que no ve en él a un torero hecho y derecho, sino a un galán de telenovela. Habría que preguntarle a Francisco si hace examen de su propia realidad. Porque algunos lo tenemos claro.

En esta misma declaración de intenciones, el torero mediático asegura que el presidente Rodríguez Zapatero tiene mucho que ver en la dejadez en que se encuentra la Fiesta de los toros. Tiene razón Rivera Ordóñez en una cosa: en la omisión de responsabilidades de las autoridades públicas para defender y desarrollar este espectáculo singular, precisamente porque están obligados a ello, fuera de todo condicionamiento de modas, religiones, gustos o cuestiones personales. Sencillamente porque compete a estas instituciones públicas la salvaguarda del patrimonio común, de nuestra historia y de todo lo que abarque por cercanía y fundamento a la literatura, el periodismo, la pintura, la política y a cuantas expresiones culturales se hayan desplegado partiendo del impulso de los principios de la tauromaquia. La decadencia en que está inmersa la Fiesta de los toros es ya una cuestión de todos. Su declive se debe a la especulación de los profesionales que componen el estamento taurino, al abandono de las instituciones que deben preservarla y desarrollarla, a la omisión de la defensa de sus principios, a la falta de calidad, y fundamentalmente a la irresponsabilidad de cuantos confunden su grandeza con una cuestión de no modernidad, de espectáculo retrógrado.

Si el diestro galardonado tiene tan claro cuáles son los males de la Fiesta, esta vez su postura no le ha impedido declinar este homenaje, pues es el mismo Gobierno quien propone y concede esta distinción. Podría haber aprovechado esta circunstancia para reivindicar la relevancia del espectáculo de los toros, de pedir su permanencia y exigir su autenticidad. Sin embargo, se ha liado la manta a la cabeza, porque le viene muy bien engordar el currículo y sacar brillo a su apellido.

A continuación puede consultar los editoriales y artículos de opinión publicados en toroaficion.com sobre esta polémica medalla.

 

La medalla dichosa
El homenajeado Rivera Ordoñez da las gracias a quienes le apoyan. Los periodistas Peñafiel y Villacastín creen que las críticas de sus compañeros de profesión se deben a celos y envidias. Y toroaficion censura la decisión del Ministerio de Cultura por conceder al matador de toros la Medalla de las Bellas Artes, sencillamente porque no se la merece.
Sigue la polémica en torno al galardón que ha recibido el diestro Francisco Rivera Ordóñez por parte del Ministerio de Cultura. El torero ha publicado en su página web una carta donde se derrite en elogios para los miembros de su familia y para el ministro César Antonio Molina. Elude pronunciarse respecto a la polémica desatada desde que se hizo público el premio. El matador de toros explica la satisfacción que le produce tan alta distinción. Da las gracias a los compañeros que le han apoyado. Además, Francisco Rivera hace una referencia escueta a las críticas recibidas y asegura: “a los que no creen que merezco esta distinción quiero decirles que por encima de todo somos compañeros, que siempre habéis tenido mi respeto y siempre lo tendréis, esperando que en el pasar de los días nos encontremos de nuevo”.
En un tono blandengue, lleno de lisonjas para sí mismo, reafirma: “Pero si sé una cosa, que soy y seré siempre torero”. Bueno, ¿y qué? Es obvio que Francisco Rivera Ordoñez se pone delante de un toro, ¿y sólo por el hecho de hacerlo se merece tan alta distinción? Resulta desalentador que no se quiera entender este punto crucial de la discusión. Hay toreros buenos, malos, regulares, incluso en alguna ocasión aparece alguien genial. Que sea torero, no implica ser un artista, y este premio debería quedar reservado a algo o a alguien sublime.
Es una inmoralidad que las críticas a la concesión de la Medalla al Mérito de las Bellas Artes se traduzcan en la envidia que sienten sus compañeros de profesión, como aseguran los periodistas Jaime Peñafiel y Rosa Villacastín, aparte de otros muchos. Ambos recurren al árbol genealógico. Que si nieto, que si sobrino, que si hermano. Para Peñafiel (El Mundo, 15 de marzo) “no es de recibo que por envidia, celos o desprecio, a algunos compañeros no les haya importado demostrar falta de compañerismo”, pues que se trate de un personaje mediático “no puede ser un motivo para descalificar a un profesional”. Rosa Villacastín, en un texto difundido por la agencia EFE, hace piruetas con comparaciones escabrosas del dúo Rivera y José Tomás con Javier Bardem y Antonio Banderas, pues estos últimos pueden ser buenos en facetas diferentes dentro de una misma profesión. Compara, respecto a los diestros, que mientras a uno le viene la vocación por genética, al otro es porque su abuelo un día le llevo a una plaza de toros. Al final del texto la periodista alude a la ingratitud que el torero de Galapagar muestra con este gesto. Se refiere Villacastín a lo ocurrido en la plaza de toros malagueña el pasado verano cuando Rivera Ordóñez (empresario del coso) corrió al centro del ruedo para ayudar a un herido José Tomás que acababa de sufrir una cornada.
