Crítica Textual del Antiguo Testamento


Antes del descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto en 1947, y aun desde entonces, la crítica textual del Antiguo Testamento se ha visto en dificultades por la escasez de manuscritos para hacer comparaciones. Sin embargo, son varios los materiales que se emplean:


(1) Diversos textos hebreos
Los textos hebreos son pocos y mayormente recientes. Antes de descubrirse los Rollos del Mar Muerto, los más antiguos eran de los siglos IX al XI d. C. La Biblia hebrea de estudio más usada - la tercera ed. de la Biblia Hebraica, editada en Alemania por Rodolfo Kittel-, se basa en el Códice de Leningrado, B19ª, terminado en el año 1008 d. C. 

En la nueva edición de esta Biblia (1978), denominada Biblia Hebraica Stuttgartensia o BHS, editada por Karl Elliger, el aparato crítico (es decir las notas donde se comparan las variantes que aparecen en los diferentes manuscritos) fue enteramente revisado y puesto al día, incluyéndose la evidencia de los Rollos del Mar Muerto y de otros hallazgos. Sin embargo, el texto hebreo sigue siendo mayormente una reproducción del Códice de Leningrado. Este códice es uno de varios manuscritos hebreos importantes asociados con la familia de ben Aser, famosa familia judía de eruditos masoréticos en Tiberias durante cinco generaciones.

Los masoretas (palabra que deriva de una raíz aramea que signífica transmitir", "entregar") fueron los custodios del texto hebreo tradicional desde el siglo VI hasta el siglo XI d.C. Inventaron un sistema de vocalización para el texto hebreo, que hasta ese momento se escribía sin vocales, y establecieron reglas para la transmisión fiel del texto bíblico tal como existía en su tiempo. Por esto el texto hebreo estándar se conoce como texto masorético (TM).

Existen otros cuatro manuscritos hebreos que contienen el texto de ben Aser. 

1. El más antiguo de éstos es el Códice de El Cairo, que contiene los profetas anteriores (denominación judía, que abarca desde Josué hasta Reyes), y los profetas posteriores (denominación judía para los profetas mayores y menores, excepto Daniel), escrito por Moisés ben Aser y fechado en el año 895 d. C.

2. El Códice de Leningrado de los profetas posteriores está fechado en el año 916 d.C. 

3. El Códice del Museo Británico (Oriental 4445) es un manuscrito incompleto del Pentateuco, fechado en el año 950 d. C. 

4. El Códice de Alepo (así llamado porque durante siglos se conservó en esa ciudad de Siria), que originalmente contenía todo el AT, pero que ahora está incompleto, se considera como el más precioso de todos. Este códice, corregido y puntuado por Aarón ben Aser en el año 930 d. C. es la base de una nueva edición crítica de la Biblia hebrea publicada en Jerusalén. En nuestros días, este manuscrito es designado generalmente como Kéter Aram Tzová (Kéter “corona” y Aram Tzová es el antiguo nombre hebreo de Alepo).

Estos manuscritos representan la culminación del trabajo de los escribas hebreos pero la fecha de su escritura dista muchos siglos del momento cuando los autores de la Biblia hebrea los escribieron.


¿Por qué son relativamente recientes los manuscritos hebreos existentes?

Son dos las explicaciones principales de este fenómeno. En primer lugar, a través de los siglos las guerras y la persecución casi lograron destruir por completo estos antiguos documentos, y por otra parte, la costumbre judía establecida era de enterrar los anteriores manuscritos para proteger de profanación el nombre de Dios. Cuando un manuscrito estaba viejo, lo ponían en la geniza ("escondite"), un cuarto de la sinagoga situado en el sótano o en el altillo, pero siempre escondido. Cuando la geniza se llenaba, todos los manuscritos se enterraban con gran ceremonia. Se permitía así que la naturaleza destruyera los manuscritos. Por estas dos razones son pocos los manuscritos hebreos antiguos que se han descubierto.

