Acerca del Manifiesto

a los pueblos de Colombia


Carlos Humberto Bernal Moreno

FRANCISCO ANTONIO ZEA

“MANIFIESTO A LOS PUEBLOS DE COLOMBIA”

 

1- INTRODUCCIÓN:

      En marzo de 1820, el General Simón Bolívar anuncia desde Bogotá a todos los colombianos, la formación de la nueva Patria. Es de vital importancia comprender sus palabras, pues es allí, donde quedan condensados los propósitos independentistas que llevaron en honor y gloria a los comprometidos con la libertad y el progreso. Durante más de tres siglos bajo la dominación española, Colombia se enaltece de ser una nación libre y soberana. Son estas las palabras del Libertador con que deja en alto el proceso revolucionario:

“La república de Colombia, proclamada por el Congreso General y sancionada por los pueblos libres de Cundinamarca y Venezuela es el sello de vuestra independencia, de vuestra prosperidad, de vuestra gloria nacional. Las potencias extranjeras, al presentaros constituidos sobre bases sólidas y permanentes de extensión, populación y riqueza, os reconocerán independientes y os respetarán por vuestra consagración a la Patria”.[1]

 

Durante ese proceso revolucionario, fueron muchos los acontecimientos que se llevaron a cabo: batallas, derramamiento de sangre, intrigas, estrategias militares, acuerdos, reuniones, viajes, lealtades y deslealtades, prisioneros, ambiciones, negocios, ente otros... finalmente libertad.

 

Cabe anotar sin embargo, que uno de los acontecimiento más importantes fue el Congreso de Angostura y dentro de él, un neogranadino: Francisco Antonio Zea, que deja una huella imborrable para lo que luego va a ser nuestra educación en cuanto a adelantos científicos, políticos y filosóficos, como también una apertura económica, que une a los países europeos con los de la Nueva Granada mediante el intercambio mercantil de productos naturales investigados dentro de lo que se llamó la Expedición Botánica. 

 

Durante el Congreso de Angostura, el acta número dos del 16 de febrero de 1819 nombra Vicepresidente de la República a Francisco Antonio Zea. El acta, firmada por el Presidente Simón Bolívar, considera las labores que nuestro compatriota debe realizar:

“Para el caso en que su Excelencia marche de esta capital, se nombre un Vicepresidente del Estado que quede en ella entendiendo en las relaciones exteriores e interiores que no estén al alcance del Presidente por la distancia en que pueda hallarse; con todas las demás plenas y absolutas facultades que aquel le confiera”[2].

 

De esta manera, el Congreso manifiesta la confianza al intelectual criollo.

 

Puestos sus servicios a la Patria, Zea es enviado a Europa con una misión diplomática, que por diversas dificultades, entre ellas de negocios, fracasa. Sin embargo, antes de partir al viejo mundo, el 13 de Enero de 1820 proclama el “Manifiesto a los Pueblos de Colombia”. Un manifiesto, que más allá de ser un acto protocolario, deja ver la inmensidad de un intelectual, que se postula como uno de los precursores no sólo de la independencia, sino también de una libertad intelectual, política y estética literaria, que abre las posibilidades para un  pensamiento autónomo de aquellos que han estado bajo el yugo de la corona española.

 

Por tanto, bajo el método de análisis, presento el “Manifiesto a los Pueblos de Colombia” como una vértebra en la ilustración en la Nueva Granada. De esta manera, mencionaré algunos rasgos significativos dentro del contexto socio-cultural y político a los que Zea se inscribe, como también, la repercusión que estos han tenido en nuestros días. Además, cabe anotar, que dentro esos rasgos, me centraré en puntos esenciales para comprender su pensamiento: valores educativos, científicos, políticos, económicos y sociales son la base ideológica que responden al triunfo revolucionario y colocan a nuestro compatriota como símbolo insigne de nuestra Patria.

 

2- ZEA Y LA ILUSTRACIÓN NEOGRANADINA

 

2.1 La Reforma Educativa

 Nacido en Villa de la Candelaria, hoy ciudad de Medellín, el 23 de Noviembre  de 1766, Francisco Antonio Zea tiene por fortuna ser hijo de una familia acomodada. Enviado al Colegio de Popayán por su padre Don Pedro Zea, realiza sus estudios de gramática, latín y filosofía, siendo discípulo del célebre maestro Don José Félix de Restrepo y compañero de Francisco José Caldas y Camilo Torres. Zea, se siente especialmente influenciado por el estudio de las matemáticas y la física moderna, en particular la de Newton y Wolff, que lo llevarán luego, a la necesidad de una reforma educativa dentro de la Nueva Granada.

