Mio Cid II

Texto 1
Fragmento del Cantar del Destierro
Texto 3
Fragmento de La afrenta de Corpes
La lengua castellana en la Edad Media  
Texto 2
"La defensa de Alcocer"
Actividades Poema de Mio Cid
 
Textos obligatorios del Poema de Mio Cid. Versión original.
Texto nº 3
[v.v .715 a 777]
 


Aquim parto de vos | commo de malos e de traidores.

Hire con vuestra graçia, | don Elvira e doña Sol;

¡poco preçio las nuevas | de los de Carrion!

Dios lo quiera e lo mande, | que de tod el mundo es señor,

d'aqueste casamiento | que[s] grade el Campeador.»

Esto les ha dicho | y el moro se torno;

teniendo ivan armas | al troçir de Salon,

cuemmo de buen seso | a Molina se torno.

Ya movieron del Anssarera | los ifantes de Carrion;

acojen se a andar | de dia e de noch,

a ssiniestro dexan Ati[en]za | una peña muy fuert,

la sierra de Miedes | passaron la estoz,

por los Montes Claros | aguijan a espolon,

a ssiniestro dexan a Griza | que Alamos poblo

- alli son caños | do a Elpha ençerro -

a diestro dexan a Sant Estevan, | mas cae aluen;

entrados son los ifantes | al robredo de Corpes,

los montes son altos, | las ramas pujan con las nues,

e las bestias fieras | que andan aderredor.

Falaron un vergel | con una linpia fuent,

mandan fincar la tienda | ifantes de Carrion;

con quantos que ellos traen | i yazen essa noch.

Con sus mugieres en braços | demuestran les amor:

¡mal gelo cunplieron | quando salie el sol!

Mandaron cargar las azemilas | con grandes averes;

cogida han la tienda | do albergaron de noch,

adelant eran idos | los de criazon.

Assi lo mandaron | los ifantes de Carrion

que non i fincas ninguno, | mugier nin varon,

si non amas sus mugieres | doña Elvira e doña Sol;

deportar se quieren con ellas | a todo su sabor.

Todos eran idos, | ellos .iiii. solos son.

Tanto mal comidieron | los ifantes de Carrion:

«Bien lo creades | don Elvira e doña Sol:

aqui seredes escarnidas | en estos fieros montes;

oy nos partiremos | e dexadas seredes de nos,

non abredes part | en tierras de Carrion.

Hiran aquestos mandados | al Çid Campeador;

¡nos vengaremos aquesta | por la del leon!»

Alli les tuellen | los mantos e los pelliçones,

paran las en cuerpos | y en camisas y en çiclatones.

Espuelas tienen calçadas | los malos traidores,

en mano prenden las çinchas | fuertes e duradores.

Quando esto vieron las dueñas | fablava doña Sol:

«¡Por Dios vos rogamos don Diego e don Ferando!

Dos espadas tenedes | fuertes e tajadores

- al una dizen Colada | e al otra Tizon -

¡cortandos las cabeças, | martires seremos nos!

Moros e christianos | departiran desta razon,

que por lo que nos mereçemos | no lo prendemos nos;

¡atan malos enssienplos | non fagades sobre nos!

Si nos fueremos majadas | abiltaredes a vos,

retraer vos lo an | en vistas o en cortes.»

Lo que ruegan las dueñas | non les ha ningun pro.

Essora les conpieçan a dar | los ifantes de Carrion,

con las çinchas corredizas | majan las tan sin sabor,

con las espuelas agudas | don ellas an mal sabor

roupien las camisas e las carnes | a ellas amas a dos;

linpia salie la sangre | sobre los çiclatones.

Ya lo sienten ellas | en los sos coraçones.

¡Qual ventura serie esta | si ploguiesse al Criador

que assomasse essora | el Çid Campeador!

Tanto las majaron | que sin cosimente son,

sangrientas en las camisas | e todos los çiclatones.

Canssados son de ferir | ellos amos a dos

ensayandos amos | qual dara mejores colpes.

Hya non pueden fablar | don Elvira e doña Sol,

por muertas las dexaron | en el robredo de Corpes.










129

Levaron les los mantos | e las pieles armiñas

mas dexan las maridas | en briales y en camisas

e a las aves del monte | e a las bestias de la fiera guisa.

Por muertas la[s] dexaron | sabed, que non por bivas.

 


130

¡Qual ventura serie | si assomas essora el Çid Campeador!

Los ifantes de Carrion | en el robredo de Corpes

por muertas las dexaron,

que el una al otra | nol torna recabdo.

Por los montes do ivan | ellos ivan se alabando:

«De nuestros casamientos | agora somos vengados;

non las deviemos | tomar por varraganas

si non fuessemos | rogados,

pues nuestras parejas | non eran pora en braços.

¡La desondra del leon | assis ira vengando!»


