Acerca de "Sobre la educación"


Edwin Mauricio Cortés Sánchez

 ENRIQUE JOSÉ VARONA: "SOBRE LA EDUCACIÓN"

 

El instituto y la universidad son en puridad los árbitros de la reforma. Por sus programas se ha de estudiar; y con sus programas se ha de acreditar en la suficiencia. En ellos reside el derecho exclusivo de examen y ellos son los únicos que pueden expedir títulos válidos.

Enrique José Varona.[1]

 

Como  ejercicio  para  la  asignatura  “Textos filosóficos del siglo XIX”,  de la  Maestría en  Filosofía Latinoamericana de la Universidad  Santo Tomás (Bogotá, Colombia),  queremos  acceder  a cinco  textos  sobre la educación  de Enrique José Varona  vistos en un primer momento  sin acotaciones  o referencias  de autores  eruditos  y especialistas  en la filosofía, literatura o pedagogía de este pensador cubano. Esta aproximación al texto permite de alguna manera realizar una epojé para su interpretación,  lo que el autor  nos quiso decir  en con sus palabras y conceptos,  así,  independientes ya por ser una creación, vuelven a nosotros para ser interpretados, asidos, comprendidos en su intención primaria y existencial que preocupó a Varona y que le inspiró para su composición.

 En una segunda parte intentaremos hacer una aproximación a las temáticas e intenciones de los textos acorde con otras fuentes –secundarias- para tratar los aspectos relacionados con el contexto, otras producciones y la vigencia de su producción ya centenaria.

 

0.      INDAGACIÓN BIBLIOGRÁFICA SOBRE LOS TEXTOS DE ENRIQUE JOSÉ VARONA CITADOS EN LA COMPILACIÓN QUE HACE LEOPOLDO ZEA PARA REFERIRSE A LAS IDEAS DE LA EDUCACIÓN

  Los cinco textos contenidos en la compilación realizada por Leopoldo Zea[2] y publicada por la editorial Ayacucho carecen de una buena referencia bibliográfica, por lo que consideramos necesario indagar en otras fuentes para descubrir que la misma extensión de textos (pero referenciados) ya se había realizado en la compilación publicada por la editorial Losada de Argentina; dicha compilación está disponible en el texto que lleva por título El pensamiento vivo de Varona, y es presentada y comentada por Félix Lizaso[3] en el año del centenario del nacimiento de Enrique José Varona (1949). De tal manera se repiten de una edición a otra los apartes tomados para realizar una periodización que recopila ideas sobre la educación en el pensamiento del autor que nos ocupa.

 Comparando las ediciones anteriormente nombradas con la recopilación que realizó en 1961 la Comisión Nacional Cubana de la UNESCO y el Ministerio de Educación de Cuba[4] encontramos que los textos citados por Félix Lizaso (y luego copiados por Leopoldo Zea) corresponden a un texto de 1882 (titulado: Ideas de Mlle de Scudery sobre la educación de las mujeres), luego tres artículos publicados en la Revista Cubana en 1886, 1887 y 1889 (titulados: El Clericalismo en la Universidad, Las niñas en la segunda enseñanza y Los exámenes y el programa) y terminando con el grueso del Discurso leído en la Universidad de La Habana en la apertura del curso académico de 1903 a 1904. Los discursos de Varona no corresponden en extensión a los textos originales, por lo que la edición preparada por Leopoldo Zea no nos es útil como fuente primaria para enfrentar el pensamiento sobre la Educación de Enrique José Varona. Si observamos las fechas de los discursos vemos que hay un salto de 1889 a 1903. Es comprensible esta situación, dados los acontecimientos convulsionados de la lucha de la emancipación, pero tenemos referencias de discursos sobre la educación fechados en 1890, 1895 y son abundantes los de 1899. Con estas aclaraciones comenzamos nuestro trabajo de análisis sobre los textos.

  

1.      IDEARIOS Y ESTRUCTURA DE CINCO TEXTOS SOBRE LA EDUCACIÓN DE ENRIQUE JOSÉ VARONA.

 En el orden cronológico presentaremos cinco discursos que Enrique José Varona presentó durante el periodo de 1882 a 1903. Primero el titulado “Ideas de Mlle de Scudery sobre la educación de las mujeres (1882)”, luego “El Clericalismo en la Universidad (1886)”, “Las niñas en la segunda enseñanza (1887)”, “Los exámenes y el programa (1889)” y por último el “Discurso leído en la Universidad de La Habana en la apertura del curso académico de 1903 a 1904”.

 1.1.  Texto: “Ideas de Mlle de Scudery sobre la educación de las mujeres (1882)”

 Esta Conferencia fue pronunciada en el Nuevo Liceo de La Habana el 9 de diciembre de 1882 y sugiere que en su integridad sea denominada –guardando las proporciones de las determinaciones históricas- como una apologética de los derechos de la mujer. En el comienzo pone de manifiesto su deseo de hablar de la mujer destacando una “célebre escritora que se ocupó con predilección de los problemas que se relacionan con la mujer en el hogar y en el mundo”[5]; Varona se refiere a Mlle Magdalena de Scudery en cuya experiencia e ideas se apoya para propugnar que a la mujer le sea restituido su valor, tenga mayores oportunidades y se mejore su condición.

 Como buen positivista y con las influencias del historicismo de Spencer, en la parte inicial de la conferencia enuncia lo que podemos denominar una “historia para la libertad de la mujer”; comienza nombrando sus condiciones en el contexto de la antigüedad clásica: la mujer en el gineceo griego sólo “ejercitaba sus manos industriosas y aplicaba su atención sólo a regir las faenas de sus servidoras”[6], en Roma la primera de las esclavas sólo deseaba alcanzar  renombre en la casa, y cuando se liberó “fue para hastiar al mundo con sus escándalos”[7]. En el Cristianismo toma un papel “protagónico” trabajando junto al hombre en la difusión del Evangelio, mientras que los filósofos platónicos la excluyen acordes con su ideal trascendente de purificación anímica. En el Renacimiento se deifica la figura femenina convirtiéndose en “señora para los sentidos, hace su entrada triunfal en el mundo del espíritu”[8].

 Es en Italia donde la cultura refinada del Renacimiento hace resplandecer algunas mujeres que “encadenaban con su belleza y los ornamentos de su inteligencia a los príncipes del poder y a los príncipes del arte”[9]. Esa influencia italiana llega a Francia y en París el famoso hotel Rambouillet -foco del italianismo- será el Salón que “fue el árbitro del bueno y del mal gusto en la conversación, en la elocuencia, en la poesía y en el teatro. Si allí reinó Marini, allí discutieron Voitaire y Balzac y por allí pasaron para llegar a la inmortalidad Corneille y Bossuet”[10]. A éste salón perteneció la escritora Magdalena de Scudery, nombre olvidado después de una vida de reconocimientos por su gran talento como escritora, buena conversadora e ingeniosa para la “observación y el análisis de los caracteres y pasiones humanas”[11].

 Como se acaba de recrear, el esfuerzo de reconstrucción histórica hecho por Varona tiene como corolario el enaltecimiento de la mujer en el Renacimiento italiano, su expansión e influencia a Francia y lo destacado del Salón Ramboullet en donde tenían oportunidad para la discusión, las letras, el arte y todo tipo de preparación y estudios antes vedados para ellas. A éste círculo de erudición perteneció Mlle de Scudery de quien Varona destaca la capacidad de defender su género, de entregarse a la causa de la mujer y del rescate de su dignidad, aunque sus aportes han sido olvidados por el paso del tiempo opacándose su verdadero compromiso en pro de la reivindicación de los derechos del género femenino, los derechos y oportunidades frente al matrimonio, pero en especial, el tema de su educación.