 La mano del profesor Restrepo y la amplia bibliografía de su biblioteca son los elementos con los que Zea “se estimulara en la profundización de las tesis de los conocimientos científicos”[3], que más tarde le brindarán apoyo en sus investigaciones  dentro de la expedición botánica al lado de José Celestino Mutis. Pero antes se ha de mencionar, que terminados sus estudios de filosofía en Popayán, Zea viaja a Santafé en 1786. Gracias a una beca, inicia sus estudios de Jurisprudencia en el Colegio de San Bartolomé, donde también se “vinculó con la nueva generación que debatía las modernas concepciones filosóficas y políticas”[4], perteneciendo al a grupo de los bartolinos, que debatían al lado del otro gran grupo educativo, los del Colegio del Rosario.

 En su estadía en el Colegio San Bartolomé, a la vez que adelanta sus estudios de Jurisprudencia, se postula como profesor de gramática y filosofía. Teniendo en cuenta las enseñanzas de su maestro, lleva al Colegio las ideas de la nueva filosofía que se distan completamente de la filosofía escolástica, que para Zea era: “el cuadro filosófico de nuestra ignorancia y de nuestras miserias, originadas por la mayor parte de esos estudios abstractos y científicas boberas, que sólo sirve para formar ciudadanos inútiles que la sociedad mantiene a su pesar y para conservar como un depósito precioso la barbarie y la rusticidad”[5].

 Por tanto, la nueva filosofía debería tener sus raíces en un naturalismo, fuente de progreso en la industria y el comercio. La grandeza de la naturaleza y las ventajas de nuestra geografía deben ser el centro de investigaciones filosóficas para una reforma del pensamiento a la luz de conocimientos que sean útiles a la sociedad. Estas ideas se reflejan tanto en “Avisos de Hebephilo” cuando dice: “Sólo el reino animal puede ocupar por muchos años nuestros futuros naturalistas y ser una fecunda fuente de riquezas, cuando comencemos a abrir los ojos sobre nuestros intereses”[6], como en el “Manifiesto a los Pueblos de Colombia” al pronunciar:

“No se ha contentado la naturaleza con prodigarnos sus más exquisitos y primorosos dones y perpetuar en nuestros campos y vergeles el reinado de la primavera y de la flores; si no que ha querido ostentar en nuestro favor todo su poder y toda su magnificencia. Montes que dominan sobre toda la tierra, ríos que parecen mares, espaciosos y amenos valles, ya levantados sobre la región de la nubes, ya hundidos en profundos abismos, cascadas en que masas inmensas de agua se precipitan de inmensas rocas, torrentes caudalosos, cuya corriente rápida y ruidosa alegra y vivifica las campiñas y las florestas: todo el aspecto de Colombia es animado y pintoresco, y majestuosos y grande”.[7]

 Estas ideas del naturalismo, como bien se sabe, crearon fuertes polémicas en los Colegios Mayor del Rosario y en el San Bartolomé. Sin embargo ante el llamado de Zea, los estudiantes solicitaron nuevas cátedras: física, matemáticas, botánica e historia natural, para iniciarse “en la buena filosofía, basada en Newton, y el conocer el suelo que habitaban y las riquezas que poseían en su país”[8]. Así Francisco Antonio Zea, creaba un nuevo Plan Educativo bajo los siguientes principios: “1. Formarlo en el ambiente cortesano como fundamento de la educación literaria política y civil. 2. Los estudios debían orientarse hacia las Ciencias, las artes, la agricultura y el Comercio”[9].    

 De esta manera, los criollos ilustrados vieron con buenos ojos los propósitos de Zea y continuaron abogando por la reforma educativa, a la vez que se interesaron por crear la universidad pública en Santafé. Siendo así, la verdadera revolución tiene su punto de partida en la educación, pues es ésta la cuna de un pensamiento ilustrado, que se perpetúa como el horizonte que abre los ojos ante el conocimiento de la naturaleza que nos rodea.

  

2.2- Expedición Botánica y Cientificidad

 Dentro del pensamiento de Francisco Antonio Zea, es importante revisar la relación que ha tenido con José Celestino Mutis, director de la Expedición Botánica de Santafé. Para Mutis, Zea es un hombre que le brinda confianza, por ello y con la aprobación del Virrey Ezpeleta entra a formar parte como Segundo Agregado de la Expedición Botánica, y dado que sus intereses científicos tienen que ver directamente con la naturaleza, específicamente con el estudio de la flora, en 1793 acepta la propuesta por parte del director de la Expedición para realizar investigaciones en Fusagasugá.