Es fácil y gratuito hacer comentarios en todas direcciones. Puede ser que algunos profesionales del toreo no encajen este premio que han concedido a Francisco Rivera por celos profesionales. Pudiera ser. Pero, por favor, tomen nota todos los que se excusan en argumentos genéticos, de educación o elegancia. Los aficionados que manifestamos tal despropósito de homenaje es porque sencillamente tenemos las cosas claras: “¡Francisco Rivera no se merece este premio!”. No ha obtenido un éxito reconocible por todos en su carrera profesional. Señoras y señores este galardón se otorga a las personas e instituciones que destacan “en el campo de la creación artística y cultural o prestado notorios servicios en el fomento, desarrollo o difusión del arte y la cultura o en la conservación del patrimonio artístico”, dice el Ministerio de Cultura en los requisitos para optar a este homenaje, y de momento –a nuestro juicio- el diestro Rivera todavía lo tiene que merecer.
La responsabilidad habría que pedirla al Ministerio de Cultura, por su tosquedad al ofrecer a Francisco Rivera esta deferencia. Toroaficion.com se ha pronunciado al respecto: “Su árbol genealógico es apabullante. Pero sus méritos profesionales no son tan rotundos, al menos cualitativamente. Este galardón que le ofrecen es tan desproporcionado como ignorantes son quienes que se lo otorgan. El linaje sería incuestionable si hubiera casta. Pero la casta se antoja incierta, incluso caprichosa. Allá cada uno con sus genes”. redaccion@toroaficion.com
 
Por fin hay alguien ahí fuera
“Por vergüenza torera” los diestros Paco Camino y José Tomás devuelven su Medalla al Mérito de las Bellas Artes al Ministerio de Cultura en protesta por la concesión del mismo galardón a Francisco Rivera Ordóñez
La justa polémica que se ha desatado por la concesión de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes 2008 al matador de toros Francisco Rivera Ordóñez se ha convertido en una pelota de tamaño considerable. Afortunadamente. Las reacciones han sido escasas hasta el día de hoy. Los diestros Paco Camino y José Tomás han tomado la iniciativa y “por vergüenza torera” han renunciado a este mismo galardón que en su día obtuvieron.
No queda más que aplaudir este gesto. La mayoría de los aficionados se han quedado perplejos ante semejante atropello en que se ha convertido este homenaje. Las organizaciones taurinas no se han pronunciado. Gran parte de los críticos se han limitado a hacer una reseña sin comprometerse. Y las instituciones oficiales no han entendido nada porque no pueden entenderlo. Han sido ellos mismos quienes han provocado este disparate.
Toroaficion.com se ha pronunciado respecto al atropello que supone conceder a Francisco Rivera Ordóñez este galardón por parte del Ministerio de Cultura. Y es un error porque hunde mucho más este espectáculo en la decadencia, porque no se lo merece por méritos profesionales, porque hay personas e instituciones que sí contribuyen al desarrollo de la cultura, y porque desde estas mismas representaciones oficiales no se toma ninguna medida contra el desamparo y el fraude en el mundo de los toros -que cada día se generaliza más-. En esta tribuna de toroaficion.com se dice: "A juicio de muchos es de obligado respeto que este mundo de los toros es y debe formar parte del patrimonio social, cultural y artístico de nuestro país. Para beneficio de todos, defensores y detractores de la fiesta, las más altas instituciones están obligadas a no devaluar tan importante homenaje, y se les pide que apunten mejor cuando propongan a los candidatos".
A continuación se adjunta la copia de la carta que los diestros Paco Camino y José Tomás han hecho llegar conjuntamente al Ministro de Cultura César Antonio Molina, en el que deciden devolver este premio que un día les concedió.
Ilustrísimo Señor D. César Antonio Molina. Ministro de Cultura del Gobierno de España. Madrid.
