Vigesimocuarto festejo de la Feria de San Isidro 2009

Escatimar

Por Paz Domingo

 
El fin de fiesta era una crónica anunciada. No hace falta ser un profeta para vaticinar el fatal desenlace. Aquellos polvos trajeron estos lodos. Fue una desvergüenza programar la primera feria del mundo con esta falta de calidad en la composición de los carteles; con tanta indecencia (aunque aseguraban los organizadores que no era para tanto); con tanta avaricia para rentabilizar lo infumable; con sobrada prepotencia para aguantar un chaparrón que les resbala; y sobre todo, con un sentido muy común ignorando que este juego tortuoso, irreversible y peligrosísimo está causando bajas a mansalva, incluso hasta los más incondicionales -pocos pero seguros hasta el momento-, que están decididos a no volver más. Y esto va en serio.
Muy asustados, aunque más ricos, deben estar los empresarios por las críticas que reciben, pues unas horas después de concluir esta insufrible edición, anunciaron el premio de la casa para Morante de la Puebla como triunfador de la feria de San Isidro. Pudo ser la gloria lo que dejó el diestro sevillano, no se pone en duda, pero nunca fue una faena completa, ni tan siquiera soberbia rotundidad. Los reconocimientos que otorga Taurodelta, con un jurado compuesto principalmente por críticos taurinos y los mismos empresarios, debían tener, como poco, vergüenza –taurina y profesional-, y manifestar honestamente la imposibilidad de conceder un merecimiento después de este fraude de veinticuatro impresentables festejos. Por supuesto les hubiera honrado una nota que dijera “desierto”. Ya se sabe: ¿qué hay en el desierto? Pues mucha arena.
 

Respecto a esta última corrida que nos ocupa conviene hacer algunas puntualizaciones, aunque se podría coger cualquiera de las crónicas anteriores y calcarlas, sin más. Por partes, aunque como es evidente forma parte del inmenso despropósito.

LA EMPRESA. A buen seguro, los empresarios habrían puesto velas a San Antonio para que sonara la flauta del ganadero, cubrir un expediente, y vivir de las rositas unos cuantos meses recorriendo los platós radiofónicos y televisivos. Ya ha ocurrido en otras ediciones, aunque ahora estaban más necesitados de milagros. Pero el santo es buena gente, y también tuvo en cuenta las plegarias de los fieles sufridores -casi mártires- que agonizan en una Fiesta ya muerta. Algunos sospechan que se trata de competencias entre venerables, pues el beatífico San Victorino ya se ha inhibido, desde tiempo atrás, de sus propias responsabilidades, y se dedica a contemporizar, como hacen ahora todos los modernos. Entre uno y otro, los prodigios están por hacerse.
 
EL PÚBLICO. Muchos de los abonados que habían soltado lastre, es decir el conjunto de entradas que estaban obligados a comprar -maldita la gracia que les hacía pagar por esta bazofia- reservaron la última para quitarse el gusanillo y posiblemente asegurarse la posibilidad de ver algo. A otros muchos más –que venían de un tedio de veintitantas tardes insufribles- se les veía calientes, cabreados, estafados y muchos calificativos más, pues, en todo este recorrido del ciclo, las pequeñas cositas no han evitado el naufragio. En esta tarde protestaron y con toda la razón. Esta decadencia no se solventa con paños calientes, ni con soluciones de emergencia. Más bien, se está muy necesitado de una verdadera declaración de intenciones, que desgraciadamente no llega.
 
LOS TOROS. ¿Dónde estarán aquellos ejemplares que toreaba Ruiz Miguel? ¿Dónde la esencia que hizo grande al ganadero de Galapagar? ¿Dónde los albaserrada de notable casta? ¿Dónde están las pretensiones de Victorino después del petardo que dio en Sevilla? Cada día sorprende menos y cada día va bajando el listón. Debe creer el ganadero que los aficionados son tontos de remate. Si se pueden conformaban con el comportamiento de un par de toros, ahora pueden tirar con uno o ninguno. Así les salen las cuentas al ganadero mediático. Pero, la cosa no está para bromas, ni para dejarlo correr. Posiblemente no le debe importar mucho, tendrá todo vendido, y es mucho lo que lidia. Mucho, mucho. La corrida que trajo a Madrid, resultó bastante tontorrona, muy insuficiente. En muchas ocasiones complicada, pero sin redondear en presencia, casta, movilidad y fuerza. Esto último fue lo más dramático. La falta de potencia de los victorinos era considerable, alguno tan inválido que se protestó enérgicamente con sobrada razón. El ganadero presenció semejante espectáculo desde su localidad de abono. Vestido como un dandi, hacía gestos de contrariedad cuando los animales salían del caballo. Cumplieron discretamente en el peto, es decir, fueron sin emplearse y, algunos ejemplares ni eso. Sacó bonitos cárdenos, pero esta vez como otras, mete entre el montón algo que no da el trapío. Como casi siempre, escatimando.
 
