pag 5 ¡¡¡ El hombre se parece más a Dios que al mono!!!


  





Sal 35

Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva,
y tu luz nos hace ver la luz.





¿¿¿¿evolucionistas-creacionistas????




1.-Hijos de los hombres, 


bendecid 


al Señor!



 YA VES, si para Dios un día es como mil años y mil años como un día, la edad del universo no parece disparatada. Pero si nos ponemos a pensar en ello, no acabamos de aprehender  todo su contenido. Sería casi como entender el infinito y más allá.


La ciencia está para alabar a Dios descubriendo todos los secretos de las cosas y desvelando todas las virtualidades del universo, sus leyes…….para bien de la humanidad, pues, su objetivo es dar Luz y descubrir la Verdad.     



Y esta es la verdad:

Eres digno Señor Dios nuestro de 


recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo;


 porque por tu voluntad lo que no existía fue creado…( Ap 4, 11 ss).

El origen de las oscilaciones en la distribución de las galaxias



------->>>enlace


La fe se sirve de la ciencia y de la razón…..ambas son Don de Dios……...La razón sirve a la fe para liberarla a menudo de la superstición. La fe ilumina rectamente la razón y la la libera del absurdo


recrearse en lo bonito...cantando


Está dictada razón y sentencia:

Toda rodilla se doblará en el cielo y en la tierra…….y toda 

lengua proclamará: El Señor es Dios.


....................y tal como vemos que “actúa Dios con los hombres”, no será por imposición sino por convicción……......(mete tu espada en el cinto Pedro)

El lo hará de manera que nadie pueda negar la Verdad…,aunque, respetando la libertad de su criatura, ésta 

podrá  o No aceptarla y “negar” su Amor, su alabanza, honor y gloria......y no recibir su Amor....como Don.


pues, digo yo, nuestra propia existencia es prueba irrefutable de nuestra previa inexistencia

Paseando por tu ciudad, de noche, cuando la oscuridad derrama su apacible calma sobre las calles otrora ajetreadas, si piensas un poquito,  tomas conciencia cierta de que poco tiempo atrás tú no existías. Una cosa es la manera y el modo como has venido al mundo: engendrado en el seno materno, que te ha dado a luz, con el concurso de tu padre.

 Pero sabes ciertamente, en tu interior, que antes no existías. Eras nada. Caos absoluto: Sin principio ni fin. Sin proyecto, sin desarrollo, sin finalidad alguna.Sin orden ni concierto. Sin palabras, sin vida, ausencia absoluta de todo sentimiento, sin pena ni gloria. Sin dolor, sin ambición alguna: Nada. Caos absoluto. ¿Qué cosa mas caótica que la Nada?. 

De ahí venimos, creados por Dios, hechos a su imagen y semejanza, llamados por Él a la vida.

El reconocimiento de este Origen es la base de la  inalienable dignidad humana, y esta dignidad, a su vez, base para la Paz y la auténtica convivencia humana como hermanos.


--------------------------------------------Del catecismo de la I.C.


«¡Oh Hijo Unigénito y Verbo de Dios! 

Tú que eres inmortal, te dignaste,para salvarnos, 

tomar carne de la santa Madre de Dios y siempre Virgen María (...) 

Tú, Uno de la Santísima Trinidad, 

glorificado con el Padre y el Espíritu Santo, ¡sálvanos!»

(Liturgia bizantina de san Juan Crisóstomo).



A imagen de Dios:

Decía S. Clemente a ,los Corintios:..........................El que considere con cuidado cada uno de estos casos comprenderá la magnitud de los dones concedidos por Dios. De Jacob, en efecto, descienden todos los sacerdotes y levitas que servían en el altar de Dios; de él desciende Jesús, según la carne; de él, a través de la tribu de Judá, descienden reyes, príncipes y jefes. Y, en cuanto a las demás tribus de él procedentes, no es poco su honor, ya que el Señor había prometido: Multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo.

