Sebastián Castella torea al natural a un inválido del Puerto de San Lorenzo. La invalidez bobina sigue siendo la tónica habitual.
Fotografía de Paco Sanz
 
Otro natural, esta vez de El Cid al cuarto toro de la tarde. Otro sainete de invalidez supina.
Fotografía de Paco Sanz
 
 
Primer festejo de la Feria de Aniversario

(Vigesimosexto festejo)

El cuento de la lechera

Por Paz Domingo

Esto es un escándalo con todas las letras. Una desvergüenza ya consolidada. Los actuales empresarios de la plaza de Madrid y la propietaria del coso se han inventado una artimaña descarada para ampliar el número de festejos, y evidentemente, para hacer caja. No hace mucho, ambas habían realizado un compromiso –en los pliegos de la adjudicación- para reducir el número de corridas en el ciclo de San Isidro y, por consiguiente, se pretendía una mayor calidad de las mismas. Entonces, el agotamiento por más de treinta festejos era supino. Ahora, más de lo mismo de antaño. Nada ha cambiado. Nos enfrentamos a una avaricia descontrolada de los encargados de organizar este espectáculo, una inoperancia vergonzosa de las administraciones e instituciones públicas consentidoras de esta devaluación, una irresponsabilidad de los garantes de la integridad de este espectáculo, una materia prima con genética de casquería, ganaderos que han hecho padrenuestros del cuento de la lechera, unos protagonistas mentirosos, unas figuras que llenan los carteles y el bolsillo con cuatro monadas y mucho teatro, acólitos que hacen reverencias en lugar de respetar su trabajo, y unos aficionados cada vez más hartos de esta bazofia que, aunque muy enamorados, ya no pueden asumir tanto desengaño, ni tanta estafa generalizada.
 
Les ahorro los pormenores de tanto escándalo como se dio en este horripilante primer festejo de mencionada prolongación, desesperante, de una estafa manifiesta. Los toros de El Puerto de San Lorenzo que salieron por chiqueros eran inválidos, feos, moruchos, sardinas. Lo de menos era su condición de mansos y babosos. Lo demás es que no eran ni toros, sino un arreglo de laboratorio de tres al cuarto, con criterios revestidos de experimentos seudocientíficos. Con permiso del santo, emblema del nombre, habría que tostarlos vuelta y vuelta a la lumbre, porque para corretear por el ruedo pueden traer algún perrito faldero, de esos tan cucos, que nos hagan cuatro acrobacias. Algo así como perro por toro, pero de verdad.
 
Lo de El Cid y Castella tampoco tienen justificación. El primero navega cada día más en la ausencia del torero que demostró en otras ocasiones. Muy concentrado en agradar, pero no en colocarse. Atento a justificarse, sin demostrar nada. Así anda Manuel Jesús, a la deriva. Éste ya no es el Cid, que lo han cambiado. Respecto a Castella más de lo mismo, salvo que no ha llegado todavía a la categoría de El Cid de antaño, y que se aproxima bastante a lo que hay en estos momentos, protagonizando espectáculos deplorables. Dejó algunos estatuarios hermosos, pero nada más. Demasiado poco. Hay que exigir más, entre otras cosas porque estas figuras del escalafón, y otras muchas, requieren toros a medida, público generoso y empresarios consentidores. Conforman al personal con molinetes destartalados y aspavientos fuera de lugar. Y aquí paz y después demasiada gloria. Por cierto, esta semana presenciaremos bailes de corrales, además de promesas incumplidas a los matadores, porque tanto les aseguraron que ya no hay género para cubrirse las espaldas.
 

Respecto a la actuación de Miguel Tendero, en su finalmente consagrada alternativa, fue de buenas intenciones. Le tocó un regalito manso y envenenado. Estuvo valiente, pero sin precisar el toreo adecuado, aquel que hay que administrar a un animal de esta condición. Someter es un buen argumento, y sin embargo, el ya docto torero manchego se empeñó en hacer la tauromaquia de salón. Pero, esta entrega y algunos resultados meritorios no evitaron echar por tierra lo ganado. Se puso ufano, haciendo gestos vulgarísimos para pedir la oreja, cuando había dejado una estocada defectuosa, y sin que el toro rodara sin puntilla. Debe aprender este joven matador que la exquisitez ponderada de los buenos detalles toreros vale más que mil vueltas al ruedo, por su cuenta y riesgo, en la plaza de Las Ventas que -lo quiera o no el matador- tiene buena memoria entre tanta vulgaridad.

No se cansan los taurinos de repetir que estamos en el mejor momento de la historia de la tauromaquia, por la cantidad de figuras que hay, por el apabullante número de festejos. ¡Dios mío! ¿Será posible? ¡Vaya engaño!. Que quieren darnos el timo de la estampita, que lo intentan, y que son tan cabezones que lo consiguen. Ellos mismos ya son conscientes de que esto se acaba, y están arañando cualquier despojo, saqueando lo poco que queda, intentando a la desesperada algún pelotazo, aunque minúsculo, para después revestirse de santidad por su cara bonita.

A la lechera se le cayó al cántaro lleno de rico manjar. Resbaló con los cantos rodados del río, y desparramó por el agua todos sus sueños, hechos añicos. Algo tiene que pasar para que todo cambie. Habrá que confiar en una crisis efectiva y drástica que haga tocar fondo de verdad. Y después, esperar a que haya algún superviviente con honestidad y muchas ganas de trabajar. Eso, o un milagro. A mí me da igual, con tal que alguien, marciano, terrestre o celestial haga algo para no caer en el abismo completo. Ya se está rozando.

Ficha del festejo.

Primer a corrida de la Feria del Aniversario.

Vigesimosexto festejo.

2 de junio de 2009. Las Ventas. Madrid

Toros de Puerto de San Lorenzo y Ventana del Puerto: Mansos, tontorrones, descastados, sin trapío, sin definición de la casa, inválidos, mamíferos que no debían haber pasado el reconocimiento, o haberlos devueltos todos al corral. Echaron el 4º, y el sobrero de Palla, resultó clónico a los titulares. Todo el mundo se preguntaba quién es el insigne ganadero, y nadie sabía contestar. No estaría demás, que adjuntaran una ficha de lo que tienen guardado entre bambalinas. Más que nada, para tener más información del fraude tan evidente en que se está convirtiendo este espectáculo. Todos los toros fueron pitados en el arrastre. Todos fueron protestados. Un buen récord.

Les ahorro también los nefastos resultados de los toreros con los estoques, precisamente porque no acertó ni uno. Y como el presidente estuvo ausente, pues que ausente quede.