 Durante su estadía en Fusagasugá, el ilustrado realiza un estudio detallado sobre la explotación de los árboles de la quina, cuyas propiedades medicinales permiten un interesante comercio con España y Francia. La quina, el algodón, el trigo y las flores son para Zea fuente de profundas investigaciones, a la vez, su cultivo permite ingresos económicos. Desde aquí se entiende, por qué en el “Manifiesto” Zea adscribe las ventajas geográficas y florales a la acción política, comercial y de progreso. Dice el neogranadino: “Vuestra posición es la más comercial, y vuestro país reúne cuanto hay más de útil y de más precioso, rico y magnífico en la naturaleza”...”Este el centro de atracción política, en que todas las relaciones y todos los intereses vienen a adherirse y consolidad la República”[10]

 Las investigaciones científicas de Zea unidas a sus intereses políticos permiten una estrecha relación con su compatriota Antonio Nariño dentro de la tertulia  “El arcano de Filantropía”, fundada en 1789 por el mismo Nariño y donde participaban importantes pensadores como: José María Cabal, Enrique Umaña, Sinforoso Mutis y Francisco A. Zea, quien dirigiera los debates que allí se realizaban en torno a la política, la revolución y los adelantos científicos. La tertulia nariñense se acomoda  a los ideales de la época, tanto así, que fue allí donde se proclamaron y trascribieron los “Derechos del Hombre”; también se gestaron diversos periódicos y pasquines que se publicaban en las calles de Santafé, razón por la cual los miembros de grupo fueron perseguidos, detenidos y exiliados, acusados de sublevación.

 En cuanto a Zea, que estaba en Fusagasugá, fue detenido y encerrado durante tres meses en el Cuartel de Santafé. El consejo de Indias lo juzgó y junto con sus compañeros fue enviado a prisión en Cádiz en Diciembre de 1795. Posteriormente, le fue dada ésta ciudad por cárcel y en 1799 obtuvo la libertad completa. 

 La capacidad intelectual y el perfil de cortesano, llevan a Zea a una evolución académica y política. En España, al entrar en contacto con José Antonio Cavanilles, quien fuese el director del Real Jardín Botánico de Madrid, permite que el neogranadino estudie en el Instituto Nacional de Francia. La estadía en París se adscribe como el momento en el que el pensamiento de Zea es reconocido y admirado por los parisinos y los madrileños, pues, la profundidad de sus investigaciones sobre la quina juega un papel importante dentro del círculo académico y mercantil de Europa. Es Zea quien demuestra  que la planta medicinal originaria de la Nueva Granada, tiene mayores beneficios que otras; a la vez, al traducir al francés las publicaciones hechas por Mutis en Santafé, despierta un mayor interés por el criollo en España, por esta razón es admitido como catedrático dentro del Real Jardín Botánico de Madrid para la enseñanza de matemáticas, gramática y ciencia natural. A la muerte de Cavanilles, el Real Jardín tiene el honor de ser dirigido por el ilustrado criollo.   

 Las investigaciones científicas que Zea realiza en el Jardín Botánico, permite hacer reconocer que los productos de la Nueva Granada tenía verdaderas ventajas, especialmente medicinales. La quina se convierte en el principal producto comercial y permite interesantes negocios con los franceses y españoles. Además, el criollo realiza importantes publicaciones sobre la quina, como también escribe sobre adelantos científicos y políticos en los periódicos madrileños “El Mercurio” y “La Gaceta”. La experiencia dentro de la Expedición Botánica de Santafé, en el Real Jardín Botánico de Madrid, los estudios en París y sus dotes de orador y literato enaltecen a Zea como uno de los principales ideólogos y científicos dentro del proceso revolucionario.

 

2.3- Acción política y diplomática:

 Hemos visto que todo el pensamiento y la actividad intelectual de Zea tienen rasgos revolucionarios, que se demuestran tanto en su plan educativo, como en el horizonte naturalista de la filosofía y la acción social de las naciones unidas a través del comercio. Por tanto, el pensamiento político de Zea es imposible entenderlo sin estos rasgos intrínsecamente ligados.  

 Políticamente Zea es un revolucionario. Su talento periodístico, es la vía que calienta los espíritus con ansia de libertad. Francia y España son las influencias de un plan emancipador para Hispanoamérica, pues al reconocerse como admirador de Napoleón y del Príncipe de la Paz, Manuel Godoy Álvarez, alienta sus ideas liberales y se reconoce dentro del grupo de los afrancesados. La experiencia política al lado de los europeos, es el factor determinante para que Zea se adhiera a los proyectos de Bolívar y Miranda.