 Vemos, pues, cómo todos éstos alcanzaron gloria y grandeza no por sí mismos ni por sus obras ni por sus buenas acciones, sino por beneplácito divino. También nosotros, llamados por su beneplácito en Cristo Jesús, somos justificados no por nosotros mismos ni por nuestra sabiduría o inteligencia ni por nuestra piedad ni por las obras que hayamos practicado con santidad de corazón, sino por la fe, por la cual Dios todopoderoso justificó a todos desde el principio; a él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

..............El mismo Hacedor y Señor de todas las cosas se alegra por sus obras. Él, en efecto, con su máximo y supremo poder, estableció los cielos los embelleció con su sabiduría inconmensurable; él fue también quien separó la tierra firme del agua que la cubría por completo, y la afianzó sobre el cimiento inamovible de su propia voluntad; él, con sólo una orden de su voluntad, dio el ser a los animales que pueblan la tierra; él también, con su poder, encerró en el mar a los animales que en él habitan, después de haber hecho uno y otros.

Además de todo esto, con sus manos sagradas y puras, plasmó al más excelente de todos los seres vivos y al más elevado por la dignidad de su inteligencia, el hombre, en el que dejó la impronta de su imagen


Así, en efecto, dice Dios: 

«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza».

 Y creó Dios al hombre; hombre y mujer los creó. Y, habiendo concluido todas sus obras, las halló buenas y las 

bendijo, diciendo: Creced, multiplicaos. 

Démonos cuenta, por tanto, de que todos los justos estuvieron colmados de buenas obras, y de que el mismo Señor 

se complació en sus obras.

Teniendo semejante modelo, entreguémonos con diligencia al cumplimiento de su voluntad, pongamos todo nuestro esfuerzo en practicar el bien.


CCI

90. ¿Tenía el Hijo de Dios hecho hombre un alma con inteligencia humana?

90. ¿Tenía el Hijo de Dios hecho hombre un alma con inteligencia humana?


El Hijo de Dios asumió un cuerpo dotado de un alma racional humana. Con su inteligencia humana Jesús aprendió muchas cosas mediante la experiencia. 

Pero, también como hombre, el Hijo de Dios tenía un conocimiento íntimo e inmediato de Dios su Padre. Penetraba asimismo los pensamientos secretos de los hombres y conocía plenamente los designios eternos que Él había venido a revelar

(Catecismo de la Iglesia Católica # 470-474 482)


91. ¿Cómo concordaban las dos voluntades del Verbo encarnado?


Jesús tenía una voluntad divina y una voluntad humana. 

En su vida terrena, el Hijo de Dios ha querido humanamente lo que Él ha decidido divinamente junto con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvación. 

La voluntad humana de Cristo sigue, sin oposición o resistencia, su voluntad divina, y está subordinada a ella. (Catecismo de la Iglesia Católica # 475 482)

--------------------------------------------La Iglesia, pues, se ocupa de la igualdad, la cooperación, la solidaridad y la paz entre todos:-

Decía el Papa: 12 DIC 2006 (VIS)…………..

-El cardenal Renato Raffaele Martino, y el obispo Giampaolo Crepaldi,  presidente y secretario del Pontificio Consejo "Justicia y Paz", presentaron en la Oficina de Prensa de la Santa Sede el Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2007, sobre el tema: "La persona humana, corazón de la paz"

"El reconocimiento del orden trascendente de las cosas es la base sobre la que se fundamenta el diálogo interreligioso y cultural para la promoción de la paz. (...) 

Para que progrese el frente de la paz, la humanidad de hoy debe tener en cuenta las normas del derecho natural, que "no han de considerarse como directrices que se imponen desde fuera, como si coartaran la libertad del hombre".


Mas adelante, el Papa afirma que "algunos bienes no son y no deben ser disponibles; se trata del derecho a la vida y del derecho a la libertad religiosa; el primero, porque es un don y el segundo pone de manifiesto "la relación del ser humano con un Principio trascendente".


Por lo que concierne al tema de la igualdad de naturaleza de todas las personas, el Santo Padre, dijo el purpurado, habla de "las desigualdades sociales y de género, que son motivos preocupantes de inestabilidad en la construcción de la paz".  


