Recapitulación

Resucitó




 
Conclusión.

 

“El que no está conmigo 


está contra mí; y el que 


no recoge conmigo 


desparrama.” LC 11, 15-26

 


  Decía Moisés al pueblo:

Deuteronomio 29

1 Moisés convocó a todo Israel y les dijo: Vosotros visteis todo lo que Yahveh hizo a vuestros propios ojos en Egipto con Faraón, sus siervos y todo su país:
2 las grandes pruebas que tus mismos ojos vieron, aquellas señales, aquellos grandes prodigios.


3 Pero hasta el día de hoy no os había dado Yahveh corazón para entender, ojos para ver, ni oídos para oír.




Porque fue Cristo quién vino a abrir los ojos a los ciegos, el oído a los sordos y hacer hablar a los mudos: 


Si Yo, con el Dedo de Dios, arrojo a los demonios es que el reino de Dios ha llegado a vosotros”.

Cristo  nos lo enseña todo, nos da su Espíritu, en Él todo tiene sentido:


En Él somos, existimos. nos movemos, 

 y vivimos ….sólo Él, Dios, es origen y meta del universo.


Aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura (Hb 13,14)



El que no está conmigo está contra mi, el que no recoge conmigo desparrama

(Lc.11,15)


 

y así............…hasta el día de hoy::.. Si hoy escucháis su voz no endurezcáis el corazón


Porque la Voluntad de Dios no es la muerte del pecador, sino que se convierta y viva

. (Cf.Ez.)

 

 Cristo decía: el que me sigue no anda en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida” .  y --el que cree en mi no morirá jamás.”

  Cristo mismo se ha exhibido claramente ante la humanidad entera, como Dios, como único Salvador, dador de Vida y muerte,  por su Espíritu y por su Palabra.

 Se ha exhibido como Sentido total de la Creación que yace sometida a la corrupción hasta que se manifiesten totalmente transfigurados los hijos de Dios y aparezcan en todo su esplendor las maravillas de Dios realizadas en Cristo Jesús, y por Él en sus santos y elegidos.

 Así, pues, la justificación nos viene de la fe en Cristo, el Hijo Eterno del Padre, descendencia de Abrahán, encarnado en una carne pecadora como la nuestra, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para liberarnos… y rescatar a los que estaban bajo la ley, esclavizados por el pecado y el temor a la muerte, vendidos al poder del Diablo...

----------como se dice en Gal. 4,7:

 Pero, cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. 

Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba!» (Padre). 

Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

 

Ya es hora pues de creer en Cristo Jesús, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, para ser revestidos de su gloria:


 “Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis 

revestido de Cristo. 


Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, porque todos sois uno 

en Cristo Jesús. 


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Por tanto: 
Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas. 

"Porque todos sois uno en Cristo Jesús”. 

Él, sólo Él, lo ha llevado a cabo... y ha querido hacerlo a través de una medianera de todas sus gracias: 

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, figura preclara de la Iglesia que es esposa de Cristo,

por la cual distribuye en su acción evangelizadora y sacramental la gracia que nos santifica.

Bendita María

 

¿Para qué?


 «Todo el que vive y cree en mí,

 no morirá jamás» (Jn 11, 26)

 

¿Significa esto sólo un vivir como ahora o más?

 37. La vida que el Hijo de Dios ha venido a dar a los hombres no se reduce a la mera existencia en el tiempo. La vida, que desde siempre está «en él» y es «la luz de los hombres» (Jn 1, 4), 

consiste en ser engendrados por 

Dios y participar de la plenitud 

de su amor:

«A todos los que lo recibieron les dio poder de 

hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; el cual no nació de sangre, ni de deseo de carne, 

ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios» 

(Jn 1, 12–13).



 

San Atanasio resume hermosamente la verdadera Historia de Dios con los hombres.


Lo hace así, en sus escritos sobre "La Encarnación del Verbo":


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                            Es lo que la divina Escritura pronostica, hablando por boca de Dios: comerás de todo árbol que hay en el paraíso, pero no comáis del árbol del conocimiento del bien y del mal; el día que comáis de él, moriréis de muerte (Gn 2,16-17)


Éste "moriréis de muerte" no quiere decir solamente moriréis, sino permaneceréis en la corrupción de la muerte (...). 


Por esta razón el incorpóreo e incorruptible e inmaterial Verbo de Dios aparece en nuestra tierra.


