El maestro Luis Francisco Esplá en el toro de su despedida de la plaza de toros de Las Ventas y
al que cortó dos orejas, para salir por la Puerta Grande.
Fotografía de Paco Sanz

 

 
Cuarta corrida de La Feria del Aniversario

Vigesimonoveno festejo

5 de junio de 2009

Carta a un enamorado de la autenticidad

Por Paz Domingo

 

A quien corresponde.

El sumo sacerdote de la liturgia taurina se va. El maestro salió en volandas arrebatadoras por la Puerta Grande de Madrid camino del retiro soñado y otras veces aplazado. Le llevaba en hombros su hijo, y con él salíamos todos los aficionados, de ayer y de hoy, emocionados con este hombre que ha mostrado abiertamente su inmensa alma torera. Al estudioso de los orígenes del mundo taurómaco, a quien trasladó los detalles para mostrarlos portentosos, a quien buscó en la esencia de este singular arte, a quien se descubrió valeroso, a quien siempre cumplió con una entrega sin revés, a este enamorado de la autenticidad que nos mostró el camino verdadero, queremos darle las gracias por todo lo que enseñó, por el hermoso espectáculo que ha sabido ofrecer, y porque nos ha hecho sentir más vivos, y menos solitarios, en esta enormidad que es el maravilloso mundo de los toros. 

En nuestra memoria quedan muchos momentos para usted, sencillamente porque los entregó con honestidad. Fue un oficiante que no especuló con el triunfo. Al contrario, supo estar con su precisa maestría en las suertes lidiadoras, en los angostos terrenos de estos singulares animales, en la nostalgia del recuerdo, en la puntualidad metódica, en el momento preciso, en el compañero sincero, en la búsqueda de la verdad olvidada; en sus palabras emocionadas; en una verdad hermosa que muchos se empeñan en olvidar; en ese referente que ahora nos deja más huérfanos; en este todo que configura exactitud. Ayer y hoy. 

¡Qué bonito lo que hizo, maestro! Todo. Con plenitud. Recibió a ese toro, que el destino le puso como colofón a su largo paseo por la cátedra del toreo, con la prudencia y con el estudio meticuloso que le han caracterizado. Colorado, hondo, cuajado era este ejemplar que quedó clavado con una larga cordobesa, recogiendo capote al hombro, en la distancia adecuada para el choque con el caballo. Le gustó la acometividad del animal, y a los demás también. Se vio que había materia encastada, pero la incertidumbre del viento, que había hecho estragos durante toda la tarde, pesaba mucho. Intentó la entrega en las banderillas, y se superó en el segundo par. Le dijo con el dedo índice apuntando:

-¡A ti, a ti! Voy a por ti.

En ese instante empezó a desbordarse la verdad, para dejarle maestro en estado de gracia. Todos éramos cómplices, y todos recogimos su brindis como una sincera confabulación, apretando fuerte la montera para que no escapara. La esencia de la tauromaquia inició su desarrollo auténtico. Con una mano agarrado a las tablas, tanteaba la embestida, y ejecutó un trincherazo templado, un pase de desprecio rotundo, camino del terreno adecuado. Allí en el tercio, al segundo muletazo de la primera tanda ya había metido al toro en el engaño.

El maestro paró hasta el viento. Templó naturales despaciosos con profundidad, cadenciosos, continuando la embestida y el sitio verdadero, bajando la mano, de arriba abajo, para vaciar de forma descomunal. Con los tiempos exactos, con respiro, volvía a la cara del toro, a cargar la suerte, a quedarse ahí, a dar continuidad, a pedir confianza al público, a templar la emoción. Con el pitón izquierdo arriesgó más, aunque no se estorbó. Compensaba el soberbio esfuerzo en la ejecución de naturales de poder con pases de desprecio, trincherazos a sus pies, molinetes envueltos de pura estética, para dejar ya a un animal dominado, casi en los medios. Este sumo sacerdote, dejándose ver en la distancia, le llamó a la muerte. Los dos avanzaron, para seguir uno y pararse el otro. El sabio maestro le recibió aguantando el encuentro. No importó cómo quedara esa espada, es fruto de la casualidad al fin y al cabo. Contó su entrega desbordada y generosa. Y, exhausto, con la muleta en jarras, tomando aliento, le reconocimos, puestos en pie, como lo que es: un gran torero.

El animal vencido comenzó su paso agonizante hasta las tablas, y usted, maestro le despedía con honores. No dudó en utilizar con rapidez y dignidad el verduguillo. Recogió la montera. La marea de pañuelos blancos inundó los tendidos, y se le concedió el más hermoso triunfo en una soñada despedida. Con la venia del presidente, pidió a los mulilleros que dieran a Beato la vuelta por el ruedo venteño. Mientras, esperaba majestuoso, sentado en el estribo, su merecida ovación. La emoción nada contenida se rebasó en dos vueltas al ruedo, y allí hubiéramos permanecido toda una vida. Su cuadrilla, que le esperaba también en el soporte del burladero a que terminara la aclamación, recogió elegantemente al gran amigo. El viejo torero se llevaba en su mano un trocito de arena -que con lágrimas en los ojos había besado- y todo nuestro agradecimiento por sus clases magistrales. Tantos gestos toreros que bien merecen una afición sincera. Cuando salió camino de la calle Alcalá, por la puerta de la gloria, llevaba el traje sin un solo alamar, pero con una emoción tan grande como la concepción de su toreo.

Gracias maestro Esplá. De todo corazón.

 

Notas aparte en una tarde hermosa.