En el apartado 9, dedicado a la "ecología de la paz", ..el .Papa se plantea una serie de cuestiones que ."evidencian cómo el problema de la relación con la naturaleza esté estrechamente ligado con la construcción, entre los seres humanos y las naciones, de relaciones humanas ecológicas, es decir, respetuosas de la dignidad de la persona y de sus necesidades auténticas".


"En los apartados 10 y 11, el Santo Padre ofrece el fundamento de la ecología de la paz y la base para que crezca el "árbol de la paz". (...) Es posible con la condición de que nos dejemos guiar por "una visión correcta y lo más amplia posible de la persona humana", porque la reducción del ser humano, de su valor y su dignidad se pagan a menudo con el conflicto".


"El mensaje del Papa -prosiguió el cardenal-, afirma que la paz se hace difícil también por la indiferencia hacia lo que constituye la verdadera naturaleza del ser humano. (...) Una actitud semejante es muy peligrosa para la paz, que no puede construirse sobre el vacío y la indiferencia, porque en este caso el reconocimiento recíproco será solamente formal, convencional y provisional".


En la tercera parte del mensaje, que comprende los apartados del 12 al 15, Benedicto XVI "afirma que una paz verdadera y estable presupone el respeto de los derechos humanos anclados en una concepción "fuerte" del ser humano. (...) 

Los derechos expresan las exigencias de la naturaleza del ser humano, que brotan de la Creación. 


Nos dicen qué necesita el ser humano en su existencia para poder ser dignamente él mismo.

 Nos dicen cómo debemos tratarlo, para mantenerlo en conformidad con su dignidad.

 Los derechos humanos no soportan los continuos ataques de los que son blanco, si no redescubren constantemente estos significados".


El Santo Padre recuerda a continuación, dijo el purpurado, "la vocación original de los organismos internacionales y sobre todo de las Naciones Unidas, apremiándolos a hacerse paladines de la promoción de los derechos humanos. (..) 

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http://www.laspiedrasvivas123.com/ -------

  


 -Si guardas así la palabra de Dios es indudable que Dios te guardará a ti. 

Vendrá a ti el Hijo con el Padre, vendrá el gran profeta que renovará a Jerusalén, y él hará nuevas todas las cosas.

 Gracias a esta venida, nosotros,

que somos imagen del hombre terreno,

 seremos también imagen del hombre celestial.

 Y, así como el primer Adán irrumpió en todo el hombre y lo llenó y envolvió por 

completo, así ahora lo poseerá totalmente Cristo, que lo ha creado y redimido y que también un

 día lo glorificará.

 (San Bernardo, Sermón 5 )

canto: http://www.camino-/Dichoso


preciosa la...........Catequesis del Papa Juan Pablo II:  Salmo 62

El alma sedienta de Dios

1. El salmo 62, sobre el que reflexionaremos hoy, es el salmo del amor místico, que celebra la adhesión total a Dios, partiendo de un anhelo casi físico y llegando a su plenitud en un abrazo íntimo y perenne. La oración se hace deseo, sed y hambre, porque implica el alma y el cuerpo.Como escribe santa Teresa de Ávila, "sed me parece a mí quiere decir deseo de una cosa que nos hace tan gran falta que, si nos falta, nos mata" (Camino de perfección, c. 19).

La liturgia nos propone las primeras dos estrofas del salmo, centradas precisamente en los símbolos de la sed y del hambre, mientras la tercera estrofa nos presenta un horizonte oscuro, el del juicio divino sobre el mal, en contraste con la luminosidad y la dulzura del resto del salmo.

2. Así pues, comenzamos nuestra meditación con el primer canto, el de la sed de Dios (cf. versículos 2-4). Es el alba, el sol está surgiendo en el cielo terso de la Tierra Santa y el orante comienza su jornada dirigiéndose al templo para buscar la luz de Dios. Tiene necesidad de ese encuentro con el Señor de modo casi instintivo, se podría decir "físico".


De la misma manera que la tierra árida está muerta, hasta que la riega la lluvia, y a causa de sus grietas parece una boca sedienta y seca, así el fiel anhela a Dios para ser saciado por él y para poder estar en comunión con él.Ya el profeta Jeremías había proclamado: el Señor es "manantial de aguas vivas", y había reprendido al pueblo por haber construido "cisternas agrietadas, que no retienen el agua" (Jr 2, 13). 