 Varona confirma cómo Mlle de Scudery exigía que la mujer fuese educada para ir más allá de la exterioridad y modales protocolarios, cita a esta autora:

 «Nuestro lote es la belleza –dice una de sus heroínas-; de donde se concluye que se nos debe ahorrar la molestia de aprender las ciencias y las artes, y que la ignorancia no es un defecto en nosotras, puesto que, con ser bastante agradable y poseer una inteligencia mediana y mucha modestia, ya hay lo suficiente para una mujer cabal. Sin embargo, estoy persuadida de que las mujeres son capaces de todas las grandes virtudes, y aun de que tienen más sagacidad que la mayor parte de los hombres (…)»[12]

 Mlle. de Scudery “sabía ver más allá de la superficie” y exigía que la mujer recibiese una educación muy sólida, coherente, afín con las exigencias históricas y compromiso con el desarrollo social. Es por tanto necesario que exista

 Una educación muy sólida porque la mujer es un ser sensible e inteligente (…) Pues ha de vivir y es lucha la vida, dejadla tomar las mejores armas, las de la ciencia (…) Una educación sólida porque la mujer es un ente moral … Ayuda para el Estado por cuando es importante su papel en el hogar. De ello depende la prosperidad o la ruina. (…) Una educación muy sólida, porque la mujer es un miembro de la sociedad, y cuando por excepción vive solo para sí, debe conocer los derechos que la guardan, como conoce los deberes que practica, y no hay razón para que la dejéis indefensa cuando se queda en el aislamiento. Puesto que es una persona jurídica, abridle los secretos de la ley (…) Una educación muy sólida y muy espiritual, para que se desarrollen armónicamente facultades que están en lastimoso desequilibrio (…)[13].

 Varona valora lo que hizo Mlle de Scudery y con ella intenta rescatar la mujer para que desarrolle su papel social, sostenga y constituya las bases sólidas del ambiente familiar y que su preparación académica también sea en “carreras científicas reservadas hace poco a los hombres (…) Desde que esto ha sucedido con tanta frecuencia que ha llegado a fijar la atención, ya no era posible, sin riesgo inminente para el individuo y para la sociedad, aplazar más tiempo la reforma de la educación de las mujeres”[14].

 Mlle de Scudery es la excusa para que se justifique el deseo varoniano de restitución histórica a la vez que exigencia proyectiva para que la mujer sea tomada en cuenta, sea educada, se le abran espacios sociales que antes no tenía, en fin, participe mucho más directamente con el desarrollo social.

 

1.2.  Texto: “El Clericalismo en la Universidad (1886)”

 Enrique José Varona dirige este discurso en contra del doctor Serrano quien había realizado la oración inicial del curso académico de 1886 – 1887. Comienza con un epígrafe de Fontenelle: “Nos pères, en se trompant, nous ont épargné leurs erreurs”[15]. Con esta sentencia desea persuadir a quienes van a continuar con las ideas expuestas en su discurso; desea persuadir a todo hombre que se sienta equivocado y quiera evitar los errores antes cometidos por la generación de sus padres.

 La intención es clara al proclamar la lucha contra el pasado que debe ser reconocido, pero no por ello determinante de nuestras acciones y pensamientos: “El pasado debe estar siempre ante nuestro ojos, mas no para envolverlo en una aureola de luz intensa que nos deslumbre, sino para escudriñarlo sin pasión y arrancarle sin temor sus enseñanzas”[16]. Varona se refiere a la admiración por el clericalismo y la filosofía Escolástica que ya es pasada y debe superarse porque si no la sociedad se inmoviliza, luego, de principio observa que “las revoluciones en sentido inverso, las contrarrevoluciones son siempre tan efímeras como funestas, y en el fondo una gran quimera”[17]. No es posible volver al pasado, no es posible seguir estancados proponiendo como alternativa y novedad algo que no es tal. Equivocado está el discurso anacrónico del doctor Serrano que no sólo se apega al pasado sino que prescinde de las nuevas condiciones científicas y técnicas por las que Cuba y otras naciones comenzaban a adquirir en la finalización del siglo; el doctor Serrano intenta retomar problemas teológicos en un país que ha superado estas preocupaciones.

 El tema religioso es fundamental en este discurso varoniano. Cuba debe mirar a Norteamérica y admirar “(…) lo que significa para la tranquilidad pública y la prosperidad social, la libertad de conciencia y la libertad de todas las confesiones religiosas”[18]. Una nación no debe tener ningún tipo de apego a un credo religioso en especial, en el caso cubano no se debe apegar unilateralmente al catolicismo porque “una religión oficial trae como corolario una clase sacerdotal privilegiada; es decir, organizada para resistir con todo su enorme poder a las innovaciones del pensamiento, por las cuales se transforman y mejoran las sociedades”[19]. Varona incita a la emancipación mental, invita al desapego de los dogmas religiosos en pro de la libertad personal y nacional; admira el ejemplo y la importancia de la Reforma durante el Renacimiento citando el caso inglés y comparándolo con el estancamiento de España.

 La crítica de Varona a la religión no defiende concepciones ateas, sino que su deseo es la “libertad de la conciencia”. El Estado debe secularizarse y no involucrarse en los asuntos privados de la religión y las prácticas individuales de ella: “(…) el estado sin religión no quiere decir los individuos sin religión. Significa solo que el estado, guardador de la libertad de toda conciencia, no paga ningún culto, ni coloca en situación privilegiada a ningún clero”[20]. Para Varona las expresiones religiosas tendrán su forma de acuerdo a las condiciones y características étnicas e históricas de cada pueblo, también de cada conciencia, no deben existir dogmas preestablecidos y exigidos legalmente por los estados, el asunto es libre y personal, debe existir la “libertad de culto”. Aún más, la religión debe estar fuera del proceso de la educación porque constituye un peligro para la libertad y de la actitud crítica. Si se enseñan dogmas estos deben ser recibidos irreflexivamente porque no se pueden refutar. Son dogmas y allí no hay espacio para plantearse el problema de la posibilidad del conocimiento.

 Varona para su exposición se apoya en la historia: La Grecia clásica no tenía bajo ningún motivo una “escuela de doctrina”; sino que la gran virtud enaltecida era el patriotismo y todos los ciudadanos estaban comprometidos por medio de la virtud a alcanzar una vida feliz que puedan heredar a sus descendientes. No así en el medioevo; se vivió del despotismo y no hubo patriotismo porque el siervo no se sentía arraigado a “su terruño”, no tenía derechos. Por tanto si ha de buscarse la herencia antigua, ha de ser en ciertas “comunidades que lograron salvar residuos de su organización municipal, su pequeña porción de la herencia romana”[21].

 En asuntos sobre la educación y la religión, Varona por su influencia positivista da mayor importancia a “una religión positiva, para adelantar en el conocimiento del hombre y de su historia”[22] en contra de una creencia en un mundo suprasensible.

 No al pasado enaltecido, no a la escolástica como método ni a sus temas, no a la religión impuesta por el Estado ni mucho menos su enseñanza son las proclamas de este discurso en contra del doctor Serrano y su apego a la tradición y clericalismo.

 

1.3.  Texto: “Las niñas en la segunda enseñanza (1887)”

 Varona se interesa por la educación de la mujer y por su compromiso con el desarrollo social. Comienza este artículo publicado en la Revista Cubana  el 31 de marzo de 1887 planteándose tres preguntas fundamentales:  

[1] ¿Deben las niñas estudiar las mismas materias y del mismo modo que los varones?

[2] Si no, ¿debe organizarse una instrucción superior especial para las niñas?

