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Toros Las Ventas Domingo Resurreccion

Plaza de toros de Las Ventas.

Festejo de Domingo de Resurrección.
Madrid, 24 de abril de 2011.

Para los diestros Curro Díaz, Leandro Marcos y Morenito de Aranda con toros de la ganadería de Los Recitales.

 

En el pecado está la penitencia

Por Paz Domingo

Fue día glorioso en las alturas, en el sol que despejaba los nubarrones contumaces, en los aires frescos que avivan el rostro juvenil, en la luz que impone la primavera. Pero, en los cielos, porque en los alivios terrenales más se acercan los claros iluminados a espesuras que se confunden con aguaceros cerrados. Un sinsentido. En un día como hoy que se anunciaba a bombo y platillo la iniciativa francesa de declarar la Fiesta de los toros como un bien inmaterial y que se circunscribe a la patria gala y chica. En un día como hoy que arranca una campaña para la recogida de firmas que promuevan una iniciativa legislativa popular en territorio nacional, en la que se han movilizado fedatarios por toda España. En un día como hoy, que en las plazas toreras se guardaba un minuto de silencio por el ganadero de estirpe Juan Pedro Domecq fallecido en esta semana y cuya noticia separaba mucho más a los apegados a la creatividad con firma que llevó a cabo el ganadero afamado y aquellos que ven en sus propósitos masivos una consecuencia de la maldición que inunda las dehesas.

Tres ejemplos. Tres circunstancias que alargan la agónica decadencia. Lo mismo da que crucemos el Ródano, que sobrevolemos las altas cumbres pirenaicas a lomos de elefantes, que proclamemos la vida eterna y la resurrección de la carne. Los pecados son muchos, tantos como buenos paradigmas rodaban por los suelos, se derrumbaban por las arenas doradas de los nuestros sacrosantos cosos, se dejaban moler a mantazos indecorosos, después de haber perdido la inocencia tras manoseos íntimos de experimentos procaces y delictivos. Muchos pecados son para expiarlos. Mucha penitencia.

Los que confunden el paraíso con el purgatorio no quieren asomarse a las ventanas del infierno, prefiriendo como astutos lobos purgar los pecados con comilonas insolentes. Los que no sienten la destrucción del fuego eterno arrastran a los demás a las voraces llamas. Los que carecen de conciencia quieren rentabilizar el último cartucho abrasado en sus propias moliendas, para después dejar esta mentira en manos infernales, descartado ya todo milagro de restauración de las más excelsas carnes bravas y bovinas.

Y digo mentiras, porque lo son. Los seis ejemplares representativos de la cabaña de reses de lidia que aparecían trasmutados por los caminos venteños no servían ni para hacer una espera en un puesto privilegiado de copa y charla en cualquier cacería con pocas pretensiones. Ni lo de Málaga, ni lo de Arles, ni lo de Barcelona, ni tampoco lo del tronío sevillano. Todo rico en abundancia descastada y trasegada en muchos pecados que expiar. Y esto es lo que hay que ponderar para que este infernal escenario sea vendido como paraíso exclusivo donde los acólitos, oficiantes de esta aberración y responsables de esta carnicería, sean más plenipotenciarios, presuman de salvadores de patrias desvalidas, se llenen más los bolsillos y echen a los inocentes a las llamas infernales.

Un concierto de seis tenores nos regalaron las entrañas ganaderas de Los Recitales, una increíble mezcla de descastamiento con la genética de Osborne y Marqués de Domecq. Tenían mucha apariencia los animales, parecía que querían medirse las fuerzas bajo petos agrestes, pero fue todo apariencia, todo de nada. Como los tiempos modernos, como las pretensiones de campañas grandilocuentes, como la abundancia ponderada, sobrevalorada y obscenamente reiterada de esta decadencia instaurada en el abismo. Nada tenían los mamíferos bovinos destinados a la lidia, y tampoco hicieron nada los hombres reservados a las glorias toreras. Es cierto que poco se podía hacer, pero hasta en la desnudez se puede mostrar galanura. Pero, la elegancia de los tres diestros no sirvió, salvo para atraer a los aficionados a la plaza, que se fueron maldiciendo sus arrebatos y deseando plasmar la firma de apoyo a la Fiesta en las mismas posaderas de alguno.