 Pero, el fracaso de Napoleón y del Príncipe de la Paz, pone entre dicho, la acción política del mismo Zea en Europa, por esto “en 1813 fue condenado a muerte por traidor a la causa de Fernando VII y por este motivo se refugió primero en París, con su mujer y su hija; y luego en Londres” [11]. Desde luego, la caída de Godoy y la toma del gobierno por Fernando VII en 1808, exige un cambio político en España; sin embargo, Zea no cambia su afecto a las ideas napoleónicas, “su pensamiento político se repite en la necesidad de un trato de igualdad entre las colonias y la metrópoli. Puede decirse que este objetivo estaba acompañado de su creencia en un Napoleón que era capaz de conseguir el progreso del país.[12]

 La firmeza en las ideas igualitarias para las colonias hispanoamericanas, y el compromiso revolucionario iniciado con Antonio Nariño, hacen que Francisco Antonio Zea decida regresar a América en 1815. Es el mismo hombre, pero ahora con un pensamiento más evolucionado y dirigido a los propósitos Bolívarianos. En la isla de Santo Domingo se encuentra con Bolívar y desde este momento la amalgama entre los dos estrategas llega hasta sus últimas consecuencias, por cierto, exitosas: el Congreso de Angostura, donde es nombrado Simón Bolívar como Presidente de la República y Francisco Antonio Zea como Vicepresidente y diputado; la publicación del “Correo del Orinoco”, un periódico cuyo contenido era básicamente la ideas políticas de libertad e independencia, fundado por el propio Libertador y dirigido por Zea; además la confianza de la nueva República son las máximas condecoraciones para un criollo que recorrió Europa y fue consejero del Libertador.

 Sin embargo, el nombramiento de Zea como Vicepresidente, es el preámbulo para la catástrofe y su decadencia. La misión diplomática a la que es enviado, tiene como objetivo en primer lugar llegar a Estados Unidos, donde debería “gestionar el reconocimiento de la independencia de la Gran Colombia por aquel Gobierno”[13], que en ese entonces pretendía excluir cualquier intervención europea y unificar las Américas, plan que fue desarrollado posteriormente en 1823 y recibió el nombre “Doctrina Monroe”, además, su experiencia en los programas políticos aseguraría para Zea el éxito en Europa.

 Desobedeciendo la orden dada por el Presidente, Zea parte para Inglaterra,  donde arribará en Londres el 16 de Junio de 1820. Todo ha cambiado desde que Zea viajó a América en 1816. Los ingleses vivían por ésta época una crisis económica producto de la industrialización que ha llevado a los obreros a fuertes luchas y huelgas  revolucionarias en contra de los industriales; la misión de Zea, por tanto, debería esperar. Sin embargo, su experiencia diplomática y personalidad influyente fueron elementos clave para que Zea fuese escuchado por los ingleses a quienes hizo “el reconocimiento de la emancipación de Colombia, y la consecución de un gran empréstito para pagar todas las deudas contraídas en nombre de la Nación, más el envió de toda clase de elementos bélicos destinados al sostenimiento de la lucha que los patriotas colombianos adelantaban contra España”[14]. De esta manera, firma el 1 de Agosto de 1820 convenios con el  comisionado inglés: Charles Herring, William Graham y John Dixton Powels, comprometiendo a Colombia a un puntual y exacto cumplimiento. Son estas la intenciones de nuestro Vicepresidente por el bien de la Patria, que muy pronto cosecharían desconfianza y descontento por parte del Presidente Simón Bolívar y para Zea un desprestigio total. Estas acciones diplomáticas de Zea fueron mal vistas por el Congreso de Cúcuta, en especial por su enemigo más fuerte: Francisco de Paula Santander, quien aprovechando las discusiones dentro del Congreso ayuda para que Zea fuese destituido de su cargo como Vicepresidente el 9 de Octubre de 1820, cargo que fue ocupado por Antonio Nariño el 4 de Abril de 1821.

La frustración de Zea es comprensible. Después de sustituido de su cargo como Vicepresidente pasa por Francia y España donde le fueron aceptados otros créditos que dejan a nuestra patria en un situación difícil en cuanto a deuda externa. En Colombia el nombre de Zea no tenía el significado que lo llevó a la gloria; su reputación personal y su nombre no eran reconocidos, por tanto, sus poderes diplomáticos fueron revocados al Ministro de relaciones exteriores Pedro Gual.

 A los 51 años de edad, Francisco Antonio Zea había recorrido gran parte de Europa; amante de la ciencia y las letras acompañó a nuestro Libertador; ocupó cargos importantes y se relacionó con personajes que hacían historia en el mundo; amó a su esposa, a su hija y a su Patria de manera incondicional; enfermaba progresivamente, tanto, que alarmado su médico de cabecera “por el abatimiento

moral, el agotamiento físico y los avances de la enfermedad ...le prescribió un reposo absoluto, el abandono total de los negocios que le preocupaban, el olvido, si fuere posible, de las recriminaciones que se la hacían, y una sedante temporada de paz campesina”[15]; todo esto es el preámbulo para su muerte en el York House Hotel, en Bath Inglaterra, el 28 de Noviembre de 1822.