Jesús mismo exclamará en voz alta: "Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba, el que crea en mí" (Jn 7, 37-38). En pleno mediodía de una jornada soleada y silenciosa, promete a la samaritana: 

"El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, 

sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna" (Jn 4, 14).

3. Con respecto a este tema, la oración del salmo 62 se entrelaza con el canto de otro estupendo salmo, el 41: "Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo" (vv. 2-3). ç

Ahora bien, en hebreo, la lengua del Antiguo Testamento, "el alma" se expresa con el término nefesh, que en algunos textos designa la "garganta" y en muchos otros se extiende para indicar todo el ser de la persona.


El vocablo, entendido en estas dimensiones, ayuda a comprender cuán esencial y profunda es la necesidad de Dios: sin él falta la respiración e incluso la vida. 


Por eso, el salmista llega a poner en segundo plano la misma existencia física, cuando no hay unión con Dios: 

"Tu gracia vale más que la vida" (Sal 62, 4). 


También en el salmo 72 el salmista repite al Señor: "Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra. Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre! (...)

 Para mí, mi bien es estar junto a Dios" (vv. 25-28).

4. Después del canto de la sed, las palabras del salmista modulan el canto del hambre (cf. Sal 62, 6-9). Probablemente, con las imágenes del "gran banquete" y de la saciedad, el orante remite a uno de los sacrificios que se celebraban en el templo de Sion: el llamado "de comunión", o sea, un banquete sagrado en el que los fieles comían la carne de las víctimas inmoladas. 

Otra necesidad fundamental de la vida se usa aquí como símbolo de la comunión con Dios: el hambre se sacia cuando se escucha la palabra divina y se encuentra al Señor.

En efecto, "no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca del Señor" (Dt 8, 3; cf. Mt 4, 4).

 Aquí el cristiano piensa en el banquete que Cristo preparó la última noche de su vida terrena y cuyo valor profundo ya había explicado en el discurso de Cafarnaúm: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. 

El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (Jn 6, 55-56).


5. A través del alimento místico de la comunión con Dios "el alma se une a él", como dice el salmista. Una vez más, la palabra "alma" evoca a todo el ser humano.

 No por nada se habla de un abrazo, de una unión casi física: Dios y el hombre están ya en plena comunión, y en los labios de la criatura no puede menos de brotar la alabanza gozosa y agradecida.


Incluso cuando atravesamos una noche oscura, nos sentimos protegidos por las alas de Dios, como el arca de la alianza estaba cubierta por las alas de los querubines. 

Y entonces florece la expresión estática de la alegría: "A la sombra de tus alas canto con júbilo" (Sal 62, 8).

 El miedo desaparece, el abrazo no encuentra el vacío sino a Dios mismo; nuestra mano se estrecha con la fuerza de su diestra (cf. Sal 62, 9).


6. En una lectura de ese salmo a la luz del misterio pascual, la sed y el hambre que nos impulsan hacia Dios, se sacian en Cristo crucificado y resucitado, del que nos viene, por el don del Espíritu y de los sacramentos, la vida nueva y el alimento que la sostiene.

Nos lo recuerda san Juan Crisóstomo, que, comentando las palabras de san Juan: de su costado "salió sangre y agua" (cf. Jn 19, 34), afirma: "Esa sangre y esa agua son símbolos del bautismo y de los misterios", es decir, de la Eucaristía.


Y concluye: 

"¿Veis cómo Cristo se unió a su esposa? ¿Veis con qué nos alimenta a todos? Con ese mismo alimento hemos sido formados y crecemos. En efecto, como la mujer alimenta al hijo que ha engendrado con su propia sangre y leche, así también Cristo alimenta continuamente con su sangre a aquel que él mismo ha engendrado" 

(Homilía III dirigida a los neófitos, 16-19, passim: SC 50 bis, 160-162).



Audiencia del Miércoles 25 de abril de 2001

Salmo.... me escrutas y



así pues creemos que........................................                

