Domingo, 14 de marzo de 2010. Plaza de Las Ventas de Madrid

Primera novillada de temporada

 

La suerte del deslome

Por Paz Domingo

Arranca la temporada en la plaza de Madrid. La luminosidad de la tarde hace intuir la explosión de la primavera, que este año se hará espectacular. Será en el campo, en los ríos, en los humedales, en el florecimiento deslumbrante de la foresta que se secaba, y en los deseos que codician el sol tibio, las tardes largas y las noches refrescantes. Pero el torrente vital transcurrirá  más allá de cuanto ansían nuestros corazones; más allá de la imperiosa y urgente regeneración de este espectáculo; más allá de la creencia valiosa y exigente que espera en la autenticidad; más allá de la ilusión por el comienzo de lo nuevo; más allá del milagro que revalorice la verdad y la haga presente.
Será en el más allá, porque el más acá es deprimente. El frente prohibicionista fortaleciéndose. La cruzada de los abolicionistas aprovechando el momento. La acometida de los políticos y sus responsabilidades en retirada. Los protagonistas a verlas venir, parapetados en logística de contención. Los admiradores de esta desusada gloria cansados que ser tan catastrofistas. Y los examinadores, conscientes de tan destructivo pesimismo, también andan fatigosos en el reclamo del vigor que tan urgente se hace.

La novillada se presentaba con expectación para los aficionados. Flor de Jara es una ganadería que lleva en sus genes el encaste santacoloma, de la procedencia Buendía, ya casi anecdótica dentro de la cabaña brava. Carlos Aragón Cancela es su propietario actual, y aunque ya estuvo hace unos meses en el coso madrileño, esta representación suponía la prueba de fuego. Por el comportamiento de sus animales en esta intervención se podría vislumbrar cuáles serían sus intenciones ante el reto complicadísimo que supone  mantener esta genética difícil y su imposible posterior colocación en los ruedos y en los ánimos de abundantes matadores que se codean en el escalafón. Aunque parece que los problemas se localizan en la línea fronteriza, pero para adentro, pues –como el mismo ganadero ha manifestado- él no tiene problemas, y la mayor parte de la camada (si no toda) va camino del sur de Francia.  

Y la novillada salió bien presentada, en general encastada, en el tipo casi todos, algo floja, con algunos novillos de suprema nobleza, quizá algo sosa de temperamento. Los animales fueron al caballo, y allí les perpetraron la maldita suerte del deslome que consiste en arrebatar cualquier tesón por conseguir la bravura, en ejecutar la inoperancia más certera, en desposeer cualquier atisbo ilusorio, en estructurar el torero al revés, en asegurar sin duda alguna la malignidad con que se hace insoportable, y en eliminar la gracia y fundamento que sostiene la ciencia del mundo de los toros. Evidentemente, esto se puede aplicar por traslación a este maravilloso planeta de mamíferos portentosos, a sus amantes, a sus ejecutores, a los profesionales, a los aficionados, a los detractores, a los defensores, pues todos padecerán, sufrirán, ejecutarán o morirán como consecuencia de la cada vez más próxima, exhaustiva e infame suerte del deslome.

Pues así quedó la cosa. Los animales querían fijeza, pelea, enfrentamiento. Los artistas tocados de castoreño se empeñaban en dejarles sendos varetazos allí donde fuere (aunque siempre quedaron del lado de los riñones o en el mismísimo lomo), con figuras que recordaban posturas propias de volátiles cuadros de composición afectada. Y no vimos nada de lo que se podía intuir. Ni demostrarlo se pudo. ¡Vaya suerte la nuestra!

¡Y la de los jóvenes que hicieron el paseíllo! Porque en otra no sé si se van a ver. Tenían novillos de altura que les propiciaban abrirse hueco en días importantes por venir, y se empeñaron en evidenciar que están muy por la labor de estructurar el toreo en torno a ligar pases y pases. Muchos pases. Pero no en demostrar que pueden torear. Los que allí nos encontramos entenderíamos que es sencillamente asegurar que pueden hacerlo. Lo que supone motivo de reflexión, pues con la decisión y la voluntad que despliegan los novilleros de hoy en día, no se entiende que las cosas no les salgan perfectas. Quizá, sea una cuestión de suerte. Quizá, es difícil el asunto. Quizá, es que sencillamente así no es. Quizá, en otros cosos puede colar. Quizá, aquí ya está colando. Quizá, se trate de la evolución que piden unos. Quizá, el mando no exista. Quizá, el destino manda.