 

3- SOBRE EL “MANIFIESTO A LOS PUEBLOS DE COLOMBIA”:

“Vivamos en nuestro siglo,

y existamos con nuestros contemporáneos”

F.A.Z

 3.1 Contenido del Manifiesto

Si bien, el pensamiento de Zea lo encontramos a lo largo de su vida, es en el “Manifiesto a los Pueblos de Colombia” donde la esencia de su proyecto es la luz de un nuevo paradigma de gobierno con propósitos de unión, progreso y libertad. Se han mencionado arriba, apartes que conectan el Manifiesto con su Plan Educativo y su interés por la Ciencia Natural y el comercio. Ahora, una mirada a su pensamiento político, describe la idea de unión, libertad y progreso.

 En primer lugar, la razón y la experiencia política dan como resultado la unión de Venezuela, Cundinamarca y Quito. Una política fundamentada en la idea de libertad y progreso compromete a todos en cuanto humanos y pertenecientes a una misma región geográfica, por esta razón, podemos decir que la filosofía naturalista tiene principios y rasgos políticos y comerciales; dice Zea:

“No hay ciertamente situación geográfica mejor proporcionada que la suya para el comercio de toda la tierra. Colombia ocupa el centro del nuevo continente con grandes y numerosos puertos en uno y otro océano....es el centro de atracción política, en que todas las relaciones y todos los intereses vienen a adherirse y consolidar la republica”[16],

 

de esta manera, la consolidación de la Republica está dada por la idea de unificar los pueblos mediante una estrategia comercial que pudiera dar contrapeso a los intereses comerciales europeos.

 

Pero más allá de un interés comercial, existe en el manifiesto un ideal de constitución política, que si bien está sobre la base del extenso itinerario de las revoluciones europeas, es en América donde se consolida el gran acto de libertad. “El proceso de la emancipación se desata en tierra americana a partir de situaciones locales, y desencadena una dinámica propia que no se puede reducir a la que es propia de los procesos europeos contemporáneos”[17], se crea por esta razón la necesidad de un gobierno representativo y enérgico, que sea capaz de construir bajo elementos jurídicos y de organización política las nuevas naciones, además, influenciadas por la necesidad de crear nuevas sociedades a la luz de Contrato Social de Rousseau y apartarse de los regímenes absolutistas y monárquicos, puesto que para Zea:

“Bajo un sistema federativo esencialmente disidente en el estado de nuestra civilización y moral pública, os privó de uno y otro título de ser reconocidos; pero uno y otro título queda restablecido con imponderables ventajas por la ley que el Congreso en su sabiduría ha concretado, satisfaciendo a los deseos que vosotros mismos a la entrada de las armas libertadoras habéis ido manifestando”[18].

 Por tanto, el progreso de la civilización es reconocido bajo juramentos morales ponderados en una filosofía de vida que incluya los derechos individuales, teniendo en cuenta, a la vez, el derecho a la soberanía nacional que en una sociedad demócrata se proyecta en los derechos de igualdad, libertad y fraternidad.  

 La idea de libertad está sobre la base de unidad e integridad, cuya ley universal se manifiesta en el principio de libertad autónoma, es decir, “las naciones existen de hecho y se reconocen, digámoslo así, por su volumen, designando por ésta voz el conjunto del territorio, población y recursos”[19], entonces para Zea, el reconocimiento de una nación fuerte está dada, además de su volumen, en la capacidad que tengan sus miembros de conciencia nacional para crear una constitución justa, benéfica y liberal de la cual cada miembro se adscriba como responsable de sí  mismo y, a la vez, del pueblo en la idea de progreso y felicidad. La libertad autónoma debe tener una concordancia racional con el orden de la naturaleza y la sociedad, por esto, la autonomía no debe ir más allá de los límites de la dignidad de nación, sino, debe estar dentro de los límites de los pueblos consolidados como independientes y libres; de ésta manera, se construye una autonomía regulativa de las naciones mediante sus actas constitucionales.   

 De igual manera, dentro de un sentimiento republicano unido a un sentimiento filantrópico, enaltece Zea en su Manifiesto a los hombres gloriosos, que gracias a sus virtudes y patriotismo pretenden “fijar los destinos de Colombia por medio de una constitución en que vuestros derechos y vuestros intereses se combinen, cuanto sea posible, con los derechos y los intereses de los otros pueblos”[20], que “admite a todos los hombres como amigos o como ciudadanos, como traficantes o como propietarios[21],

 Por otra parte, el manifiesto denuncia las atrocidades que se cometieron contra nuestros compatriotas, ejemplo de ello, está el sabio Caldas, que en manos de Morillo dejó su insuperable sabiduría en el recuerdo de elevados monumentos. Se denuncia el puñal de Boyes, la escuela de Morillo y su precursor Ruiz de Castilla, quienes en su temor a la independencia de la Gran Colombia fueron causantes del derramamiento de sangre de ilustrados neogranadinos, pero, el haberlos derrotado significa el triunfo de la concentración política y la ley fundamental de los derechos humanos, además, muestra la gran influencia de lo que fue la Revolución Francesa y las luchas napoleónicas en el viejo continente.