Muy Sr. Nuestro:
Por vergüenza torera -de eso se trata señor Ministro, de vergüenza- y desde el convencimiento de que le hacemos un bien al arte de torear, velando siempre celosamente por el prestigio de lo que amamos y respetamos, hemos decidido devolver las Medallas a las Bellas Artes del Toreo que nos concedió su Ministerio no hace mucho tiempo, porque el concepto Arte del Toreo lo están ustedes degenerando tanto que ha llegado a los bajos fondos del Toreo.
Las medallas no las queremos tener entre tantos y tantos prestigiosos recuerdos y trofeos que sí que valoran nuestro Arte de Torear, porque con ello traicionaríamos el valor y sentimiento de los mismos.
Atentamente,
Francisco Camino
José Tomás"
http://lacomunidad.elpais.com/toros/posts

A Francisco Rivera no le perjudica el apellido
El matador de toros ha sido galardonado con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2008 y ha desatado una gran polémica
A Francisco Rivera no le perjudica el apellido, ni la estratosférica proyección mediática, ni los contados triunfos de su vida profesional en el planeta de los toros. Cuando se siente acosado por los alcachoferos de la prensa rosa y ante sus fastidiosas preguntas basurillas que le requieren titulares explosivos contesta que “él habla solamente de su trabajo”. Pues bien, hoy es una buena oportunidad para hablar de sus méritos profesionales. El Consejo de Ministros del pasado 20 de febrero ha aprobado la concesión del galardón Medalla de Oro al Mérito en la Bellas Artes 2008 -entre otras personalidades y entidades- al matador de toros Francisco Rivera Ordoñez. Estos premios se conceden anualmente a propuesta del ministro de Cultura, los debe aprobar el Consejo de Ministros y los entregan los Reyes de España en acto público. El Ministerio de Cultura reconoce como imprescindible para otorgar este galardón a hombres, mujeres e instituciones, haber destacado “en el campo de la creación artística y cultural o prestado notorios servicios en el fomento, desarrollo o difusión del arte y la cultura o en la conservación del patrimonio artístico”.
En el breve currículo del matador de toros que el Ministerio publica en la propia página web se dice que Francisco Rivera es el continuador de “la saga de toreros que había comenzado tres generaciones atrás” y una de las características que considera más destacada del protagonista es que después del año 2000 el diestro acorta su número de actuaciones dando “prioridad a afinar su técnica, que ahora resulta más estética, reposada y profunda”. Conviene recordar que Rivera debuta con picadores en 1992, toma la alternativa en 1995, en Sevilla, y la confirma el año siguiente. Francisco Rivera sigue activo como matador de toros, aunque la mayor parte de sus actuaciones las realiza en festivales o en plazas de segunda y tercera categoría. Cuesta entender que un torero que se inclina por el sosiego y exigencia en su número de actuaciones, acumulara en el año 2000 alrededor de cincuenta paseíllos y pasara progresivamente a 82 festejos en el 2008. También es empresario de plazas de toros, y junto a José María Almodóvar han formado la empresa Tazdevil SL. Ambos gestionan los cosos de Málaga, Las Rozas (Madrid), Estepona y Antequera. También es propietario de la ganadería que lleva su mismo nombre. Tiene antigüedad de 15 agosto de 1989, y está situada en la finca Buenvecino, en Llerena (Badajoz). Su procedencia actual, -se asegura-, es Carlos Nuñez. Perteneció a Juan Guardiola Fantoni en la década de los cincuenta, y después de diversas particiones y ventas, fue adquirida en 1979 por su padre Francisco Rivera Pérez Paquirri.
Desde luego, los responsables del Ministerio de Cultura no han podido improvisar peor. En primer lugar, porque han copiado desahogadamente las notas de la biografía que publica la página web del matador de toros. Ni se han molestado en elaborar algo propio, y si acaso coherente. El soporte digital del toreo asegura que Francisco Rivera Ordoñez acorta su número de actuaciones “más preocupado de ordenar sus ideas como torero y afinar su tauromaquia, en definitiva de buscar en su interior el toreo que más le llena. Sus formas se han depurado mucho en las últimas temporadas, en las que ha aparecido un Rivera más en Ordóñez, más estético más reposado, más profundo, una vez superadas tensiones y el agobio que conlleva la lucha por estar en lo más alto". Sin comentarios. Cada uno dice de sí mismo lo que le parece. Otra cosa es que los demás se lo crean.