A Carlos Guzmán le sorprendió la exquisita nobleza de su primer novillo, que no puedo aprovechar, pues se empeñó en acortar poco a poco la distancia hasta que le dejó desorientado en el recorrido. Después, con un animal de mayores hechuras, noble también, con mayor trasmisión, dejó una buena resolución con el capote, buen dominio eligiendo terrenos, dio pases entregados pero nunca rematados, y terminó por aprovechar la embestida limitándose a poner el trapo.

Juan Carlos Rey tuvo el lote más impreciso. El primer animal resultó el más complicado por su falta de fijeza, y el joven maestro se empeñó en hacer las cosas bien, como por ejemplo dejarnos ver el toro -y que agradecimos-, pero las distancias eran otra vez las equivocadas. Se alejaba cuando el carácter del novillo le pedía muleta en la cara para llevarle toreado. En su segunda intervención, se afanó en hacer esto mismo, y pareció que el novillo no necesitaba precisamente tanta dedicación en esta materia. Se azoró en exceso, pero gustó la serenidad y aplomo que exhibe ante situaciones complicadas, aunque enfatizó los mismos defectos que sus compañeros de esta tarde, y de otras que se produzcan, y que son los alardes triunfalistas con mano que señala y toca el cielo cuando no se ha producido ni el más mínimo despliegue de éxito.

José María Arenas venía fresco del pueblo. Y algo desorientado, porque se empeñó en ponerse folclórico con las banderillas y con la posibilidad de triunfo que le ofrecían generosamente los buendía. Los dos mejores novillos para él solito, para hartarse de torear, para triunfar, hasta para ser gracioso. Si uno se empeña en hacer gracia, hay que asegurarse primero que la ocasión lo necesita. Porque con el mejor lote, con novillos que despejaban la duda del peligro, que se manejaban ellos solitos, que recorrían sin problemas, que buscaban muleta, que trasmitían casta, que repetían, que querían, vaya, lo que menos hizo fue gracia. Buscó repetidamente los tirones de muleta en dos tiempos (enganchones y despejes remotos), y evidenció en la última intervención de la tarde el no saber qué hacer. Y no hizo nada. Daba vueltas por el ruedo. Y el novillo detrás. Aunque el joven maestro ya mostró al principio de faena que la iba a fundamentar en los tiempos muertos. Se tomó un buen rato para quitarse la sed, para pedir permiso al presidente, para llevar al encastado novillo allí, para buscar sitio allá, para no se sabe qué, que si ponte así. Y en esto a alguien se había olvidado de desconectar la programación del riego automático del albero, y el artilugio se puso a funcionar según lo previsto. Un favor que le hizo al diestro, que se lució en avatares inconclusos. El novillo, el mejor novillo, y sus hermanos de tarde, se fueron inéditos. Y nosotros, al hogar calentito. Algo más deslomados, por cierto.

 

Domingo 14 de marzo de 2010

Plaza de Las Ventas de Madrid

Novillos de Flor de Jara. Bien presentados, encastados (destacando el 6º y 3º), nobles en general, algunos escasos de fuerzas. Al 3º y 6º se aplaudieron en el arrastre.

Carlos Guzmán: 2 pinchazos, media atravesada, aviso, 2 descabellos (saludos desde el tercio);  1 pinchazo, delantera atravesada (saludos desde el tercio).

Juan Carlos Rey: estocada casi entera tendida (saludos desde el tercio); pinchazo a la manera de sartenazo, estocada delantera atravesada (saludos desde el tercio).

José María Arenas: estocada tendida y caída, recurrente insistencia de capoteo de los subalternos, 2 descabellos (silencio); 1 pinchazo, estocada muy atravesada, y recurrente insistencia de capoteo de los subalternos (silencio).

Presidente: Julio Martínez Moreno

No llegó a un cuarto de entrada.

Notas. Hay algunos ligeros cambios estéticos en la plaza. Y un altavoz para la música. Además, de un error en el programa de mano, que confundía la plaza de Vistalegre con Las Ventas, en el emplazamiento de la corrida.

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