Editorial. La vuelta con José Tomás

El llanero solitario cabalga otra vez (como un trueno)

Sigue el culebrón aventurero. Y sigue

 

Encuentros en la tercera fase

Ya está confirmado con una temporada por delante. José Tomás toreará el año próximo en Madrid durante la Feria del Aniversario, sin cámaras de televisión, a falta de concretar la ganadería para dicho festejo. Que ya es especificar. El diestro de más tronío del momento se descuelga en estos tiempos inciertos (los pasados meses y los que tendremos que aguantar hasta junio próximo) firmando un contrato con la empresa de sus desencuentros (Taurodelta), y que supone, por tanto, una declaración de intenciones refrendadas, que le devuelve a la plaza de toros de Madrid y a una reconciliación tan sonada como fue la ruptura que le precedió.

El llanero solitario cabalga de nuevo. Se ha anunciado la tercera edición de sus aventuras, que nos mantendrá con el alma en vilo hasta que aparezca en el ruedo venteño el verano próximo, además de en otras plazas que no ha querido pisar durante este año, como Sevilla, Bilbao o Salamanca. Después del éxito revolucionario de la primera entrega (aunque con final rocambolesco), de una resurrección de semidiós poderoso en su esperadísima reaparición, el héroe regresa anticipadamente –antes de esfumarse la estela de su ensalzamiento-, anunciando un rencuentro con sus seguidores, cuando aún desconocemos sus propósitos y avatares para la próxima etapa en su particular lucha por la ley y el orden a este lado del viejo Oeste. Ya se verá si es tan privativa como hasta el momento.

La trayectoria profesional de cada uno es asunto muy personal. Cada cual la maneja como quiere, o como puede. Si tiene posibilidad de exigir, argumentar o defender sus actuaciones, son circunstancias intransferibles. Nada que objetar. Pero lo que sí es criticable, es que un día existan todos los inconvenientes, imponderables y demás tesis económicas para justificar la no presencia de José Tomás en Madrid -con disputas aireadas en ruedas de prensa, declaraciones del apoderado, comunicados y demás circunloquios, puestos a disposición del ventilador- y al día siguiente del portazo que pone fin a la temporada venteña, empresario y torero se apresuren a zanjar este encontronazo con mucha prosopopeya y con pocas aclaraciones.

Ya puestos, podrían tener también la disposición de aclarar por cuánto va a torear José Tomás, cuáles son las condiciones de Martínez Uranga, el número de tardes, qué ganado y todas los incidentes que rodean este asunto. Así nos quedaríamos todos enormemente satisfechos, además de tranquilos, pues del panorama del largo invierno se va a convertir en un desasosiego de especulaciones, mentideros, estupideces, bravuconadas y espacios muy rentables para los que no tienen nada importante que contar.

La semana anterior a esta noticia, circulaba un rumor que se daba por infundado y era que Tomás había apartado dos corridas de toros de la ganadería de Victoriano del Río para su presentación en Madrid. Ahora parece que ni era ruido, y mucho menos era inconsciente.

 

La distancia es larga, el sol aprieta

Durante un tiempo, dominando el desfiladero, el audaz e ingenioso jinete enmascarado inició su particular lucha por el orden en el cercano Oeste. En la inmensidad del desierto, tenemos al extraordinario héroe que ha puesto en su sitio a todos los protagonistas de esta especulación sin decencia, tras el escenario de soberbias dunas de arena, y que se están embolsando cantidades insuperables (cada vez más difíciles de arañar) sin rubor, ni esfuerzo, ni dignidad. El diestro José Tomás ha dicho que no a muchos, pero principalmente a la televisión, sencillamente porque los derechos de imagen es un pico en la cuenta de rentabilidades monetarias que no tiene que quedarse, por unanimidad, una parte de la parte contratante. No deja de ser turbador que quien no arriesga nada y estipula comercializando con los oficios ajenos, además se lleven el monto completito. El llanero inició el camino en solitario. Hacía falta alguien que les pusiera las cosas claritas, o al menos alguien que les avisara que no todo es tan fácil, y tan provechoso porque sí. Él se lo ha podido permitir, porque ha expuesto su nombre, fama y capacidad de convocatoria. Hasta el momento. Pero le han dejado como un verdadero y audaz jinete: con un revólver y las balas contadas. Los indios aguantan apostados en el barranco a que el vaquero cruce la peligrosa cañada. Hay que esperar a que se consuman los tiempos, a que los desvelos hagan estragos en las fuerzas, a que el hambre se avecine, a que la distancia sea larga, a que el sol apriete y a que el Séptimo de Caballería resucite de entre los muertos.

