El pase “natural”
La Mesa del toro y sus proyectos ya están en marcha.
Lo primero que ha hecho (el pasado día 12 de febrero) es manifestar su inquietud por la proliferación de reglamentos taurinos, y ha hecho llegar esta preocupación a la presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias, durante una reunión en que participaban las alcaldías y diputaciones españoles. La responsable de esta asociación es Laura Leal, quien ha expresado a los miembros del órgano taurino que son ellos “los promotores naturales" de la Fiesta de los Toros. El sector taurino asegura en un comunicado que existe “una necesidad de establecer un cauce de comunicación” entre ambas organizaciones y que posibilite una adecuada gestión por parte de los entes locales de los asuntos taurinos en los que intervienen”, y además, la nota recoge la solicitud (por parte de FEMP) de "un modelo tipo de condiciones técnicas para los concursos de adjudicación de plazas de toros regidas por ayuntamientos". El tercer punto consiste “en la conveniencia de organizar seminarios de debate entre los responsables taurinos de los ayuntamientos y representantes del sector para el contraste de pareceres”, y que la propuesta se estudiará en la próxima reunión ejecutiva de la Federación.
 
Nuestra opinión. redaccion@toroaficion.com
Punto primero. Asegura la presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias, Laura Leal, que los miembros del estamento taurino (en este caso los miembros que representan la Mesa del Toro) son los “promotores naturales”, refiriéndose a la fiesta de los toros. No queremos llevarle la contraria a la presidenta, pero sí recordarle que promotores puede ser que lo sean, pero de ahí a que sea una condición asignada como natural es donde discrepamos. Su naturalidad es su negocio, su declaración de intenciones. Lo que es natural en este mundo de toros está muy por encima de cualquier intervención interesada. Está en la verdad y en la esencia que sustenta a la fiesta de los toros. Pero, jamás se trata de una particularidad, tal y como define el Diccionario de la Lengua Española es una de las muchas acepciones del término “natural” y que dice: “Genio, índole, temperamento, complexión o inclinación propia de cada uno”. La verdad señora presidenta -con todos los respetos- es que la disposición a la fiesta de los toros no es un carácter individual, específico, exclusivo o privado. Por favor, es todo lo contrario. Es universal. Nos guste o no reconocerlo. Seamos conscientes o no.
Quizá, -es una hipótesis-, la señora Laura Leal nos ha salido muy torera y cree que los miembros de este estamento se definen por acometer, sin duda, pases desmayados con la izquierda a todo planteamiento que se cruzara en su camino. Y lo cree a pies juntillas, parece.

Punto segundo. La Mesa del Toro pone mucho énfasis en la alarmante proliferación de reglamentos taurinos. Y es verdad que el tema es, como poco, pavoroso. La pregunta es qué proponen. Si quieren volver a un reglamento nacional (cada vez menos aplicable por descontextualizado geográficamente), no creemos que la Federación, o los órganos competentes de las Comunidades Autónomas, estén por la labor de la vuelta atrás. Si pretenden que haya una unificación en sus contenidos (le llaman compendio) tampoco creemos que prospere, pues cada una de las comunidades respectivas quieren aportar su granito de arena, o bien porque se creen con capacidad para tributar en singularidad, o bien porque necesitan justificar su contribución al desarrollo de la fiesta de los toros, a su futuro, y en definitiva a su particular moderna tauromaquia.
El estamento taurino debería tener una idea bastante clara al respecto, y también exigente. Deben alertar sobre el lío descomunal que supone tanto reglamento -en esencia unos son las copias de los otros- aunque con matices peculiares. Pero no todo es la confusión que genera la cantidad excesiva. Deberían ser muy rigurosos en la aplicación de los cada vez más escasos apartados de estos tratados en los que se detalla la persecución del fraude, y por supuesto, reclamar implacablemente sus penalizaciones. Y aquí llegamos, al muro de las lamentaciones. Nadie quiere afrontar este escándalo de frente. Por supuesto, ayudaría mucho que no se predique con el ejemplo. Es algo así como que la ley existe, (defectuosa, corta y abusivamente interpretada) pero al menos la que existe, la que hay que se cumpla. ¡Qué menos!