[3] ¿Basta hacer accesible a las niñas la enseñanza profesional para tener organizada esa instrucción?[23].

 Considera que la última pregunta es la que se pone en práctica pasando irreflexivamente por los dos cuestionamientos anteriores. Este sobrepaso e irreflexión sobre el problema de la educación del género femenino es el que ha traído dificultades sociales porque no toma en cuenta la verdadera dimensión y los alcances de la implantación de los programas y la condición específica de la mujer en la sociedad. “Una cosa es educar bien y ampliamente a las mujeres, y otra darles las misma instrucción que a los hombres; una es el derecho que posee la mujer de elegir la profesión o carrera para que tenga aptitud o por la que sienta inclinación, y otra la utilidad práctica que para el mayor número ofrezca la instrucción profesional”[24].

 Varona llama la atención sobre la planeación educativa. La educación debe estar intencionada, debe buscar un fin. Este fin es permitir que el niño se dote de las aptitudes que necesita para desarrollar su vida fácilmente y si se puede “con ventaja”.

“Todo lo que hay, pues, de común en ambos sexos debe cultivarse del mismo modo; y nadie abogaría hoy por ninguna limitación, en lo que se refiere al desarrollo de la inteligencia de una niña ni al cultivo atinado de su sensibilidad”[25]. Pero existen las diferencias y condicionamientos que hacen específica la educación para la mujer respecto de la del hombre. Esto es, por la “diferencia de carácter y sentimiento, y por la diferencia del papel que han de desempeñar en la familia y en el mundo”[26]. Aquí se reafirma la no educación por igual para el hombre y la mujer, sino de manera especial para la mujer a quien le corresponde la tarea de ser maestra: “toda madre debe ser maestra” porque tiene la responsabilidad de encaminar la sociedad hacia el progreso partiendo del hogar. Varona reconoce en la familia el fundamento primario y constituyente de la sociedad. Razón por la cual determina en ella la función de la mujer.

 Si bien existe una formación para la generalidad de las mujeres (en el bachillerato), hay que abrirles el paso para que excepcionalmente accedan a la formación superior:  “(…) al Estado basta que hayan existido y existan inteligencias femeninas capaces del más amplio desarrollo, y de abarcar la escala más extensa, en los conocimientos humanos, para que se encuentre obligado a remover todos los obstáculos que pudieran cerrar el paso a las que posean o crean poseer esa capacidad”[27].

 Varona pide que se eduquen mujeres en la Universidad, pero no a la generalidad sino en características muy especiales. Para el autor la educación superior de la mujer es excepcional. Por un lado por su condición está en desventaja frente al hombre en lo concerniente al estudio: “Conviene meditar esta frase pronunciada no hace mucho, por un educador eminente, el doctor Withers-Moore: «las mujeres están constituidas para ser, deben ser, no hombres, sino madres de hombres»”[28]. El problema consiste en saber hasta dónde puede haber empatía en el hecho de ser profesional y el oficio de ser madre. “(…) la mujer que se dedica a las profesiones que hasta ahora le han sido extrañas (…) acepta el celibato –necesidad que ha reconocido una escritora muy sagaz, Mrs. E. Lynn Linton-, y esto constituye una pérdida positiva para la sociedad”. Varona con su “determinismo” sobre la mujer hace una resta simple: una profesional más es una madre menos en la sociedad, y viceversa, porque en el caso de casarse “con muy contadas excepciones tiene que renunciar a su carrera; lo que constituye una pérdida positiva para el individuo, que ha consagrado sus mejores años a una labor, por lo menos, ociosa”[29].

 Optimizando la mejor opción, Varona se decide por la educación generalizada en el bachillerato y la educación superior debe estar de acuerdo con los requerimientos excepcionales de las mujeres a las que se da la oportunidad de profesionalización. En el caso cubano, falla el programa de bachillerato porque se enseñan cosas inoficiosas; se enseña el Latín sin encontrarle utilidad, se aprenden algunas cosas pero sin encontrarle verdadero valor. Afirma Varona que éste problema en el caso del hombre puede ser superado y corregido después de haber pasado la etapa de educación secundaria, no así la mujer, para quien no se ha diseñado correctamente el programa de educación en el bachillerato, se ve afectada porque las correcciones que se pudiesen realizar y el acceso a la carrera profesional es muy limitada. La alternativa por tal motivo es “la organización de la enseñanza secundaria para las niñas cubanas”[30].

 

1.4.  Texto: “Los exámenes y el programa (1889)”

 Este artículo fue publicado en la Revista Cubana  el 30 de septiembre de 1889. El autor realiza fuertes críticas al programa y a los exámenes:

 si se estudia meramente para pasar en unos exámenes, el programa es un instrumento más o menos abonado para ese objeto; porque es claro que si me propongo responder a una serie de preguntas convenidas de antemano, lo mejor que puedo hacer, y quizás lo único, es aprenderme una serie de respuestas convenientes. Pero si se estudia para conocer una materia, el programa, no solo deja de ser instrumento inadecuado, sino que se convierte en un estorbo peligroso[31].

 El programa está en contra de la libertad, crea esquemas generalmente infranqueables unidos a los textos. No permite que se amplíe el espectro del conocimiento, sino que lo encasillan en fórmulas y prácticas dogmáticas de la educación. También los exámenes encarnan una profunda contradicción: “Por fuerza el oficio de examinar se convierte en una operación automática. La culpa no es de los que examinan, ni de los que se examinan. Es el sistema, que ha convertido lo accesorio en principal; el examen, que no es sino una prueba, en fin y objetivo de la enseñanza”[32].

 Es absurdo si el estudio tiene como objetivo el examen porque no hay una preocupación más allá de él. No existe la libertad de elección cuando se exigen exámenes precisos. Las preguntas ya tienen intencionada la respuesta que se quiere, ya pide a quien lo soluciona que responda lo planteado previamente en la mente del evaluador quien le exige con sus palabras la respuesta correcta para su interpretación. Los exámenes son unidireccionales, se imponen al estudiante por parte del evaluador quien pregunta; en esta unidireccionalidad no hay libertad.

 

1.5.  Texto: “Discurso leído en la Universidad de La Habana en la apertura del curso académico de 1903 a 1904”

 La Universidad de la Habana se inauguró en 1903 con las palabras esperanzadoras de Enrique José Varona sobre la importancia social de la educación. Sólo por la educación Cuba puede lograr su autonomía. Pero una educación comprometida y atenta al desarrollo de la ciencia y ésta al servicio de la civilización: “Su más alta incumbencia consiste en formar hombres cada vez más aptos de realizar la plena vida humana y más capaces de asegurar a su país condiciones favorables al desarrollo armónico y continuado de sus elementos de bienestar, cultura y moralidad superior”[33].

 Se puede leer en Varona lo que significa y es el valor de la educación: Educar es “(…) intervenir en la adaptación del individuo al mundo circunstante y a la sociedad, facilitarla y dirigirla, para procurar que la ineludible ley de selección se convierte en instrumento de progreso personal y colectivo”[34]. La educación así vista en términos positivistas debe unir la responsabilidad del individuo frente a la sociedad y sus distintos niveles deben estar concatenados y articulados. Es necesario que la educación comenzada por párvulos, luego la primaria, la escuela superior y la Universidad esté ordenada y coordinada. El objetivo es “que sean concéntricos, que estén no sólo subordinados, sino sólidamente coordinados. Porque la educación, cualquiera que sea el cuerpo docente que la dispense, es fundamentalmente la misma función; sus diferencias deben ser solo diferencias en grado, diferencias cuantitativas, de ninguna suerte diferencias cualitativas”[35].