 En el último aparte del Manifiesto, la pluma de Zea eleva a la mujer como prototipo de inmortalidad y heroísmo. En Policarpa Zalabarrieta, ve un futuro ilustrado para todas las mujeres, y es que de hecho, el criollo nacido en tierras antioqueñas y formado dentro de un ambiente familiar, donde la mujer es reconocida por sus valores y actividades no puede desprenderse de su esposa e hija que durante sus travesías tuvo que dejarlas en manos de sus amigos parisinos. La mujer para Zea, es el horizonte de que da certeza al género humano y vitalidad a la conciencia moral, patriótica e ilustrada, por ello las aconseja: “inspirad vosotras este movimiento universal y por vosotras comenzará la historia de Colombia, y su primera y más brillante página será consagrada a llevar vuestros nombres a la inmortalidad”[22].

 

3.2- Crítica al Manifiesto:

 El manifiesto leído ante el Congreso, tiene apartes relevantes frente a los ideales de los pueblos de Colombia.  El reconocimiento que hace Zea frente a las luchas independentistas, las ventajas geográficas de nuestro territorio,  la importancia de la unidad de las naciones, el valor invaluable de nuestras mujeres, el amor por la Patria que nos identifica y la idea de que Colombia se compare frente a Europa, son rasgos significativos que auguran un buen futuro para Latinoamérica.  Sin embargo, la falta de un programa realmente político y social que comprometa a todos como pertenecientes al mismo propósito de libertad, hace que el manifiesto pierda el horizonte de legitimidad de los pueblos colombianos.

 El 7 de mayo de 1820, Simón Bolívar refiriéndose al Manifiesto escribía a Santander: “hace días que no hablamos de Bagatelas. El manifiesto del señor Zea, me parece muy elegante, aunque tiene algunas cosas pequeñas e impropias”[23]. Es cierto, el lenguaje de Zea es admirable, su estilo muestra gran erudición que persuade y llena de valor a quienes lo leen; además, muestra a un Estadista que conoce el proceso de independencia y, su esfuerzo por llegar a la Vicepresidencia es el fruto de su inmenso trabajo tanto en el exterior como en tierras americanas; tiene la claridad de un negociante visionario capaz de enfrentar los desafíos económicos y comerciantes. El lenguaje de Zea, es el lenguaje de las musas; un lenguaje de prosa literaria con una musicalidad agradable para el oído, al escucharlo, no parece el manifiesto de un político- diplomático que acaba de ser nombrado Vicepresidente,  sino más bien, un dios homérico que cuenta a Zeus una de sus batallas iliádicas.

 Por tanto, el “Manifiesto a los pueblos de Colombia” se muestra un poco descontextualizado; si bien, es importante reconocer la grandeza y los aciertos de la independencia, ante un Congreso, como el de Angostura donde estaban reunidos los comprometidos con la Patria para determinar la ruta a seguir por los países independizados, Francisco Antonio Zea se dejó llevar más por la idea de impresionar a los oyentes, más que por la idea de hacer verdaderamente un discurso que planteara el proyecto diplomático y de qué manera iba a realizar los encargos como Ministro plenipotenciario. El discurso debió tener en cuenta al menos, las ideas con la que iba a llevar el reconocimiento de la independencia a Europa, de igual manera debió señalar la ruta a seguir, así quizá se hubiera evitado tanta molestia con Bolívar y Santander.

 Son estas las razones quizá para que el Manifiesto tampoco haya sido relevante. Sus escritos en los periódicos madrileños, parisinos y neogranadinos, como también, sus otros escritos que tuvieron que ver con filosofía, ciencia y botánica despertaban mayor interés y dejaban importantes aportes. De esto se puede deducir que quizá Francisco Antonio Zea, en cuestiones realmente políticas y diplomáticas era un poco débil, aunque debe reconocerse su gestión en Francia y España cuando acompañó al grupo de los afrancesados y las batallas napoleónicas que en un determinado momento dio gloria en Europa.

 De todas maneras, el “Manifiesto a los pueblos de Colombia” quedó en la historia de nuestro país y junto a él un intelectual criollo nacido en tierras antioqueñas, que por sus propios méritos se convirtió en el primer Vicepresidente de la República de Colombia, al lado del primer Presidente: el General Simón Bolívar.

