Opinión‎ > ‎

Jose Campos Taiwan

José Campos Cañizares es profesor de español en Kaohsiung (Taiwán), autor del libro Toreo Caballeresco en la época de Felipe IV, y un aficionado. Su pasión por este mundo singular de los toros la ha trasladado a su destino profesional en Taiwán, desde donde organiza encuentros taurinos como el que tendrá lugar a finales de diciembre. Colabora con sus artículos -sobre el universo de los toros- en la publicación Encuentros en Catay -a la cual pertenece como miembro del Comité Asesor-, e impulsa su divulgación en España. A continuación reproducimos el texto de introducción al debate sobre el futuro en el mundo de los toros, y que José Campos expondrá como ponencia durante el encuentro programado en la Universidad de Wenzao. Además, el programa de dichas actividades se reproduce al final de este documento.
(c) Quedan reservados todos los derechos de autor.  
 
La controversia de los toros en el mundo de hoy
Por José Campos Cañizares
La fiesta de los toros vive inmersa en los últimos años en una verdadera paradoja: por un lado, la cifra de festejos (al menos en España y Francia) es exitosa, así como la realidad de las ferias y la dinámica económica del aparato taurino empresarial; pero por otro lado, se encuentra parapetada en su propio mundo, con mucho miedo de darse a conocer o extenderse a otros ámbitos del mundo cultural; esto es así, a pesar de la puesta en marcha de innumerables proyectos de enganche con ciertas instituciones políticas europeas, que no calan o trascienden.

 

Dentro de todos los ámbitos que gustan de los toros, que viven de los toros y que se desviven por los toros (empresarios, ganaderos, toreros, cronistas, aficionados…) existe cierta psicosis de autoculpa. Pesa que se les vea como defensores de un espectáculo, que mirado desde fuera, se cataloga de violento, cruel, impropio de un mundo moderno que lucha por una democracia universal, por un mundo mejor, natural o ecológico, de igualdad, y con un trato de respeto y educado hacia los animales.

Si bien, lo anterior es cierto, debemos recordar que la condición humana sigue incólume, sin cambios, de aquella con la que fueron forjados los hombres desde su creación o aparición en este planeta. Por un lado, la gran mayoría de la población, a pesar de esfuerzos de ciertas religiones y tendencias filosóficas, es omnívora; es decir, como complemento, necesita la materia animal para vivir y sobrevivir. Ello depara, desde los orígenes de los tiempos, una necesaria manipulación de la vida de los animales y ha creado una industria alimentaria que gira sobre su muerte, en mataderos, a cuya carne se le da salida comercial para su transformación gastronómica en locales públicos o privados. Se puede decir que la fiesta de los toros sufre un acoso (no ya un ninguneo mediático) de carácter público por medio de numerosos colectivos que intentan convencer a muchos ciudadanos españoles y de otras nacionalidades de la conveniencia de la desaparición de dicho espectáculo en estos tiempos ya actuales.

 

Habría que pensar que esta manera de explicar lo que es la fiesta de los toros va consiguiendo que sea tenida por los jóvenes, y en incremento, como un anacronismo. Así de manera lenta desde las instituciones educativas, sobre todo, se va instaurando una nueva visión sobre la fiesta diferente a la transmitida por tradición. Todos sabemos que la historia ha caminado a gran velocidad desde hace unas décadas. La presencia de lo rural y de lo agrario en las sociedades modernas (sobre todo en las europeas) está en puro retroceso. A pesar de la importancia económica de sus productos y del auge que se le quiere dar desde el turismo, son sectores que emplean a pocas personas, las cuales se sienten desligadas de las áreas de influencia de sus países y de la cultura de su tiempo.

 

El mundo de los toros, hasta hace poco, estaba muy apegado a un tipo de sociedad tradicional, agraria, desde la que se podía entender mejor la relación de vida y muerte entre animales y hombres. En dicho territorio es donde el toro ha permanecido y se ha criado como animal destinado a la lidia o a la corrida, ritual donde puede mostrar su fortaleza y desplegar sus cualidades singulares de bravura, cuyo depósito instintivo le hace diametralmente diferente a otras especies animales salvajes que, por otra parte, hoy, de forma genérica, soportan limitaciones de hábitat y de libertad, y sobre las que gravita el peligro de extinción.

 

La fiesta de los toros en la península ibérica, principalmente, en su geografía y en sus pueblos, núcleo cultural que la conforma, hunde sus raíces en lo agrario y en lo popular. En el devenir de la historia ha surgido la corrida de toros (hablemos de la andaluza o española) recreada en el escaparate festivo urbano de sus plazas y cosos. Para algunos es un fenómeno cultural de primer orden dentro del área antropológica de la festividad, con funciones rituales o metafóricas, comunicativas y socializadoras en el seno de una amplia comunidad que abarcaría gran parte de Iberia, el sur de Francia y algunas naciones americanas (México, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú).

Desde el medio urbano de hoy, desvinculado de su antiguo contorno geográfico rural, se puede entender poco la singularidad del hecho taurino, que, además, para sentirlo requiere de una seria iniciación. De tal modo, según pase el tiempo habrá menos posibilidades de que la filosofía que encierra la corrida de toros sea comprendida por las nuevas generaciones y puede que quede reducida a ciertas élites que añorarán una vuelta al pasado. Si como hecho vital y cultural no es explicada de padres a hijos, ni valorada por los medios de comunicación, ni por las instituciones públicas, su futuro, a pesar de su fuerza antropológica, se vislumbra como una luz que se irá apagando.

