Plaza de toros de Las Ventas

Novillada de Hermanos Sánchez Herrero.

Para los diestros Patrick Oliver, Cristian Escribano y Damián Castaño.
20 de marzo de 2011

 

 

A los gatos les gustan los ovillos.
A los toros también

Por Paz Domingo

Hace algunos años se dada una ya rara costumbre. Los inicios y finales de temporada en Madrid se abrían y cerraban con un festival taurino, un acontecimiento que despertaba el lado nostálgico de tan certeras fechas. Ahora, en la penumbra horizontal de la Fiesta, la campaña madrileña se diluye en los llanos de la no curiosidad y ninguna expectación.

En la novillada que inauguró ciclo no pasó nada. En esta que le siguió, tampoco.

Bueno, pasar, pasar, pasan cosas. Sin remontarnos mucho en exquisiteces se puede decir que debutaba una ganadería en el sacrosanto ruedo venteño y que por lo tanto se le adjudicaría inmediatamente antigüedad. La empresa de explotación de bravo llamada Hermanos Sánchez Herrero, que tiene la finca en Horcajo de Medianero, en Salamanca, era la aspirante.

Todos estos datos pueden servir a efectos estadísticos, porque para el recuerdo quedó una novillada mal presentada, desigual, fea en hechuras, con ijares sobresalientes, sin trapío, sin uniformidad armónica, con masa ósea craneal descompasada con el cuerpo, escurridos de cintura y de culata. Sin embargo, sí resultaron los novillos debutantes propios de casta habitual en miles de cosos y en modas demandadas. Es decir, de los que no quieren peleas con petos murales, que se defienden denodadamente, que desorientados flaquean sin rumbo, pero luego se vuelven locos por los juegos infantiles de gatos que pelean con ovillos muleteros, que van y que vuelven, que se enganchan por si el oponente responde al retozo, que retan bravucones cuando se le cruza el arma ante el hocico, que son incansables en el regocijo, que arrastran zarpas ligeramente pero que ni arañan, que parecen que quieren ser felinos de altura para esconder su condición de pronóstico desahuciado.

A estos toritos buenos, tan melosos como gatos colaboracionistas con juegos de ovillos, se les tiene hoy en día en los cuernos de la luna de retos heroicos y valerosos, y  a los oponentes de turno se les entrona como gladiadores de este siglo tecnológico. Pues bien, estos novillos de Hermanos Sánchez Herrero, que adquirían antigüedad en esta plaza de Dios y del Diablo, bien podía haber concursado en otra cualquiera, más apropiada para esta milonga tan descarada. ¡Qué experimento más malo has hecho!, gritaban desde la grada al ganadero. Y posiblemente, por un oído le entra y por otro le sale, porque la línea de crianza ya la tiene muy definida, no hay más que verlo. Como también hay que creerlo, pues ya se ha apostado hace tiempo por el encaste Domecq como dogma de fe, pues primero fue Aldeanueva y ahora tiene “procedencia directa” con Juan Pedro, una muestra más de aquellas experiencias mercantilistas que inundaron miles de de campos bravos con prototipos devaluados de este afamado ganadero expansionista, demagógico y tan perjudicial para la riqueza genética del toro de lidia.

 

Plaza de toros de Las Ventas.

Madrid, 20 de marzo de 2011.

Ni un cuarto de entrada.

Presidente: Trinidad López-Pastor Expósito

Se guardó un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas mortales del terremoto ocurrido en Japón.

 
Novillos de la ganadería de Hermanos Sánchez Herrero, que adquirió antigüedad.

Muy escasos de trapío para la plaza de Madrid (todos). Los cuatro primeros con falta de trapío más acusada, escurridos de ijares, sin desproporcionados armónicamente, y todos sin la presencia necesaria para la Plaza de Madrid. En general descastados, desorientados (con algo de casta el 5º), poca pelea en el caballo, y colaboracionistas con noblezas tontorronas sin transmisión en el último tercio). Los dos últimos fueron más boyantes y los picadores aprovecharon par darles de lo lindo, dejando, por ejemplo, desriñonado –literalmente- al 6º). A muchos les picaron en el caballo contrario, o en terrenos indebidos. El 4º parecía sospechoso de pitones. Recibieron algunas palmas en el arrastre el 1º, y el 5º.

 

Patrick Olivier: Con su primer aplanado novillo empezó a medias y terminó por justificar el natural de brazo extensor. En medio del ruedo, empeñado en terrenos impropios para tal anodino oponente, se manifestó imposibilitado de dominio. En medio, abundantes pases enganchados. Dejó dos pinchazos, un bajonazo, de resultado inmisericorde. Aviso. Un pinchazo más. Silencio. En su segunda actuación no dijo nada. Más bien, quedó muy preocupante su desinterés al olvidar al novillo bajo los petos asesinos. Si tenía algo bueno el animal, allí se quedó inédito. Si el matador tiene posibilidades, se quedaron para otro día. Ambos se fueron sin contar nada. Silencio para el joven diestro.
 