 No es que antes hubiera estado alejado, pues ninguna parte de la creación estaba vacía de Él, sino que 


Él llena todos los seres operando en todos en unión con su Padre


Pero en su benevolencia hacia nosotros condescendió en venir y hacerse manifiesto. Pues vio al género racional destruido y que la muerte reinaba entre ellos con su corrupción; 


y vio también que la amenaza de la transgresión hacía prevalecer la corrupción sobre nosotros y que era absurdo abrogar la ley antes de cumplirla; y vio también qué impropio era lo que había ocurrido, porque lo que Él mismo había creado, era lo que pereció; y vio también la excesiva maldad de los hombres, porque ellos poco a poco la habían acrecentado contra sí hasta hacerla intolerable. 





Vio también la dependencia de todos los hombres ante la muerte, se compadeció de nuestra raza y lamentó nuestra debilidad y, sometiéndose a nuestra corrupción, no toleró el dominio de la muerte, sino que, para que lo creado no se destruyera, ni la obra del Padre entre los hombres resultara en vano, tomó para sí un cuerpo y éste no diferente del nuestro. 


Pues no quiso simplemente estar en un cuerpo, ni quiso solamente aparecer, pues si hubiese querido solamente aparecer, habría podido realizar su divina manifestación por medio de algún otro ser más poderoso.

 Pero tomó nuestro cuerpo, y no simplemente esto, sino de una virgen pura e inmaculada, que no conocía varón, un cuerpo puro y verdaderamente no contaminado por la relación con los hombres.

En efecto, aunque era poderoso y el Creador del universo, prepara en la Virgen para Sí el cuerpo como un templo y lo hace apropiado como un instrumento en el que sea conocido y habite. 


Y así, tomando un cuerpo semejante a los nuestros, puesto que todos estamos sujetos a la corrupción de la muerte, lo entregó por todos a la muerte, lo ofreció al Padre, y lo hizo de una manera benevolente, para que muriendo todos con Él se aboliera la ley humana que hace referencia a la corrupción(porque se centraría su poder en el cuerpo del Señor y ya no tendría lugar en el cuerpo semejante de los hombres), para que, como los hombres habían vuelto de nuevo a la corrupción, 

Él los retomara a la incorruptibilidad y pudiera darles vida en vez de muerte, por la apropiación de su cuerpo, haciendo desaparecer la muerte de ellos, como una caña en el fuego, por la gracia de la resurrección.




Pero yo No puedo resumir el “panorama general” del sentido de la vida y del Universo entero en a penas cuatro palabras, tal como yo lo entiendo, fundado en la Palabra de Dios, en la fe recibida de Dios como don en la Iglesia, en comunión con ella y con todos los santos, a través de su predicación, de la doctrina y el Magisterio asistido por el Espíritu Santo y en plena libertad como persona humana, creada a imagen de Dios.


  No acierto a descifrar “las palabras” adecuadas, no encuentro el “sonido profundo” que saquen a la luz y penetren en el alma con la melodía de la “VERDAD, con su sabor, su delicioso sabor,y su hermosura incomparable, para que el hombre exclame al probarla:


”Que delicia, que inmenso gozo, el Amor de Dios a los hombres”.



Pero me siento obligado a hacerlo: “Creí y por eso hablé”.


 Dios, por su inmenso Amor, creó al hombre del polvo de la tierra y soplando sobre él le infundió su espíritu de vida y vino a ser alma viviente………..hombre y mujer los creó, a su imagen y semejanza, dotado de auténtica libertad….., para lo cual lo hizo inteligente, …..con conciencia de sus actos para hacer el bien y rechazar el mal. (Cf.Gn)


 En este escenario de libertad el hombre fue tentado. Pero Dios lo instruyó ( como dice el salmo: Yo te instruiré, te tomaré de la mano y te guiaré...) ...para que conociera el bien y lo procurara: Puedes comer de todo, mas del árbol que está en medio del jardín No comerás… guárdate de comer su fruto porque el día que comieres morirás, ciertamente morirás, morirás sin remedio.

  A pesar de haber sido instruido en la Verdad, el hombre, en Adán y Eva, toda la humanidad existente entonces en ellos, prefirió dar oído a la mentira, abrió su alma a la mentira del diablo: No morirás, sino que serás como Dios, conocedor del bien y del mal.


 Es la insinuación fascinante del diablo: Desobedecer a Dios no es malo, sino una nueva experiencia que te conducirá a SER como Dios….todopoderoso... Sugestivo, provocador, potente seducción para el corazón humano, ofuscador de la mente con la “idea” del placer inmediato: hacer lo que me de la gana, guste o no a mi Padre Dios, mi Creador bueno.. ¡¿Qué sabrá ese Dios lo que es bueno para mí?!