 

  -a imagen de Dios los creó-



Jesucristo, verdadero hombre (27.I.88)                                                                 (tomado de www.archimadrid.es)

1. Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre: es el misterio central de nuestra fe y es también la verdad, clave de nuestras catequesis cristológicas.

 Esta mañana nos proponemos buscar el testimonio de esta verdad en la Sagrada Escritura, especialmente en los Evangelios y en la tradición cristiana.

Hemos visto ya que en los Evangelio Jesucristo se presenta y se da a conocer como Dios-Hijo, especialmente cuando declara:

'Yo y el Padre somos una sola cosa' (Jn 10, 30), 

Cuando se atribuye a Sí mismo el nombre de Dios 'Yo soy' (Cfr. Jn 8, 58), y los atributos divinos; cuando afirma que le 'ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra' (Mt 28, 18): el poder del juicio final sobre todos los hombres y el poder sobre la ley (Mt 5, 22. 28. 32. 34. 39. 44) que tiene su origen y su fuerza en Dios, y por último el poder de perdonar los pecados (Cfr. Jn 20, 22)23), porque aun habiendo recibido del Padre el poder de pronunciar el 'juicio' final sobre el mundo (Cfr. Jn 5, 22), El viene al mundo 'a buscar y salvar lo que estaba perdido' (Lc 19, 10).


Para confirmar su poder divino sobre la creación, Jesús realiza 'milagros', es decir, 'signos' que testimonian que junto con El ha venido al mundo el reino de Dios.

2. Pero este Jesús que, a través de todo lo que 'hace y enseña', da testimonio de Sí como Hijo de Dios, a la vez se presenta a Sí mismo y se da a conocer como verdadero hombre. 

Todo el Nuevo Testamento y en especial los Evangelios atestiguan de modo inequívoco esta verdad, de la cual Jesús tiene un conocimiento clarísimo y que los Apóstoles y Evangelistas conocen, reconocen y transmiten sin ningún género de duda........

.......................................................................................Frente a estas tendencias opuestas, la Iglesia profesa y proclama 

firmemente la verdad sobre Cristo como Dios-hombre, verdadero Dios y verdadero Hombre; una sola Persona (la divina del 

Verbo) subsistente en dos naturalezas, la divina y la humana, como enseña el catecismo. 

Es un profundo misterio de nuestra fe, pero encierra en sí muchas luces....................

...............7. La resurrección confirma de un modo nuevo que Jesús es verdadero hombre: si el Verbo para nacer en él tiempo 'se 

hizo carne', cuando, resucito volvió a tomar el propio cuerpo de hombre.

 Sólo un verdadero hombre ha podido sufrir y morir en la cruz, sólo un verdadero hombre ha podido resucitar. 

Resucitar quiere decir volver a la vida en el cuerpo.

 Este cuerpo puede ser transformado, dotado de nuevas cualidades y potencias, y al final incluso 

glorificado (como en a ascensión de Cristo y en la futura resurrección de los muertos), pero es cuerpo verdaderamente humano.

 En efecto, Cristo resucitado se pone en contacto con los Apóstoles, ellos lo ven, lo miran, tocan a las cicatrices que quedaron después 

de la crucifixión y El no sólo habla y se entretiene con ellos, sino que incluso acepta su comida:

 'Le dieron un trozo de pez asado y tomándolo comió delante de ellos' (Lc 24, 42-43). 


Al final Cristo con este cuerpo resucitado y ya glorificado pero siempre cuerpo de verdadero hombre

asciende al cielo para sentarse 'a la derecha del Padre'.


8. Por tanto verdadero Dios y verdadero hombre.

 

No un hombre aparente, no un 'fantasma' (homo phantasticus), sino hombre real. 

Así lo conocieron los Apóstoles y el grupo de creyentes que constituyó la Iglesia de los comienzos. Así nos hablaron en su testimonio.




y Juan P II comenta en sus catequesis:   



"Aquí tenéis al hombre". 

Esta expresión encierra en cierto sentido toda la verdad sobre Cristo verdadero hombre: sobre Aquél que se ha hecho "en todo semejante a nosotros excepto en el pecado"; sobre Aquél que "se ha unido en cierto modo con todo hombre" (cf. Gaudium et spes, 22). 


