Plaza de toros de Las Ventas. Madrid

Cuarto festejo de la Feria de Otoño

3 de octubre de 2010

 

Hasta más ver

Por Paz Domingo

 

Cantando la Lola se va por los mares, / se va por los mares, / (…)

¡Esa Lola! Ya hace mucho tiempo que salió del puerto. Quedó su esencia rota. Su estela desdibujada. Su carácter arrebatador en las sombras. Su hermosura entre la sequedad de los pedregales. Su voz atrapada en la espuma. Su rotundidad morena agrietada en la espesura. Su paso firme en los vaivenes del cierzo. Su figura en el olvido. ¡Esa Lola! Ese carácter altivo que se evaporó en el Puerto de San Lorenzo. Aquellos lisardos hoy envueltos en mezclas inciertas, en tocados infames, en desechos vapuleados por experimentos atroces. Aquellos atanasios robustos que enamoraron con su planta las entrañas de una gitana, que le dieron requiebros, que le obnubilaron con promesas eternas, que la olvidaron en un banco destartalado una tarde gris frente la inmensidad del mar bravío. Esa Lola, esa esencia orgullosa ya hace tiempo que alguien la traicionó. Los amores altaneros de juventud fueron la causa para que se diluyeran en el olvido.

 

Quienes vean los lisardos de hoy, ganas le darán de buscar un mar lejano y purgar los pesares. Sometidos vilmente a inciertas terapias de choque, no los reconocerá ni el padre que los concibió, ni la Lola que los amó. Individuos pesados, aburridos, aposentados en plomizos cuerpos. Cansinos de espíritu. Escasos de voluntad. De figura incierta. De comparaciones desproporcionadas. Desconfiados, aterrados, miedosos de tanto vapuleo que les dio la vida. Defensivos en su aspereza. Engendrados para ser informes. Arrugados antes de vislumbrar la plenitud. Demasiado buenos algunos para tantas perrerías. Demasiado inalcanzables otros para la razón de su existencia.

 

Todo es ya demasiado en estos animales desvestidos de su esencia hermosa. Ya se les conocía su transformación mular, su mansedumbre a raudales, su áspera mole. Ahora, acentuada la artrosis ya son puro patetismo, angustiada ternura y se dejan ver tan desnudos en su podredumbre que hasta producen la mayor de las tristezas. Porque allí les exhibieron con sus vergüenzas. Sin porte del bueno. Sin fortaleza de cumplimiento. Sin naturalidad congénita. Sin pitones desafiantes. Sin cornamentas propias. Sin celos en su soberbia. Sin arrojo por delante. Sin resistencia al sometimiento. Sin gracia de movimientos. Sin textura uniforme. Sin inocencia. Sin dignidad. Sin amores.

 

La Lola se fue. Abandonó. Cierto. Aguantó lo que pudo. Dio un portazo sonoro. Y hasta siempre. Cantando la Lola se va por los mares, / se va por los mares, /pero no murmuren porque vaya sola, /voy con mis pesares.

 

Las Ventas. Cuarto festejo –y último- de abono de la Feria de Otoño.

Madrid, 3 de octubre de 2010

 

Toros de El Puerto de San Lorenzo. Especímenes auténticos que responden a la perfección en comportamiento a los nefastos experimentos tauroempíricos que se practican en multitud de dehesas y que consisten en acoplar soberbios tocados a modo de fundas protectoras en las protuberancias defensivas en pleno crecimiento de las mismas y durante la tierna edad de desarrollo. Con este fin, aseguran que no se lesionan los apéndices, y es bien sabido que los mismos quedan del color de la mantequilla, error que subsanan con betún de Judea o tierra del camino. Es bien sabido también, que los individuos sometidos a este proteccionismo -para preservar su desvirtuada integridad- acusan comportamientos violentos pues el trasiego para enfundar, desenfundar, acicalar, afilar y demás gaitas empíricas no deja cordura disponible. Así, se frenan despavoridos cuando atisban un ser humano pseudo científico a la vista, se defienden aterrados dando vueltas inciertas buscando la salida, les aterra el encuentro en los que tienen que demostrar la valentía que les salga de las entrañas. En realidad, lo que les pide el cuerpo es la desbandada, la huída, la conclusión de todo. Todo ello aderezado y acentuado con la sutileza en elegir a los machos descastados, faltos de esencia brava, que se encargarán de perpetuar la especie a base de tontunas de andar por casa con cara de imbécil.

 

Pues, así tal cual. Comportamientos semejantes a los descritos. Descastados, pero descastados sin paliativos. Con pitones arenosos de color, desnaturalizados en el crecimiento, sin base contundente, informes de curvatura, afilados contra la evidencia. Algunos, ya salen sin miramientos a groso modo. No les retocan la textura, ni les broncean las extremidades. Por no hacer, ya no les quitan ni las etiquetas identificativas que les cuelgan de las orejas, y que en el ganado bravo sobra por los guarismos que llevan en los costados, haciendo de esta cuestión de desidia un atentado pornográfico. En los jamases (como decía aquél) había visto yo esto ni en una plaza de talanqueras, y he llegado a sufrirlo en la mismo epicentro de este insufrible ya planeta de los toros. Algunos fueron protestados, por feos, por flojos y por las desvergüenzas del ganadero anteriormente citadas. Dio igual. El presidente ni quiso inmutarse.

 

Respecto a los diestros hicieron lo que pudieron a su manera. Diego Urdiales intentó estar, mostró ánimo y desánimo en proporción de uno a diez, y también dio lo mismo, pues con esta sutil materia tampoco estaba la cosa como para que le cosieran a cornadas. Alberto Aguilar mantuvo las formas en el toro de su confirmación de alternativa. Luego se desmelenó, liando una buena porque le dio por centrifugarse como las atracciones de feria, y le salvó la lluvia fina que caía intermitente porque si no, le corren a gorrazos. Y Miguel Tendero está muy puesto en las afueras, escasamente imaginativo y muy atrabiliario en la hora de la verdad, incluso pasa apuros de los buenos.

 

¡Esos desamores! ¡Esos amores! Por cierto, hablando de amores, mis besitos más efusivos para el equipo de veterinarios (Fernando Mirat, Manuel Pizarro y Enrique Recas), para el empresario que parece deseoso de tomar descanso y, que no se me olvide, muchos recuerdos para los miembros del Consejo de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid por tantos regalos algo envenenadillos.

De Lola, con mi más sincero adiós.
Posdata: Lo que me pide el cuerpo. Autoayuda. Ya saben.
Novedosa terapia.
 
Hasta más ver.
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