 

Cruzar el angosto desfiladero

José Tomás ha dicho a los empresarios que él torea y que puede ser beneficioso a sus intereses. Que él llena las plazas (y hace productivas las ferias infumables que organizan dichos gestores), que él lo hace y les da rentabilidad, que él da espectáculo, o torero, o algunas cornadas, pero con los mismos toros que las demás figuritas, arriesgando lo que le venga en gana, o pueda, pero si es cuestión de números, que él va a ganar más que estos compañeros de tanto alarde y poco interés, puesto que ya no conmueven ni a las plañideras, ni atraen a gentíos. En cuanto a resultados parece que hace algo más que el resto de vaqueros a sueldo y con las mismas monturas. Una actitud muy bien plantada por José Tomás. Pero, mal administrada. El desfiladero es angosto, enrevesado. Los responsables de las multinacionales, que tramitan los asuntos de las plazas de toros, se han ocupado de ventilar las exigencias económicas de José Tomás. Y el asunto ha hecho mucha pupa a la imagen del torero de Galapagar. Los voceros del taurinismo militante se han propuesto acabar con la rotundidad de su toreo y su fama, poniendo por delante la avaricia del diestro, cuando, en realidad, es inconfundible que José Tomás no les quiere regalar (a los susodichos) ni los buenos días, acabando con este desplante certero los circunloquios exuberantes a que están acostumbrados estos aduladores.

La sordidez no es patrimonio del vaquero. Quizá más bien, responda a la impunidad en que estos antojadizos oficiantes han venido demostrando durante mucho tiempo, sin nadie que les tosa.

 

El vaquero, heredad universal

A todo lo referido anteriormente ha contribuido el público, que ha tomado partido por José Tomás, y le defienden como heredad universal. No de su toreo, ni de su persona, ni de lo que representa en el estamento taurino, ni de sus exigencias. Simplemente se han unido dos circunstancias. El sol agobiante del desierto que hace impracticable la vida en este particular planeta y la imperiosa necesidad de crear un espejismo, un héroe superlativo –da igual que sea de cartón o de piedra-, un mito que sustente su condición efímera. Realmente lo que más importa es que dé bien en la estética mediática.

Estas dos circunstancias son hechos consumados. Oscilan, por un lado, entre el hartazgo que produce a este público generalista (por no hablar del aficionado) tanto aburrimiento, tanta falta de calidad en estos espectáculos ponderados en exceso y, por otro, entre los precios tan caros de los festejos, sitios comunes donde se produce una superabundancia de mediocridad, transportando -por méritos propios- este espectáculo singular a una decadencia que se antoja irreparable e imposible de erradicar.

Este público carente de rugosidad (taurina) es gran consumista de la voracidad mediática. La imagen de un héroe -convertido en sobrenatural- se explota porque el guión y la condición especulativa de los medios así lo exigen. Su proyección se ha publicitado y vendido como ídolo salvador, omnipresente, venerado, reverenciado, adorado, fanatizado, y elevado a los altares más privativos; un titán descomunal capaz de suplir todas las frustraciones humanas.

Medios y público, se alimentan y retroalimentan. Juntos o por separado. Un buen ejemplo, son los nuevos seguidores del fabuloso héroe. La peregrinación de estos advenedizos al desierto taurómaco -y a las plazas- respondía a un prototipo definido: entusiastas de las emociones fuertes donde el riesgo contaba principalmente, a la exclusividad de poder ser exclusivos, aunque pagando millonadas, y al protagonismo que asumen eligiendo a un Dios por encima de todos los mortales, pues en esta tribu privilegiada del mundo del éxito es sabido que no es lo mismo para un vaquero perfumarse con agua de colonia, a que lo haga con perfume Chanel.

