Editorial. Sobre los derechos de imagen de los toreros

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No damos crédito a lo que leemos sobre este trending topic, o tema de moda, relativo a los derechos de imagen que el “fabuloso” grupo de los súper “hombres G 10”, y que pretende cobrar a las televisiones por retransmitir sus actuaciones profesionales en las muchas ferias taurinas.

En dos partes, señores.

Una. Hay quién asegura que los empresarios no saben cómo contratar a los toreros, que exigen estos preciados derechos de imagen, apoderados por los socios con los cuales hacen empresa (por ejemplo, Manzanares apoderado por Matilla y que a su vez es socio de Simón Casas en la nueva sociedad gestora de Madrid, pero por separado en Valencia, donde no se han cerrado los carteles de la próxima feria e ignoran cómo y cuánto se debe abonar por estas cuitas). No vemos tal dificultad. Todos los empresarios del orbe taurino se pelearían por contratar a José Tomás, aunque no cobren ese día por la difusión del espectáculo. Todo el mundo sabe que el diestro será capaz de llenar la plaza y de rentabilizar la polémica porque no se deja retrasmitir.

Dos. Otra versión asegura que “los toreros están dispuestos a sacrificar su caché para conseguir volver (a la televisión pública). Pretenden ofrecer un calendario de aproximadamente seis festejos con los principales nombres del escalafón y con el compromiso de los diestros de involucrarse personalmente en la promoción. Estos espectáculos se celebrarían al margen de las grandes ferias, pues ya se tienen acuerdos cerrados con las televisiones y, según afirman los diestros, “el dinero nunca sería un problema”.

En resumidas cuentas.

A la versión uno. Por el concepto de “derechos de imagen” es un tema que no es nada nuevo y siempre se ha negociado entre dos partes: las cadenas y los empresarios. Por tanto, son éstos quiénes deben entenderse con los toreros (todos, a pie y a caballo). Lo que viene sucediendo es que los espadas quieren negociarlos personalmente, pues a los banderilleros y picadores reciben este concepto en sueldos o complementos (ya que las agrupaciones y sindicados a los que pertenecen han dado por aclarado este asunto). Hace poco leía un ejemplo muy acertado en un soporte digital que comparaba el tema como si “Robert Redford trata de negociar sus derechos con un cine de Fuenlabrada”, una vez que los ha negociado globalmente con la productora, por activa y pasiva, y en todos los ámbitos posibles para su utilización icónica.

 

Nos detenemos en la versión dos.

Todos los mentideros taurinos están de acuerdo en convenir que estas figuras del escalafón torero tienen todo el derecho a percibir dinerito por su exposición pública de su cuerpo y su supuesta capacidad artística. Con esta elocuencia “indiscutible” -no cuestionada en absoluto por ninguna autoridad periodística-, los fabulosos toreros han hecho asociación y esfuerzo demandante para que se encargue de la gestión una empresa en su nombre.

La cuestión de fondo es un galimatías de comedia marciana, al que no saben cómo meterle mano, ni cómo defenderlo. Si los dineritos se los piden por su cuenta a la cadena privada -que retransmite el gran volumen de festejos y que ofrecen a los usuarios previo pago-, pues también deben gestionar cómo se hace caja cada vez que se repita uno solo de los pases, lances o faenas, incluso por sucesivas ocasiones. Pero, como los directivos televisivos ya les deben haber dicho que “tururú”, que ya bastante coba les regalan en todo momento y condición, que ya está hecho la retribución en el contrato con el empresario, y que no están las cosas como para sacar de dónde no hay en esta crisis muy bien instalada.

Para salir de la complicada red que están montando, los toreros demandantes se han desmarcado y dicen que quieren “los derechos de las retrasmisiones de la cadena pública” (supuestamente el ente corporativo RTVE) y las futuras repeticiones. Esto sí que da risa. Más que nada, por las propias circunstancias de las mismas. El cambio de Gobierno nacional ha dado alas a estas rimbombantes figuras, pues piensan que las retransmisiones taurinas volverán a la parrilla, cosa que está por ver, pues en realidad desaparecieron porque eran tan aburridas, manipuladas y escandalosas que no interesan ni al más incauto. El discurso animalista contra la difusión de festejos taurinos ha sido un argumento muy bien rentabilizado por las cadenas para quitarse de en medio tan costosa programación (eso sin añadir los derechos de imagen actuales) y sin recibir publicidad a cambio que lo compense. Respecto a los medios televisivos autonómicos es más de lo mismo. Las empresas de comunicación que no desaparecerán debido a su insostenibilidad cuando se terminen las subvenciones de los gobiernos autonómicos -con un déficit de vértigo que estaremos condenados a pagar todos-, posiblemente serán privatizadas, con lo cual, estaremos en el mismo dilema: ¿se pagará estas exclusivas demandas en derechos de imagen cuando no se ingresará ni un céntimo en publicidad y además es insoportable de digerir tan degenerado espectáculo en emoción y diversión?

Conclusiones.

-La crisis solo afecta a algunos (pobres, todos nosotros).

- El resto está tan campante –con las uñas afiladas- pretendiendo hacer negocio de los restos del naufragio.

- ¿Quién sigue pagando estos desmanes? Pues, algunos pobres citados arriba, que son linchados con impuestos para pagar agujeros negros ahondados por los expertos en manicura, amenazados además con retrasmisiones insoportables que contribuirán aún más a la decadencia de la fiesta de los toros.

- Hay que elegir entre este mundo de Dios y del Diablo.

La alternativa, señores e lustres matadores de toros, es Marte, ¡qué gran sitio para el retiro!

Por nuestra parte, también queremos nuestros derechos de imagen pues, estarán de acuerdo, que es condición arriesgada decir lo que uno piensa, más que nada porque no se cobra un duro, y además te puede caer un bofetón que te desfigure el cuidadísimo cutis aventurero. 

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