Los límites de la memoria
 
Se trata de un libro tan insólito como interesante. En principio, el autor pretendía editar simplemente los cuadernos en los que su tío-abuelo, Ángel Piedras, había tratado de reflejar la experiencia de la represión franquista en Nava del Rey. Él mismo, y buena parte de su familia, se contaron entre las víctimas del horror. Los cuadernos presentan de forma sencilla y descarnada la barbarie en un pueblo de jornaleros durante la guerra, y en los años siguientes.
A partir de ese propósito inicial, Pedro Piedras, se plantea en el texto su propia relación con una historia de la que es heredero, y de la que es al mismo tiempo testigo, protagonista y espectador perplejo. El libro nace de un doble impulso. Por una parte, la necesidad de contar, que movía a Ángel Piedras, y el deseo de transmitir sus relatos que impulsa al sobrino.
Pero sobre ese motivo personal, se superponen las propias preocupaciones del historiador que también es Pedro Piedras, a quien le habían venido ocupando los problemas que plantea hoy la memoria de unos hechos sobre los que se han acumulado décadas de olvido. Las cuestiones teóricas y la herida personal y familiar se funden en un libro valiente y original, que sabe replantear de forma nueva la imposibilidad de la "memoria histórica"