PRIMER FESTEJO. Cinco toros de El Cortijillo y uno de Hermanos Lozano para los diestros Miguel Abellán, Leandro y Antonio Nazaré, que confirmaba alternativa. Madrid. Plaza de Las Ventas. 10 de mayo de 2012

Nacionalización. Urge

Por Paz Domingo
Gran cuestión es la que se plantea económicamente estos días. El saneamiento de la banca española parece una cuestión de vida o muerte para purificar, dicen, el mercado, evitar la intervención y comenzar la senda del crecimiento. Dicen, también, que el sistema está lleno de pasivos tóxicos, porque los encopetados banqueros se encuentran a ladrillazo limpio. Lo cierto, es que nos dedicamos a disertar sobre alta economía sin alcanzar a vislumbrar remotamente los niveles de corrupción existentes a nuestro alrededor, y si lo hacemos es porque ya formamos parte de este maldito sistema de pasividad tóxica. Y es que no hace falta estudiar en Harvard. Aprenda de nacionalización, que es lo que se lleva. Dé una vuelta por la plaza de toros madrileña, donde aseguran que se da la feria de toros más importante del mundo, el escenario que da y quita. Y no el parqué de la Bolsa, ni el cuarto oscuro de las entidades financieras, ni los decretazos de los viernes.

El espectáculo taurómaco es de activos mucho más que solventes, repleto de historia, vida, entusiasmo, singularidad, letras, lenguaje… ¡Lo era en otro tiempo! Oro puro, canela en rama, como aseguraba mi abuelo, que de saber vivir, sabía más que nadie. Pero, llegaron Lehman Brothers, la compañía global de servicios financieros, que ha llenado las dehesas y los despachos de bonos basura, les ha dejado en la quiebra porque no los venden, y ahora reclaman la intervención nacional para que no nos arrastre su avaricia. Mientras, cantan las excelencias de promover el estado delictivo que no se persigue.

El campo bravo, señores, arde en pasivos. ¡No lo entienden! Sí. Sí. Pasivos de los malos, muy malos. Hay pasivos en todas partes. En las entrañas bovinas, en las conciencias ganaderas, en los bolsillos de los corredores de banca y fondo, en las operaciones de ladrillo y dehesa, en las amplitudes mediáticas, en los resultados que doblan cifras, en los ruedos y ¡hasta en los tendidos! Todos inmersos cotizando en pasivos de nula rentabilidad, pero vendiendo nuestras miserias excelentes.

Ayer, arrancó el gran espectáculo taurino, uno de los entusiasmos más extraordinarios de todos los tiempos. Cada año va superándose, y éste no iba a ser menos. Gran espacio para contar las excelsitudes de la Fiesta. Amplio despliegue para reivindicar su historia. La cultura taurómaca puesta de gala para acoger en su seno a los más prestigiosos personajes de las letras. Los soportes digitales al servicio de la mercadotecnia. Un mundo, en definitiva, compitiendo esforzadamente por su reconocimiento social que tanto reclama, pero en sentido opuesto a toda realidad.

Estrenamos feria, subferia, empresarios, contratos arrendatarios, ministerio, espacios de encuentro, ambiciones políticas de ámbito universal… todo es nuevo, al parecer, hasta el público que se anima para ver la puesta en escena de la campaña publicitaria, el que se debate entre sus aspiraciones narcisistas y el bostezo indisimulado. Los aficionados cada vez son menos. Una mirada al tendido es suficiente para comprender la verdadera crisis que nos aplasta. Muchos huecos, caras ausentes, pensamientos vagabundos, abonos imposibles de colocar, la reventa en quiebra, el aburrimiento generalizado, el bolsillo vacio, la insatisfacción desbordada, el cabreo estupendo. ¿Y ahora qué hacemos? Pues hablar de alta economía.

La verdad es que la corrida de El Cortijillo, era verdaderamente un cortijillo de pasivos, un aburrimiento infernal, un espectáculo bochornoso contaminado de tanto esfuerzo para creernos una diversión imposible de digerir. Por ejemplo, yo misma, que -si por pasaba algo- recogí alguna notas (cinco líneas incompletas) y debo reconocer que ni me interesa leerlas, ni mucho menos trasladárselas a ustedes porque les tengo un gran respeto. El resto de los participantes, pues a decir que son divinos, vamos, los Lehman Brothers vestidos de grandes señores. Hasta otra.
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