¿Qué está pasando aquí?

¿Qué les pasa a los victorinos? ¿Qué pasa con los escolares?

El popularísimo ganadero de Galapagar dejó una suculenta noticia en los últimos días del año. Victorino Martín aseguraba (y ratificaba una semana después) que no puede lidiar en Las Ventas esta temporada porque "no existen las garantías necesarias para reunir un conjunto de toros de la máxima confianza (del ganadero) y plenamente acordes con las exigencias de la afición madrileña".

Esta decisión “meditada” se debe, según el empresario, a que la camada de este año padece las consecuencias de problemas sanitarios que se produjeron hace cinco años, que obligaron al

ganadero a una fuerte reducción de los animales disponibles con los guarismos 5 y 6 (precisamente los correspondientes a la camada que se lidiará esta temporada).

Sin embargo, en esta cuestión hay muchas incógnitas. La primera es que la decisión se ha tomado y anunciado cuando los veedores de la empresa de Taurodelta (que gestionan las dos plazas de Madrid) estaban sobre el terreno, y por lo cual, parece un desacuerdo entre las dos partes, eligiendo públicamente la menos dolorosa. La segunda pregunta es que no se entiende muy bien que dicho ganadero “considera el respeto a la que ha sido, y es, su plaza emblemática” y se reserve hasta disponer de un encierro de las máximas garantías para este escenario, cuando también ha reconocido que dispone de 16 corridas para ser lidiadas esta temporada. Hay que pensar un poco. Victorino lidia una media de más de 25 corridas por año. Ahora se quedaría con más de la mitad del total. El doble de festejos que la media de todas las ganaderías de bravo en España y por tanto, también el doble de todas por separado. Es de obligado cumplimiento suponer que si no existen garantías para Madrid, ¿se las puede ofrecer a las plazas francesas, Pamplona o Bilbao?

La tercera de las incógnitas es la ausencia del tirón en los carteles del ya tradicional festejo que cierra el cartel de la feria de San Isidro. A esto hay que añadir (y posiblemente tenga mucho que ver con este asunto) que esta temporada pasada ocurrió un hecho desconcertante, y fue que por primera vez el ganadero de Galapagar no consigue lidiar una corrida completa en este ciclo. Fueron muchas las críticas al comportamiento y trapío de sus ejemplares, sobre todo en la bajada de calidad,  aunque se venía certificando que cada vez le costaba más al ganadero una presencia rotunda en Madrid, además de en otras plazas. Esta materia sanitaria sería para justificarse, que aunque cierta, resultaría incomprensible que pueda lidiar en este número tan importante de festejos, y entre todos estos toros no encuentre nada para Madrid.

Las mentes más puntiagudas aseguran que es una campaña más del mediático ganadero, y que hay una desavenencia con el empresario madrileño en el fondo, que no en las formas. Hay que recordar que los victorinos son de los toros más cotizados en las ferias que se organizan en nuestro país, y por consiguiente, de los más caros del mercado. Imaginemos por un momento que el ganadero ha querido mantener su caché, y el empresario rebajar el monto. Imaginemos que entre la camada de este año, se ha pretendido, por un lado, homogeneizar la apariencia, y por otro, seleccionar los toros que quedarían asignados. Imaginemos que no se ponen de acuerdo. Imaginemos el rebote de los protagonistas. Imaginemos que lo más fácil es salir airosos del desencuentro. Y para ello ambas partes anuncian (el pasado 22 de diciembre y en sendos comunicados) a la agencia Efe que " se ha llegado a la conclusión de no acudir a Madrid”.

Otra cuestión para analizar es preguntarse por el papel de los veedores, últimamente institucionalizados en los pliegos de condiciones adjudicatarias, donde se incluyen sus nombres y su número, pero que no entran en el detalle de las comisiones que se llevan (también institucionalizadas), y que corresponde a un peaje imprescindible para que los ganaderos saquen sus toros de las ganaderías o, lo que es lo mismo, que se puedan comercializar y lidiar. El ambiente en este momento debe ser bastante tenso. La crisis económica está dejando muchos toros en el campo bravo, además evidenciar muchas presiones por parte de quienes quieren sacar tajada al juego de la oferta y la demanda.

¿Los ganaderos deberían plantarse en estas circunstancias? Si los empresarios quieren bajar el precio que deben pagar por cada ejemplar, argumentando la crisis; si deben pagar las comisiones a los veedores; si deben contar con el escollo de que unos pocos empresarios gestionan la mayoría de plazas, y por tanto llegar a un acuerdo supone cerrar varios tratos al mismo tiempo; y si, además, la casta escasea tanto que la alternativa se sitúa entre una mediocridad extendida, aburrida y generalizada de ferias plomizas y entre algún atisbo de autenticidad que sirve a los empresarios para taparse un poco de las críticas de los escasísimos aficionados exigentes, elaborando unos carteles indecentes, pero con un “puntito de casta”.

Después de la voz de alarma lanzada por los ganaderos de ganaderías no punteras, que aseguran que los toros se estaban quedando en el campo sin darles salida, ahora resulta muy significativo que sean las divisas importantes las que salen a la palestra, como por ejemplo Victorino Martín y José Escolar.  Aunque con matices.

La valentía y las explicaciones sin tapujos las ha dado el ganadero abulense José Escolar. Ha dicho bien clarito que no va a lidiar en Madrid el año próximo porque la empresa de Madrid Taurodelta no le daba garantías para que esto se produjera, alegando que los veedores de dicha empresa le aseguraron que no se las daban porque “no tienen costumbre darlas”. El ganadero se ha cansado de explicar que el año anterior “se quedó” con una corrida destinada a ser lidiada en Zaragoza, cuyos veedores y empresa son los mismos que en Madrid. Precisa el ganadero que el tiene un total de 8 encierros -entre corridas y novilladas- apalabradas o vendidas, y como no tiene superproducción no puede permitirse el lujo de dejar la punta de la camada (destinada a la plaza madrileña) compuesta y sin novio.

Hay que agradecerle a José Escolar su bizarría, pues en este mundo es bastante difícil hablar de números, porque, entre otras cosas, casi todos se esconden de Hacienda y de lo desproporcionado emolumentos que son muy difíciles de justificar.

Lo más triste es que quien pierde verdaderamente es el aficionado (el conspicuo, el generalista, el posible, es escéptico, el fan, o cualquiera que pasara por allí) y que se avecinan tiempos tristemente inciertos. Este año no veremos a los escolares en Madrid. ¡Qué tristeza! ¡Qué vacío!