 Pasar por la escuela significa formarse como ciudadano. La educación debe ser planeada correspondiendo a los retos que se traza el Estado para construir sociedad. No es el azar sino la articulación de los medios la que le da forma y contenido a la educación en medio de una sociedad que necesita dividir el trabajo teniendo en cuenta las diferencias de las capacidades humanas. Aquí recae la responsabilidad del Estado a quien le corresponde de una u otra manera realizar procedimientos especiales de selección. El Estado como garante legítimo del sostenimiento de una sociedad ejerce una educación selectiva de acuerdo a las determinaciones que por el beneficio común se ve obligado a tomar. En este orden de ideas, el Estado ve la sociedad en su conjunto, pero privilegia al individuo que es seleccionado. Así en la educación superior y acceso a la Universidad no todos tienen las mismas oportunidades:  

No congrega la Universidad, no puede, no debe congregar a todos los jóvenes de un país, porque esto constituiría inútil y peligroso despilfarro de tiempo y trabajo, sino a los más aptos. Los más aptos porque tengan salud y vigor bastantes, y porque traigan la preparación mental adecuada y la capacidad intelectual conveniente. Los más aptos, porque puedan dedicar a los ejercicios universitarios el tiempo debido, gracias a su situación económica o a la de sus familias; o bien, porque puedan y sepan compartir su tiempo entre las labores de la inteligencia y las que se requieren para ganarse el sustento. Los más aptos porque tengan mejor disciplina la voluntad, para sacrificar el goce fácil, el goce fútil de la hora presente al claro y alentador propósito de dar los años necesarios a la importante tarea de completar su aprendizaje de la vida, su educación de hombres[36].

 Parece discriminatoria la concepción selectiva en el acceso a la educación superior, pero lo que hay en el interior de Varona es la creencia en el deseo de superación humana. Con este deseo no sólo ricos vayan a la Universidad, sino que también los jóvenes inteligentes y autónomos que saben distribuir su tiempo, organizar labores extras para el sostenimiento y ayuda, en fin, jóvenes que hacen esfuerzos por alcanzar como meta la educación superior. Varona retoma en ésta idea el modelo estadounidense de Universidad en donde los jóvenes trabajan para darse su estudio.

 Las dificultades y el carácter selectivo para el acceso a la educación universitaria exige según Varona el trabajo en equipo, la solidaridad de personas que semejantes en su condición de estudiantes se coadyuvan: La Universidad que reúne a varios jóvenes “Ha de tender a que se reconozcan como miembros de una vasta corporación, investida de alta dignidad, por los trascendentes fines de su instituto; ha de procurar que sepan que están colaborando en una gran obra colectiva, de la que es parte, pero solo parte, su provecho personal”[37]. Varona utiliza –de manera organicista- la metáfora de la colmena para explicar el trabajo ordenado de los estudiantes ayudándose los unos a los otros en el medio universitario.

 La Universidad es reflejo de la sociedad y debe estar organizada. Debe tener leyes que defiendan la libertad pero que limiten su “maximun” mal interpretado en deseos anarquistas y egoístas. Es un ambiente y espacio para la socialización en donde los estudiantes se reúnen y confederan para ejercitarse y competir en todos los juegos atléticos, forman sociedades literarias, musicales y de recreo, pero en especial, la Universidad es un espacio  donde existe la responsabilidad científica: ”Su verdadero papel consiste en constituir el centro intelectual de una comarca o de todo un país. El Laboratorio científico de la nación, la ha llamado el profesor Nohle. Su oficio, a este respecto, es recoger, como en un foco radioactivo, la ciencia existente, propagarla y en cuanto sea posible, aumentarla”[38]. Se justifica entonces el compromiso con la investigación, la experimentación y la crítica. El estudiante universitario mantiene el espíritu de independencia personal autoderminándose como proyección del hombre en cuanto persona.

 Varona reafirma la libertad como valor principal en la Universidad. Superada la escolástica, el magíster dixit “La enseñanza universitaria ha de ser por tanto eminentemente liberal; es decir que debe fecundar el espíritu, para que este vuele con sus propias alas y escoja por su propio impulso la región del espacio, que le promete más dilatados y luminosos horizontes”[39]. La Universidad es el semillero de ciudadanos y líderes de la patria. Allí están quienes se comprometen con el trabajo común por la sociedad en representación de sus conciudadanos. El estudiante debe estar acorde con esta responsabilidad y por tanto, asumir el poder encaminándose a la prosperidad y “engrandecimiento de la patria”. El camino es la democracia guiada por hombres aptos –educados-, y no por mediocres que llevan la sociedad a tientas y al azar. Estos hombres formados correctamente no hacen todo para su propio bien, para sí, sino que tienen “(…) conciencia que no están, que no pueden estar aislados, y que ese combate singular tiene por objeto que lo ennoblece, la salud y el perfeccionamiento de sus semejantes”. El individuo que se forma, tiene compromiso consigo mismo, y como sujeto social, tiene compromiso con sus semejantes.

 

2.      UBICACIÓN DE LOS TEXTOS EN SU CONTEXTO. APUNTES DE FUENTES SECUNDARIAS

 En esta parte del trabajo se tratarán cuatro aspectos que permitirán la contextualización del texto, a saber, una aproximación a la época y a la bibliografía del autor, la relación de los textos con algunos otros escritos del autor sobre la educación, las interpretaciones que algunos estudiosos de Varona han dado a los problemas tratados en los cinco textos que sobre la educación se analizaron en la primera parte de este trabajo, como conclusión, la vigencia de los textos y terminaremos con un record bibliográfico que de alguna manera oriente a los interesados en el tema para indagaciones ulteriores.

 2.1. Aspectos de la época histórica en la que se ubica el pensador y biografía.

José Enrique Varona (1849 – 1933)

 Enrique José Varona nació el 13 de abril de 1849 en la ciudad de Santamaría de Puerto Príncipe (en la actualidad Camagüey). Hijo del abogado Agustín José Varona y María Dolores Pera Beltrán. En Cuba por aquel entonces la crisis ideológica de los liberales, la agresividad británica y la inestabilidad política de la metrópoli se unen para dar fuerza al movimiento anexionista a los Estados Unidos[40]. Varona cursó su primaria Camagüey y la Habana; de 1862 a 1866  hace sus estudios de secundaria en las Escuelas Pías de Camagüey. En el año 1867 comienza sus colaboraciones en El Fanal, en esa misma ciudad. Luego, en el año de 1868 es elegido para dirigir la Sección de Literatura y Ciencias de la Sociedad Popular de santa Cecilia de Puerto Príncipe. Ese mismo año estalla la guerra liderada por Francisco Vicente García, Pedro (Perucho) Figueredo, Carlos Manuel de Céspedes, Vicente García, Salvador Cisneros Betancourt y Miquel Jerónimo Gutiérrez, nombres que “ejemplifican a terratenientes revolucionarios que se empeñaron en expulsar España de Cuba”[41].

 Varona se incorpora al campo de batalla en una guerra que duró diez años (1868-1878) y terminó con el convenio denominado “Paz del Zanjón” (10 de febrero de 1878)  

el general español Arsenio Martínez Campos (…) supuso la entrega de las armas de los insurrectos cubanos y el compromiso, por parte de España, de conceder a Cuba los mismos derechos políticos y administrativos que tenía Puerto Rico. Asimismo, se ofreció la amnistía a los presos por motivos políticos desde 1868, la salida de la isla a los líderes rebeldes y la emancipación de los negros y asiáticos que participaron en la insurrección. Algunos cabecillas revolucionarios, como Antonio Maceo, rechazaron el acuerdo y la paz se rompió temporalmente en 1879, cuando se inició la Guerra Chiquita (1879-1889). No obstante, los efectos verdaderos de la Paz de Zanjón perduraron hasta 1895[42].

