Los ganaderos de otro planeta
Un ataque de cuernos en Marte

 

Por Paz Domingo
Los criadores de toros de lidia se han reunido en las Islas Azores (Portugal). Allí, los profesionales españoles, portugueses, colombianos, mexicanos, franceses y ecuatorianos han llegado para exponer y debatir las circunstancias particulares de su sector. El escenario elegido para congregar al estamento ganadero puede resultar algo exótico, pero la explicación está en el activismo de algunas asociaciones taurinas portuguesas.    

El lema del IX Congreso Mundial de Ganaderos de Toros de Lidia ha sido: "Azores, entre dos continentes taurinos", y en el fondo se trataba de un acercamiento reivindicativo (no solamente geográfico) pues como ya se publicó en http://noticias.toroaficion.com/ en la demarcación de las Islas Azores, que tiene autonomía en el tema taurino, se está elaborando un nuevo reglamento taurino para permitir las corridas picadas en territorio portugués, donde actualmente no está permitida esta suerte, ni la muerte del toro en el ruedo. Los aficionados de La Peña Taurina Hispanolusa reclaman “una normativa a la española en plazas lusas” y la unificación de la Fiesta en toda la Península Ibérica”. http://sites.google.com/site/toroaficion/breves-taurinos/torearalaespanolaenportugal

 

Y despejada esta anécdota terrenal de la organización (a cargo de la Associação Portuguesa de Criadores de Toiros de Lide y la Tertúlia Tauromáquica Terceirense), entramos de lleno en el ámbito telúrico de las conclusiones del mencionado concilio. Lo más significativo es la incapacidad explicatoria de los organizadores en la exposición final. Resulta imposible que los no asistentes al acto (como yo misma por ejemplo) nos pudiéramos enterar de lo que ha sucedido durante estos días taurinos en Angra do Heroismo y Praia da Vitoria, dos localidades de la Isla Terceira, y sobre todo pudiéramos entender que este congreso reúne las condiciones necesarias de credibilidad en tiempos de crisis. A los que nos ha llegado (en la nota de prensa que difunde la Unicón de Criadores de Toros de Lidia http://www.toroslidia.com/modules/news/article.php?storyid=1829) esta retahíla de ideas sin hilar, sin concretar planes de actuación enérgicos, sin abordar los problemas fundamentales de la Fiesta y sin afrontar la verdad de su materia prima -que es el toro de lidia- nos demuestra a ciencia cierta que los ganaderos de bravo viven muy bien en otro planeta, con sus ataques de cuernos en el “apoyo a la Tauromaquia”, según dicen, pero sin abordar con decisión y prontitud el descastamiento de la cabaña brava, de su culpabilidad en el manoseo infame que han hecho de las entrañas bovinas, en los productos borreguiles y artistas que quieren rentabilizar en pelotazos, del enfundamiento ilegal y obsceno con los que han tocado al animal más hermoso y singular de la creación, de cerciorarse que no les afearán conductas afeitadoras o reparadoras, de asegurarse en chapuzas de promoción de dehesas inundadas de caricaturas desnaturalizadas que algún día fueron seres altivos y poderosos. Desde Marte y desde este lado mundano, los ganaderos confunden los refranes y no aplican la gramática correctamente. A saber. Sujeto: Ellos mismos. Verbo: tomar. Predicado: al toro por los cuernos. No bastan las sutiles denuncias de las presiones a las que están sometidos, ni los riesgos que deben asumir como empresarios que son. Es necesario un plan de actuación que aborde ya la regeneración verdadera. No un ataque de cuernos.

 

Las declaraciones finales de este simposio son impenetrables, absolutamente inaccesibles. Son absolutamente ajenas a cualquier autocrítica decente. Son absolutamente increíbles porque esconden la profunda decadencia de la Fiesta de los toros, cuya materia prima está encomendada a estos mismos protagonistas. Son absolutamente incapaces de trasmitir credibilidad en su derecho legítimo a tener una actividad empresarial y obtener beneficios económicos por la exploración de la misma. Son absolutamente contradictorias en sus propuestas mercantilistas. Son absolutamente patrañeras cuando aseguran velar por la “economía del toro” mientras no aborden con medidas urgentes la decrepitud de la genética del ganado bravo, manoseado hasta límites irreconocibles e irrecuperables. Son absolutamente cínicos cuando no reconocen esta decrepitud, no hacen nada para remediarla y al mismo tiempo se permiten el lujo de reclamar un periodismo serio y crítico. Es absolutamente obsceno que hayan sido capaces de soltar tantas diatribas sin ton ni son, y sobre todo, sin la mínima apuesta por la verdad, la humildad, el trabajo, el espectáculo y por su oficio. En fin, son ganaderos de otro planeta. Marcianos, absolutamente.