 

Las Ventas, 24 de abril de 2011

Presidente: Manuel Muñoz Infante. Casi media entrada.

Se guardó un minuto de silencio en recuerdo del ganadero Jaun Pedro Domecq Solís fallecido el lunes 18 de abril.
 

Toros de Los Recitales. Descastados, sin trapío pasable, sin fuerzas y algunos inválidos, que se mostraron bravucones en el caballo, que incluso parecía que querían petos, pero que salían de ellos con las mismas condiciones descastadas y mansurronas. Despistó el 5º, que parecía empujar, pero quedó listo como sus congéneres al más puro estilo marmoleo e insustancial. La mayoría fueron pitados en el arrastre, incluso este 5º recibió división de opiniones en tan crucial trance. Todos presuntamente enfundados, y alguno dando muestras de pitones escobillados. Todos se llevaron alguna vara torticera, demoledora y ensañada, adornada con carioca y con algún que otro derribo.

Un valiente gritó desde el tendido: ¡Que no vuelva más este ganadero! Lo dicho.

 

Curro Díaz. Dio unas verónicas de recibimiento a la tarde y al flojo y mansurrón primer toro, más una media de firma impecable. El mucho gusto, el mucho empaque, el mucho temple de Curro no pudo remontar la desesperante condición del animal, al que no se le podía obligar lo más mínimo, ni dar medio pase decente. Se descompuso el torero, que optó por alejarse del sitio verdadero. Dejó pinchazo, y estocada casi entera, volcándose sobre el testuz, quedándose en la cara y el pitón derecho, llevándose imantado al toro y corriendo hacia atrás en este instante de confusión que casi arrasa al subalterno que acudía en su ayuda. Silencio para el torero de Linares. ¡Ese Curro!, que cuando salió su segunda oportunidad le quitó dos veces el sitio, el capote, el aire y el aliento. Y no era para tanto. Más bien, fue para practicar vara con saña y ejecutar toreo de escapatoria, modelo que ya se había dado por bueno en la tarde. Propinó metisaca como pudo, y una estocada atravesada y caída. Los aficionados guardaron silencio.

 

Leandro. También dejó en el aire el aroma a temple del bueno, pero tan efímero, tan evaporado que casi no se dio. Le tocó un inválido de libro, de despatarre durante largos minutos, de intentos ridículos y escabrosos por levantar la molienda patatera. De nada sirvieron las protestas, como siempre. Allí dejaron sus glorias el mamífero desplomado y un hombre descompuesto que regaló un bajonazo trasero tras dos pinchazos a la remanguillé desganada. Mucho silencio. Espabiló el diestro vallisoletano con la pujanza que exhibía el toro que hizo quinto. Vio posibilidades, los demás también. Brindó. Se fue al toro, se puso en terreno, dio trincherazos buenos con la izquierda, enganchó dos tandas limpias, y terminó arrastrado a la planicie horizontal y mediocre. Rajado el animal hacía rato, Leandro puso cara de circunstancias y se dispuso a dar un desatino con el estoque que tradujo en un sablazo casi entero y atravesado, otro más enhebrado –que el toro escupió rápidamente- y una estocada caída y trasera. Terminó el suplicio escuchando un aviso y silencio.

 

Morenito de Aranda. Otro que dio con sus huesos en las tristes espesuras de la ausencia de casta. Y el diestro moreno de Aranda aportó su desgana, una condición de este hombre de clase torera que provoca en los aficionados auténtica desesperación. Tomó muchas prevenciones ante los insistentes cabeceos del toro, falto de fuerza desde los primeros instantes de la lidia horripilante que le dieron. Morenito trató sin recursos al animal incómodo, amoldado en las postrimerías de la faena en torito faldero, y dejó un recital de pinchazos a paso desganado de banderillas, un bajonado atravesado tras aviso, y un desierto silencioso. Sacó genio del malo el torero moreno, porque le lanzó el capote a la cara del sexto toro en sucesivas ocasiones sin argumento que lo pueda justificar, pues el ejemplar de Los Recitales no tenía más que una condición de abundancia imposible. Nada tenía. Nada hizo Morenito. Todo concluyó con dos pinchazos, media, un aviso, y un calvario de más de cinco descabellos.  

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