En segundo lugar, este galardón parece obligado en los últimos años a asegurar un premio a personalidades relacionadas con el planeta de los toros, después de otras muchas pasadas ediciones en las que ni se ocurría proponer a alguien con apellido de reminiscencia taurina. Si formulan dicho premio porque consideran que la tauromaquia y sus expresiones artísticas no deben quedar fuera del ámbito cultural, no hay nada que objetar al respecto. A juicio de muchos es de obligado respeto que este mundo de los toros es y debe formar parte del patrimonio social, cultural y artístico de nuestro país. Para beneficio de todos, defensores y detractores de la fiesta, las más altas instituciones están obligadas a no devaluar tan importante homenaje, y se les pide que apunten mejor cuando propongan a los candidatos.
En muchas ocasiones son reconocimientos merecidos a trayectorias profesionales incuestionables –como es el caso de Curro Romero, José Tomás, o el propio Antonio Ordóñez, abuelo de Francisco Rivera-, y en otras, como la que nos ocupa, ha resultado ser un patinado que trasciende el perímetro taurino. Compañeros de paseíllo, aficionados los más, críticos taurinos los menos, han roto el corporativismo de puertas a dentro, y han manifestado su malestar –por decir algo- ante semejante disparate de premio. Morante de la Puebla, por ejemplo. La prensa rosa está aprovechando para polemizar (en qué dirección es obvio). El resto de los periodistas casi ni se han pronunciado, salvo algún columnista, que para que todo el mundo lo entienda, ha comparado al nieto con el abuelo, y todos se han dado por juzgados, además de enterados que las comparaciones son odiosas. ¡Qué le vamos a hacer!
Algunos de los aficionados tenemos trayectoria, y no recordamos casi nada sobresaliente en este diestro de dinastía. Al menos, en la primera plaza del mundo. No ha salido nunca por la Puerta Grande de Las Ventas, como tampoco por la Puerta del Príncipe en Sevilla. Muchos recuerdan una sonada vuelta al ruedo que dio en el coso madrileño y que si es un trueno no hace tanto ruido. Gran parte del público isidril había pedido la oreja que el presidente no concedió. El maestro recorría el redondel y cuando pasó por delante de aquellos que habían protestado tal concesión, el torero les mandó sin disimulo un corte de mangas que ha hecho historia. Desde luego dejó en evidencia su talento para encajar las críticas, sus modales, su enorme autosuficiencia y en papel mojado lo del respeto al respetable.
Precisamente, aquellos que habían protestado entonces fueron los únicos que supieron ver años atrás una actuación meritoria de este matador en el ruedo de Las Ventas. Fue el 23 de mayo de 1996, la tarde de su confirmación de alternativa. El cartel de lujo del ciclo de San Isidro: Joselito, Enrique Ponce y Francisco Rivera con toros de Samuel Flores. Por entonces, en esta ganadería ya escaseaba la casta y la movilidad, y las primeras figuras los preferían. Pero este día salieron ejemplares encastados y nobles, bien presentados y con cornamentas abultadas. Los dos primeros diestros de ese cartel protagonizaron con sus quites toda la corrida, y que por lo poco que se prodigan -en la nueva tauromaquia-, resultó una tarde apoteósica. Los aficionados recuerdan que Francisco Rivera, desplazado por el protagonismo de los otros dos matadores, no quiso ser un convidado de piedra en la tarde de su reválida, y con el sexto, un cornalón descarao, se jugó el tipo como un diestro valiente. Este ejemplar que daba miedo por las dimensiones de su arboladura –parecía que había un metro de pitón a pitón-, y porque era un toro descastado de modales broncos. Dejó evidencia de su decisión, como también fueron innegables sus carencias dominadoras. A pesar del bajonazo que dejó, el público pidió la oreja desaforadamente, y dio una vuelta al ruedo.
Joaquín Vidal tituló la crónica de ese día La fiesta soñada. El crítico de El País escribió de este acontecimiento: “Hubo toros y toreros. Los toros no se cayeron, los toreros torearon. Hubo también quites. Y la afición no se lo podía creer. (…) Tres quites hubo en el segundo toro, cuatro en el tercero, en el cuarto cinco. ¡Con dos varas, cinco quites! Hasta parecía excesivo. Joselito y Ponce se alternaban en la exhibición y no se sabe quién ganó aunque Joselito llevaba ventaja. (…) En los turnos de muleta, sin embargo, fue distinto”. Y finaliza la crónica aludiendo al torero que confirmaba alternativa: “Un lote dificultoso correspondió a Rivera Ordóñez, que perfiló buenas verónicas, y estuvo voluntarioso y valiente. Ni siquiera le arredró la casta agresiva del sexto y consiguió sacarle una corajuda tanda de naturales. Mató de bajonazo y no importó para que el público pidiera la oreja. El público se había puesto de un triunfalista subido y el presidente hubo de contener su orejismo desaforado. A algunos no debió de sentarles bien tanta maravilla junta, y el sueño del toreo bueno y la fiesta espléndida se les acabó convirtiendo en delirio”.