 Así, el hombre presta oídos a la maldad y los cierra a la voz de Dios.

Canto>>>


    Cristo ha venido a abrir otra vez los oídos de los sordos a la voz de Dios…...

¿para que?:

“si hoy escucháis su voz, no endurezcáis el corazón…

                                                                                                ...como el día de la tentación en el jardín del Edén.  

No sea que al dar oídos otra vez al diablo mueras ya sin remedio. Pues después de Cristo, ya no hay otro remedio.


    Mas, después que el hombre pecó y fue abocado a la muerte perdiendo la vida recibida,...en su “semejanza con Dios”,… Dios no lo abandonósino que, con inmenso Amor, se propuso redimirlo, liberarlo del poder de la muerte, del pecado, y se propuso perdonarlo y justificarlo y mucho más…... "tengo proyectos de Vida para ti y no de muerte" ...


PUES CON AMOR ETERNO TE AME.



Y lo hizo tan admirablemente en Cristo Jesús, Nuestro Señor, que dejó boquiabiertos a cielos y tierra, ángeles y demonios, potestades todas y al universo entero…...

  Lo expresan con toda sencillez y hermosura los santos y humildes de corazón en palabras de los Santos Padres que nos precedieron:

 

La Historia real, lo que sucedió, sucede y sucederá como historia verdadera que Dios  ha realizado, realiza y realizará en la humanidad, la describen así de hermosa el  Obispo Teodoreto de Ciro y Edhit Stein 

(Sta.Teresa Benedicta de la Cruz)


El ObispoTeodoreto lo expone así:


Del tratado de Teodoreto de Ciro, Obispo, sobre la encarnación del Señor
Nums. 26-27

Jesús acude espontáneamente a la pasión que de él estaba escrita y que más de una vez había anunciado a sus discípulos, increpando en cierta ocasión a Pedro por haber aceptado de mala gana este anuncio de la pasión, y demostrando finalmente que a través de ella sería salvado el mundo. 

Por eso, se presentó él mismo a los que venían a prenderle, diciendo: Yo soy a quien buscáis. Ycuando lo acusaban no respondió, y, habiendo podido esconderse, no quiso hacerlo; por más que en otras varias ocasiones en que lo buscaban para prenderlo se esfumó.

        Además, lloró sobre Jerusalén, que con su incredulidad se labraba su propio desastre y predijo su ruina definitiva y la destrucción del templo. 

También sufrió con paciencia que unos hombres doblemente serviles le pegaran en la cabeza. 

Fue abofeteado, escupido, injuriado, atormentado, flagelado y, finalmente, llevado a la crucifixión, dejando que lo crucificaran entre dos ladrones, siendo así contado entre los homicidas y malhechores, gustando también el vinagre y la hiel de la viña perversa, coronado de espinas en vez de palmas y racimos, vestido de púrpura por burla y golpeado con una caña, atravesado por la lanza en el costado y, finalmente, sepultado.

        Con todos estos sufrimientos nos procuraba la salvación. 

Porque todos los que se habían hecho esclavos del pecado debían sufrir el castigo de sus obras; pero él, inmune de todo pecado, él, que caminó hasta el fin por el camino de la justicia perfecta, sufrió el suplicio de los pecadores, borrando en la cruz el decreto de la antigua maldición. 

Cristo –dice san Pablo– nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose por nosotros un maldito, porque dice la Escritura: «Maldito todo el que cuelga de un árbol». 

Y con la corona de espinas puso fin al castigo de Adán, al que se le dijo después del pecado: 

Maldito el suelo por tu culpa: brotará para ti cardos y espinas .

        Con la hiel, cargó sobre sí la amargura y molestias de esta vida mortal y pasible. 

Con el vinagre, asumió la naturaleza deteriorada del hombre y la reintegró a su estado primitivo. 

La púrpura fue signo de su realeza; la caña, indicio de la debilidad y fragilidad del poder del diablo

las bofetadas que recibió publicaban nuestra libertad, al tolerar él las injurias, los castigos y golpes que nosotros habíamos merecido.

        Fue abierto su costado, como el de Adán, pero no salió de él una mujer que con su error engendró la muerte, sino una fuente de vida que vivifica al mundo con un doble arroyo; uno de ellos nos renueva en el baptisterio y nos viste la túnica de la inmortalidad; el otro alimenta en la sagrada mesa a los que han nacido de nuevo por el bautismo, como la leche alimenta a los recién nacidos.