Sin embargo, a pesar de que los manuscritos hebreos que existen son relativamente recientes, hay razón para creer que representan con precisión el texto básico de las Escrituras hebreas escritas por sus autores originales. Esta confianza se basa en lo que se sabe del método de trabajo de los escribas.
En Soferim, tratado menor del Talmud babilónico, en cuyos 21 capítulos se dan instrucciones precisas sobre la copia de MSS, se detallan los materiales que debían usarse, el tamaño de las columnas, de los espacios y de las letras; la forma de escribir los nombres de Dios, la ordenación de las letras y la reverencia con que debían tratarse los MSS de la Torah. No debía cambiarse ni una letra, aunque se supiera que era un error de ortografía. Ni una letra debía copiarse de memoria, para que no hubiera alguna posibilidad de error.


(2) El Pentateuco samaritano
Esta es una fuente de la cual dispone el erudito textual para comparar con el texto tradicional de los manuscritos hebreos.   El Pentateuco samaritano es una versión del AT, escrita en hebreo entre los siglos V al II a. C., pero con letras diferentes a las que usaban los judíos. Este texto samaritano fue reproducido copia tras copia a través de los siglos, totalmente aparte del texto hebreo tradicional de los judíos. Es interesante comparar los dos textos para ver las diferencias que se produjeron a través de los siglos. Sin embargo, no es de gran utilidad para demostrar las desviaciones del texto masorético del original, porque no es clara la historia de la transmisión del texto samaritano y porque ninguno de los manuscritos samaritanos estudiados es anterior al siglo X d. C. Hay como 6.000 diferencias entre el texto masorético y el Pentateuco samaritano. La mayor parte son insignificantes: detalles de ortografía o gramática. Algunas variantes importantes tienden a confirmar la posición samaritana de que Dios mandó adorar en el monte Gerizim y no en Jerusalén (Juan 4:20). En unas 1.600 diferencias, el Pentateuco samaritano se parece más a la Septuaginta que al texto masorético.


(3) La Septuaginta
La versión más antigua y más importante del AT es la traducción griega conocida como versión de los Setenta o Septuaginta. Este nombre le fue dado porque la tradición que aparece en la carta de Aristeas afirma que fueron 72 los ancianos que tradujeron el AT al griego; Josefo dice que demoraron 72 días. 

La palabra septuaginta es latina y significa "setenta". El nombre de esta versión con frecuencia se abrevia con letras romanas: LXX. Estrictamente hablando el nombre se aplica al Pentateuco, que probablemente fue lo que se tradujo al griego en 72 días en el siglo III a. C., para satisfacer las necesidades religiosas de un gran número de judíos radicados en Egipto, pero que hablaban griego. Sin embargo, la traducción de todo el AT debe haberse completado alrededor del siglo II a. C.

En tiempos de Orígenes (186-253/254 d. C.), la palabra "Septuaginta" ya era la designación habitual del AT en griego. En Qumrán se encontraron fragmentos de la Septuaginta del primer siglo a. C. y del primer siglo d. C. Hay también diversos papiros y fragmentos de papiros que contienen pasajes de la LXX, y se han fechado como provenientes de los siglos II al IV d. C. 

Los códices Vaticano y Sinaítico, ambos del siglo IV d. C. contienen en el AT la versión de los Setenta. 

Es evidente, entonces, que los manuscritos que hoy tenemos de la Septuaginta, son mucho más antiguos que los manuscritos hebreos en los cuales se basa la Biblia hebrea. Y aún más: la Septuaginta se tradujo antes de que se definiera el texto hebreo alrededor del siglo I d. C.; por lo tanto, es una ayuda importante para indicar cuál pudo haber sido el texto bíblico antes de que los masoretas hicieran su trabajo. Sin embargo, el uso de la antigua versión griega para el estudio del texto no deja de tener problemas y limitaciones. La calidad de la traducción varía desde la traducción totalmente literal hasta la paráfrasis. 

Cuando en la versión se encuentra un texto diferente al que aparece en la Biblia hebrea, debe determinarse si la divergencia es el resultado de una paráfrasis libre o de un texto diferente en el original hebreo. Si se ve que es una diferencia debido a un texto diferente, debe entonces determinarse si el texto de la versión es superior al que aparece en el TM.


(4) Otras versiones griegas 
En el siglo II a. C. aparecieron tres traducciones griegas rivales:

(1) La traducción de Aquila intentó reproducir una versión escrupulosamente fiel al texto hebreo. Se reprodujo cada detalle del hebreo en el griego, hasta el punto de traducir siempre una palabra hebrea con la misma palabra griega, sin importar cual pudiera ser el contexto. El resultado fue una versión áspera y pedante, muchas veces imposible de entender para quien no conocía el hebreo. Esta traducción fue la versión griega aceptada por los judíos.

