Octavo festejo de la Feria de San Isidro 2009

¿Inflación o recesión?

Castella sale por la Puerta Grande de Madrid

 

Por Paz Domingo

Sebastián Castella salió por la Puerta Grande de Madrid después de cortar una oreja a cada uno de los dos toros que lidió. Pero el triunfo no se correspondió ni con la ejecución de faenas redondas y completas, ni con la capacidad incuestionable que puede tener el diestro para sobreponerse a un encierro tan amorfo y sin clase.

Se enfrentó Castella a dos dificultades. La primera fue estar metido en un cartel donde Morante de la Puebla ponía la expectación y Alejandro Talavante la incógnita. La segunda contrariedad resultó ser el encierro descastado, comodísimo de pitones, escaso de trapío, flojo y soso hasta la extenuación. Sin emoción, sin picante. Fue para aburrirse de aburrimiento. Y lo más incomprensible es el empeño de algunos matadores -como es el caso de Castella- de meterse en estas corridas diseñadas meticulosamente para el acomodo de algunas figuras –como Morante-, o para la fragilidad de las que quieren serlo- como Talavante.

Si los toros no se cayeron fue porque se llevaron leves picotazos. Si no ocurrió más desgracias (el subalterno Rafael Cuesta fue cogido) es porque Dios no lo quiere, pues todos los matadores que en el ruedo había, pusieron énfasis en convertir el festejo en una capea. Fue algo así como: capea y silencio; capea y oreja; capea y silencio; capea y detalle; capea y oreja; y capea y frustración. Nadie hace hincapié en lo que está sucediendo con el tercio de varas, ahora llamado de los picotazos debajo del caballo, encimistas, traseros, torticeros, fraudulentos y de juzgado de guardia. Forman ya parte del  protocolo de actuación. Esto ya no consiste en un fenómeno de moda, sino en pura jurisprudencia.

Entre tanta mediocridad, el torero francés pareció un coloso. No por su actuación, aunque fuera sencillamente meritoria, nada más, sino por el desierto que tenía alrededor. Incluido un público, que no sabe medir un triunfo, que le importa un bledo la superabundancia de vulgaridad. Además, se empeña –de empeñarse- en que se dé. ¡Vaya exageración! Esta desproporción ya no se sabe muy bien a qué se debe. ¿Será que se ha bajado la calidad taurina para estimular el consumo? ¿Será que la inflación ya no está controlada? o, ¿será más bien que nos encontramos en las garras de la temible recesión?

Sebastián Castella puso ganas para sacar algo de su primer toro. Bueno, es un decir, porque era anovillado, sin trapío para esta plaza, protestado, soso, descastado, esto que ahora llaman medio toro. Al animal le costaba asumir un tercer muletazo seguido, y rajado corría despavorido hacia las querencias. El mérito es que sacó algo de donde no había. Por esto le dieron una oreja. Sí. Por esto y porque cuando rodó el toro, se fue al platillo central a levantar las manos como un mesías que indica el camino verdadero. Aprende rápido este torero, que pareció ser el paradigma de la modestia. Aprovechó bien las condiciones de su segundo toro –el más boyante de toda la tarde-, con estatuarios impecables, pases por alto, algún trincherazo abajo, bien llevado, ligando, y todo con la derecha. El pitón izquierdo no lo quiso ver, se fue inédito y no se sabe si por el viento o porque el matador así lo quiso. Al final abusó del arrimón pueblerino, que desmereció una faena meritoria. Aquí el triunfo parecía más adecuado, pero desproporcionado,  pues le llevaba camino de la Puerta Grande.

El resto fue pura sosería, por decir algo. Morante dejó algún detalle entre descoloques, enganchones y la ineficacia para poner orden en el ruedo como maestro de lidia que era. Respecto a Talavante pasó flemático, ausente, frío y vulgarísimo. Sin aportar nada de nada, salvo la evidencia que esto le sobrepasa. Venía de un fracaso sonado en el encierro con seis toros aquí en Las Ventas, y de un triunfo en la Maestranza. La contrariedad de Talavante no es más que una inquietud ausente, que no responde a la confianza que mantenían algunos en su torero.

Ficha del festejo. 14 de mayo de 2009. Las Ventas. Madrid

Octavo festejo de la Feria de San Isidro 2009

Toros de Garcigrande, justos de trapío, de cabezas y pitones, sosos, flojos, descastados en general, con movilidad porque no se picaron. Resultó boyante el 5º

Morante de la Puebla: media caída atravesada (silencio); media caída (silencio)

Sebastián Castella: estocada tendida trasera (oreja tras aviso); estocada caída (oreja tras aviso). Salió por la Puerta Grande-

Alejandro Talavante, estocada caída, 1descabellos –aviso- (silencio); estocada caída (pitos).
Presidente: Manuel Muñoz Infante. Lleno

El subalterno Rafael Cuesta, de la cuadrilla de Morante, resultó herido en el cuarto toro. Su pronóstico es grave como consecuencia de una cornada en el muslo derecho de 25 centímetros.

Curro Molina, miembro de la cuadrilla de Castella, saludó por la ejecución de las banderillas al quinto toro.