Lo llamaron "amigo de publicanos y pecadores". Y justamente como víctima por el pecado se hace solidario con todos, incluso con los "pecadores", hasta la muerte de cruz. Pero precisamente en esta condición de víctima, a la que Jesús está reducido, resalta un último aspecto de su humanidad, que debe ser aceptado y meditado profundamente a la luz del misterio de su "despojamiento" (Kenosis).


 Según San Pablo, Él, "siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz" (Fil 2, 6-8)



y sigue de forma preciosa:

..........................................5. La misión mesiánica de Jesús encontró desde el principio objeciones e incomprensiones, a pesar de los "signos" que realizaba. Estaba bajo observación y era perseguido por los que ejercían el poder y tenían influencia sobre el pueblo. 


Por último, fue acusado, condenado y crucificado: la más infamante de todas las clases de penas de muerte, que se aplicaba sólo en los casos de crímenes de extrema gravedad especialmente, a los que no eran ciudadanos romanos y a los esclavos. 


También por esto se puede decir con el Apóstol que Cristo asumió, literalmente, la "condición de siervo" (Fil 2, 7).



6. Con este "despojamiento de sí mismo", que caracteriza profundamente la verdad sobre Cristo verdadero hombre, podernos decir que se restablece la verdad del hombre universal: se restablece y se "repara". 


Efectivamente, cuando leemos que el Hijo "no retuvo ávidamente el ser igual a Dios", no podemos dejar de percibir en estas palabras una alusión a la primera y originaria tentación a la que el hombre y la mujer cedieron "en el principio": "seréis como dioses, conocedores del bien y del mal" (Gén 3, 5). 



El hombre había caído en la tentación para ser "igual a Dios", aunque era sólo una criatura. 


Aquél que es Dios-Hijo, "no retuvo ávidamente el ser igual a Dios" y al hacerse 


hombre "se despojó de sí mismo", rehabilitando con esta opción a todo hombre, 


por 

pobre y despojado que sea, en su dignidad originaria.



......................................y termina



........................................................................9. No podemos terminar sin hacer una última alusión al hecho de que Jesús ordinariamente habló de sí mismo como del "Hijo del hombre" (por ejemplo Mc 2, 10. 28; 14, 67; Mt 8, 20; 16, 27; 24, 27; Lc 9, 22; 11, 30;Jn 1, 51; 8, 28; 13, 31, etc.). 

Esta expresión, según la sensibilidad del lenguaje común de entonces, podía indicar también que Él es verdadero hombre como todos los demás seres humanos y, sin duda, contiene la referencia a su real humanidad.



Sin embargo el significado estrictamente bíblico, también en este caso, se debe establecer teniendo en cuenta el contexto histórico resultante de la tradición de Israel, expresada e influenciada por la profecía de Daniel que da origen a esa formulación de un concepto mesiánico (cf. Dn 7, 13-14). 


"Hijo del hombre" en este contexto no significa sólo un hombre común perteneciente al género humano, sino que se refiere a un personaje que recibirá de Dios una dominación universal y que transciende cada uno de los tiempos históricos, en la era escatológica.




En la boca de Jesús y en los textos de los Evangelistas la fórmula está por tanto cargada de un sentido pleno que abarca lo divino y lo humano, cielo y tierra, historia y escatología, como el mismo Jesús nos hace comprender cuando, testimoniando ante Caifás que era Hijo de Dios, predice con fuerza: 

"a partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Padre y venir sobre las nubes del cielo" (Mt 26, 64). 


En el Hijo del hombre está por consiguiente inmanente el poder y la gloria de Dios.




 Nos hallamos nuevamente ante el único Hombre-Dios, verdadero Hombre y verdadero Dios.


 La catequesis nos lleva continuamente a Él para que creamos y, creyendo, oremos y


 adoremos.





.............................


San Pedro Crisólogo:

Aquel primer Adán fue creado por el segundo, de quien recibió el alma con la cual empezó a vivir; el último Adán, en cambio, se configuró a sí mismo y fue su propio autor, pues no recibió la vida de nadie, sino que fue el único de quien procede la vida de todos. Aquel primer Adán fue plasmado del barro deleznable; el último Adán se formó en las entrañas preciosas de la Virgen. En aquél, la tierra se convierte en carne; en éste, la carne llega a ser Dios.

