La que nos espera
Las Ventas. Madrid. 5 de abril de 2009
 
Por Paz Domingo
Lo que hemos visto en una tarde como esta en la primera plaza del mundo, no va a ser nada para lo que nos espera. Es fácil pronosticar lo que va a pasar en los próximos meses de festejos taurinos porque no todo es impredecible en esta vida. La regla de tres es bien sencilla. Si multiplicamos el número de festejos programados por la ausencia de casta de las ganaderías que están anunciadas, y el número resultante lo dividimos por los diestros que tienen que despachar semejante aburrimiento, dará como resultado un soponcio a pelo, sin decimales, sin nadie que lo remedie.
Y no hablamos de números primos. Porque aquí los aficionados no son tontos, aunque se les toma como tal, que ya es indecente. El problema es que pasan por taquilla, que protestan porque esto no les gusta, que asisten a estos simulacros de festejos cuando ni Dios quiere semejante bodrio, y, para más desconsuelo, les van a dar, no uno ni dos, sino tropecientas mil representaciones indecorosas (por decir algo elegante).
Era la primera corrida de toros que se celebraba esta temporada. La verdad, parecían toros. Presencia tenían. Incluso poseían pitones. Algunos tan grandes, que si hubieran tenido algo dentro, mínimamente, algún respeto hubieran merecido. Pero, ¡ay! Qué tristeza. Qué aburrimiento. Qué desconsuelo.
Esta ganadería le ha pasado lo que a muchas últimamente. Se anunciaban duras hasta que las figuras quisieron medirse las fuerzas con sus toros. A partir de entonces empezó el declive, y luego tardan veinte años en recuperarlas –en el mejor de los casos-. Pero, si hay alguien que quiere aguar el vino, pues muy bien, que lo haga. Pero que no lo vendan como pata negra, por favor, que esto es muy serio, además de un engaño.
¿A quién quieren estafar? ¿A los escasos aficionados que compran su entrada y que ven todos los festejos? En este silencio que se produce entre tanta desmotivación, a uno le dan ganas de no volver más. Algunos valientes hasta lo hacen. Porque el colmo de los colmos es que sigan vendiendo esto como el espectáculo fabuloso, portentoso, y sobrenatural, cuando en realidad lo han convertido en deprimente, aburrido y fantasmal, cuando no en absurdo. Las cosas están claras. Empresarios que elaboran carteles planos, baratos de producción, mediocres de contenido, que llenan los bolsillos pero no la reputación; ganaderos que también querían apuntarse a esto del compadreo criando mulos en lugar de preservar la gallina de los huevos de oro (entiéndase casta); las figuras del toreo, de primera o segunda fila, que han tolerado que se les clasifique en tipo A, tipo B, o lo que quieran, con tal de poder unos cuantos elegir lo que se les antoje y dejar las profundidades del océano para los demás; y, por último, las televisiones que han contribuido a expandir un espectáculo ahora desdibujado en su esencia, no explicando dónde está la verdad, abusando de la estética y pagando derechos de imagen que tanto están perturbando al sentido común. Por cierto, ¿se entiende que, en una tarde como la de ayer, una televisión privada, asidua a las retrasmisiones de esta plaza, ofreciera a sus abonados semejante esperpento? ¿Cómo pueden justificar esto? ¿No les intriga saberlo?
Y hablando de lo que pasó hay poco que decir. Empezó una emocionante ovación al diestro Uceda Leal , quien había perdido a su padre el día anterior. Fue lo más sincero de todo lo que aconteció, y alguna media verónica, justita de ejecución en su primer y único toro. Le enganchó el animal porque Uceda se descubrió. Ni más ni menos. A pesar de la cornada que llevaba, con un gesto de gran torero, volvió al ruedo, y dejó una gran estocada de las suyas. Se le concedió una oreja emotiva. Pareció mucho triunfo, pero en los asuntos del corazón, quizá vale un perdón.
Los diestros Bautista y Bolívar tuvieron actuaciones similares. En sus primeros y respectivos ejemplares mostraron valentía, tragaron carros y carretas (literal), incluso ligaron que ya tiene mérito, torearon en las querencias de los mansos de condición y mataron mal. Después, en los sucesivos descastados toros, de tres hierros diferentes pero clónicos de hechuras y de amorfo comportamiento, se justificaron, se taparon, y pasaron apuros para dar muerte a los animales. No merecía la pena exponer. El desánimo cundió como la pólvora. El remate lo puso el sobrero de María Cascón –nadie conoce a esta ganadera-, sobrero de sobrero, que fue como un ejemplo de libro de lo que se ha convertido esta selección de casta: mala, fea y barata.
Y esto no es nada para lo que nos espera. Porque lo que viene es más de lo mismo, pero multiplicado por mil. Eso sí, edulcorado por voceros a sueldo, disimulados por polémicas bien traídas para eludir responsabilidades y disfrazadas por retransmisiones a bombo y platillo que cada vez interesan menos, y que cada vez pagan menos por hacerlo. Pues lo dicho. Que nos pillen confesados. M. P. D.

 

Ficha del festejo 5 de abril de 2009. Las Ventas. Madrid

Toros de El Puerto de San Lorenzo, desiguales de presentación, grandes, con mucho peso, mansos, descastados todos y algunos inválidos (3 y 4). Devuelto el 4, que era 5 en el orden de lidia natural. Corrió turno. El primer sobrero de Montealto, lidiado en 6 lugar, bien presentando, grande e inválido, que también fue devuelto. Segundo sobrero de María Cascón, descastadísimo.

Uceda Leal: estocada (oreja), pasó a la enfermería con cornada de 20 centímetros en la parte posterior del muslo izquierdo. Fue intervenido en la plaza. Pronóstico grave. Juan Bautista: estocada caída (palmas); menos de media, entró de nuevo a matar y dejó el mismo resultado, esta vez atravesada, dos descabellos (silencio); medía caída y 1 descabello (silencio). Luis Bolívar: estocada trasera tendida (silencio); media delantera (silencio).

Presidente: César Gómez. Festejo del Domingo de Ramos. Casi media entrada.Se guardó un minuto de silencio en recuerdo del padre del diestro Uceda Leal, fallecido el día anterior.  redaccion@toroaficion.com