Segundo festejo de abono. Feria de San Isidro 2009 

Que nos den las gracias. ¡Qué menos!
Por Paz Domingo

Sí. Que nos den las gracias, por presenciar un festejo como este, fuera de tipo para esta plaza, que presume ser la más importantísima referencia del toreo en el orbe taurino. Que nos den las gracias, por sufrir pacientemente este espectáculo anodino, sin emoción, aburridísimo. Que nos den las gracias, porque no se produce ningún altercado público, ni conato de amotinamiento, aunque alguno se le pase la rebelión por la cabeza. Que nos den las gracias, porque nos han pillado todavía frescos. Que nos den las gracias, por almacenar en nuestro corazón alguna esperanza para la regeneración de este decadente entretenimiento. Que nos den las gracias porque somos buena gente y no le deseamos el mal a nadie. Pero antes, por favor, que nos pidan arrastradísimas disculpas porque todos los hombres y mujeres que allí nos encontrábamos no nos merecemos esta monumental tomadura de pelo que representan los carteles programados de esta feria.

Todo es fácil de explicar, e imposible de justificar. Unos cuantos de los presentes habían pasado por taquilla, es decir, habían renovado su abono, no porque les interese esta edición isidril, -más bien opinan que es un despilfarro que sobrepasa los límites de la decencia-, sino porque no les queda más remedio, si no quieren perderlo. El resto de los asistentes eran invitados, es decir, aquellos conocidos de los restantes abonados que han pasado de tanto desasosiego taurómaco y, que regalan las entradas pensando que quedan como Dios. El problema surgirá pasados unos días de Feria, cuando ya no les queden parientes para endosarles el compromiso.

A pesar de todo, no se llenó. Si festejos como el que nos ocupa, fueran programados en algunas plazas de este mundo (muy pocas, es cierto), allí mismo hunden hasta la reputación de la secretaria, que lo único que hizo fue mandar un fax al apoderado de uno de los toreros, para indicarle la salida de la autovía, que no se perdieran, y llegaran a tiempo. Ni que decir tiene, que si ponen a la venta libre todas las entradas en taquilla, no les da ni para pagar los gastos del teléfono. Si para entonces, hubiera algún valiente que compitiera en el libre mercado taurino por conseguir una entrada para una corrida como la corrida de hoy, -y muchas que le sucederán-, los empresarios y responsables de la programación del festejo no se les ocurriría pedirles disculpas por ir a la plaza. Más bien, es de suponer, que le darían inmensas y efusivas gracias.

El público aguantó porque todavía no está muy resabiado, porque los tres matadores jóvenes mantienen la confianza en la superación, y porque en definitiva somos buena gente y comprendemos que la voluntad de los diestros es mucho, pero no lo es todo. Los tres dejaron ver que tenían ganas, mucho entusiasmo, sobradas carencias. Salieron mejor parados Leandro y Aguilar, pero sin alharacas.

Antonio Barrera se enfrentó a un lote de descastados. Al primero le puso distancia, pocos recursos, y nada qué poder hacer, precisamente porque el astado no tenía nada. Quizá, mucha flojedad. Si soso fue este ejemplar, su segundo ya no tiene calificativo. Se podría decir que se paró y punto final.

Leandro aprovechó (a medias) el buen pitón izquierdo del animal, dudó cambiando de mano sin resultados, pero, cuando rectificó el toro anovillado ya no tenía fuerzas. Dejó buenas maneras, dos buenas verónicas, y unas presuntas estocadas horrorosas. En el quinto, que era de Sepúlveda, parecía primo lejano de los componentes de la ganadería titular, pero primo, al fin y al cabo por la peculiaridad de la cornamenta. Descarado de algún pitón, también como sus parientes, resultó descastado y bronco, y terminó rajándose peligrosamente. La ingenuidad del matador le llevó a exponer valerosamente. Demasiado. Debe aprender que tanto riesgo no deja orejas, ni triunfos, ni méritos, ni tampoco da las gracias.

Muy técnicas, estéticamente buenas, impecables de movimiento, pero muy impersonales. Así se podría definir las faenas de Sergio Aguilar. Mientras en la primera nos dio un recital de sosería, dejó algunos muletazos sueltos, y se le escapó de verdad lo que tenía dentro el animal; en el segundo toro arriesgó de verdad con más técnica de verdad.

Por cierto, a los picadores no les den las gracias, ¡por favor!, que creerán merecerlas. Por unos puyacitos traseros, vale con un tirón de orejas. Y a los que han diseñado, organizado, y dado el visto bueno a estos carteles que nos manden un SMS que diga: NO VOLVERÁ A SUCEDER. Que lo escriban mil veces. Y que lo cumplan.
 

Ficha del festejo 8 de mayo de 2009. Las Ventas. Madrid

Segundo festejo de la Feria de San Isidro 2009

Toros de Gerardo Ortega, desiguales de presentación y peso, flojos, mansos en general, nobles el 2º y menos el 3º. Recibieron puyazos muy moderados y no se emplearon en el caballo. Bien armados. 5º de Sepúlveda de Yeltes, manso y bronco.

Antonio Barrera: estocada contraria (silencio); casi media contraria, rueda de peones, 2 descabellos (silencio).

Leandro: 2 pinchazos casi hondos –aviso- 2 descabellos (saludos desde el tercio); casi media (palmas).

Sergio Aguilar: casi entera caída y atravesada, tres descabellos –aviso- (silencio); (palmas).

Presidente: Julio Martínez Moreno. Casi lleno