Las Ventas. Madrid.

2 de mayo de 2011, día de la Comunidad de Madrid

Para los diestros El Fundi, Fernando Robleño e Iván Fandiño con toros de Carriquiri

 

Muy majos

Por Paz Domingo

Pues la tarde de ayer tuvo su majeza. No se encontraba en las vestimentas goyescas de los protagonistas. Ni en los aires festivos de patrias chicas. Ni en las alegrías de los que fueron a verlos. Más bien, estaban en las entrañas de los animales que anunciaron para ser lidiados. Y, precisamente, fue lo que no tuvieron: una lidia que les diera a conocer. A mí, me cayeron bien, sin entusiasmos. Me parecieron buenos chicos, muy suyos, muy raros a veces, pero muy majos. Lo suficiente para que se hubiera aprovechado más la situación, orientando la conversación con preguntas concretas, investigando un poco en los conocimientos que podían aportar. Algunos pasaron por discretos. Otros por duros de pelar. Otros por aburridos, Otros por sosos. Y en secreto, les confieso que en mi opinión se largaron de la reunión y nadie conoció sus cualidades. Es una idea que me va dando vueltas desde esta tarde. Ya les cuento, me parecieron muy majos y muy reales, pues hasta tenían los cuernos del color de la mugre, que les hacía protagonistas de una realidad muy rara entre tanto pitón enfundado de tonalidad mantecosa que se prodiga por los ruedos del mundo de Dios y de todos. La sorpresa de la tarde me la daba un amigo, muy majo también, al filo de la conclusión del festejo con una llamada telefónica. Se había pasado dos horas saltando de un canal de televisión a otro, de Sevilla a Madrid, y me comentaba aliviado que hay cosas que no se pueden comparar. Él sabe lo que dice. Tiene razón, aunque yo lo veo todo cada día más definido en la una igualdad rasera, en una desmesura a lo grande, en un aburrimiento supino, en una aberración grandilocuente. Como los tiempos mismos. Nada, de nada, de lo bueno.  

 

El Fundi tramitó con corazón tibio la nobleza que había desarrollado en primer animal de su lote, mansísimo de salida, codicioso bajo los petos ecuestres y que parecía un buey sioux sacado de las praderas prehistóricas americanas. Recibió a tan escultural animal con lances capoteros enjundiosos y mató con poco, como pudo y mal. Al segundo, ofreció muleta al natural, dejó medios pases sin rematar, para descolocarse después, alejarse, probar sitios alejados y avivar las protestas del público buen observador que ya se había cerciorado que no podía con la casta del toro navarro.  

Para Fernando Robleño casi todo fueron dudas. Empezó con ánimo, decisión, con aires de tiempos olvidados. Dio naturales a diestra a siniestra, con arrebatos buenos, con sitio, con temple, pero se fueron desdibujando en la embestida noble y costosa de su segundo animal. Estropeó los tiempos con distancias desajustadas y se lució en parones exhibicionistas que no venían a cuento. El público protestó, ¿qué iba a hacer? Lo que hizo fue no poder ofrecer el sitio verdadero a la nobleza encastada del animal.

La tarde fue para Iván Fandiño. Se llevó dos de dos. Dejó dos soberbios estoconazos de dos intentos, cruzándose de verdad de la buena, hasta encunándose en tan angosto territorio, sobre todo en el último suspiro de la tarde. Se las vio y se las deseó con el ejemplar que hizo tercero, con nobleza sosa, pero con su casta. No mandó, no pudo. Estuvo valiente, concienzudo, entregado. Pero se dedicó a hacer muro con la muleta convirtiendo la faena en una sinrazón aburridísima. Entonces, de súbito se volcó en el arrojó de la espada, aupándose en el encuentro, sorprendiendo a todos con tan perfecta ejecución, para después tirar la muleta, ponerse gladiador que arrebatan a las masas con insistentes movimientos de brazos. Con el último ejemplar de Carriquiri tampoco pudo. Por descontado que hay pocos matadores de toros que hubieran podido someter su casta y olvidarse de su imponente presencia. Fandiño trasteó con la misma entrega, pero no paró. El torero vasco expuso sus verdades, que no fueron suficientes para alcanzar las dificultades del animal. Recibió un triunfo por su portentosa mano ejecutora, de técnica impecable y de insólita belleza.

 

Las Ventas, 2 de mayo de 2011. Presidente: Trinidad López-Pastor.

Día de la Comunidad de Madrid. Corrida goyesca. Media entrada.

 

Toros de Carriquiri: iguales de presentación, en general aceptable, exceptuando el 1º, respecto al resto. Corrida difícil de definir el temperamento, pues mansearon mucho en el primer tercio, casi todos fueron al caballo con prontitud, casi todos colaboraron con nobleza, algunos fueron encastados -entre ellos claramente el 6º-. Les dieron una lidia nefasta y los matadores confundieron esta nobleza con permiso para que les molieran a pases, pero los toros de Carriquiri querían sitio verdadero, sobre todo los tres últimos ejemplares y más evidente un 6º que demandaba artes dominadoras.  

El 1º se arrancó tres veces, le regalaron tres impecables premios traseros y se lució con un pitón astillado. El 2º, más corto de agujas, se empleó menos en varas, desarrolló mucha nobleza. El 3º manso y abanto de salida, lucía unas orejas descomunales, empeñado en ser picado por el caballista suplente, recibió tres puyazos en todos los terrenos con lustrosas cariocas, y le lesionaron el riñón izquierdo. Se quedó en un carretón noble y soso, con pitada en el arrastre. El 4º, resultó encastado con nobleza de embestida a media altura y al que nadie obligó. El 5º tampoco quería ser sometido y tampoco lo intentaron, dejando al animal con una lidia horrible, exhibiendo casta y listeza, que se tradujo en sentido desarrollado. El 6º, el animal más poderoso del encierro en cornamenta veleta, que resultó encastado.

 

El Fundi: pinchazo hondo y atravesado, pinchazo, otro como el primero, rueda de peones que derriba al animal, que cae tras tocar el aviso (silencio); estocada caída rueda de peones (silencio y algunos pitos).

Fernando Robleño: pinchazo, aviso, y estocada, saludó desde el tercio con alguna reprimenda; pinchazo hondo delantero (más bien en el pescuezo) perdiendo la muleta, pinchazo haciendo volar peligrosamente el estoque, aviso, estocada desprendida y aplausos.

Iván Fandiño: estocada volcándose en el testuz (saludos en los medios); estocada (oreja).

 

Muy desastrosa la actuación de los picadores que dieron una soberbia lección de moliendas traseras y adecuada para extracción de riñones, muy especialmente Francisco Plazas (de la cuadrilla de Robleño) y Pepe Aguado (de Fandiño).

Algo falló con los artilugios para poner las divisas, pues algunos ejemplares salieron con el arpón en los lomos, pero sin las cintas multicolores, en este caso encarnadas y verdes.

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