Y ¿qué más podemos añadir? Este es aquel Adán que, cuando creó al primer Adán, colocó en él su divina imagen. De aquí que recibiera su naturaleza y adoptara su mismo nombre, para que aquel a quien había formado a su misma imagen no pereciera. El primer Adán es, en realidad, el nuevo Adán; aquel primer Adán tuvo principio, pero este último Adán no tiene fin. Por lo cual, este último es, realmente, también el primero, como él mismo afirma:

 Yo soy el primero y yo soy el último.

«Yo soy el primero, es decir, no tengo principio. Yo soy el último, porque, ciertamente, no tengo fin. No es primero lo espiritual –dice–, sino lo animal. Lo espiritual viene después. El espíritu no fue lo primero –dice–, primero vino la vida y después el espíritu». Antes, sin duda, es la tierra que el fruto, pero la tierra no es tan preciosa como el fruto; aquélla exige lágrimas y trabajo, éste, en cambio, nos proporciona alimento y vida. Con razón el profeta se gloría de tal fruto, cuando dice: Nuestra tierra ha dado su fruto. ¿Qué fruto? Aquel que se afirma en otro lugar: A un fruto de tus entrañas lo pondré sobre tu trono. Y también: El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo. 

contraste>>>>>>>






9. ¿Cómo expresa la Iglesia el misterio de la Encarnación? 

La Iglesia expresa el misterio de la Encarnación afirmando que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre; con dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la Persona del Verbo.
 Por tanto, todo en la humanidad de Jesús –milagros, sufrimientos y la misma muerte– debe ser atribuido a su Persona divina, que obra a través de la naturaleza humana que ha asumido. (Catecismo de la Iglesia Católica # 464-469 479-481) 


«¡Oh Hijo Unigénito y Verbo de Dios! 

Tú que eres inmortal, te dignaste,



para salvarnos, tomar carne de la santa Madre de Dios y siempre Virgen María

 (...) Tú, Uno de la Santísima Trinidad, 

glorificado con el Padre y el Espíritu Santo, ¡sálvanos!» 

(Liturgia bizantina de san Juan Crisóstomo).


90. ¿Tenía el Hijo de Dios hecho hombre un alma con inteligencia humana?

El Hijo de Dios asumió un cuerpo dotado de un alma racional humana. 

Con su inteligencia humana Jesús aprendió muchas cosas mediante la experiencia. 

Pero, también como hombre, el Hijo de Dios tenía un conocimiento íntimo e inmediato de Dios su Padre. 

Penetraba asimismo los pensamientos secretos de los hombres y conocía 

plenamente los designios eternos que Él había venido a revelar. (Catecismo de la Iglesia Católica # 470-474 482)


91. ¿Cómo concordaban las dos voluntades del Verbo encarnado?


Jesús tenía una voluntad divina y una voluntad humana. 

En su vida terrena, el Hijo de Dios ha querido 

humanamente lo que Él ha decidido divinamente junto con el Padre y el Espíritu Santo para 

nuestra salvación. 

La voluntad humana de Cristo sigue, 

sin oposición o resistencia, su voluntad divina, y está subordinada a ella.

(Catecismo de la Iglesia Católica # 475 482)


2. ¿Tenía Cristo un verdadero cuerpo humano? 

Cristo asumió un verdadero cuerpo humano, mediante el cual Dios invisible se hizo visible.
 Por esta razón, Cristo puede ser representado y venerado en las sagradas imágenes. (Catecismo de la Iglesia Católica # 476-477) 

93. ¿Qué representa el Corazón de Jesús? 

Cristo nos ha conocido y amado con un corazón humano. 
Su Corazón traspasado por nuestra salvación es el símbolo del amor infinito que Él tiene al Padre y a cada uno de los hombres. (Catecismo de la Iglesia Católica # 478) 

(tomado del Compendio 
del Catecismo de la Iglesia Católica)
tomado de:





                                  

 



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