Así mató Uceda Leal al 4º toro de la tarde.
Fotografía de Paco Sanz
 
Tercera corrida de la Feria del Aniversario

Vigesimoctavo festejo

3 de junio de 2009

Estoconazos

Por Paz Domingo

Uceda Leal mató a sus dos toros correspondientes de sendos estoconazos. Decir que eran dos estocadas sin más, era poco precisar para aquellos castizos aficionados de otro tiempo que necesitaban un vocablo rotundo para un hecho tan excepcional. Y apuntaron fino. Sin más: estoconazos. Su significado es tan portentoso como concluyente la ejecución. A los afortunados que pueden admirar al diestro madrileño en esta suerte, y en estado de gracia, les encaja de sopetón los principios y orígenes de la tauromaquia, su fundamentación y su posterior desarrollo, que da sentido al peculiar arte de matar toros.
Esta técnica consistente en dar muerte precisa y digna a un animal de características fabulosas, y sirvió entonces para definir los cánones que rigen desde siglos el torero y, ahora, para entender este singular espectáculo. Hoy y mañana tan actuales y definitivos como eternos. Con distancia adecuada, el matador se coloca cruzándose delante de la cara del toro. Se perfila. Ayudado con el engaño, echándolo abajo, haciendo humillar al animal. Acomete entonces el encuentro en tres tiempos. Carga la suerte, alarga el estoque con la empuñadura horizontal, con el filo curvado señalando la cruz, con perspectiva precisa. Dos pasos hacia el feroz choque, clavar y vaciar simultáneamente la salida natural, para salir andando.

El ilustre Sánchez Neira, en su centenario Gran diccionario taurómaco puntualiza -al final de la larga definición de estocada- esta conclusión: “por más que unas sean más lucidas que otras, el inteligente debe atender primero a la manera con que se han dado, que a la fortuna con que el lidiador haya conseguido clavarlas” Evidentemente todo cuenta. Sin embargo, la importancia que da Neira a esta tesis, es precisamente la técnica refinada e intuitiva manera de matar a los toros y que fundamentó las prácticas del resto de las suertes taurómacas. Parar, mandar, templar, y como colofón dominar.


Uceda Leal es de los toreros que están o no están. Y en esta tarde resucitó su imponderable calidad. Los aficionados que hemos seguido la trayectoria irregular de este diestro siempre tendremos la certeza que no va a dar todo lo que atesora. Vimos a un matador de toros. A un hombre sin complejos entregado en dejar ver las condiciones de los animales. A un maestro en la elegancia del cambio de mano, de una muñeca templada, de profundidad en los pases de pecho. A pesar de la extraordinaria capacidad e intuición que Uceda Leal mantiene, algo impide la rotundidad que puede llegar a dar, una manifestación completa de todo lo que puede decir. A este diestro madrileño siempre se le espera, aunque se intuye que la fantástica dimensión de su toreo se va a quedar sin ver. Algo así transcurrió en esta tarde. Venía de la recuperación de una cornada espelúznate en aquel mismo día fatídico de la muerte de su padre. Hoy era un hombre diferente, sin aflicción. Conocedor de terrenos en su primero, matador incuestionable, ejecutor de toreo en ambas actuaciones, muy profesional pero sin poder rematar. Quizá tuvo mucho que ver la flojedad que arrastraban los animales, o quizá, le cuesta en exceso traslucir su brillante alma torera.
Quien está inédito es Alejandro Talavante. Su tormento es insuperable. Un desconsuelo para aquellos que vislumbraron materia de primera en este joven diestro. Lleva camino de perpetuarse. Dios no lo quiera. Por su parte pone tanto empeño en ausentarse que más de uno, de aquellos creyentes, se están impacientando. Nada a la deriva, en aguas tortuosas de vulgaridad e inhibición. Da trapazos al aire, suelta lastre, se alivia. Ni se tapa, ni torea, ni se coloca, ni está. Tantas reservas -para no decir nada- en su primer toro, un ejemplar hermoso, un colorado hondo, rematado, con hechuras de otro tiempo, pero con los pitones tocados y sangrando por uno de ellos. Algo desmereció su paso por la barbería, pero en el caballo cumplió arrancándose en sucesivas ocasiones. En el tercio de banderillas transcurrió cómodamente, pues bien sabían los peones que ya no tenía tanto peligro por el ajuste de cornamenta que le habían realizado. Quedó entregado para ser buenísimo en la muleta, y el diestro extremeño le dio por el toreo de periferia, y quedó muy contrariado porque no gustaba. Después permaneció mudo de gestos. Ni se inmutó tras el escandaloso e infame bajonazo (a la manera de sartenazo) que propinó a un animal de naturaleza excelente que no tuvo suerte ni en la vida ni en la muerte. Concluyó con un patético regateo a un toro de similares hechuras y buenísima nobleza. Lo peor es que quería salir corriendo, y su propia incapacidad se lo impedía. Se llevó una pitada monumental, y un espectador del callejón un susto descomunal, cuando la cruceta de este matador, que intentaba la suerte infame –con desganada voluntad-, voló por los aires y cayó con el filo traicionero en su mano. Pasó el herido con aires heroicos a la enfermería, contando a todo el mundo que no había sido para tanto, que estaba bien. Al llegar a su casa le parecería probablemente el milagro de su vida.
Y volviendo a Talavante, se llevó unos aplausos en un quite certero que realizó en el sexto toro. Qué poquísimo maestro, si se tiene en cuenta que han pasado por sus manos doce toros en lo que va de año, desde que se inaugurara el ciclo madrileño de festejos. ¿Dónde estaba usted que no se ha enterado? Nos gustaría saberlo. Por curiosidad. Nada más.
A Daniel Luque se le agradece el aire bullidor que imprime en sus actuaciones. Esa prepotencia juvenil, esa sobrada autosuficiencia, pero echamos de menos más esencia y más colocación. Le tocó lo bueno y lo malo, y con ambas circunstancias no supo revolver. Con su primer toro pedía calma porque la gente protestaba la invalidez del astado. Pedía con la mano tranquilidad, que iba a darle su merecido. Se quedó la cosa en muchas reservas para no decir nada. Con el sexto de la tarde estuvo a merced de las complicaciones de un toro con nervio. Esta sinceridad en su entrega le sirvió para recibir una ovación. Se espera que aprenda y que no pierda temperamento en el proceso de maduración.