(2) La traducción de Teodoción era similar a la Septuaginta, tanto en estilo como en sentido, y se convirtió en la versión preferida de los cristianos. Su traducción del libro de Daniel fue de tal modo preferida a la de la LXX, que en los códices Vaticano y Alejandrino, dos importantes MSS del AT griego, el texto del libro mencionado aparece en la versión de Teodoción y no en la de los LXX.

(3)
La traducción de Símaco presentaba un buen idioma griego. Fue recomendada por Jerónimo porque reproducía con precisión el sentido del hebreo. Desafortunadamente sólo se conservan fragmentos de esta versión.


(5) La Hexapla

Fue una edición séxtuple del AT, producida por Orígenes (185-254 d. C.), quien colocó el texto hebreo y las versiones griegas en seis columnas paralelas.

En la primera columna estaba el texto hebreo en letras hebreas;
en la segunda aparecía el texto hebreo transliterado al alfabeto griego;
en la tercera aparecía la versión griega de Aquila;
en la cuarta, la versión de Símaco;
en la quinta, la edición de Orígenes de la LXX;
y en la sexta, la versión griega de Teodoción.

Puesto que se trataba de una obra monumental nunca se hizo una copia completa. Como resultado sólo se conservan copias posteriores de pequeñas partes de esta gigantesca obra.


(6) La Peshito siríaca
Los cristianos ya poseían una traducción del AT en el idioma siríaco en el siglo III d. C. Si bien esta traducción ha estado siempre en manos de cristianos, muestra influencias judías tan fuertes que algunos eruditos afirman que gran parte de esta traducción debe ser de origen judío. Otros han explicado que el elemento judío es fuerte por causa del origen judío de los cristianos. No importa cuál sea la explicación que se dé a este fenómeno, hay pasajes que son sólo transliteraciones del arameo occidental al alfabeto siríaco.

Esta versión, la Peshito, palabra que significa "simple", muestra los efectos de revisiones posteriores hechas en base a la Septuaginta. Hay manuscritos de esta versión que datan del siglo V d. C.; sin embargo, para los fines de la crítica textual, la Peshito del AT debe usarse con cautela. Su texto concuerda básicamente con el texto masorético. 

En los pasajes en los cuales la Peshito y la Septuaginta concuerdan entre sí y difieren del hebreo, debe considerarse la posibilidad de que se modificó la traducción siríaca usando el griego, y que, por lo tanto, la versión siríaca posiblemente no constituya un testimonio independiente.


(7) La Vulgata latina
La Vulgata fue preparada por Jerónimo por indicación del papa Dámaso, quien le pidió que corrigiera la antigua versión latina de la Biblia. Pasó varios años, aproximadamente desde el 389 al 405 d. C., haciendo una nueva traducción del AT directamente del hebreo. Su traducción, que llegó a conocerse como la Vulgata, palabra que significa "popular", es la versión católica oficial latina de la Biblia.

Jerónimo procuró ser fiel al texto hebreo que tenía; sin embargo, la Vulgata tiene varias desventajas para el trabajo de la crítica textual. Una de ellas es la libertad con que tradujo Jerónimo. Tenía el decidido propósito de producir una traducción en buen latín, y por lo tanto la Vulgata no es una traducción literal. Por esto, con frecuencia es difícil determinar con precisión el texto hebreo del cual se tradujo.

Por otra parte, la versión fue hecha después que se uniformó el texto hebreo. Por lo tanto, en los pasajes en donde se puede reconocer cuál fue el texto hebreo traducido por Jerónimo, éste generalmente concuerda con el texto hebreo que hoy se conoce; y en aquellos pasajes en donde difiere, debe reconocerse la probabilidad de que el texto haya recibido la influencia, directa o indirecta, de la Septuaginta.


