Las Ventas. Novillada. 20 de septiembre de 2009
Último festejo del Certamen Ocho Naciones.

 

Flojos todos

 
Por Paz Domingo
Termina el ciclo de selección de los tres mejores novilleros del certamen Ocho Naciones. Estos encuentros deben servir, entre otras cosas, para descubrir alguna joven promesa, para dar buenas oportunidades a quien demuestre condiciones toreras, y por supuesto, para ofrecer a estos hombres del mundo de los toros la enseñanza de un oficio que ellos tendrán que cuidar, desarrollar y transmitir. Pues para estos chicos valerosos las circunstancias que les rodean -en una tarde tan importante- se convierten en catastróficas. Se enfrentan a hacer méritos, no necesariamente profesionales. Se rodean de personajes que no les aconsejan bien en los entresijos del toreo, que les lanzan a las fieras (no precisamente de cuatro patas). Que cuando saltan al ruedo se permiten licencias de matadores consagrados, y que resultan inexplicables, o mal educados, para estos mozos imberbes. Y lo más lamentable que pueda acontecer es que a estos jóvenes, que fabrican en su cabeza los más nobles sueños toreros, se les enseñe el oficio al revés. La confabulación que hacen de las bregas, el domino de la lidia que lo omiten porque sí, el simulacro toricida del tercio de varas, y por último la escasa responsabilidad de sus mentores, que ni se han molestado en ofrecerles conocimientos auténticos para ejecutar las facetas imprescindibles de que está compuesto el arte del toreo. De fomentar la personalidad propia, mejor ni hablamos.
A estas alturas, lo que están haciendo con estos ilusionados y precoces diestros es matar la esperanza y el ciclo natural de la vida. Una pena. Una tristeza para ellos, para nosotros, para la Fiesta, y para este singular espectáculo.
 
Había interés por el juego que podrían dar los santacolomas de Flor de la Jara. El ganadero compró recientemente el hierro de Bucaré, una rama de los Buendía, y está empeñado en preservar la genética, sus peculiares condiciones de genio, y su morfología tan característica. Los novillos salieron bien presentados, aunque desiguales, muy flojos, algunos flojísimos y uno de los ejemplares desarrolló casta auténtica, incluso bravura. Muy nobles en general -en exceso para las particularidades de la casa-, y los matadores en ciernes mostraron igualmente flojera.
 

El novillero Julio Parejo se pegó un verdadero atracón. Le tocó de todo un poco, pero afrontó la tarde con los mismos escasos recursos. La suerte le puso en bandeja el novillo más flojo de todo el encierro, y también el más nobilísimo, que desaprovechó enteramente. Durante toda la lidia no estuvo bien aconsejado, pues estos dulces hay que saborearlos. De la importancia de cuidar las pocas fuerzas del animal a estas alturas ya se habrá dado cuenta, y -cosas que pasan- antes se quedó sin fuelle el matador que el novillo, limitándose Parejo a la querencia generalizada de la descolocación, no aguantar las apacibles embestidas, dar pases rectificados en las distancias, dejar enganchones y huir del sitio verdadero.  Desde el tendido pedían al diestro que bajara la mano, acto que resultó impreciso, si se tiene en cuenta que no estuvo en el sitio verdadero.

El destino le deparó el manso del encierro, y el joven matador estuvo a la deriva de las circunstancias. Fue un tropiezo tras otro. El infortunio hizo de las suyas. Todo el mundo percibe que si hay que hacer la lidia certera, mucho más con aquellos animales que necesitan corregir malos genios. Pues bien, le administraron el topicazo del puyazo moderno, a la remanguillé y sin decencia torera, más que nada para que se deslomara y de paso se enterara de quién manda. La brega fue para llorar, el oficio de los subalternos en banderillas también un topicazo más (para ahorrarse los detalles), y por supuesto el novillero se precipitó en un regateo. Entre todos ejecutaron un baile sin concierto. Y si les tocó pasar el mal trago de bailar con la más fea (tampoco fue para tanto), lo hicieron rematadamente mal.