 Entre los años de 1880 y 1883 Varona dicta y publica en La Habana sus obras sobre Lógica, Psicología y Moral. Las intituló Conferencias Filosóficas  que constituyen su obra filosófica capital[43]. En 1885 fracasa en su gestión como diputado ante las Cortes de España, por desacuerdos respecto al tema de la abolición de la esclavitud y el tipo de leyes que debían regir en Cuba. A partir de 1886 dirige la Revista Cubana en la que publica numerosos trabajo de carácter filosófico, literario, político y de divulgación científica. Varona colaboró en otras publicaciones como El Libre pensamiento, La Habana Elegante y La Ilustración cubana.

 En 1995 estalló la revolución que alcanzó la independencia de Cuba respecto de España. Los principales líderes de esta revolución (1895 – 1898) fueron José Martí Pérez (1853 – 1895) y Máximo Gómez Báez (1836 – 1905)[44]. A solicitud de Martí en 1895 en New York asume la responsabilidad de la redacción del periódico Patria, publicación oficial del Partido Revolucionario Cubano  Al morir Martí asume la dirección de este periódico. En 1896 pronunció la conferencia titulada El fracaso colonial de España.

 En el período de la intervención norteamericana en Cuba Varona ocupó el cargo de secretario de Hacienda y de Instrucción Pública y Bellas Artes implantando la modernización de la enseñanza mediante el Plan Varona. Con el establecimiento de la República en 1902 se dedica integralmente a su labor como catedrático de la Universidad de la Habana, Reedita sus Conferencias Filosóficas actualizándolas de acuerdo a los avances del pensamiento de inicio del siglo XX. Varona funda el Partido Conservador Nacional en 1906. Asume la vicepresidencia de la República durante el gobierno de Mario García Menocal entre 1913 y 1917, pero se desilusiona por la realidad política y social del país y condicionado también por el estallido de la I Guerra Mundial, entra en un período de indiferencia y marcado carácter escéptico.

 En el año 1921 pronuncia su discurso El imperialismo yanqui en Cuba. También colaboró en la Revista Bimestre Cubana. Fue presidente de honor de la Academia de la Historia y miembro de la Academia de Artes y Letras. En 1923 preside en La Habana, a solicitud del líder estudiantil comunista Julio Antonio Mella, el acto de fundación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). En los últimos años de su vida se convirtió en el maestro optimista de la juventud cubana de los años veinte, apoyando el movimiento Reforma Universitaria y en la lucha revolucionaria que logra derrocar la dictadura de Gerardo Machado. Fallece el 19 de noviembre de 1933 en Cuba dejando una prolija obra literaria, filosófica y pedagógica que hacen de Varona uno de los personajes más sobresalientes de la historia del pensamiento cubano.

 

2.2. Relación con otras producciones del mismo autor

 Los textos sobre la educación que escribió Varona de 1877 a 1925 fueron recopilados por la Comisión Nacional Cubana de la UNESCO y el Ministerio de Educación de Cuba en el año de 1961. Dicho trabajo contiene 50 textos entre artículos, discursos, conferencias, cartas, y otros escritos de la extensa obra varoniana. En esta parte del trabajo relacionaremos las ideas de algunos de ellos que están al interior de los textos principales de este trabajo.

 Varona se interesa por la educación y formación de los niños rescatando la artes, los juegos de la niñez que traen beneficios físicos y descartando todo tipo de autoritarismo en el kindergarten. Así lo manifiesta en carta dirigida a su sobrina Ezequiela Lerma de Parts el 20 de abril de 1877[45]. Este escrito en lenguaje muy familiar y afectuoso propugna por el desarrollo libre y espontáneo de la imaginación infantil. Si bien en las “Ideas de Mlle. de Scudery sobre la educación de las mujeres” valorábamos el compromiso de Varona en la restitución de los derechos naturales a la mujer, en este texto sobre Los juegos de la Infancia la redacción varoniana resalta a la niñez.

 Las críticas perfiladas contra “El clericalismo en la universidad” fueron antes desarrolladas en un discurso titulado “La metafísica en la Universidad de la Habana[46] cuando el autor critica y hace reparos a la lectio inauguralis que hizo don Teófilo Martínez de Escobar en el curso inaugural de 1879 – 1880. La tesis del doctor Martínez vuelve sobre una noción de lo absoluto como fundamento de la ciencia para deducir de allí todas las aplicaciones particulares formando ciencias subordinadas a la ciencia primera, a la metafísica. La intención del doctor Escobar Martínez y la de los filósofos escolásticos es de querer explicar lo absoluto partiendo de afirmaciones relativas. Varona cita a Hamilton para realizar esta crítica diciendo que dichos filósofos “cimientan sus explicaciones en lo relativo (…) unos elevan a esa categoría la totalidad de los fenómenos, otros las nociones de tiempo, espacio y número, otros la sustancia que suponen latente bajo las múltiples apariencias de la fenomenalidad, otros el principio universal de causalidad”[47]. Este deseo de abstracción siempre quedará en el vacío porque por su formulación relativa negará lo absoluto.

 Contrario a la tradición aristotélica de la escolástica, para 1879 Varona aconseja proceder con la ciencia positiva que confirma y ampliar el círculo de la experiencia cotidiana, concatena los hechos para “llegar a la previsión razonada de la experiencia futura; analizar los fenómenos para construirlos material e idealmente; pasar en el fin de lo concreto a lo abstracto, explicar por lo particular lo general[48]. El método es totalmente inverso al que intenta rescatar el doctor Martínez que parte de la abstracción y no del terreno firme de lo concreto y fenoménico.

 Criticando la tradición, Varona está en contra de toda teología y enaltecimiento de la divinidad que no dan explicaciones verdaderas. Su confesión estará del lado de la teoría darvinista y con ello, del positivismo por el que se da el progreso de la ciencia y de la civilización. Ya es tiempo de alejarse del escolasticismo porque  

No es cierto en primer lugar, que toda demostración se resuelva en un silogismo. Las ciencias todas han de pasar por una primera fase, prolongadísima a veces, en que a la luz de la inducción, aplicada en los métodos experimentales, van recogiendo, ensayando y clasificando los hechos de su exclusivo dominio, para agruparlos en esas amplias generalizaciones llamadas leyes. Entonces y solo entonces entran el periodo deductivo, en el periodo de aplicación, en que el silogismo es un preciso instrumento[49].

 No al ergotismo. Sí al método positivo para la juventud cubana.

 Confrontando los textos “Las niñas en la segunda enseñanza (1887)” y “Los exámenes y el programa (1889)” con un texto de 1886 titulado “Un texto de Psicología[50], podríamos decir que éste último es su antecedente ideológico porque contiene ideas en relación con los programas, el texto y la planeación de la educación.