EL TERCIO DE VARAS. Más de lo mismo. Mucho más insufrible. Colocando a empujones al toro en el caballo, los terribles jinetes del castoreño tan habilidosos cazan al animal como sea, a la grupa o a sotavento, le dejan sin salida. Igual les da, reventar los riñones que pinchar al toro como si fuera una aceituna en la planicie. Tan bien conocen su oficio, que ven salir al burel por la puerta de toriles, y ya les ha dado el aire de lo que deben administrar. A la carta infame. Algún victorino se llevó lo suyo. Les dieron venganza porque derribaron con dramatismo en dos ocasiones. A los demás les concedieron picotazos de trámite. A su manera. Que no se cayeran, por favor.
 
LA CUADRILLA. La ejecución de las banderillas que dejó El Alcalareño, de la cuadrilla de El Cid, saliendo andando de la suerte y la lidia de El Boni, con categoría de la buena, salvaron de la quema la capea ya habitual.
 

LOS TOREROS. En resumen, estuvieron mal los tres.

Diego Urdiales salió dispuesto a cumplir con lo que sea, intentando estar a la altura de las circunstancias que resultaron ser un toro extraordinario y malas enseñanzas que se volvieron en su contra. Tenía el animal un pitón derecho muy aceptable y un izquierdo poderoso, viciado a la larga con los enganchones del diestro. El animal se hizo respetar, o mejor, el matador le cogió un respeto que pasó apuros para matarlo. En su segundo, apareció un hombre afligido, con muchas prevenciones, inmensas dudas, que no encontró un instante de sintonía. Es increíble que a este diestro de corazón torero le superaran las circunstancias y los dos toros más poderosos de la tarde. Imperdonable sus resultados con la espada, aunque sus compañeros de terna tampoco mejoraron.
 
Manuel Jesús, El Cid, cumplió rematadamente mal. Le salva en poco el galleo a su primer toro, que resultó no tener trapío, y estar flojo, además de llevar una buena tunda en los riñones. Pero el matador estuvo escondiendo al toro, en el perfil del pitón. En el quinto toro –el que protestaron por su invalidez- no se encontró en ningún momento. El saber estar que siempre había demostrado este matador no apareció. Decía que no con la cabeza. Se justificaba. Pero ahora maestro, esto ya no vale, pues sus actuaciones en esta temporada están ya muy lejos de otras pasadas. Está aprendiendo a justificarse sin coartada, y esto es imperdonable.
 
Respecto a Iván Fandiño no debía estar en este cartel. Las circunstancias le superaron. No tiene tablas para afrontar esta encerrona. La empresa comunicó la sustitución de El Fundi en la misma madrugada del festejo, que ya hay que tener pocas prisas para evitar el escándalo, que podía haber sido mayúsculo pues el joven torero rozó la tragedia en dos ocasiones. Está muy verde para estas corridas, que a priori son complicadas en sí mismas. Él tiene responsabilidad, pero no menos que el apoderado, el empresario y las autoridades competentes del festejo que debían poner los puntos sobre las íes. Las piernas de Iván parecen demasiado frágiles, y no aguantaron el esfuerzo. Cayó en la cara del toro, en dos ocasiones y en diferentes animales, para quedar a expensas de los astados. Le atropellaron por partida doble. No supo qué hacer. Ni elegir terrenos, ni lidiar, ni mandar, ni corazón que evitara el afligimiento. Pero esto se piensa antes. ¿Dónde estarán los tiempos, cuando un torero como Antonio Ordóñez, solamente podía ser sustituido, como poco, por Paco Camino?
 

EPÍLOGO. Y, ¿dónde estarán los tiempos en que se pondrá fin a esta decadencia? Mientras tanto, escatimar es el dogma que vale.

 
Ficha del festejo. 30 de mayo de 2009. Las Ventas. Madrid

Vigesimocuarto festejo de la Feria de San Isidro 2009

Toros de Victorino Martín, bien presentados en general, el 2º más terciado. Blandearon todos, inválido el 5º. Con casta 1º, 4º y 6º. Fueron protestados en el arrastre y al 5º se le despidió con pitos y palmas de tango, después de las protestas para cambiarlo, permaneció en el ruedo.

Diego Urdiales: 2 pinchazos –aviso- 1 pinchazo sartenero (silencio al matador y pitos a la cuadrilla); 1 pinchazo, bajonazo (pitos)

Manuel Jesús, El Cid: bajonazo tendido (silencio); estocada trasera y tendida, 3 descabellos (pitos)

Iván Fandiño: media travesada perdiendo la muleta, rueda de peones y 1 descabello (silencio); un calvario para dejar 1 pinchazo hondo y 1 descabello  (pitos)

Pitada final y palmas de tango

Presidente: Manuel Muñoz Infante

Lleno