 

Cantar de la afrenta de Corpes (vv. 2278-3730)

Tras el célebre incidente del león, los infantes de Carrión traman su venganza contra el Cid, a quien responsabilizan de su desprestigio, por ver lesionada su honra por el gran ridículo que protagonizan en Valencia. Primero le piden al Campeador que les deje llevarse a doña Sol y a doña Elvira, las hijas del Cid, a su tierra natal. El padre da su permiso, ignorante de las malévolas intenciones de sus yernos, pero las infantas nunca llegan a Carrión.

[128] Abengalbón increpa a los infantes y presiente lo peor. El moro se vuelve; la comitiva sigue el viaje. Los infantes y sus mujeres se desvían de la comitiva.

La afrenta del robledal de Corpes.

Aquí me parto de vos como de malos y de traidores.
Iré con vuestra gracia, doña Elvira y doña Sol;
poco precio las nuevas de los de Carrión.
Dios lo quiera y lo mande, que de todo el mundo es señor,
de este casamiento que se agrade el Campeador.

Narrador
Esto les ha dicho y el moro se tornó;
teniendo iban armas, al pasar el Jalón;
como de buen seso, a Molina se tornó.
Ya partieron de La Ansarera los infantes de Carrión;
dispónense a andar de día y de noche.
A siniestro dejan a Atienza, una peña muy fuerte;
la sierra de Miedes pasáronla entonces;
por los Montes Claros aguijan a espolón;
a siniestro dejan a Griza que Álamos pobló;
allí están los caños do a Elfa encerró;
a diestro dejan a San Esteban, mas a lo lejos quedó;
entrados son los infantes al robledo de Corpes;
los montes son altos, las ramas pujan con las nubes;
y las bestias fieras que andan alrededor.
Hallaron un vergel con una limpia fuente;
mandan hincar la tienda los infantes de Carrión;
con cuantos ellos traen, allí yacen esa noche;
con sus mujeres en brazos demuéstranles amor.
¡Mal se lo cumplieron cuando salía el sol!
Mandaron cargar las acémilas con haberes de valor
han recogido la tienda donde albergaron de noche;
adelante eran idos los de criazón;
así lo mandaron los infantes de Carrión:
que no quedase allí ninguno, mujer ni varón,
sino ambas sus mujeres, doña Elvira y doña Sol:
solazarse quieren con ellas a todo su sabor
todos eran idos, ellos cuatro solos son.
Tanto mal urdieron los infantes de Carrión:

Infantes
Creedlo bien, doña Elvira y doña Sol,
aquí seréis escarnecidas en estos fieros montes.
Hoy nos partiremos y dejadas seréis de nos;
no tendréis parte en tierras de Carrión.
Irán estos mandados al Cid Campeador;
nos vengaremos en ésta por la del león.

Narrador
Allí les quitan los mantos y los pellizones;
déjanlas en cuerpo y en camisas y en ciclatones.
¡Espuelas tienen calzadas los malos traidores!
En mano prenden las cinchas resistentes y fuertes.
Cuando esto vieron las dueñas, hablaba doña Sol:

Doña Sol

¡Por Dios os rogamos, don Diego y don Fernando, nos!
Dos espadas tenéis tajadoras y fuertes;
a la una dicen Colada y a la otra Tizón;
cortadnos las cabezas, mártires seremos nos.
Moros y cristianos hablarán de esta razón;
que, por lo que nos merecemos, no lo recibimos nos;
tan malos ejemplos no hagáis sobre nos.
Si nos fuéremos majadas, os deshonraréis vos;
os lo retraerán en vistas o en cortes.

Narrador
Lo que ruegan las dueñas no les ha ningún pro.
ya les empiezan a dar los infantes de Carrión;
con las cinchas corredizas, májanlas tan sin sabor;
con las espuelas agudas, donde ellas han mal sabor,
rompían las camisas y las carnes a ellas ambas a dos;
limpia salía la sangre sobre los ciclatones.
Ya lo sienten ellas en los sus corazones.
¡Cuál ventura sería ésta, si pluguiese al Criador
que asomase ahora el Cid Campeador!
Tanto las majaron que sin aliento son;
sangrientas en las camisas y todos los ciclatones.
Cansados son de herir ellos ambos a dos,
ensayándose ambos cuál dará mejores golpes.
Ya no pueden hablar doña Elvira y doña Sol;
por muertas las dejaron en el Robledo de Corpes.


Los infantes dejan abandonadas a las hijas del Cid.
Lleváronles los mantos y las pieles armiñas,
mas déjanlas apenadas en briales y en camisas,
y a las aves del monte y a las bestias de fiera guisa.
Por muertas las dejaron sabed, que no por vivas.


Los infantes se alaban por la afrenta.

¡Cuál ventura sería, si asomase ahora el Cid Campeador!
Los infantes de Carrión, en el Robledo de Corpes,
a las hijas del Cid por muertas las dejaron
que la una a la otra no le torna recado.
Por los montes do iban, ellos se iban alabando:

Infantes
De nuestros casamientos, ahora somos vengados;
no las debíamos tomar por barraganas si no fuésemos rogados,
pues nuestras parejas no eran para en brazos.
La deshonra del león así se irá vengando.