Los toros de Victoriano del Río no son los mismos que aquellos que presentó para la corrida de la Beneficencia. Ni mucho menos. Ni completar pudo entonces. La crónica de aquel día se reseñó como Casquería clónica. Y sin embargo, los seis toros de esta tarde estuvieron magníficamente presentados, con cuajo, bien rematados, bien armados, encastados, algunos fueron al caballo, y casi todos se fueron inéditos. ¿Cómo es posible que sean del mismo padre? ¿Cómo es posible que salgan de la misma camada? ¿Cuál es la mano que toca la providencia? Que me lo expliquen. Con argumentos, porque la incredulidad es materia inestable.

Respecto a Morante de la Puebla estuvo a la deriva, justificándose a favor del viento, de su estética portentosa que no vimos, con un lote difícil, nadando en enganchones, porfiando en regates, lanceando al espacio vacío y dando caladas a un puro -a intervalos- en unos tiempos muertos y otros excelsos. Sencillamente no pudo con los toros, y no quiso verlos. Necesita el diestro sevillano animales de otras condiciones para ejecutar su peculiar toreo, porque los que llevó el ganadero a Las Ventas resultaron muy complicados y encastados. No lo superó. Ni aportó técnica, a pesar de sentirse picado en su amor propio con el triunfo del viejo maestro. Lo que sí llevó a la plaza es un gran número de incondicionales, que se transfiguran en morantistas de apariencia y ademanes.

Sebastián Castella se quedaba al margen de este duelo entre nostálgicos y artistas. Intentó estar a la altura de las circunstancias. No lo consiguió en su primer toro. La casta y nervio de este animal, junto con el viento, desbordó a un frío y metódico matador, y estuvo a merced de los antojos y terrenos que el animal dispuso. En su segunda actuación, le tocó un toro de similares características, y aquí se jugó el tipo y la cornada. Comienza sus faenas con pases cambiados por la espalda, pedresinas, y demás lances emocionados y bien ejecutados. Tarda en fijar al animal, en pararlo, y en muchas ocasiones queda a merced de la potencia avasalladora del astado. Estuvo valerosísimo. Le falta matar bien, y poder llegar a la gente.
 

Ficha del festejo. 5 de junio de 2009. Las Ventas. Madrid

Cuarto corrida de la Feria del Aniversario

Vigesimonoveno festejo de la Feria de San Isidro 2009

Toros de Victoriano del Río: muy bien presentados, muy encastados en general, complicados, algo huidos, y algo flojos. Se les picaron poco y mal en general. Morante y Castella pagaron las consecuencias. Se premió al cuarto toro de la tarde con la vuelta al ruedo, a petición de Esplá.

Luis Francisco Esplá: 1 pinchazo, casi entera trasera o media marca de la casa (palmas de querencia y reconocimiento); más de media, mató recibiendo, 2 descabellos (dos orejas y dos vueltas al ruedo). Salió a hombros

Morante de la Puebla: cuatro pinchazos a la remanguillé y una cuchillada en el costillar (pitada); bajonazo trasero, es decir, otra cuchillada (silencio)

Sebastián Castella: media atravesada, 3 descabellos –aviso- y se echa el toro (silencio); estocada caída (palmas)

Presidente: César Gómez Rodríguez

Lleno.

Puntualizaciones: Luis Francisco Esplá se despedía de Madrid después de 33 años como matador de toros. Era su paseíllo número 89. Es el segundo diestro, después de Antonio Bienvenida, en cuanto a actuaciones en Las Ventas. Le siguen con 77 tardes Antoñete y Curro Vázquez. 

 
 
A continuación Paco Sanz muestra diferentes momentos del toreo de Esplá al cuarto toro de la tarde,
y que le dio el triunfo.
 
 
 
 
 
 
   
 
 
 
 
 
 
 
Toroaficion ofrece la reseña profesional de Luis Francisco Esplá, que su representante de comunicación envió a los medios, los días previos a su actuación de despedida de la plaza de Las Ventas.

LUIS FRANCISCO ESPLA MATEO, nació en Alicante el 19 de Agosto de 1957.
- Tomó la alternativa como matador de toros en la plaza de toros de Zaragoza el 13 de mayo de 1976, siendo padrino Paco Camino y testigo Pedro Gutiérrez “El Niño de la Capea”, con toros de El Cordobés.
- LF Esplá confirma su alternativa en Madrid el 19 de mayo de 1977 de la mano del Maestro Curro Romero y del Maestro Paco Alcalde.
- Ha actuado 88 tardes en Madrid. Ha cortado 15 orejas y ha salido 4 veces por la Puerta Grande. La de el 5 de junio, será su corrida número 89 en Las Ventas.
- LF Esplá es el matador de toros que más veces ha sido anunciado en ferias de San Isidro, en los 63 años de historia, tal y como la concibió D. Livinio Stuyck, con un total de 27 ferias y 51 corridas de Feria lidiadas.
- El Maestro Esplá es el segundo matador que más corridas ha lidiado en la Plaza de toros de Las Ventas. El primero de este particular escalafón es el Maestro D. Antonio Bienvenida con 102 tardes. Siendo los terceros, empatados a 77 tardes cada uno, los Maestros Antoñete y Curro Vázquez. Es el matador que más toros ha lidiado en Las ventas de D. Pablo Romero. De D.Victorino Martín Ha estoqueado 26 ejemplares.
- Este año 2009, celebra 33 años de matador de toros, y deja los ruedos.
- Ha estoqueado 1.117 corridas de toros.
- Sus apoderados en orden cronológico han sido: Don Jose Antonio Martínez Uranga (con quien toma la alternativa), Don Manuel Cisneros, Don Roberto Espinosa, Don Emilio Miranda y Don Santiago López, Paco Sánchez y de nuevo Don Jose Antonio Martínez Uranga, en la temporada de su despedida.
- Página web de Luis Francisco Esplá
www.espla.cjb.net