Punto tercero. ¿Qué se entiende por “cauce de comunicación adecuado” entre ambas asociaciones? ¿Qué significa “una adecuada gestión por parte de los entes locales de los asuntos taurinos en los que intervienen”? ¿Qué se pretende con la creación de "un modelo tipo de condiciones técnicas para los concursos de adjudicación de plazas de toros regidas por Ayuntamientos"? No se crean que dudamos por antipatriotas, o antitaurinos. Lo que ocurre es que somos bastante bien pensados, y sabemos de la gigantesca tarea que se debería a asumir. Entendemos que el “cauce de comunicación adecuado” se refiere a contar con las opiniones interesadas, pero sobre todo con las opiniones desinteresadas, como por ejemplo los aficionados y público en general que son los que alimentan la expectación, son fieles y además pagan por ello, contribuyendo al sostenimiento de este espectáculo, además de sus negocios.
Entendemos que quieren decir por “adecuada gestión por parte de los entes locales” que dichas entidades de carácter local son las propietarias de las plazas de toros, y por tanto están obligadas a hacer las cosas con responsabilidad, buena gestión y cumplimiento de los deberes con sus paisanos. Deben asegurarse que los festejos organizados por los empresarios se justifiquen con hechos comprobados, y que los espectáculos que han organizado en otras ocasiones responden a la calidad y al esfuerzo de un ordenado encargo; a que los beneficios de esta actividad taurina, y en manos de los consistorios, sean transparentes, públicos y reutilizables; que no dejen al libre criterio del arrendador las obligaciones exclusivas de promoción de la fiesta, cuando deben ser los jefes de los consistorios, y por extensión los políticos de las instituciones competentes los encargados de esta inmensa y obligada tarea.
Lo que nos ha abatido es la ignorancia -al respecto- de la presidenta de la FEMP, pues pide a los representantes del estamento taurino "un modelo tipo de condiciones técnicas para los concursos de adjudicación de plazas de toros regidas por Ayuntamientos". Lo que parece que se traduce en fijar un canon económico por adelantado y quitarse de en medio las responsabilidades subsidiarias, las críticas de las basuras que ofertan como si fueran pan bendito, y de paso utilizarlas rentablemente cuando sea oportuno (cada cuatro años) alegando eso de “aquí se dan toros”.
Queda, por último, sacar punta a la propuesta que estudiará la Federación este próximo mes y que no es otra que debatir “la conveniencia de organizar seminarios de debate entre los responsables taurinos de los Ayuntamientos y representantes del sector para el contraste de pareceres”. ¡Eso, y pagarlos entre todos! Si necesitan a alguien que se los organice, cuente con nosotros, que puestos a pedir, igual también queremos pegarnos la vida padre. ¡Vaya obsesión con esto del debate! Para no sacar nada en claro, ninguna verdad que legitime tanto esfuerzo y dedicación.
A esto, señores, en general, le llaman regularizar y legislar. Otros le llamamos connivencia. Y entre tanto barullo algunos quieren hacer negocio: otros arañar comisiones; quizá otros quitarse de en medio a los molestos y críticos; y algunos otros crean gabinetes propios de comunicación y los presentan como la cumbre de la independencia. De una parte están los que tienen que hacer caja como sea, porque las cuentas públicas están tan tiesas como la mojama. De otra parte, están los que quieren apurar la inercia social, y que aún subvenciona, alegando que esto hay que defenderlo porque está en juego el futuro de la fiesta. Y si este es el futuro que quieren instalar en este presente próximo. ¡Que ue la defienda el gato! Porque algunos no estamos dispuestos a amparar tanta especulación y mentiras. Ya hay bastantes, las mismas, todos los días.