 

La trama

Ha siso una lucha descomunal. Un poliedro rocambolesco. En una punta del damero estaba el diestro toreando en plazas de segunda (o en provincias), lejos de los principales cosos españoles donde precisamente se retransmitían las ferias completas. En otro vértice, los ruedos gestionados por los choperitas (después del veto que impuso Tomás) una vez rotas las relaciones cuando no se llegó a un acuerdo respecto a la comparecencia del diestro en Madrid. Más allá en la sinuosidad, estaban los empresarios de Madrid, haciéndose los desairados, aguantando el chaparrón de las críticas de los aficionados y del público en general, cuando deslumbraba la inoperancia de estos gestores para justificar unas ferias planas, sin contenidos relevantes y sin calidad, y tapando todas las críticas con la imposibilidad de pagar semejantes honorarios a José Tomás. Les vino de perlas el asunto. Y muy rentable.

En otra punta los compañeros de profesión y de fatiguitas, exigiendo su parte del pastel. Más acá, del más allá, están las televisiones, y medios de comunicación en general que han optado por entrar a saco en la única faceta que está a su alcance: alimentar el morbo como única tajada de la expectación que ha despertado José Tomás como fenómeno de masas. En definitiva, su labor de zapa ha resultado a la larga muy efectiva. Pero tanta banalidad se agota. Las imágenes de un José Tomás con la cara ensangrentada, con el traje de luces hecho jirones, arrastrado por el ruedo, sin signos de emoción en su rostro cuando la plaza de toros es una olla a presión, ya no impresionan a los directivos de los medios. Ya empiezan a cansar por repetitivas, cada vez se suceden menos. Ya sorprenden menos. Ya casi no interesan.

 

El llanero solitario tiene un plan

El fenómeno de José Tomás es sin duda muy práctico, incluso para los que huyen de él como del demonio. Otros le adulan hasta límites que bordean el ridículo. Algunos le llaman el Mesías, que ya tiene exceso de brillantina el asunto. Otros aseguran que ha revolucionado el toreo, aunque se está demostrando que no sólo es necesario ejecutarlo, sino desarrollarlo. Y eso es lo que está costando a José Tomás, mantenerse en solitario, aunque sea el mismísimo Dios redimido (del toreo y del desierto divino).

El superhéroe puso distancias. Por supuesto con los medios, descolocando a todo el personal de las tareas informativas. Sin discriminar. A todos igual. Los profesionales no han podido contar con unas declaraciones del matador de toros madrileño, que ya puso sus particulares condiciones en su segunda aparición en el panorama taurino. Salvo algunas contadísimas excepciones, los medios no han podido incluir en sus espacios ni unas escuetas palabritas del diestro. La cosa le ha llevado a una declaración de intenciones que se antoja paranoica. Ha sido el primer matador de toros que ha contratado los servicios de un jefe de prensa, incluso un gabinete de comunicación que lleve estas relaciones que tanta incomodidad le producen. Hasta el punto, que se ha convertido en un ente más allá de una frontera entendible, incluso cuando era preciso defenderse.
No hace declaraciones y está en su derecho. No quiere contacto con la prensa, y también está en su derecho, pero como no discrimina a quién tiene que atender y a quién no, esta actitud le está definiendo como un personaje fantasmagórico, antipático y absurdo. Se imaginan a un Presidente de gobierno que después del debate sobre el Estado de la Nación mande a la comparecencia ante los medios, o hacer unas declaraciones institucionales, al jefe de gabinete de comunicación. También tiene su miga, que sea el torero vivo que más expectación despierta para editar libros sobre su figura o su tauromaquia. Mejor dicho, se hacen y se editan conforme a la tauromaquia de sus autores. Eso sí, sin una frase textual del protagonista en cuestión que llevar al papel. Y lo mismo pasa con la prensa y televisión. Un José Tomás que sale por la Puerta Grande de Madrid, con dos tardes triunfales, con cuatro cornadas, y manda al apoderado a que corresponda con los informadores. Un trabajo ingente para este ayudante. Pero evidentemente él no es quien interesa. Ya está hartando eso de José Tomás dixit. Posiblemente nunca se ha ponderado tanto un personaje en la historia del periodismo, o del mundo de los toros en general, con abundantes perfiles, reportajes, entrevistas en estilo indirecto y en los cuales no se cuente con testimonios en primera persona. Increíble, pero cierto.