Para colofón, tuvo que hacer frente al último ejemplar de la tarde, pues el diestro colombiano estaba en la enfermería con una fuerte conmoción en el pecho. A este animal que mostró una casta incierta le dieron también de lo no lindo. El picador Álvaro Atienza le dejó el lomo como las puntas de un crucifijo. La más baja a la altura de los riñones, las laterales en los mismos costillares, y la delantera en la misma frente, que casi le saca un ojo al pobre animal. Se llevo una bronca merecida. Y el novillero estuvo desatinado, enseñando malas artes al novillo, que aprendió mucho y rápido. En definitiva, resultó una asignatura insuperable. No estaba para esta prueba, quedó desbordado y perdiendo los trastos.

 
Salió muy decidido Javier Cortés en los primeros lances, al menos parando. Este novillo tenía casta y también pocas fuerzas. Incluso se dio la circunstancia insólita que, a pesar que se desplomó en varias ocasiones, la cuadrilla protagonizó un espectáculo terrorífico escenificando verdadero temor, y arreciaron las protestas. Con mucha formalidad se puso Cortés excesivamente galante con el inválido ejemplar. Estuvo más puesto, extrajo algunos naturales sin profundizar, se embarulló en definitiva. Muy arropado por ánimos de los amigos presentes, enfrió las circunstancias por la inexactitud en matar y la tardanza para rematar. En su segunda actuación no consiguió dominar al novillo más encastado, incluso bravo, de toda la tarde. El diestro dio algunos naturales bajando la mano con lentitud, pero siempre rectificando los terrenos. No entendió bien las distancias, cuando el animal reservaba las fuerzas y se quedaba esperando. No aprovechó las condiciones de mando, y transmisión que llevaba prendido, y sobre todo pasó de largo las condiciones de toreo auténtico con un magnífico ejemplar santacolomeño. Resultó bullidor, con dosis de buen gusto, pero algo tosco y mimado en exceso por los paisanos que le jalearon con un criterio entusiasta muy inflado.
 
El colombiano Moreno Muñoz dejó una buena composición de figura, algunas maneras, con algo de sabor, pero también desorientado ante un noble animal. Inició la faena de rodillas, decidido dio series ligadas pero de trámite. No supo colocarse delante del novillo de limpia embestida por ambos pitones. Resultó cogido al entrar a matar, con conmoción.

 

Novillos de Flor de Jara, bien presentados aunque desiguales. Muy flojos, inválidos los tres primeros, nobles en general, con casta el 5º y 3º, y manso el 4º.

1º:- Flojísimo protestado por inválido, muy noble.

2º. Flojísimo. Noble también.

3º- Fue al caballo con decisión para que José Ney Zambarno le diera de lo lindo. Con más casta, y un poco más de fuerza. Se llevó algunas palmas en el arrastre.

4º. Descastado, manso.

5º, Fue al caballo con decisión. Empujó. Bravo. Se le pidió un tercer puyazo, que ni el maestro ni el presidente concedieron. Muy encastado y algo flojo en el último tercio (se aplaudió en el arrastre)  

6º. El más complicado e incierto. Les dieron una brega infame.

 

Julio Parejo: pinchazo perdiendo las muleta, dos pinchazos más, pinchazo hondo a los blandos, (aviso) y se echa el novillo (silencio); bajonazo (silencio); en el novillo que tuvo que matar y que correspondía a Moreno Muñoz: pinchazo, estocada caída, rueda de peones insoportable.

Javier Cortés, estocada atravesada, rueda de peones, dos descabellos –aviso-, dos descabellos más (saludos desde el tercio); estocada atravesadísima que no hace guardia de milagro, y que escupe (oreja).

Moreno Muñoz: pinchazo (resultó volteado), bajonazo recibiendo (saludos desde el tercio, después de una leve petición de oreja). Herido entró en la enfermería.

Parte médico: Moreno Muñoz, cogido al entrar a matar al tercer novillo, sufre contusión en hemitorax izquierdo. Pronóstico reservado.

 

Presidente: Julio Martínez

Plaza de toros de Las Ventas. Domingo, 20 de septiembre de 2009

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