 

Fraile, el ganadero, trajo un corridón de toros bien rematados, en caja, cara, culata, cabeza, badana y hasta capas hermosísimas. De presentación casi un diez. Además bien armados, excepto alguna duda y la evidencia del mencionado segundo, que descaradamente debe ser un prototipo experimental (fracasado) de las dichosas fundas que les colocan a los incautos animales, para luego hacerles asticura. Toros hondos, pero de naturaleza blanda. Con nobleza pero se desparramaban por el suelo cuando se les obligaba. De pezuña descomunal pero inválidos. ¿Y esto cómo se explica? Si alguien de buena fe quiere contarlo, que lo haga, por favor. Si de paso pueden hacer algo por evitar el despropósito de la ejecución del tercio de varas, le estaríamos inmensamente agradecidos. De aquí a la eternidad.

 

Ficha del festejo. 3 de junio de 2009. Las Ventas. Madrid

Tercer festejo de la Feria del Aniversario

Vigesimoctavo festejo de la Feria de San Isidro 2009

Toros de El Pilar ya explicados en la crónica. Algunos fueron aplaudidos en el arrates. Peco de flojedad. También se protestaron algunos ejemplares por esta circunstancia. No se devolvió ninguno

José Ignacio Uceda Leal: estocada, rueda de peones (saludos desde el tercio); estocada (saludos desde el tercio)

Alejandro Talavante: 2 pinchazos, bajonazo, rueda de peones (pitos); estocada delantera y vertical, casi entera, rueda de peones (pitada monumental)

Daniel Luque: estocada caída (silencio); los mismo (ovación)

Casi lleno.

Notas: Curro Robles, de la cuadrilla de Luque, dejó un buen par de banderillas al tercero de la tarde.

Incidencias: Daniel Luque recibió un puntazo corrido, heridas en la mano derecha y varias contusiones durante  la lidia al sexto toro.
pazdomingo@toroaficion.com
 
 
 
 
 
Suerte de varas a la manera habitual.
Fotografía de Paco Sanz
 
 
 
 
Daniel Luque en un derechazo al sexto toro 
Fotografía de Paco Sanz
 
 
 
El diestro Uceda Leal, también en un derechado al toro de El Pilar que abrió plaza. 
Fotografía de Paco Sanz