Fernando Robleño y Luis Miguel Encabo, respectivamente, en sus actuaciones en la pLaza de Colmenar Viejo.
Fotografía de Paco Sanz.

28 de agosto de 2010. Primera corrida de abono feria de Remedios Colmenar Viejo (Madrid)
¿Dónde está la casta?
Por Paco Sanz

Hoy estaba anunciada una corrida del hierro de de José Ignacio Charro Sánchez Tabernero pero al final solo se han lidiado cuatro de este hierro aunque visto lo visto, quizá lo mejor, es que no se hubiera lidiado ninguno. Los otros dos que se han lidiado uno del Marqués (de Domecq) y otro del Conde (de Mayalde) tampoco merecían morir en una plaza de toros. Esto, evidentemente, es un decir ya que si supiéramos lo que iba a pasar de antemano, este mundo estaría al revés.
En este caso concreto y para los llamados taurinos, no es que se les exija ser adivinos, cuestión esta reservada a los santos (que dicen que hacen milagros), pero si se les debe de exigir el mínimo conocimiento del estado de casta de aquellas  ganaderías donde compran sus productos y por lo que ha pasado hoy, o no lo conocen (esto se llama ignorancia) o si lo conocen son partícipes del fracaso ganadero. Llámenlo como quieran pero siempre el que paga es el que pasa por taquilla.
Y digo esto porque ninguno de los siete toros (incluido el sobrero) que han saltado al ruedo de La Corredera ha dado ni lo más mínimo no de su presunta casta y si una enorme carga de mansedumbre. Hasta algunos se han comportado como  auténticos moruchos como el tercero y el cuarto. Así pues, con este material,  ¿qué mimbres se pueden hacer?. Ninguno. Y esto es lo que en términos generales ha ocurrido.
Luis Miguel Encabo, que sustituía a Sergio Aguilar, en su primero ha estado excesivamente desconfiado y conservador. Pareó a este toro con cierta vulgaridad a excepción del tercero que fue por los adentros. Como el toro era manso, le apretó hacia las tablas poniéndole en verdadero riesgo.
El toro, no es que permitiera grandes cosas pero ha sido el único que tenía un mínimo de casta y cierta movilidad aunque manso pero noble. La faena a este toro resultó insulsa y sin ninguna vistosidad. Su segundo que era un manso empedernido no hubo manera de sacarle ni un solo muletazo. Se cerró en tablas próximo a toriles esperando que le abrieran la puerta. Hizo bien en no alargar el espectáculo, abreviando.
Fernando Robleño lo ha intentado en su primero, que era del Conde de Mayalde a base de buena voluntad. El toro tenía algo de nobleza pero falta de casta y esto le permitió sacarle algún que otro muletazo suelto. Lo intentaba pero el toro no le repetía. En su segundo, sobrero del Marqués de Domecq, también lo intentó pero el toro se quedaba siempre a media embestida y no pudo sacarle un solo muletazo.
Morenito de Aranda nada pudo hacer en su primero. Este animal fue otro de los que huía despavoridamente hacia las tablas hasta que encontró la puerta de chiqueros. Este también se quedó allí a la espera de que alguna alma caritativa le abriera la puerta para irse de parranda (a la finca, se entiende). En su segundo ha conseguido alguna que otra serie con ambas manos pero la falta de ligazón hizo que su trasteo no llegara los tendidos. El respetable ya estaba algo mosqueado con el juego de los toros en general y quizá no ha sabido valorar el esfuerzo realizado por el burgalés. En definitiva, tarde para olvidar.
Ficha del festejo. 28 de agosto de 2010. Plaza de toros “La Corredera”. Colmenar Viejo (Madrid)
Primera corrida de abono. Un quinto de plaza.
Toros de José Ignacio Charro Sánchez Tabernero y Conde de Mayalde (2º), sobrero de Marqués de Domecq (5º), en términos generales desigualmente presentados, mansos y descastados.
Luis Miguel Encabo: cinco pinchazos y media  (silencio); pinchazo que atraviesa el morrillo y cinco descabellos (silencio).
Fernando Robleño: estocada desprendida (ovación y salida al tercio);Estocada baja de la que sale prendido por el pecho sin consecuencias (silencio).
Morenito de Aranda: estocada (silencio);casi entera desprendida (silencio).
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