(8) Los tárgumes arameos
Así como los judíos del mundo romano fuera de Palestina llegaron a sentir la necesidad de una traducción griega del Antiguo Testamento, así también muchos judíos en Palestina - en los siglos posteriores al exilio - se dieron cuenta que no podían entender la Biblia en hebreo y que necesitaban una traducción al arameo. Movidos por sus tendencias más conservadoras, durante siglos se abstuvieron de hacer esta traducción, pero sí dependían de traducciones orales de los pasajes bíblicos que eran leídos durante los servicios sabáticos en las sinagogas. Después de que un pasaje era leído en hebreo, se lo traducía al arameo. Esas traducciones orales quizá comenzaron a escribirse antes del tiempo de Jesús, y con toda certeza en el siglo I d. C. Se las conoce como tárgumes o sea "interpretaciones".

Puesto que éstas son pruebas documentales del carácter del texto hebreo que se traducía, los targumes tienen cierto valor en el estudio textual del Antiguo Testamento. También son importantes porque con frecuencia revelan cuáles pasajes del Antiguo Testamento eran considerados por los judíos como profecías mesiánicas, ya que los targumes no sólo consisten de traducciones sino también de paráfrasis y comentarios. En esta forma revelan cómo interpretaban los judíos hace 15 o más siglos ciertos textos que no pueden ser entendidos fácilmente por el texto hebreo existente.

Los targumes más antiguos quizá fueron los que tratan de la Torah o los cinco libros del Pentateuco. 

El targum mejor conocido acerca del Pentateuco es el de Onkelos, o Targum Babilónico. Onkelos, tradicionalmente considerado como el autor de este targum, frecuentemente es identificado con Aquila, el famoso alumno del rabino Akiba. Aquila es autor de una traducción muy literal del Antiguo Testamento al griego. El targum de Onkelos también es sumamente literal, aunque contiene algunas secciones que son parafraseadas. Aunque está en duda su verdadera paternidad literaria, parece que originalmente fue escrito en Palestina y editado más tarde en Babilonia.

Otro targum del Pentateuco que es bien conocido es el del Seudo-Jonatán, llamado así porque se le atribuyó erróneamente a Jonatán ben Uzziel, el más distinguido alumno de Hillel; y también se le da el nombre de Yerushalmi I, pues fue compuesto en Palestina quizá después del siglo VII. Es una traducción con mucha paráfrasis que introduce varias ideas legales y filosóficas.

Otro targum palestino parafrástico del Pentateuco es el Yerushalmi II, también llamado Targum Fragmentario porque sólo se han conservado porciones de él.

El targum de los profetas que mejor se conserva lleva el nombre de Jonatán, pero los eruditos han encontrado evidencias de que fue preparado en Babilonia por el rabino José en el siglo IV d. C.

Los targumes de los "escritos" - la tercera sección de la Biblia hebrea - aparecieron mucho más tarde. Parece que nunca se escribieron tárgumes de los libros de Daniel, Esdras y Nehemías.

Un ejemplo de la libertad que se tomaron los autores de los targumes puede verse en el targum de Jonatán en Jer. 10:11. Este pasaje está en arameo en las Biblias hebreas más antiguas; por lo tanto no habría necesitado traducirse. Sin embargo, en vez de las diez palabras que tiene el versículo en el arameo bíblico, en el targum hay 57 palabras.


(9) Los Rollos del Mar Muerto
El sensacional descubrimiento de los famosos Rollos del Mar Muerto en 1947 revolucionó la crítica textual del AT. En ese tiempo ningún estudioso del AT tenía la menor esperanza de que alguna vez se encontraran manuscritos de la Biblia hebrea anteriores al período de los masoretas. Por eso, cuando fueron hallados los mencionados manuscritos, muchos eruditos tuvieron dificultad en aceptar que eran genuinos, o que si lo eran, fueran tan antiguos como parecían serlo.

Sin embargo, los descubrimientos posteriores han proporcionado una evidencia irrefutable, tanto arqueológica como paleográfica, de que estos textos hebreos son siglos más antiguos que los manuscritos que antes se conocían. Decenas de miles de fragmentos de manuscritos, tanto bíblicos como seculares, se encontraron en varias cuevas en los alrededores de Khirbet Qumrán. La mayor colección se descubrió en la cueva número 4, en el año 1952. Había allí miles de fragmentos de unos 480 rollos, de los cuales 100 eran bíblicos, con partes de todos los libros de la Biblia hebrea salvo el libro de Ester. La excavación de las ruinas de Khirbet Qumrán a partir de 1951, que duró varios años, trajo a la luz el centro comunitario de la secta religiosa judía de los esenios, y mostró claramente su conexión con los descubrimientos hechos en las cuevas.