 

3.3 Actualidad del Manifiesto

 

Han transcurrido más de 185 años de haber sido leído el “Manifiesto a los pueblos de Colombia”, por tanto, cabe preguntarnos si el contenido de éste, tiene vigencia. Es destacable la apreciación que tiene Francisco Antonio Zea sobre el porvenir y progreso de nuestras naciones. La relación que hace teniendo en cuenta sus adelantos científicos  frente a los progresos mercantiles en Europa son la antesala para lo que hoy en día podemos llamar apertura económica.

 La visión que tiene el neogranadino sobre la vasta geografía de Latinoamérica unida a la variedad de productos naturales es un adelanto comercial que luego va a convertirse en una realidad, claro está, un poco desviada, puesto que como muy bien sabemos, Latinoamérica dentro del proceso de industrialización ha quedado en un segundo lugar, siendo para los países industrializados fuente productora de materias primas y consumidores de los productos que ellos elaboran, por tanto, Latinoamérica sin tener una técnica y una tecnología con los adelantos científicos se pre-escribe como subdesarrollada, consecuencia de esto, enfrenta en la actualidad una de sus peores crisis. 

 Por otro lado, Zea da una clara interpretación de la identidad Latinoamericana, que muy bien cabe en la actualidad cuando perdidos en el horizonte desconocemos nuestra tierra y nuestro origen aparentando tener raíces Norteamericanas o Europeas. Dice en el manifiesto: “si vosotros todos adherís firmemente a los principios  de unidad y de integridad proclamados por esta ley y consagrados por la experiencia y por la razón”[24], en un futuro podremos decir “Yo soy Colombiano”. Por tanto la identidad, debe tener su fundamento en la experiencia que hace nuestra historia y reconocimiento a la soberanía nacional; la razón como fuente de donde debemos tomar nuestros propios pensamientos para el desarrollo y bienestar de nuestra sociedad. La identidad no sólo se escribe ni tampoco sólo se hace con el sentimiento, es necesario mirarnos hacia adentro y desde allí brotar nuestras ideas e imaginación de manera racional y coherente que tenga la capacidad de diferenciarnos de las culturas occidentales y orientales.

 Para Zea, la idea de integrarnos tiene que ver, por un lado, con un mundo desarrollado y por el otro, como sociedad libre e igualitaria; además,  involucrar a las mujeres como elementos insustituibles y heroicos es un gran aporte para reconocer en ellas sus facultades intelectuales, morales y maternales que dan al espíritu de la nación vigor y esperanza. Esta idea de integración, es un llamado importante para los actuales gobiernos donde a falta de un compromiso social y político han llevado a los pueblos latinoamericanos a una descomposición social desatendiendo lo que está muy de moda: la dignidad y el respeto humano. 

 Finalmente queda decir sobre el “Manifiesto”, que es una gran muestra para reconstruir nuestra historia, además, sería un error lapidarlo como si fuera una  bagatela fruto de una descuidada empresa. Apoyados sobre el epígrafe de este aparte: “vivamos en nuestro siglo y existamos con nuestros contemporáneos”  para mirar hacia el futuro de nuestras sociedades, son la base filosófica para comprender nuestra realidad y reformar nuestras organizaciones políticas, educativas y culturales.

 

4- CONCLUSIONES

 El estudio de los diversos textos que han elaborado aquellos que de una u otra manera se han comprometido con las causas sociales, políticas y filosóficas de Latinoamérica, son el resplandor de ideas fragmentadas cuyo propósito de análisis convergen en un sentimiento y raciocinio capaz de dar luces a la reconstrucción de nuestros ideales. Particularmente, la influencia del pensamiento de Francisco Antonio Zea perdura entre nosotros como un innovador de la ciencia, la botánica, la educación y la política en la Nueva Granada.

 La vida y obra de nuestro compatriota, aunque un poco olvidada, presenta al lado de José Celestino Mutis, del Sabio Caldas y de Simón Bolívar, entre otros, una lucidez intelectual que manifiesta de manera original una filosofía para la acción, es decir, una filosofía para la solución de problemas en el ámbito socio-cultural y político. Una filosofía naciente en las reformas educativas que deben emerger en la idea de libertad e integridad de las naciones para cubrir las necesidades del pueblo. Así, el latinoamericano a la luz del pensamiento de Francisco Antonio Zea tiene la posibilidad de apropiarse de su tierra y proyectarse como un ser libre en una sociedad igualitaria.

 Los aportes de Zea en sus investigaciones botánicas brindan un importante reconocimiento de nuestra geografía. Sus trabajos de botánica al lado de José Celestino Mutis y de José Antonio Cavanilles prueban su gran capacidad como científico. Con el estudio de los diversos productos naturales, especialmente el de la quina, le da la posibilidad a la Nueva Granada de realizar intercambios mercantiles con Europa. Por otra parte, las publicaciones hechas en los periódicos neogranadinos, madrileños y parisinos resaltan sus dotes de escritor, pensador y humanista.