 

Nada han dicho los ganaderos de la decadencia que asuela la Fiesta de los Toros, ni de la responsabilidad que tienen en esta debacle, ni la descastada materia con la que han identificado sus “productos” exclusivos y singulares, ni de la crianza fraudulenta del enfundado de las cornamentas y el manoseo genético hasta hacer irreconocibles los parámetros de casta y bravura. Nada dicen de los verdaderos problemas. Nada de las soluciones. Nada de la verdadera regeneración de la Fiesta. Y para no calentarme más con el asunto, aparte de felicitar al responsable de comunicación por la faena rematada -o al traductor en su defecto-, me permitiré el lujo de hacer un poco de crítica, que tanto demandan los protagonistas ganaderos. Por partes. Las partes del comunicado (se entiende).

 

Primera mesa. (De la situación económica de la Tauromaquia)

Se habla de la situación mundial de la Tauromaquia asegurando que la calidad de la Fiesta radica en una “mayor implicación por parte del sector ganadero en la economía del toro”, y así de sopetón no quisiera yo interpretar que, además de hacer materia prima a demanda, pretendan elegir estrategias de mercado tales como asegurar plaza predilecta, seleccionar personal cualificado como depredadores natos, o quizá, uniformar con carácter genético y universal todo cuanto hay en las dehesas, instaurando definitivamente el toro genéticamente gemelar que tanto se exige desde el punto de vista comercial y ahora económico. Bien pensado, esto ya se da en el universo taurómaco. Dicen que los “elevados costes de producción del toro hacen insostenible la viabilidad de la Tauromaquia, y evitan que sea un espectáculo que pueda competir con las ofertas de ocio en el mercado” y para ello piden subir del 6% al 11% para “cubrir costes”. Pero si en el último año no han hecho otra cosa que quejarse de que se quedaban los toros en el campo, que la crisis estaba provocando reducción de festejos, que han enfundado todo bicho viviente con cuernos en los “espacios inigualables que son las dehesas” con el argumento de evitar accidentes mortales entre los animales. Quieren "ajustar oferta y la demanda”. ¿Creen de verdad en este milagro? Casi me echo a llorar emocionadamente, porque los aficionados suspiramos en que llegue este día portentoso, este día iluminador de no tener que tragarnos tantos bodrios sin estar cotizados, tantos sapos como cifras inmensas se dan sin beneficiar a los usuarios, tantos como nuestros deseos verdaderos en este propósito de enmienda para poder implorar lo que tiene que salir por la puerta de chiqueros.

Meten de rondón -como penúltima conclusión- las bases que según ustedes hay que buscar en la “mejora del espectáculo” pues “la crianza del toro debe estar orientada en la búsqueda de un toro con emoción y bravura”. ¿Ahora se dan cuenta de este axioma? De todos los festejos que he visto este año (es un poner como aseguran Las Virtudes) ni la millonésima parte ha merecido la pena por emoción y la bravura de la que hablan. Así, que necesidad hay. Y no poca. Pregunten a cualquiera, que no les haga la pelota, claro.

Se entiende que pidan emoción y bravura, pero no que se las pidan a los demás, porque es evidente quién se dedica a la crianza del toro bravo. Tampoco se concibe que digan: “transmitir un compromiso responsable y coherente ayudará a la Tauromaquia” después de ver lo que sale de sus experimentos, de sus desvelos, de sus dehesas. Y ya lo que no se entiende de lo que no se entiende es eso de “la modernidad de la Tauromaquia”, puesta en peligro por “ausencia de patrocino, de inversión y de masa crítica”. Señores ganaderos, si algún día saben de qué están hablando, moléstense en explicarlo a los demás, a los que diferenciamos entre gatos y liebres, borregos o toros de verdad.