Continuación:

Oficio de lectura, XIX Martes del tiempo ordinario
Sus cicatrices nos curaron
Teodoreto de Ciro, Sobre la encarnación del Señor
Núm 28

       ... Los sufrimientos de nuestro Salvador son nuestra medicina. Es lo que enseña el profeta, cuando dice:

 Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. 

Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas; por esto, como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

        Y, del mismo modo que el pastor, cuando ve a sus ovejas dispersas, toma a una de ellas y la conduce donde quiere, arrastrando así a las demás en pos de ella, así también la Palabra de Dios, viendo al género humano descarriado, tomó la naturaleza de esclavo, uniéndose a ella, y, de esta manera, hizo que volviesen a él todos los hombres y condujo a los pastos divinos a los que andaban por lugares peligrosos, expuestos a la rapacidad de los lobos.

        Por esto, nuestro Salvador asumió nuestra naturaleza; por esto, Cristo, el Señor, aceptó la pasión salvadora, se entregó a la muerte y fue sepultado; para sacarnos de aquella antigua tiranía y darnos la promesa de la incorrupción, a nosotros, que estábamos sujetos a la corrupción. 

En efecto, al restaurar, por su resurrección, el templo destruido de su cuerpo, manifestó a los muertos y a los que esperaban su resurrección la veracidad y firmeza de sus promesas.


        «Pues, del mismo modo –dice– que la naturaleza que tomé de vosotros, por su unión con la divinidad que habita en ella, alcanzó la resurrección y, libre de la corrupción y del sufrimiento, pasó al estado de incorruptibilidad e inmortalidad, así también vosotros seréis liberados de la dura esclavitud de la muerte y, dejada la corrupción y el sufrimiento, seréis revestidos de impa
sibilidad. »

Por este motivo, también comunicó a todos los hombres, por medio de los apóstoles, el don del bautismo, ya que les dijo:

 Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, 

y del Hijo, y del Espíritu Santo. 

El bautismo es un símbolo y semejanza de la muerte del Señor, pues, como dice san Pablo, 

si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya,


 lo estará también en una


resurrección

 como la suya.



Canto>>>



 Y lo recapitula  así Sta. Teresa Benedicta (Edhit Stein)

Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edit Stein).

Del libro «La Ciencia de la Cruz»

Cristo se sometió al yugo de la ley, guardando plenamente la ley y muriendo por la ley y por medio de la ley. Liberó, por ello, a los que desean recibir la vida. 

Pero no la pueden recibir, salvo que ellos mismos ofrezcan la suya propia. 

Porque los que han sido bautizados en Cristo Jesús, en su muerte han sido bautizados. 

Son sumergidos en su vida para devenir miembros de su cuerpo y padecer y morir con él, como miembros suyos.

Esta vida vendrá abundantemente en el día glorioso, pero ya ahora, mientras vivimos en la carne, participamos de ella, si creemos que Cristo ha muerto por nosotros para darnos la vida. 

Con esta fe nos unimos con él como los miembros se unen con su cabeza; esta fe nos abre a la fuente de su vida.

Por eso, la fe en el Crucificado, es decir, esa fe viva que lleva aparejada un amor entregado, viene a ser para nosotros puerta de la vida y comienzo de la gloria; de ahí que la Cruz constituya nuestra gloria: 

Fuera de mí gloriarme en otra cosa que no sea la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.

Quien elige a Cristo ha muerto para el mundo y el mundo para él. Lleva en su cuerpo los estigmas de Cristo, se ve rodeado de flaquezas y despreciado por los hombres, pero, por este mismo motivo, se halla robusto y vigoroso, ya que la fuerza de Dios resplandece en la debilidad.

Con este conocimiento, el discípulo de Jesús no solo acoge la cruz sobre sus espaldas, sino que él mismo se crucifica en ella. Los que son de Jesucristo han crucificado la carne con sus vicios y concupiscencias. 

Lucharon un duro combate contra su naturaleza a fin de que la vida del pecado muriese en ellos y poder así dar amplia cabida a la vida en el Espíritu. Para esta pelea se precisa una singular fortaleza.

Pero la Cruz no es el fin; la Cruz es la exaltación y mostrará el cielo. 

La Cruz no sólo es signo, sino también invicta armadura de Cristo: báculo de pastor con el que el divino David se enfrenta contra el malvado Goliat; báculo con el que Cristo golpea enérgicamente la puerta del cielo y la abre.

 Cuando se cumplan todas estas cosas, la luz divina se difundirá y colmará a cuantos siguen al Crucificado.




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R/. Estoy crucificado con Cristo: Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.
Que me amó hasta entregarse por mí. 
V/. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios.








































































































































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