 Publicado el 28 de febrero de 1886, “Un texto de psicología” es una producción que hace Varona criticando la obra Nociones de Psicología, Lógica y Ética (1885) de Leandro González Alcorta. Antes de perfilar su objeción, Varona demuestra las deficiencias de la enseñanza primaria, la enseñanza superior y profesional, profundizando en la educación secundaria que es “Pésima en la forma, pésima en el espíritu, pésima en el conjunto”[51]. Los profesores dependen sólo del texto que a su vez se amolda a un programa y con estas formas estereotipadas “se fabrica un bachiller”. González Alcorta escribe su texto correspondiendo al programa y a las exigencias de esta educación mediocre, cometiendo errores metodológicos al reducirse solamente a trabajar en “definiciones vagas e incompletas, a divisiones y subdivisiones semiescolástica (…)”[52]. Aún este autor define la filosofía como “el conocimiento cierto y evidente de las cosas en sus causas últimas adquirido por la luz de la razón”. Pero “¿Que significa aquí razón?” pregunta Varona porque la definición clásica de filosofía es heredada de la tradición aristotélico-tomista que sigue siendo ambigua. ¿La razón es logos o raciocinatio?, ¿Es una función del espíritu, una forma de la facultad intelectual, o una condición psíquica o metafísica? Tales son los cuestionamientos que sobre las Nociones de Psicología, Lógica y Ética hace Varona para encontrar que  

Ninguna de las teorías con que hoy cuenta la ciencia aparece bosquejada siguiera. Ni una palabra nos dice el autor de la admirable teoría de la sensibilidad, cuyas leyes ha formulado Delboeuf; nada de las interpretaciones ya corrientes de los fenómenos primordiales del placer y el dolor, como se encuentran, por ejemplo en Spencer o en León Dumont; nada de las teorías y clasificación de los sentimientos (…); ni un incendio de las explicaciones de Stuart-Mill sobre la percepción, ni de su ampliación en Taine; ninguno de la famosa teoría de Wundt; (…)[53].

 El autor del texto de Psicología malinterpreta a Aristóteles, nombra mal a Locke (Lok), no dice mayor cosa de Leibniz, no indica la importancia de Wolf, no distingue a los idealistas después de Kant, “llama genio a Krause” y peor aún , no nombra a Maine de Biran (psicólogo) y no tiene en cuenta a la escuela asociacionista inglesa[54].

 El “Discurso leído en la Universidad de La Habana en la apertura del curso académico de 1903 a 1904” lo podríamos relacionar como una contradicción de un trabajo previo que exigía “Nuestra libertad de enseñanza”.

 El discurso de 1903 demandaba intervención del Estado, selección y aptitudes para los estudiantes que ingresan a la Universidad, mientras que en “Nuestra libertad de enseñanza” -texto publicado el 31 de diciembre de 1887- Varona aboga por la autonomía de las instituciones educativas para que el estado no le dé sus normas ni se involucre en ella. Se pregunta por la competencia del Estado en la organización de la educación trazando un plan único. La institución educativa debe tener libertad porque “el instituto y la universidad son en puridad los árbitros de la reforma. Por sus programas se ha de estudiar; y con sus programas se ha de acreditar en la suficiencia. En ellos reside el derecho exclusivo de examen y ellos son los únicos que pueden expedir títulos válidos”[55].

 

2.3. Estudio del problema tratado por el autor en el texto y qué soluciones le da. (Ideología). Interpretaciones que estudiosos del tema han dado al texto (y/o al autor)

 En los textos que iluminaron la primera parte de este trabajo encontramos como hilo conductor dos problemas que asume Enrique José Varona y que tienen implicaciones para la educación, a saber, la superación del escolasticismo y el positivismo.

 Cuando el escolasticismo y la tradición aristotélica-tomista sea superada, habrá posibilidad para que se instaure la creencia en la ciencia y pueda incursionar en Cuba el modelo positivista; por otro lado y con el darwinismo social heredado del positivismo spenceriano, Varona entiende su “determinación” sobre la mujer y soporte la selectividad en el acceso a la educación universitaria tal como lo planteara en el discurso de 1903.

 

2.3.1. Las críticas a la tradición escolástica

 Varona pugna contra la tradición escolástica y se refiere a sus antecesores en esta lucha. Primero al Pbro. José Agustín Caballero y luego al P. Félix Varela: “por el año de 1797 al redactar el Pbro. José Agustín Caballero, profesando en la Universidad de La Habana unas lecciones en latín que constituyeron «la primera obra escrita entre nosotros con propensiones reformadoras» (…) el P. Caballero no se desentendía de los postulados aristotélicos; pero, al condenar las estériles disputas escolásticas e iniciar la introducción de las doctrinas de Descartes, daba un gran paso de avance”[56]. Este autor de finales del siglo XVIII es quien comienza el periodo de decadencia de la Escolástica en Cuba. Por su parte,  el P. Félix Varela para 1820 ya “proclama la gloria de quienes habían sacudido el yugo aristotélico, citando como los primeros a Galileo, a Bacon (…)”[57].

 El triunfo sobre el ergotismo no es total, la metafísica aún sigue siendo apologetizada y en contra de ella -se expuso anteriormente- contra ella desde su condición positivista escribe Varona a finales del siglo XIX. Los métodos, los contenidos y temáticas deben cambiar a favor de la ciencia, único instrumento posible para que la sociedad alcance su punto máximo de civilización. El “fin de la historia” en el padre del positivismo es la superación de la teología y la metafísica para instaurar el positivismo. Varona es consciente de este ideal y traza su primera intuición en orden del desarrollo y ejecución de esta alternativa.

 

2.3.2. El positivismo varoniano

 El positivismo fue en su época más que una filosofía. Expresaba la condición de la conciencia de Occidente porque se dedicó a fundamentar filosófica, científica y socialmente la modernización y el adelanto. “Su fe en el progreso era, a su modo, expresión de la fe en la inteligencia y en el hombre”[58], en Latinoamérica era la alternativa para que las nacientes repúblicas independizadas –o en procesos de independencia- asumieran seriamente un programa de instauración del orden por encima de la anarquía, la ciencia por encima de la especulación, el hombre por encima de Dios.

 En el caso particular de Cuba es durante el exilio y posterior retorno de cubanos huyendo de la guerra de 1868 a 1879 como entran en contacto con la filosofía positivista y su modelo inductivo de ciencia: Varona “por entonces oyó hablar de la doctrina positivista como la única que realizaba esa síntesis a que tendía su espíritu (…) y desde ese momento se aplicó con fervor a su estudio. Le deslumbró la construcción del edificio que había levantado Comte”[59]. Pero la influencia Comte sobre Varona no es completa. Para el cubano, la filosofía comtiana no le satisface por “la mística del gran pensador, su abigarrada concepción de una sociedad entre democrática y autoritaria, gobernada a medias por motivaciones científicas y teocráticas (…) la doctrina de las ciencia de Comte, su descuido respecto al mecanicismo de la indagación científica, su desconocimiento del papel de la psicología, cuyo carácter de ciencia autónoma niega el filósofo francés (…) el carácter cerrado de la filosofía de Comte, Sistema que propugnaba una escuela y que prometía convertirse en una secta”[60]. Varona veía que el comtismo le cerraba los horizontes de comprensión del mundo, y este no era su objetivo, por tanto dirige su mirada al pensamiento inglés que “era mucho más flexible, infinitamente más rico en tonos”[61].

 Varona estará de la mano de John Stuart Mill, Herbert Spencer, Alexander Bain, del alemán Wund (mayor psicólogo de aquellos momentos) para adquirir “un dilatado dominio de las enseñanzas y posibilidades de la doctrina positivista, en cuanto teoría asentada en la ciencia principalmente, «dejando atrás, como un faro que alumbra riveras adonde no se ha de volver, el positivismo comtista»”[62]. Enrique José Varona no defiende un positivismo ortodoxo en el que caen la mayor parte de practicantes de dicha corriente filosófica y científica. Es un autor que sabe sortear las influencias para que ellas no vayan a ser determinantes a ultranza dogmática. Sabe sortear con una buena actitud ecléctica las influencias que recibe de los pensadores foráneos.