El plan del intrépido y audaz jinete se está fracturando. Conforme avanza por el desfiladero, es más consciente de los muros contundentes que le circunvalan, de imposible escalada. Se ha bajado del caballo y tiene que seguir a pie. Bordea con cautela los espacios abiertos. Cae la noche. El hombre solitario es cada vez más vulnerable. El espíritu flaquea. La inmensidad pesa. No queda más remedio que aventurarse. No vale el riesgo, que está asumido de antemano. No cuenta la voluntad, que sobra. No se impone la valentía, que es innata. Cuenta salir como se pueda de este atolladero. (Y si es posible sin un balazo en el cuerpo).

 

La emboscada

¿A qué se enfrenta el superhéroe? Sus aventuras que fueron gloriosas, son hoy ya menos fastuosas. Ya no se agolpan los seguidores a las puertas de las librerías. Por inercia mantiene su espectacular estela. El llanero solitario, sabe de su fama, de sus extraordinarias aventuras, pero cada vez son menos sonadas. Los indios siguen apostados. Y no están solos. Los otros vaqueros del desierto que reclamaban su proyección mediática, aseguraban que el desierto es amplio, que los peligros son obstáculos para todos, que son muchos los que se enfrentan a las desventuras, que las serpientes muerden sin distinciones, que también se juegan la vida en los rotundos muros de arena. Que ya está bien. No soportaban el poder de convocatoria del jinete enmascarado, un personaje sagaz que reunía en torno a su persona desde pioneros, granjeros o conductores de diligencias que por este lado del viejo Oeste se daban. Hasta tiene un incomprensible poder de seducción con las chicas del salón. Fue la gota que colmó el vaso. Y consiguieron un pacto: dejar al maestro continuar su camino como asceta, y asegurarse ellos mismos más relevancia con su particular publicidad para salir así del paso.

Hicieron campaña. Llamaron a todos los medios. Ponderaron en exceso, sin disimulo, las excelencias propias que desarrollan en el oficio. Procuraron que las fuerzas vivas se implicaran en esta guerra particular. No se podía eliminar de un plumazo la fama del solitario héroe, pero sí tamizarla con una publicidad agresiva, sustentada en el elogio sin vergüenza de las extraordinarias facultades que tenían los demás. Pasito a pasito lo consiguieron.

Y a toro pasado, tampoco ha convencido esta fórmula a estos disgustados vaqueros. Esta desazón se traduce en: “ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio”. Parece que los diestros del escalafón, que andaban muy celosos con el exceso de protagonismo de José Tomás, sin poder igualar el órdago que el diestro de Galapagar lanzó en su momento, y que se les ha antojado imposible de igualar, han decidido que es mejor tenerle cerca, aunque sea con sus manías y sus extravagancias. Así se pueden beneficiar todos. O al menos podrán todos participar en próximas desventuras.

 

Un final previsible
El audaz e ingenioso jinete no es tonto. Cada vez es más consciente del peaje que tiene que pagar. Las fuerzas se acaban. Los trabajos importantes escasean cada vez más. Aquellas magníficas circunstancias -que reportaban aventura, fama, dinero y mujeres- ya quedan lejos. Son malos tiempos. Parece una cuestión de vida o muerte. La emboscada es inminente. El superhéroe se deja querer. ¿Tiene escapatoria? ¿Saca de revólver y se lía a tiros? ¿Fuma la pipa de la paz?

Ahí está el llanero. Cada vez más solitario. Cada vez más definido. Cada vez más angustiado. Cada vez más cansado. Cada vez más consciente de un final. Como todos.
 
Editorial y artículos de opinión publicados en http://noticias.toroaficion.com/ sobre el tema José Tomás en http://sites.google.com/site/toroaficion/opinion/asuntos-de-san-isidro-2009