Las cuevas de Wadi Murabba'at, a unos 20 km al sudoeste de Qumrán, proporcionaron documentos dejados allí por los judíos que participaron en la revuelta de Barcoquebas entre los años 132 y 135 d. C., algunos de ellos con fecha. Entre los materiales bíblicos descubiertos allí había un rollo de los profetas menores (desde Joel hasta comienzos de Zacarías), fechado en el siglo II d. C., lo cual es muy valioso.

Los Rollos de Qumrán de la Biblia hebrea se remontan al período cuando todavía la Biblia hebrea no había sido unificada; esto ocurrió a fines del primer siglo d. C. Sin embargo, la mayoría de estos rollos concuerdan sustancialmente con las palabras de la Biblia hebrea recibida por medio de los masoretas. Por lo tanto, los Rollos del Mar Muerto proporcionan un testimonio convincente de la precisión general en la transmisión del texto hebreo. El estudio de estos documentos ha convencido a los eruditos de que el texto sagrado debe tratarse con mucho mayor respeto que el que había recibido de parte de la comunidad erudita durante los dos siglos anteriores.

El gran rollo de Isaías ( IQIsa) , hallado en la cueva número 1, contiene miles de variaciones con respecto al texto masorético, pero la gran mayoría de estas variaciones no afectan para nada el sentido. Son más bien diferencias de ortografía, formas gramaticales y terminaciones. Entre las variantes que tienen que ver con el significado, la mayoría parecen ser el resultado de evidentes errores de copia. El rollo no fue escrito con la cuidadosa precisión de los escribas profesionales judíos del período posterior. Al parecer, se trata más bien de un manuscrito popular, preparado por aficionados.

Si se descarta este tipo de variantes, el texto de IQIsa concuerda notablemente con el texto tradicional. Millar Burrows, quien preparó el manuscrito para la publicación, consideró que este hecho era la característica más notable del rollo. Burrows consideró que la segunda característica notable del rollo era que en algunos puntos aparecían variantes superiores, a pesar de que el manuscrito no había sido muy bien copiado. Desde entonces los traductores de la Biblia han debido tomar en cuenta estas variantes.

En las versiones españolas de la Biblia hechas desde el hallazgo de los Rollos del Mar Muerto, también se han introducido, especialmente en el libro de Isaías, modificaciones basadas en el texto de esos manuscritos. Esto se observa en la BJ, en la NC y en la VP.

Por ejemplo:
Cap. 3: 24:
La RVA dice "quemadura en lugar de la hermosura",
La NC dice, "en vez de hermosura, vergüenza";

Cap. 14 :4:
La RVA dice "codiciosa de oro",
La VP dice "arrogancia".

Cap. 21: 8:
La RVA dice "león";
La BJ, "vigía";

Cap. 45: 2:
La RVA dice "rodeos enderezaré";
La VP, "derribaré alturas";
La BJ dice "allanaré las pendientes".

Otros ejemplos pueden apreciarse en Isaias 15:9; 23:2; 33:8; 49:24; 37:25.

Cabe señalar que en varios de los casos cuando había diferencia entre el texto masorético y el texto de los Rollos del Mar Muerto, una o más de las antiguas versiones concordaba con el texto de los rollos. Se ha interpretado que esto significaría que las versiones tuvieron un original más parecido al de los Rollos del Mar Muerto que al texto masorético.

La copia parcial de Isaías, que tiene la mayor parte de Isa. 41-66, denominada 1QIsb, también se encontró en la cueva número 1. Es una copia hecha con mayor precisión, y al mismo tiempo tiene menos diferencias, y diferencias de menor importancia con respecto al texto masorético. La variante más importante que contiene es una que concuerda con 1QISa y con la LXX, según la cual se añade en Isaias 53:11 la palabra "luz". La BJ traduce acertadamente: "verá luz, se saciará".

De la cueva número 4 se recuperaron fragmentos de aproximadamente una docena de otros manuscritos de Isaías, entre los cuales se encontraban dos comentarios (llamado pesher en hebreo). El texto de estos fragmentos se acerca mucho al hebreo tradicional. Estos manuscritos de Isaías dan evidencia de la antigüedad de la tradición textual transmitida por la Biblia hebrea que hoy se conoce. 
Por mucha revisión o alteración que se haya hecho en el siglo I d. C., no se observa modificación significativa en las consonantes del texto. Los Rollos del Mar Muerto confirman la precisión del texto hebreo.