 El aspecto político de Francisco Antonio Zea tiene una relación directa con Antonio Nariño y el Sabio Caldas, quienes en la idea de revolución y emancipación gestaron la separación política para la Colonia hispanoamericana. Al lado de los afrancesados y de Manuel Godoy Alvarez adquirió una basta experiencia que le sirvió posteriormente para adherirse a los ideales Bolívarianos. Sin embargo, las enemistades y los infortunados desaciertos de negocios con Inglaterra, Francia y España, oscurecieron la obra del mismo Zea. Enfermo y olvidado muere en Bath, Inglaterra.

 En lo que tiene que ver con el Manifiesto a los Pueblos de Colombia, es importante destacar la idea de unión y porvenir para nuestros pueblos a través de sus investigaciones científicas en la expedición Botánica y su experiencia política y mercantil en Europa. De ésta manera, para analizar el contenido del Manifiesto y comprenderlo es necesario recorrer la vida del intelectual criollo tanto en la Nueva Granada como en España, Francia e Inglaterra, lugares donde estudió y ejerció cargos importantes como profesor, periodista, comerciante y estadista.

 Aunque un poco descontextualizado e inapropiado para ser leído ante el Congreso de Angostura, el Manifiesto se destaca por su estilo de lenguaje, el reconocimiento de valores morales, intelectuales y sociales que enaltecen la libertad e identidad de los pueblos Colombianos. Además, una bella descripción de la naturaleza muestran los avances científicos y filosóficos como también sus facultades de orador. 

 Darle actualidad al Manifiesto es reconstruir nuestra historia. Al interpretarlo se descubren principios que fundamentan nuestra identidad y desarrollo socio-cultural y político. De manera, que el Manifiesto debe ser estudiado con el objetivo de plantear soluciones a la actual crisis que vive nuestra Latinoamérica en el desarraigo y el olvido de nosotros los latinoamericanos.

 

BIBLIOGRAFÍA

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 SOTO, Arango Diana. Francisco Antonio Zea. Un Criollo Ilustrado. Ediciones Doce Calles, Aranjuez (Madrid). (Sin fecha).

 ZEA, Francisco Antonio. Avisos de Hebephilo (1791). En: La Ilustración en Colombia. Textos y documentos. Compilación y presentación de Teresa Houghton, Biblioteca colombiana de Filosofía, USTA, 1990.

 _______. Manifiesto a los Pueblos de Colombia. En: HOUGHTON, Teresa. Textos Filosóficos Siglo XIX. Lecturas. Universidad Santo Tomás. Maestría en Filosofía Latinoamericana, 2005 



[1] CORTÁZAR, Roberto. Libro de Actas. Congreso de Angostura. Introducción. Biblioteca de Historia Nacional, Vol. XXXIV. Imprenta Nacional, Bogotá, 1921. p. XVI.

[2] Ibid.

[3] SOTO, Arango Diana. Francisco Antonio Zea. Un criollo Ilustrado. Ediciones Doce Calles, Aranjuez (Madrid). p. 23. (Sin fecha).

[4] Ibid., p. 23.

[5] ZEA, Francisco Antonio. Avisos de Hebephilo (1791). En: La Ilustración en Colombia. Textos y documentos. Compilación y presentación de Teresa Houghton, Biblioteca colombiana de Filosofía, USTA, 1990. p.108.

[6] Ibid., p. 113

[7] ZEA, Francisco Antonio. Manifiesto a los pueblos.  132

[8] SOTO, Arango Diana. Op.,Cit.,p.29

[9] Ibid., p.36

[10] ZEA, Francisco Antonio. Manifiesto a los pueblos de Colombia. p.131

[11] SOTO, Arango Diana. op. cit.,  p. 154

[12] Ibid., p. 148.

[13] BOTERO, Saldarriaga Roberto. Francisco Antonio Zea. TOMO II. Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1970. p.38

[14] Ibid., p. 69

[15] Ibid., p. 181

[16] ZEA Francisco Antonio. Manifiesto a lo Pueblos de Colombia. p. 130-131

[17] ROMERO, José Luis. El Pensamiento Político de la Emancipación. p 51-52. En: HOUGHTON, Teresa. Pensamiento Filosófico siglo XIX. Lecturas. Universidad Santo Tomás, Maestría en Filosofía Latinoamericana, 2005

[18] ZEA, Francisco Antonio. Manifiesto a los Pueblos de Colombia. p.133

[19] Ibid., p.133

[20] Ibid., p.134

[21] Ibid., p. 135

[22] Ibid., p. 136

[23] BOTERO, Saldarriaga Roberto. Op. cit., p.28

[24] ZEA, Francisco Antonio. Manifiesto a los Pueblos de Colombia. p.130

 

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