 Haciendo un balance de las influencias positivistas en Varona, según lo expuesto sobre su “determinismo” en la concepción de mujer, y el carácter selectivo de las personas que acceden a la educación superior, se puede decir que tiene mayor influencia en Varona un positivismo del tipo expuesto por Herbert Spencer quien “dedicó más atención a los distintos problemas sociológicos enfocados desde la óptica evolucionista, dando lugar al darwinismo social, o sea, a los intentos justificativos, aparentemente respaldados por la biología, de las desigualdades sociales (…)”[63].

 

2.4. Vigencia de los textos

 Los textos analizados en este trabajo conservan una vigencia casi general debido al tema que tratan entre líneas, a saber, aún persisten problemas en torno a la educación. Son textos ya centenarios porque datan 1882, 1886, 1887, 1889 y 1903, pero siguen siendo actuales principalmente en los siguientes puntos: 

Aún persiste la discriminación de la mujer y el acceso de ella no sólo a la educación sino al desempeño de otros roles sociales limitados por condiciones de género. 

 La educación es la alternativa para los cambios sociales. Este papel no se lo ha quitado ningún otro aspecto de la vida humana. Ni la religión o la política, porque para desenvolverse en ellas se necesita de la educación.

 El dilema entre el pasado y su valor presente. El aprender de la historia y de los errores es un tema que sigue vigente en todos los aspectos de la vida humana. Aprendemos del pasado porque lo tenemos como referente para muchas cosas: de él retomamos sus problemas filosóficos, prácticas políticas, culturales, etc., pero siguen existiendo actitudes integristas que se cierran dogmáticamente queriendo reconstruir tal cual el esplendor pasado de una época histórica en nuestro presente.

 Los programas y la evaluación aún son temas que se discuten en las reflexiones pedagógicas porque no hay de ellos fórmulas precisas que aseguren su efectividad y acierto.

 Siguen siendo muchas las deficiencias de la enseñanza preescolar, en primaria, la enseñanza superior y profesional. Responsable de esta problemática es la determinación de los sistemas socioculturales y socioeconómicos.

 Algunos profesores dependen sólo de los textos, se amoldan a un programa, a evaluaciones institucionalizadas que muestran en cifras estadísticas sólo un aspecto numérico de evaluación. Encierran al estudiante –a la persona- en una cifra.

 La ciencia tiene la oportunidad de solucionar problemas humanos y no ha asumido esta tarea. Se convirtió a la lógica de la dominación y contraria a la libertad somete al hombre a sus arbitrariedades. Es el momento de valorarla en toda su expresión para que sea más que cientificismo, ciencia humana.

 La educación sigue siendo selectiva. Ya sea por la condición económica y disposición sociocultural que permite el acceso de un sector reducido de la población a espacios de formación superior.

 El Estado se ve obligado a seguir interviniendo en temas relacionados con la educación.

 

Podríamos seguir enumerando muchos mas aspectos pero nos detenemos en este momento para dejar abierta la posibilidad de que otra persona asuma la continuación teórica de este trabajo.

  

2.5. Record bibliográfico

 Para finalizar señalaremos un record bibliográfico comenzando por las fuentes utilizadas en este trabajo y terminando con una listado de textos que podrían ser referenciados para aproximaciones ulteriores a Enrique José Varona.

 

2.5.1.   Bibliografía utilizada para este trabajo

 

GUADARRAMA CONZÁLEZ, Pablo. Enrique José Varona ante la condición humana. [en línea]. Agosto de 2003. «sine loco» [citado en 21 – 10 - 05] Formato htm. Disponible en Internet: http://www.ensayistas.org/critica/generales/C-H/cuba/varona.htm

GUADARRAMA, Pablo y TUSSEL OPEREZA, Edel. El pensamiento filosófico de Enrique José Varona. La Habana : Ciencias Sociales, 1987.

LIZASO, Félix. El pensamiento vivo de Varona. Buenos Aires : Losada, 1949.

ROMERO, Francisco. Varona como filósofo. En: Américas. (Washington)  Vol. 20 Nº 1 (enero 1968). p.  13 – 18.

TORRES CUEVAS, Eduardo y LOYOLA VEGA, Oscar. Historia de Cuba. 1492 – 1898. Formación y liberación de la Nación. 2 ed. La Habana : Pueblo y Educación, 2002.

VARONA VEGA, Sira Delia.  Enrique José Varona. Génesis de un modelo por la liberación nacional [en línea]. s.f. «sine loco» [citado en 28 – 10 - 05] Formato rtf. Disponible en Internet:  www.filosofia.cu/cpl/Sira%20Varona.rtf

VARONA, José Enrique. Sobre la educación (1882, 1903).En. Pensamiento positivista latinoamericano. Compilación, prólogo y comentarios de Leopoldo Zea.  Biblioteca Ayacucho. Tomo I, Vol. 71, Caracas : 1980.

VARONA, José Enrique. Trabajos sobre educación y enseñanza. Edición preparada por el Ministerio de Educación (Cuba) La Habana : Pueblo y educación 1992.

 

2.5.2.   Bibliografía sobre Enrique José Varona[64]

 

  • Escritos de Enrique José Varona

 

VARONA, Enrique José. Ojeada sobre el movimiento intelectual en América. La Habana., Imprenta Viuda de Soler. 1878.

______. La metafísica en la Universidad de La Habana. La Habana: Imprenta Viuda de Soler, 1880.

______. Conferencias filosóficas. Lógica. La Habana: Editor Miguel de Villa, 1880.

______. Estudios literarios y filosóficos. La Habana: Imprenta La Nueva Principal, 1883.

______. Seis conferencias. Barcelona: Biblioteca de Ilustración Cubana, 1887.

______. Conferencias filosóficas. Moral. La Habana: Establecimiento Tipográfico. O’ Reilly, 1888.

______. Conferencias filosóficas. Psicología. La Habana: Imprenta. El Retiro, 1888.

______. Artículos y discursos. La Habana: Imprenta de A. Álvarez y Cía., 1891.

______. Nociones de lógica. La Habana: Imprenta La Moderna Poesía, 1902.

______. Curso de Psicología. La Habana: Imprenta La moderna poesía, 1905.

______. Fundamento de la moral. Nueva York: Appleton, 1914.

______. Por Cuba. La Habana: Imprenta siglo XX, 1918.

______. De la Colonia a la República. La Habana: Sociedad Editorial Cuba Contemporánea, 1919.

______. Emerson. San José, Costa Rica: Editorial Alsino, 1917.

______. Desde mi Belvedere. La Habana: Imprenta Rambla y Bouza, 1917.

______. Con el eslabón. Manzanillo: Editorial El arte, 1927.

______. El imperialismo a la luz de la sociología. La Habana: Editorial APRA, 1933.

______. Trabajos sobre educación y enseñanza. Compilador Elías Entralgo. La Habana: Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, 1961.

______. Poesías escogidas. E, J. Varona. Compilador. Alberto Rocasolano. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1983.

______. Enrique José Varona, política y sociedad. Selección e introducción Josefina Meza y Pedro Pablo Rodríguez. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1999.

 

  • Bibliografía sobre Enrique José Varona

 

AGRAMONTE, Roberto. El pensamiento filosófico de Varona. La Habana: Editora Universitaria, 1935.

AGRAMONTE, Roberto. Varona el filósofo del escepticismo creador. La Habana: Editorial Jesús Montero, 1949.

ANTUÑA, Vicentina. “Varona y la Universidad”. Bohemia (La Habana). 11 de mayo de 1979.

CAMACHO, Pánfilo. Varona, un escéptico creador. La Habana: Ediciones Lyceum, 1949.

ENTRALGO, Elías y otros. Enrique José Varona: su vida, su obra y su influencia. La Habana: Edición Oficial, 1937 (Obras de Enrique José Varona. 1).

