Tercer festejo de abono. Feria de San Isidro 2009 

Jamás de los jamases

Por Paz Domingo

Algo pasó ayer en Las Ventas que no debía haberse producido jamás de los jamases. A El Capea le dieron una oreja, y los pocos aficionados con decencia torera no se podían creer que semejante despropósito estuviera aconteciendo en esta plaza, con el prestigio cada vez más devaluado. ¿Qué significa una oreja? Para este matador bien poco. No le hacen falta. Es decir, lleva varios años de alternativa, inflándose a torear, sacándole partido al apellido, anunciándose en los carteles como si fuera el no va más, tirando de padrinos, y todo por no saber ni dar un pase coherente con los cánones de la tauromaquia, por su excesiva vulgaridad que es hasta sorprendente, por su desconocimiento de las facetas lidiadoras, por su carácter impersonal, por su aburridísimo (anti)concepto del torero, y por la mala suerte para los aficionados que sufrimos esta ordinariez sin paliativos.

Los hechos ocurrieron así.

Nadie apostaba por los toros de Salvador Domecq, después de los malos resultados de ediciones anteriores, y concretamente de la mala actuación en la pasada feria de Sevilla.  Los primeros toros de Salvador Domecq en salir al ruedo habían dado muestras de peligrosidad, alguno de flojeza, el resto hasta fueron encastados, y alguno hasta de aplauso. El astado que había correspondido a El Capea, tercero de lidia ordinaria, había sido el mejor de todos los lidiados hasta el momento, pues había presentado menos bronquedad y más nobleza. El diestro salmantino se limitó a dar  trapazos por allí, carreritas por allá, levantó la muleta por amabas manos -como si fuera un guardia de tráfico en un aeródromo-. Se descompuso. Se supone que lo justificarían porque el animal presentaba dificultades, cuando en realidad, es que le hizo –sin mucho disimulo- cuatro monadas y punto. Allí más de uno rezaba para que pasara pronto este suplicio. Bien, esto se producía después del primero de Miguel Abellán. Lo mejor de este toro es que tenía cinco años y medio y no los aparentaba. Sin sobrepeso (522 kilos), con cara de novillo, con una capa lustrosa, castaña y retinta. ¡Cómo engañan las apariencias! Se imaginan al animal paseando por la dehesa, se le acerca un congénere y se ponen a mugir:

-          Qué bien te veo, amigo.

-          No creas. Voy notando el paso del tiempo.

-          No puede ser, un mocetón como tú, tan resultón.

-          Ya ves. Las apariencias engañan. Voy camino de los seis años.

-          ¡Cielo santo! Ya lo creo que engañan. Muuuuu.

Para entones en el ruedo los varilargueros ya se habían percatado que los animales no estaban sobrados de fuerza, y que se ajustarían al último protocolo de moda, que consiste en colocarse donde fuere y dejar un par de picotazos sin mucho disimulo. Alguien le dijo a Abellán: -Miguel, ¡a los toros de cinco hay que picarlos!

Y, bien verdad que fue. Pues el toro cinqueño, se iba creciendo en poderío, y como nadie le mandó bajar la cara y los humos, cada vez los aireaba más y con mayor desafío. Tanto que mandó al matador a la enfermería.

Después vino el toro del Capea relatado anteriormente. Y después, la tarde se transfiguró. Por circunstancias impredecibles del destino, Capea tiene que torear el animal que le correspondía a Miguel Abellán. El toro resultó ser encastadísimo, con una nobleza que se toreaba a sí mismo. Puso de su parte todo lo que hacía falta: el temple, la fijeza, la distancia, y hasta metió la cabeza por ambos pitones, -con un izquierdo extraordinario-. El diestro puso de su parte más de lo habitual: zapatillazos, carreritas y hasta piruetas de saltimbanqui cuando el toro, a punto de entregar su vida, era acribillado a mantazos por los subalternos en una rueda de peones infame. Hubo pañuelos, pero no fue unánime, que conste. Protestadísimo el triunfo, El Capea, dio la vuelta al ruedo, mientras su padre desde el callejón recibía los parabienes. Al llegar al tendido que se había opuesto a este insufrible triunfo, el matador les lanzó el apéndice con aires inflamados de vencedor. Ni que decir tiene, que los afectados se lo tomaron como lo que fue: una provocación del niño que cree merecerlo todo y no demuestra nada.

Le llegó el turno a David Mora. En el toro bis de su alternativa (el titular lo habían devuelto por inválido) puso buenos lances con el capote, dos recibimientos a puerta gayola, méritos toreros, mucha voluntad, valentía, pero le falta bajar la mano y un poco de técnica lidiadora para enfrentarse a toros que desarrollan dificultades, como era el caso. El su segundo, sobrero de Fernando Peña, resultó con casta y evidencia de que también había que bajar la mano, no quitarle la muleta de cara, mandar, y aguantar las embestidas porque aprendía pronto. No se acopló. Se descompuso. Le ahogó. El valiente matador utilizó recursos poco adecuados, como zapatillazos, parones, tirones de muleta, no quiso ver el pitón izquierdo, y quedo superado. A pesar de todo, va madurando. Ése es el camino.

Y ya saben el refrán: Si no quieres caldo, toma dos tazas. Se complicó más el asunto, pues hasta tres nos tomamos. Y además, estaban fríos. La última actuación de El Capea se lo ahorro, porque fue tan  bochornosa que mejor ni mencionar. Si tuviera vergüenza torera debía haber devuelto el triunfo que le dieron y que no merecía.

Hay que apostillar que llevamos tres tardes, y que en ninguna de las tres se han lidiado seis toros de la ganadería titular, unos por devoluciones al corral y otro por remiendo. Tres de tres. No está mal. Está rematadamente mal.  

 
Ficha del festejo 9 de mayo de 2009. Las Ventas. Madrid

Tercer festejo de la Feria de San Isidro 2009

Toros de Salvador Domecq. Desiguales de presentación. Encastados en general, el 4º se aplaudió en el arrastre, con dificultades los tres primeros, algunos escasos de fuerza, el 1º fue devuelto. Se les picó poco, las dos varas obligatorias de media. Bien armados. Sobrero de Fernando Peña, encastado.

Miguel Abellán: 2 pinchazos, estocada torticera haciendo guardia, 1 descabello (palmas). Fue cogido y pasó a la enfermería donde fue intervenido de una cornada en la parte posterior del muslo izquierdo.

El Capea: estocada casi entera trasera y contraria, rueda de peones, 2 descabellos (silencio); estocada, rueda de peones (oreja protestada); pinchazo, media travesada, 1 descabello (pitos)

David Mora, que confirmaba alternativa: estocada delantera, rueda de peones –aviso- (saludos desde el tercio, protestados); estocada caída (palmas).
Presidente: Trinidad López-Pastor. Lleno.