Cristian Escribano: No se cruzó, no se acopló, no mandó y, sobre todo, no se calló en las provocaciones de viva voz con que atosiga al animal escaso de fuerzas. Estuvo Escribano muy hábil, pues salió enganchado en el encuentro definitivo que rentabilizó como los maestros muy avispados. Dejó 2 pinchazos, en el segundo salió prendido. Aviso, otros dos pinchazos y estocada atravesada desprendida con encontronazo y rueda escandalosa de los peones que derriban al novillo. Saludó desde el tercio y entró en la enfermería por su propio pie, un gesto muy torero. Salió para torear en último lugar (el 5º novillo de orden, pero que hizo 6º de lidia) y parecía otro torero al que le habían reparado el puntazo del muslo y la condición torera. Sacó bien al animal en los primeros lances con el capote y remató bien con una buena media. Incomprensiblemente sembró el novillo un desconcierto entre los subalternos que no atinaban a poner orden y concierto. Escribano se hizo con la situación con rapidez y serenidad, compostura y un galleo propio de lidiadores experimentados. Regaló otra buena media en el quite y el novillo empezó a dar muestras de fragilidad después de que empujara sin mucha codicia bajo el peto y le dieran cera a la manera habitual. El novillero brindó y el público se emocionó con el torero que cojeaba ostensiblemente. Sacó tandas con rectificaciones pero ajustadas y ligadas, con la muleta bien planchada. Eso sí, sin obligar porque el novillo ya estaba para el arrastre. Se gustó mucho pero no dominó, ni obligó y la faena que prometió se fue apagando en pases perdidos, al mismo tiempo que el novillo disolvía su alma. Dejó pinchazo en los bajos de la paletilla, pinchazo, y un pinchazo hondo más, y fue derribado por la pericia y las malas artes de los subalternos en una habilidosa rueda de peones. Recibió aplausos.
 

Damián Castaño: No se entendió con su primer animal, que después de su descastada condición recibió una lidia deplorable en las varas y en las banderillas. El joven matador rectificó mucho, dejó cuartos de pases y un desesperado intento con el novillo que se paraba sin tregua. Dio una estocada atravesada, y casi entera, a toro arrancado y rebrincado, con la consiguiente y espeluznante rueda de peones que tumbaron al animal a golpe de mantazos al aire. Silencio. También obtuvo silencio en el animal que hizo 5º que debía ser sexto en el orden de lidia. Resultó ser el animal que mereció la atención por ser el mejor presentado y el que ofreció mejor juego, a pesar de que daba muestras de mansedumbre. El picador Javier Martín se llevó todos los premios por  perpetrador de la suerte de varas infame. Un infortunio para el animal, pues el mencionado caballista le propinó caña en los terrenos que le parecieron (no los reglamentarios) aunque se montó tal escándalo que es imposible que no se diera por aludido. Empujó sin mucho convencimiento el novillo, pero es difícil de averiguar qué habría pasado si no le hubiera masacrado, con carioca incluida. Realizó un capote con intención, una tanda más ajustada y el resto sin tantas rectificaciones, pero el novillo con algo de casta de toda la tarde se fue inédito, sin torear. Dejó media estocada en la paletilla, un pinchazo y estocada atravesada, más un descabello y silencio en el tendido que instantes antes había aplaudido el arrastre del ejemplar.

 

Notas del festejo.

Las cuadrillas de los tres jóvenes maestros se empeñaron en ejecutar la técnica de derribo de los animales con el estoque en las entrañas, dejando las artimañas de las ruedas de peones en verdaderos artilugios propios de cuatreros.

Ya que la ocasión lo merece, pues es incomprensible que los animales pasaran el reconocimiento para tan importante cita, les adjunto el equipo de veterinarios de este festejo. José Manuel Durán Jiménez, Juan José Urquía García y Renné Alonso Menéndez.

El resto de los componentes del palco, fue el siguiente:
Asesor: Pedro Herranz Martín. Delegado gubernativo: Pedro Ruiz García.

Parte médico de Cristian Escribano. Herida por asta de toro en tercio medio cara anterior de muslo derecho con una trayectoria de  15 centímetros. Pronóstico leve, salvo complicaciones.

El quinto novillo tenía un peso de 531 kilos, en mayor peso del resto (465, dio en la báscula el menor), y parecía el padre de todos. Pareció que pesaba el doble, que era el padre de toda la camada.

Comments