 

Segunda mesa. (Seguridad ganadera)

Una cadena de despropósitos. No salgo de mi perplejidad que puedan encadenar tantos disparates sin pies ni cabeza en este apartado. Lo que más puede parecerse a un ramo de novia en cascada. Textualmente dicen: “El nivel de exigencia al toro en la actualidad ha llegado a unos parámetros que no son naturales. Y puede ser calificado como fraude hacer ver al público que el toro no puede ser de otra condición”. Si hay alguien que entienda esto, ¡por Dios Santo!, que lo publique en edición incunable. ¡Diablos! El único fraude es su nivel de exigencia, actualmente prorrateado entre la casta bobalicona y las fundas afeitadoras, que además quieren instaurar con cursillos aleccionadores al resto de profesionales pues se quejan de “ausencia de formación de las autoridades y que los varemos de los veterinarios repercuten negativamente”.

Ya no sé por dónde seguir, porque lo que viene a continuación es el revoltijo más espeluznantemente ininteligible y al que no me resisto, aunque sea con monosílabos:

- “La atomización de los reglamentos taurinos posibilitará una coherencia y una uniformidad para cumplir los requisitos”.  Mejor fusión. Atomización no es terminología adecuada.

- “La potencia económica de la Fiesta se encuentra en la búsqueda de un espectáculo de mejor calidad, basado en el toro como pilar fundamental.” La económica, la social, la moral, la intelectual, la carnal, la fantástica, las todas.

- El exponencial crecimiento en el número de festejos de los últimos años no ha revertido beneficio a los ganaderos, es necesario un ajuste oferta y demanda. ¡A otro con esta milonga!

- “Hay que ofrecer un espectáculo con capacidad de sorprender, más reducido. El exceso de conocimiento técnico de los toreros unido a una depurada selección de los toros nos ha llevado a un espectáculo predecible”. Más reducido de fraude, por ejemplo. Un niño se encuentra un caramelo. Es absolutamente predecible que el niño toma el caramelo. Le dicen que las caries ponen en peligro sus dientes. Es predecible que vuelva a hacer lo mismo. Empastes a las caries. 

Miren señores, entiendo que les resulte feo llamar al pan, pan y al vino, vino, pero al exceso de conocimiento técnico de los toreros se llama mangoneo y a la depurada selección de los toros se llama coyunda (o unión entre dos). Aquí, alguien se ha casado con alguien, pero sin haber renunciado a la soltería. ¡Vaya broma! El espectáculo no es predecible. ¡Es aberrante! ¡Es fraudulento! ¡Es el exterminio de la verdad, la hermosura y la épica!

- Hay que evitar los protagonismos innecesarios de ciertos profesionales que pueden condicionar el espectáculo. ¡Dioses todos alabados! A por el segundo mandamiento. El primero ya lo sabemos, pero importa un pito.

 

Tercera mesa. (Valores del toro de lidia)

No quiero ni pensar lo que va ser del campo -en términos geoestratégicos- cuando abran las puertas de sus dehesas, transformadas ahora en parques temáticos -como pretenden- con este aberrante proyecto que se llama taurísmo. Ya les imagino pasados unos meses de “correcta exposición de los valores medioambientales” y de “enarbolar la bandera del mantenimiento del ecosistema dehesa” pidiendo a gritos que se “ajuste la oferta y la demanda”, que los gobernantes envíen urgentemente inversiones (contingentes de masas) para hacer caja, que necesitan promociones para “creación de la marca de calidad en la carne de toro de lidia”.

No saben dónde se meten.

 

Cuarta mesa. (Libro genealógico y comportamiento del toro de lidia)

¿Qué tienen en común las churras y las merinas? Pues que el libro genealógico “asegura la pureza de la raza”, que hay “necesidad de abrir las ferias a más toreros y a más ganaderías para crear un espectáculo más variado y con más emoción”, que “la cría de un toro estandarizado ha conllevado la pérdida de la emoción y la eliminación de encastes” y por eso se pide un “compromiso por parte de los ganaderos por criar toros con emoción y a las figuras del toreo se les debe pedir un compromiso con la Fiesta, y que hagan gestos que engrandezcan el espectáculo, aportando variedad”.

Bueno, lo que digo, churras y merinas. ¡Será por grandeza!

