Decimotercer festejo de la Feria de San Isidro 2009

Todo esto es mentira

Por Paz Domingo
 
Todo esto es mentira. Todo lo que sucedió. Todo estaba pensado en las cabecitas de los protagonistas para que salieran triunfantes, para que se cantaran las excelencias de este menudeo como actos heroicos, para poner adjetivos rimbombantes a la desvergüenza, para que a este cartel de pacotilla se publicitara como la gloria bendita. Con toda seguridad hoy algunos estarán muy preocupados en justificar esta basura, diciendo eso de qué penita con los buenos chicos que son, la voluntad que le ponen, lo artistas que son, las buenas maneras que tienen y los detalles que apuntan, una mala tarde la tiene cualquiera, qué mala gente la que protesta cuando los matadores se están jugando la vida. Pues que sepan que todo lo que oigan al respecto un día como hoy, es una gran mentira.

Sucedió al revés del orden establecido, de la verdad, de los principios, de la decencia, de la buena salud, del sentido común, de la voluntad, de la vergüenza torera, de los cánones de la tauromaquia, de la integridad de la fiesta, de la ortodoxia, y de una afición que ya es prácticamente imposible de sobrellevar.

Fue una estafa porque a Las Ventas trajeron babosas por toros. Una ganadería que hace vacunos al montón, que se la rifan estas y otras figuritas, que son agua de borrajas, que dan asco. Lo de los toros fue sencilla y llanamente pornográfico. Todo un engaño por parte de la empresa que hace piruetas en el diseño de un cartel cuántico donde, unos nombres al lado de otros, no son ni decentes. Esos diestros insufribles con mucha carrera y tanta vulgaridad; o aquellos que tienen clase pero que están acomodados en el circuito –que aunque intentan a la desesperada la justificación, resulta patética-, o aquellos otros que prometían, que intentaban por méritos propios una porción de relevancia, ahora están metidos en el canasto. Todos los que contribuyen, con su manera de hacer tan rematadamente mal las cosas, en este todo siniestro, aportando su porcioncita de vergonzosa teatralidad y mal oficio, encima del caballo, o siendo ayudas de cámara.

El fraude generalizado y al que cierran los ojos los responsables, desde las autoridades -que tienen que velar por el orden público, la correcta ejecución de las partes en que está compuesta la lidia, con el reglamento en la mano-, hasta las instancias mayores, muy preocupadas en los tiempos que corren, para que este espectáculo no parezca de otro siglo. Además, se muestran sin reparos muy apenadas, y manifiestan su enorme preocupación poniendo en marcha planes tridimensionales para que “esto cambie”, aunque para ello arrasen este espectáculo con su ignorancia, sin tener conocimientos para reconocer que los toros forman parte de nuestro patrimonio cultural, y que por tanto están obligados a preservar. Por último, a las instituciones que tienen competencia –que cobran por tenerla- recordarles que son ellos los garantes de salvaguardar este hermoso bien singular y de contribuir de manera responsable a su desarrollo y correcta ejecución.
Por mi parte, les ahorro la ficha del festejo. Los toreros no merecen ser nombrados por el fiasco de espectáculo que protagonizaron, porque encima ni son matadores de toros, pues dejaron soberbios sartenazos. Los jinetes que lucen castoreño constituyen tal despropósito profesional, que ni moral, ni fuerza nos queda para escribir una palabra más. La ganadería titular no puede ser juzgada por falta de forma, precisamente porque confundió lagartos por toros. Queda preguntar al presidente del festejo, veterinarios y empresarios, ¿qué no están haciendo para que esto concluya en semejante aberración? Si saben de alguien que ayer fuera a la plaza, conducido por la expectación mediática, que maniefieste su desencanto y contrariedad, pueden decirle de mi parte: "Todo esto es la gran mentira". De verdad, de verdad, no sucedió nada de nada honesto. Y de paso que tomen nota los personajes notables que acompañaron con su presencia este fiasco.
Toros de Núñez del Cuvillo, para El Juli, El Cid y Perera