El joven matador Rubén Pinar salió por la Puerta Grande de Madrid.
Fotografía de Paco Sanz
 
Sexta y última corrida de la Feria del Aniversario

Trigésimo primer festejo

7 de junio de 2009

A tientas

Por Paz Domingo

Rubén Pinar salió por la Puerta Grande de Madrid. Un triunfo demasiado grande para este reciente matador de toros. Pero no se engañen, no es más que un espejismo. Una alucinación en este desierto de más treinta imperdonables tardes. Un abultado colofón para la escasez de responsabilidad por parte de los organizadores de la primera feria taurina del mundo. Un insufrible agotamiento por tanta y tan manifiesta falta de sentido común. Pero los daños ya están hechos. El resultado es escandaloso. Y que nadie se llame a engaños. Se ha conseguido devaluar tanto la categoría de esta plaza como las expectativas de su regeneración. Ahora más que nunca parece que la lucha por la dignidad de este singular y hermoso espectáculo es misión imposible.

En esta tarde de fin de fiesta resultó que los toros se fueron sin torear. Todos. Por todos. Desde los toreros a caballo, como los de a pie. Es increíble la falta de técnica, recursos, sabiduría, conocimientos, y sobre todo de solvencia. Los siniestros jinetes del castoreño ejecutaron la suerte infame, y que no es otra que la patentada y desarrollada por ellos mismos, con una aberrante solución de continuidad. Se perpetúan a lomos de sus jamelgos como líderes de casta intocable. ¡Qué más da lo que hagan! Y la verdad es que hacen daño –y mucho- a la fiesta y a cualquier mamífero que se les cruce en el camino. Si ya de por sí es verdaderamente catastrófico el asunto, un espectáculo donde se suceden toros de condiciones notables -en cuanto a casta y boyantía- se convierte todo en pornográfico. Algo así sucedió con los toros de Alcurrucén. Los animales expusieron presencia, acometividad, casta y nobleza, para recibir tantos mantazos como veces repitieron, lidias tan desastrosas como toros fueron, innumerables mantazos como grandes dosis de incompetencia desbordaban los profesionales. Los picadores se convirtieron en matarifes, los ayudantes en vulgares comediantes sin oficio y los diestros en exhibicionistas de un ritual que no cuadra con la verdad.

Parecía increíble que estos animales -después de todo lo expuesto- tuvieran ganas de seguir el engaño, de poner la cara y presentar el lomo para la gran tunda de pegapases que les dieron. Se fueron sin torear. Esto ya lo dice todo.

Los del castoreño nadaron entre la inseguridad de poner deslomes a mogollón, picotazos discretos, o bien, desriñonarlos de una vez. Sucedió a discreción, según caía. El presidente cambiaba el turno cuando no sabía si ya estaba lo suficientemente pasado o había que darle una vuelta. Los subalternos realizaron los quites porque los maestros se sentían muy señoritos. Los hombres de confianza perpetraron capeas de mojiganga. El ausente maestro de lidia estaba más preocupado por su arte banderillero que por poner orden. El simulacro de toreo que evidenciaron los celebrantes fue jaleado por un público analfabeto, aquel que un día tomó las fiestas locales con desmesurada prepotencia, y que ahora asalta la cátedra del toreo con su ignorancia.

El recuerdo de la torería de Esplá aún planeaba en nuestra memoria, lo que hizo más angustioso el balance de esta triste primavera taurina, y más inciertos nuestro días venideros. No lo compensó la voluntad bullidora del joven diestro manchego. A Rubén Pinar le faltó colocación, además de sobrarle modales algo toscos, pero efectivos, de cara a la galería, que le compensó con una oreja –tras un bajonazo- en su primera actuación. Ese aire campechano es lo que trascendió a la generalidad de los tendidos. Esto y algunos buenos detalles cuando desarrolló la segunda parte. El animal hondo, cuajado, bien rematado, ya daba muestras de que había que torearlo, a pesar de que le habían hecho picadillo los riñones, en los dos tercios anteriores. Un torazo que se fue sin aprovechar, a pesar de los ayudados por alto, por delante y por detrás de buena ejecución, aunque de mucho recurso por parte del torero, pues sus anteriores -y aplaudidas- tandas las había realizado despegado, sin echar la muleta adelante, sin rematar, sin sacar partido a la codicia verdadera del hermoso ejemplar. Aún así, habrá que esperar a que mejore en resultados y calidad - parece que condiciones tiene-, y si admite un par de consejos, convendría que no se le suba a la cabeza tan exagerado triunfo y que cambie de cuadrilla. Por favor, estamos muy necesitados de ambas cosas: de verdad y de profesionalidad.

A Matías Tejela le vino muy grande toda la ceremonia. Pasó verdaderos aprietos. Aunque dejó una gran estocada. Muy poco. Antonio Ferrera parecía un atleta indómito correteando sin ton ni son. Puso un par de banderillas aceptables entre muchos muy pasadísimos. Se creció por esta circunstancia, e hizo creer a algunos ingenuos que iba a revolucionar el torero con su arte dominador. Se descubrió él solito, porque tanto pico, tanta distancia, y sobradas muestras de oportunismo, evidenciaron la imposibilidad de acometer A oscuras nos quedamos los aficionados después de tanto tedio generalizado a que nos someten tortuosamente. Así andan los oficiantes de este fabuloso y extraordinario mundo de los toros, dando palos de ciego. Grotescos desafíos de consecuencias fácilmente previsibles. Que Dios nos pille confesados.

 

Ficha del festejo. 7 de junio de 2009. Las Ventas. Madrid

Sexta corrida de la Feria del Aniversario

Trigésimo primer festejo de la Feria de San Isidro 2009

Toros de Alcurrucén: Bien presentados, nobles y encastados en general (más claros y boyantes los 3 últimos), bien armados (algunos sospechosos de pitones)

Antonio Ferrera: estocada caída perdiendo la muleta, trapazos de los peones (pitos); 2 pinchazos, estocada tendida contraria, rueda de peones, el puntillero levantó al toro y lo apuntilló sucesivas veces sin sacar la espada (pitos)

Matías Tejela: 1 pinchazo, estocada caída (silencio); estocada (palmas)

Rubén Pinar: bajonazo (oreja); estocada delantera (oreja). Salió por la Puerta Grande

Presidente: Trinidad López-Pastor
 
Diversos momentos de la actuación de Rubén Pinar en este último festejo de la Feria del Aniversario.
Fotografías de Paco Sanz