Décimo festejo de San Isidro 2009
Hay que tener suerte, hasta para ser toro
Por Paz Domingo
 

Llegaron los escolares a Las Ventas y eran toreables. Pusieron emoción, genio, casta, movilidad. Hasta nobleza. Pero no había toreros, ni a pie, ni a caballo, que aportaran conocimientos y voluntad. No hubo cogidas. Sin embargo, la tarde se convirtió en dramática para unos toreros de fama aguerrida, de corazón de acero, de mil batallas libradas, de sencillez, de pundonor, de torear lo que toque. Los tres no pudieron afrontar este examen que en definitiva no resultó infranqueable.

No fueron demoledores los toros de José Escolar. Algunos, incluso, parecían de puerta grande. Nada de alimañas. Nada de petardo. Los toros sirvieron. Ya lo creo. Ojalá, todas las tardes de toros fueran como ésta. Los tres diestros fracasaron.

Y no eran los únicos. Una mención destacadísima es para los toreros a caballo, esos jinetes que parecen sacados del Apocalipsis, de las grutas siniestras del abismo. Es deplorable (por decir algo políticamente correcto) su actuación, toro tras toro, tarde tras tarde. Insufrible. Al animal le dan una tunda de narices. Le hincan la puya de aquella manera, le tapan la salida, le dan y le dan, le barrenan, le retuercen la vara, le desloman. Y tan panchos. Aquí no pasa nada. En el primer encuentro dejan al animal hecho papilla. Al segundo, más de lo mismo. Esto sucede cuando el toro ofrece alguna condición extraordinaria, es decir, aquel que no sea tonto de baba, que para éstos tienen fármacos placebos (picotazos para cubrir el expediente). A los matadores a pie les da tres cuartos de lo mismo. Ni se molestan en poner al toro en suerte, con la distancia adecuada. Al contrario. Allí mismo lo meten debajo del peto. Literalmente a empujones.

El público generalista se va acostumbrando poco a poco a esta barrabasada y, de golpe, la va asumiendo como verdadera. A los aficionados les parece pornográfica. Pero, ¿hasta cuándo tenemos que soportar este atropello? ¿No es este su oficio, que se están cargando a conciencia? ¡Qué desvergüenza! ¡Qué estropicio! Esto es inadmisible. Insufrible. Intolerable. ¡Por Dios que alguien haga algo!

Un aficionado se pone a pensar en este atropello y le dan los siete males. Con las ganas que tienen de ver toros como mandan los cánones, y cuando salen al ruedo, se encuentran que no hay nadie que haga nada digno. Los tres matadores que hicieron el paseíllo no mostraron méritos para compensar mínimamente el desaguisado.

Rafaelillo afrontó las circunstancias, pero escurrió el bulto. O eso pareció. Se enfrentó a al primer albaserrada con decisión. Parecía que iba a poder con él, que lo iba a meter en el canasto. No se le podía dudar. Había que mandar. Lo intentó, pero le salió al revés. El animal desarrolló sentido. Aprendió porque era listo. El diestro evidenció que su poderío está más bajo de lo que presume. Realizó toda la faena por el pitón derecho, como en la siguiente actuación. Con su segundo toro, hondo y cuajado, demostró que sus conocimientos lidiadores, así como de los terrenos, se quedan algo escasos para demostrar que es un torero de poderío. Estuvo a merced de lo que el animal quiso. Intentó el arrimón y no quiso ver el pitón izquierdo, que se quedó inédito. Mató a la suerte natural y dejó un bajonazo.

Fernando Robleño se ausentó. No estuvo en el ruedo. Ese magnífico torero con voluntad de hierro, pese a las adversidades propias y ajenas, se transformó en hombre de mantequilla, y a duras penas pudo concluir el festejo. A su primer toro no le sacó del tercio, no nos dejó ver las condiciones del animal en la muleta, no le entendió, o no pudo. Tantas reservas puso el matador, tan fuera de lugar parecía, que no reparó en que llevaba el estoque de madera cuando se perfilaba para entrar a matar. Después la cosa se puso peor. Se comporto como iniciado en una capea. Incluso, a punto estuvo de ser atropellado por el toro y, para defenderse, no se le ocurrió otra cosa que dejar la muleta encima del testuz del animal. Lo más meritorio fue cuando sacó al animal a los medios, echando la muleta abajo. Fue un espejismo, pues estuvo a merced el toro que le llevó a un largo periplo de tiempo y terrenos. Compungido, descompuesto, ajeno a lo que fue, sin ánimo, así se marchó Robleño. Así nos quedamos nosotros: incrédulos y tristes.

Respecto a Sánchez Vara, no pudo con los dos toros más nobles y encastados del encierro. Que ya tiene mérito: dos de dos. No está muy placeado este matador, es verdad. Pero, es que tampoco tiene técnica, dominio, don natural, inspiración, o algo que destacar. Bueno, algo sí: mató bien. Cosa que no hicieron sus compañeros de terna. La falta de recursos del matador quedó más que evidente. Le correspondió el mejor lote de la tarde, toros de puerta grande, para inflarse a torear, y ante la ineficacia de Sánchez Vara, el público perdió los nervios y se dedicó a protestar sin complejos.

 
Ficha del festejo. 16 de mayo de 2009. Las Ventas. Madrid

Décimo festejo de la Feria de San Isidro 2009

Toros de José Escolar Gil, bien presentados, encastados; 2º y 3º más desiguales, 1º con genio y sentido, 5º manso, 3º y 6º nobles.

Rafaelillo: media contraria atravesada –aviso-, 6 descabellos con la espada puesta (silencio); bajonazo (silencio)

Fernando Robleño: bajonazo, rueda de peones (silencio); 1 pinchazo, y bajonazo (pitos)

Sánchez Vara: estocada, 1 descabello (silencio); estocada (pitos)

Presidente: Julio Martínez Moreno

Hay que destacar la actuación del subalterno Candelas en las banderillas al quinto toro.