La mayoría de las copias de otros libros del AT también se parecen al texto hebreo masorético. Aunque algunos de los fragmentos de los quince diferentes manuscritos del Génesis rezan en forma similar a la del hebreo del cual debe haberse traducido la versión de los LXX, en general, apoyan el texto tradicional hebreo. 

Los manuscritos del resto de los libros del Pentateuco representan tres diferentes tipos de texto. La mayoría se parecen al texto masorético. Pero entre los quince manuscritos de Éxodo que se conocen, uno (4QExa) contiene un tipo de texto que se asemeja mucho al que debe haberse traducido para la versión LXX. Lo mismo ocurre con un fragmento que contiene Deut. 23: 41-43 (4QDeutb).

No se conocía antes ningún manuscrito hebreo que tuviera las características de la LXX. Un manuscrito de Éxodo (4Qpaleo Exm), del siglo II a. C., escrito en caracteres hebreos antiguos, representa a un texto similar al del Pentateuco samaritano. De este manuscrito se han conservado aproximadamente cuarenta columnas de texto; en parte de él se observan los mismos añadidos y explicaciones característicos de los pasajes paralelos del Pentateuco samaritano. Sin embargo, no hay evidencia de que este manuscrito contenga los trozos de tendencia sectaria en que se apoyan las doctrinas samaritanos. Asimismo, los fragmentos considerables de un manuscrito de Números (4QNumb contienen las añadiduras halladas en el Pentateuco samaritano; pero también se encuentran en esos fragmentos pasajes que concuerdan con la LXX.

Por lo tanto, se puede ver que en estos manuscritos hay evidencia de tres líneas de transmisión: la protomasorética, la del texto del cual se tradujo la LXX y la protosamaritana.

Por mucho tiempo se ha reconocido que el texto hebreo de los libros de Samuel presenta numerosos problemas textuales. Parece que en el proceso de la transmisión, el texto hebreo de estos libros sufrió sobre todo por causa de omisiones accidentales. La LXX con frecuencia contiene lo que evidentemente es el griego equivalente a la parte que falta. Por lo tanto, el descubrimiento de fragmentos de tres manuscritos (4QSama,b,c) es de gran importancia. Sobre todo, es significativo el manuscrito de 4QSamb fechado a fines del siglo III a. C., y del cual se han conservado importantes partes del texto.

Con referencia a estos manuscritos, el profesor Frank Cross, hijo, quien publicó los MSS de 4QSama y 4QSamb afirma: "El texto de Samuel que contienen los tres rollos de la cueva número 4, difiere mucho de la tradicional Biblia masorética. Sistemáticamente sigue el texto de la LXX de Samuel" (The Ancient Library of Qumran, p. 179). Además, señala que el texto de 4QSamb conserva en algunos casos un texto que es superior, tanto a la LXX como al texto masorético. Luego señala la importancia de este hecho para la crítica textual de los libros históricos del AT:

"Estos manuscritos establecieron de una vez por todas, que en los libros históricos los traductores de la LXX reprodujeron fielmente y en forma muy literal el original hebreo. Y esto significa que la LXX de los libros históricos debe resucitarse como herramienta primaria del crítico del AT. Esto implica repudiar buena parte de la teoría y del método de crítica textual que se construyó y se aplicó al texto hebreo de Samuel en la última generación de eruditos" (Id., p. 180).

En seguida añade que esto no significa que el texto de la LXX sea necesariamente superior al del hebreo tradicional. Cada pasaje debe estudiarse en forma individual, y evaluarse con muchísimo cuidado. Cada uno debe considerarse en base de sus propios méritos.

Lo que hoy se sabe en cuanto a la crítica textual y a la transmisión del texto del AT, obliga cada vez más a respetar la integridad del texto hebreo que hemos recibido. No es posible sugerir, como lo han hecho tan libremente algunos eruditos, que las dificultades de interpretación se solucionan con enmiendas del texto o la fabricación de un "texto conjetural". Podemos estar seguros de que los cambios que ha sufrido el texto del AT en los últimos dos mil años no han modificado para nada su sentido. La confianza del cristiano conservador en el texto bíblico ha sido vindicada.