Para que ustedes se recreen en la suerte ahí les dejo una perla sublime de este comunicado. Pero sublime, sublime. Lástima que me tenga que conformar con leerlo únicamente. Ya me hubiera gustado presenciar el “intenso debate”. Vean la perla: “El toro que quieren las figuras es un toro bravo que humille y repita. Se planteó un intenso debate con dos tipos de emoción: la emoción del miedo y la emoción del bien torear, aquella donde el toro invita ser toreado y permite al torero abandonarse.

Otro día les contaré mi versión sobre el abandono.

 

Quinta mesa. (Medios de comunicación)

En este apartado florece mi desasosiego. Hablan de polémica “sobre la ausencia o no de verdadero periodismo taurino”. Ustedes, como bien saben, ignoran lo que pudiera representar el verdadero periodismo taurino por dos circunstancias: porque no se da y porque si se diera tendrían que estar dispuestos a soportarlo, respetarlo y reconocerlo en su independencia, circunstancias todas muy incómodas y adversas a sus relaciones sociales. Demandan crítica taurina, y los lagrimones me rebosan por las mejillas y las piernas no me sujetan tanto terremoto emocional. Me gustaría estar presente si algún día reconocen la crítica taurina de criterio y conocimientos, responsable con su subjetividad, fuerte en su equidad, y me gustaría porque seremos todos más libres y vitales en nuestro oficio y en nuestro mundo.

Dicen que es fundamental “desarrollar a través de los medios la labor pedagógica de los ganaderos, especialmente para atraer al público más joven”. Dejen la pedagogía para los parques temáticos. Lo que es verdaderamente fundamental en los medios es el rigor informativo para no caer en el descrédito. Una apuesta por un periodismo serio que diferencie la noticia de la opinión, que mantenga la fortaleza, que evite el intrusismo, y no abandonar la información a una cuestión de valentía.

Dicen que “la relación de los medios de comunicación con la Fiesta se ha deteriorado en los últimos años”, pues hagan algo para remediarlo. Les doy unas ideas. Respeten el oficio –el suyo y el ajeno-, no compren los halagos y viceversa. Ustedes saben que estas ocurrencias casi no se dan y precisamente las reclaman con ahínco cuando aseguran: “el toro debe volver a ser pieza clave, donde estriba la esencia de la Fiesta, y es necesario saberlo mostrar en los medios”.

 

Sexta mesa. (Creación de un organismo internacional)

“Todas las organizaciones representadas piden apoyo y confianza a todos los sectores taurinos para conseguir una verdadera Unión del mundo del toro”. La afición conspicua representada en todas los ruedos geográficos pedimos verdad, integridad y persecución del fraude para seguir apoyando y confiando en todos los sectores taurinos, para conseguir que este singular espectáculo del mundo del toro se respete, se dé y se desarrolle. No pedimos un organismo internacional. Nos conformamos con que haya uno, aunque sea local, que se tome las cosas en serio y con ganas de trabajar. Humilde y honradamente, por supuesto.

 

Pido disculpas por el tono de este discurso, pero como ya les advertía las respuestas airadas suelen sobrevenir a circunstancias impresionantes. Y su dramatismo es de altura. Señores ganaderos, empiecen por reconocer la decadencia de este espectáculo, cómo buscar soluciones para evitar el mal absoluto, y exíjanse ética propia en el ejercicio de su trabajo. Empiecen por recuperar en sus libros genealógicos la casta, la bravura, la diversidad en los encastes. Empiecen por desenfundar las cornamentas de sus animales. Empiecen por denunciar y no transigir con los altos “conocimientos técnicos de los toreros” en sus exigencias de materia prima. Empiecen por no admitir el impuesto de los veedores. Empiecen por decir la verdad sobre el ajuste de la oferta de borreguismo y la demanda de la integridad en el espectáculo. Empiecen por ser corporativos en la persecución del fraude. Empiecen por dejar las pamplinas de los parques temáticos y procuren exhibirse en las plazas de toros con rotundidad. Pidan luz y taquígrafos en vez de reporterismo adulador. Entonces, reconoceremos su lógica pretensión de tener rentabilidad en su negocio, comprenderemos las dificultades que les acosan y admiraremos la grandeza de su oficio (incluso mucho más que ahora), el más hermoso de cuantos haya podido desarrollar el ser humano en creatividad, experimentación, posibilidad y hermosura.  

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