 

No toda la responsabilidad de la falta de compenetración entre el fenómeno de la tauromaquia y la sociedad en la que se da hoy, hay que atribuirlo a la desidia de los políticos o al desinterés de los medios de comunicación de masas por esta fiesta tradicional, incómoda (porque muere un animal en directo, en repetición de un rito atávico). El mundo profesional taurino tiene mucha culpa en no saber transmitir sus valores, con renovados mensajes, a una sociedad distinta a la de un tiempo no muy lejano.

 

Como negocio, como tantos campos de lo humano, los toros adolecen de falta de transparencia, de juego limpio y de equidad. Al iniciarse el siglo XXI el toro bravo está sufriendo un proceso de notable transustanciación al ser seleccionado para la lidia el animal menos fiero, con más garantía de éxito para las figuras del toreo, en connivencia con los empresarios. El toro de lidia, incluso, a su pesar, entre otros males, padece el afeitado de sus cuernos. Algo que se ve con demasiada frecuencia en las plazas de toros todas las tardes, sin tener que ser un entendido para su detección. Por ese camino, si se le falta el respeto al toro se cuestionará la fiesta desde la moralidad.

 

Numerosos intereses refuerzan la endogamia taurina. Los que viven de su economía, cierran filas y descalifican a todos aquellos que exigen una fiesta más auténtica, con un mayor ingrediente de emoción. A los que no comulgan con las propuestas del taurinismo se les suele achacar de desconocimiento de lo que es y debe ser la fiesta de los toros. Es decir, se les descalifica con el argumento de que no saben.

Se les ataca donde más le duele a todo amante de la fiesta de los toros, en que no posee sabiduría. El aficionado independiente queda apartado de los círculos de decisión cuando pide un espectáculo sin trampas, pues no se muestra en sintonía con los que lo entienden y lo manejan.

 

Se echa en falta en el terreno de la crítica profesional un mayor distanciamiento con respecto a los protagonistas económicos y artísticos del evento taurino. Pues no siempre es necesario decir que todo está bien, que los toros van bien. La autocomplacencia no encauza la posible decadencia de la validez de lo que ocurre en los ruedos, no arregla las cosas. Por otro lado, habría que advertir que el aficionado cabal (intelectualmente preparado) no tiene la misma mirada que el pueblo, que simplemente se divierte y se olvida. Desde esta perspectiva, de manera paulatina, cada vez menos intelectuales se acercan a la fiesta taurina, ni muestran síntomas de entenderla, y cuando lo hacen se aproximan al discurso de la oficialidad mercantil y artística, sin un sentido crítico ni constructivo.

 

Los que atacan la fiesta taurina (el antitaurinismo: siempre ha existido) no son conscientes de las diatribas internas ni de las tropelías que se cometen en el mundillo que defiende a los toros. Es comprensible que los enemigos de la fiesta sólo perciban y reparen en las imágenes que reflejan la sangre que brota del toro, sin profundizar en sus por qués o secretos o razones de carácter ritual o festivo, ético o artístico, que la puedan validar o engrandecer, y darle marchamo de evento religioso o social.

 

Evidentemente lo expresado no sirve para justificar que un hombre se pueda medir a un animal en público, para dominarle, con la ventaja de su inteligencia y con la finalidad de darle muerte; porque el hecho de entender tal lid o gesta o reto (de la que emana un brioso torrente de creatividad artística y metafórica) se produce en los primeros instantes de presenciarlo por primera vez. Es un sí o un no, casi rotundo, y los razonamientos que se sitúan en cada espacio vital quedan enfrentados e invariables para siempre. No merece la pena el esfuerzo de un entendimiento y un convencerse.

La experiencia lo demuestra. Nadie cambiará de opinión.

 

El Departamento de Español de la Universidad de Wenzao de Kaohsiung (Taiwán), coincidiendo con la propuesta de abolición de la corrida de toros en Cataluña, prevista para el mes de noviembre de 2009, previa discusión y votación en su parlamento autonómico, propone un encuentro, una jornada, un seminario, en el que, a enorme distancia geográfica y cultural del juego hispánico y trágico de los toros, se pueda reflexionar sobre la milagrosa existencia a comienzos del siglo XXI, de un rito, convertido en espectáculo, en el que muere un animal singular, el toro, poseedor de bravura, un ejemplo ético que los humanos quieren aprender de él y robarle para sobrevivir como especie. Un evento, un regocijo, que muchos no entienden y que puede entrar en fase de desaparición si sus tesis de componente mistérico, filosófico, artístico, cultural, no se mantienen vivas y vigentes.

José Campos Cañizares

Departamento de Español de la Universidad de Wenzao (Kaohsiung, Taiwán)

 

Seminario

La controversia de los toros en el mundo de hoy

Departamento de Español de la Universidad de Wenzao (Kaohsiung, Taiwán)

Tendrá lugar el 18 de diciembre de 2009

 

PROGRAMA:

10:15 Presentación del seminario: Dr. Carlos Lin, Director del Departamento de

Español de la Universidad Wenzao.
 

10:30. Dr. José Campos Cañizares (Universidad Wenzao, Kaohsiung):

         Evolución de la fiesta de los toros a lo largo de la historia y sus claves. Un ligero apunte sobre el mundo taurino.

10:50. Dr. José Ramos (Universidad Tamkang, Taipei):
         Sobre la esencia poética de la corrida de toros en el mundo moderno. Anotaciones impertinentes.
11:10. Dr. Francisco Moreno Marcilla (Universidad Providence, Taichung)
         Una defensa del discurso abolicionista (antitaurino) de las fiestas taurinas y en especial de la corrida española.
11:30.Dr. José Ramón Álvarez (Universidad Fujen, Taipei):
         La comprensión y el respeto por los fenómenos culturales diferenciales. Una mirada desde el exterior.

11:50/13:00. Debate.

         Al final del mismo (12:30) se proyectarán dos faenas históricas recientes como ejemplo de diferencias artísticas
         y estado actual de la tauromaquia.

Comments