ENTRALGO, Elías. Algunas facetas de Varona. La Habana: Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, 1961.

FERRER CANALES, José. Imagen de Varona. Santiago de Cuba: Universidad de Oriente, 1964.

GUADARRAMA, Pablo y TUSSEL OPEREZA, Edel. El pensamiento filosófico de Enrique José Varona. La Habana : Ciencias Sociales, 1987.

GUADARRAMA, Pablo. Varona. Madrid: Ediciones del Orto. Biblioteca Filosófica, 2001.

MARINELO, Juan. “Enrique José Varona y el imperialismo”. En Contemporáneos. Noticias y Memorias. Universidad Central de Las Villas. 1964.

MEZA, Josefina. “La obra político-social de Enrique José Varona”. En Enrique José Varona política y sociedad. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1999.

PERAZA, Fermín. Bibliografía de Enrique José Varona. La Habana:  Imprenta Molina, 1932.

PINERA, Humberto. “Idea del hombre y de la cultura en Varona”. En Homenaje a Enrique José Varona. La Habana: Publicaciones del Ministerio de Educación, Tomo II. 1949.

ROA, Raúl. “Enrique José Varona en su centenario”. En Retorno a la alborada. Universidad central de Las Villas. 1964. T. II.

RODRÍQUEZ, Carlos Rafael. “Varona, balance de un centenario”. Fundamentos. La Habana. Mayo de 1949.

RODRÍQUEZ, Pedro Pablo. “El periodista Enrique José Varona”. Bohemia (La Habana) 18 de mayo de 1979.

ROSA, Gabino de la. “La vida es acción, no lección”. Bohemia (La Habana). 11 de mayo de 1979.

VITIER, Medardo. Varona, maestro de juventudes. La Habana: Editorial Trópico, 1937.

 

NOTAS:

[1] VARONA, José Enrique. Trabajos sobre educación y enseñanza. Edición preparada por el Ministerio de Educación (Cuba) La Habana : Pueblo y educación 1992. p.  90 – 91.

[2] VARONA, José Enrique. Sobre la educación (1882, 1903).En. Pensamiento positivista latinoamericano. Compilación, prólogo y comentarios de Leopoldo Zea.  Biblioteca Ayacucho. Tomo I, Vol. 71, Caracas : 1980. p. 54 – 76.

[3] Cf. LIZASO, Félix. El pensamiento vivo de Varona. Buenos Aires : Losada, 1949. p. 77 – 120. El autor después del comentario inicial hace un listado de las obras de Varona y luego presenta la compilación de acuerdo a criterios temáticos de la siguiente manera: Hombre, (p. 63 – 75), Educación (p. 77 – 120), Estética (p. 121 – 171), Amor. 173 – 185) y, Vida Colonial (p. 187 – 218).

[4] VARONA, José Enrique. Trabajos sobre educación y enseñanza. Edición preparada por el Ministerio de Educación (Cuba) La Habana : Pueblo y educación 1992.  324 p.

[5] VARONA, José Enrique. Trabajos sobre educación y enseñanza. Op. Cit. p. 55.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] Ibid., p. 57.

[9] Ibid.

[10] Ibid., p. 59

[11] Ibid.

[12] Ibid., p. 62.

[13] Ibid., p. 63 - 64

[14] Ibid., p. 65.

[15] Ibid.,  p. 75. “Nuestros padres se equivocaron. Nos heredaron sus errores”.

[16] Ibid.

[17] Ibid.

[18] Ibid., p. 76.

[19] Ibid., p. 77.

[20] Ibid.

[21] Ibid., p. 79 – 80.

[22] Ibid., p. 80.

[23] Ibid., p. 81.

[24] Ibid., p. 82.

[25] Ibid.

[26] Ibid.

[27] Ibid., p. 83.

[28] Ibid., p. 84.

[29] Ibid.

[30] Ibid.,  p. 86.

[31] Ibid., p. 97.

[32] Ibid., p. 99.

[33] Ibid., p. 206.

[34] Ibid.

[35] Ibid., p. 209.

[36] Ibid., p. 211.

[37] Ibid., p. 213.

[38] Ibid., p. 216.

[39] Ibid., p. 217.

[40]  Cf. TORRES CUEVAS, Eduardo y LOYOLA VEGA, Oscar. Historia de Cuba. 1492 – 1898. Formación y liberación de la Nación. 2 ed. La Habana : Pueblo y Educación, 2002. p. 190.

[41] Ibid., p. 233.

[42] ENCICLOPEDIA MICROSOFT ENCARTA 99 [CD-ROM] «sine loco»  © Microsoft Corporation. s.f. "Zanjón, Paz de".

[43] Cf. ROMERO, Francisco. Varona como filósofo. En: Américas. (Washington)  Vol. 20 Nº 1 (enero 1968). p. 15

[44] Cf. TORRES CUEVAS, Eduardo y LOYOLA VEGA, Oscar. Op. Cit.

[45] Cf. VARONA, José Enrique. Trabajos sobre educación y enseñanza. Op. Cit. p. 7 – 19.

[46] Cf. Ibid., p. 25 – 54.

[47] Ibid., p. 28.

[48] Ibid., p. 29 – 30.

[49] Ibid., p. 42.

[50] Cf. Ibid., p. 69 - 74.

[51] Ibid., p. 69. A propósito del tema sobre la educación secundaria Enrique José Varona tiene un trabajo titulado La segunda enseñanza publicado en 1899 en donde llama la atención después del triunfo de la revolución para que este tema sea tomado en serio: “Hay que educar al pueblo. Pero no basta reconocer esta verdad que salta a la vista. Hemos de dar un paso más, y reconocer esta otra: tenemos que educar a los educadores”. Ibid., p. 130.

[52] Ibid., p. 70.

[53] Ibid., p. 71.

[54] Cf. P. 71 – 72.

[55] Ibid., p. 95.

[56] LIZASO, Félix. El pensamiento vivo de Varona. Op. Cit. p. 16 – 17.

[57] Ibid., p. 17. Cf. GUADARRAMA, Pablo y TUSSEL OPEREZA, Edel. El pensamiento filosófico de Enrique José Varona. La Habana : Ciencias Sociales, 1987. p. 33.

[58] ROMERO, Francisco. Varona como filósofo. Op. Cit. p. 15

[59] LIZASO, Félix. El pensamiento vivo de Varona. Op. Cit. p. 24

[60] ROMERO, Francisco. Varona como filósofo. Op. Cit. p.  16

[61] Ibid.

[62] LIZASO, Félix. El pensamiento vivo de Varona. Op. Cit. p. 26.

[63] GUADARRAMA, Pablo y TUSSEL OPEREZA, Edel. El pensamiento filosófico de Enrique José Varona. Op. Cit. p. 59. La autora Sira Delia Varona Vega considera lo que nosotros sospechamos como “selectividad” en el proceso y acceso a la educación tal cual es defendido por Varona. Esta autora denomina el fenómeno como “Concepción social darvinista de educación”. Cf. VARONA VEGA, Sira Delia.  Enrique José Varona. Génesis de un modelo por la liberación nacional [en línea]. s.f. «sine loco» [citado en 28 – 10 - 05] Formato rtf. Disponible en Internet:  www.filosofia.cu/cpl/Sira%20Varona.rtf

 

[64] Este listado bibliográfico es tomado de: GUADARRAMA CONZÁLEZ, Pablo. Enrique José Varona ante la condición humana. [en línea]. Agosto de 2003. «sine loco» [citado en 21 – 10 - 05] Formato htm. Disponible en Internet: http://www.ensayistas.org/critica/generales/C-H/cuba/varona.htm

 

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