No deja de ser paradójica tanta bulla en estos días que corren. Quizá sea una muestra más de la decadencia en la que ha caído este espectáculo. O quizá, no es más que el desamparo en que se encuentran los aficionados exigentes y los profesionales responsables. Los mensajes que llegan al respecto de la mayoría de los representantes políticos y sociales en los actuales gobiernos son anti taurinas, o al menos no involucradas con el mundo de los toros. La contradicción es evidente cuando se conceden lisonjas y acercamientos bochornosos desde las instituciones a los protagonistas del taurinismo oficial, que no hacen sino desacreditar a quien da y a quien recibe. El mensaje está claro desde hace tiempo. El amparo para salvaguardar la singularidad de este espectáculo es relegado, la respetabilidad queda entredicha porque los organismos oficiales no persiguen el fraude, y en definitiva se desatiende lamentablemente una manifestación cultural y artística de larga trayectoria y de profundidad descomunal.
Por último, respecto al pedigrí de Francisco Rivera Ordóñez (1974) no hay nada que objetar. Sus apellidos lo dicen todo. Bisnieto de Cayetano Ordóñez, el Niño de la Palma, y del empresario taurino Domingo González Marcos, Dominguín. Nieto de Antonio Ordoñez. Sobrino nieto de los tres hermanos toreros Dominguín, Dominguito, Pepe y Luis Miguel. Sobrino de Curro Vázquez y Paco Alcalde. Es hijo de Francisco Rivera, Paquirri. Hermano de Cayetano Rivera, primo de Canales Rivera y cuenta entre su parentela familiar a toreros como Juan Carlos Beca Belmonte y Ángel Teruel.
Es un protagonista imprescindible en las revistas del corazón. Su matrimonio con la hija de la duquesa de Alba lo lanzó a los principales puestos en las portadas del papel cuché. Su proyección mediática es una de las mejores valoradas. Su árbol genealógico es apabullante. Pero sus méritos profesionales no son tan rotundos, al menos cualitativamente. Este galardón que ofrecen a Francisco Rivera es tan desproporcionado como ignorantes son quienes que se lo otorgan. El linaje -antes mencionado- sería incuestionable si hubiera casta. Pero la casta se antoja incierta, incluso caprichosa. Allá cada uno con sus genes.
redaccion@toroaficion.com
 
Malas artes
Por Carmen Oteo
Me gustaría ser Corrochano, corresponsal de guerra y el mejor cronista taurino, para dar una opinión fundada, objetiva y hasta didáctica, sobre la concesión de la Medalla de las Bellas Artes al matador Francisco Rivera Ordoñez. En lo taurino, lo sé, me sobra pasión y me faltan conocimientos.
Nos están acostumbrando a ver los premios concedidos en cualquier orden como una operación de marketing de quien los otorga y de quien resulta premiado. El resultado de tanta manipulación es que lo que deja de valer es el premio en sí.
Francisco es el torero galardonado con mejor pedigrí: sangre Ordoñez, Dominguín y Rivera corre por sus venas, pero sin trayectoria ni capacidad artística alguna. Por tanto se trata de una concesión a todas luces inmerecida, que sólo puede ser otorgada desde la ignorancia o desde el tráfico de influencias y que supone un agravio para el resto de galardonados.
El mundo taurino, que no es dócil ni sumiso, que cree en la épica y que sabe que la mansedumbre es el peor defecto que puede tener un animal porque lo hace más peligroso, acostumbrado a buscar la nobleza en el toro y en la vida y capaz de pronunciar la frase “en mis hambres mando yo” no se ha quedado callado ante la injusticia del galardón.
Morante, el torero más artista, fue el primero en alzar la voz y decir que la concesión era una vergüenza porque demostraba el profundo desconocimiento de la fiesta por parte del Ministerio de Cultura. Una verdad como un castillo de grande y de incómoda.
José Tomás y Paco Camino, ambos “toreros de época”, han devuelto las medallas que en su día le fueron concedidas y vaya la que se ha armado. Entiendo que devolver esos premios es un acto válido, libérrimo y que tiene como objetivo deslegitimar a quien los concede.
En verdad, las medallas no configuran la biografía de un torero y de poco sirven en el ruedo y ante el toro. En la plaza sólo Dios reparte suerte.
Carmen Oteo, aficionada. Texto publicado en el Diario de Jerez.