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Parejas bajo el mismo techo, pero sin sexo

El número de parejas que ha dejado de mantener relaciones va en aumento. Se considera que algo falla cuando se produce menos de un encuentro al mes. ¿Por qué se llega a esta situación?

RITA ABUNDANCIA | 18 NOVIEMBRE, 2014 | 07:30 H
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Foto: AMC/ 'Masters of sex'
Etiquetas: Crisis pareja · sexo

Las parejas que viven juntas, se llevan bien, no tienen aparentemente grandes problemas, pero han aparcado su vida sexual –no se sabe muy bien por qué–, aumentan cada día. Según investigaciones de Robert Epstein, famoso psicólogo de San Diego y fundador y director del Centro Cambridge de Estudios del Comportamiento en Beverly, Massachussetts, entre un 10 y un 20% de los matrimonios y las relaciones románticas en Estados Unidos no tienen sexo, lo que llevaría a una suma de 40 millones de personas. Se cree, además, que esta cifra podría ser mucho mayor en realidad, ya que muchos individuos rehúsan hablar de su vida sexual y mucho menos reconocen que carecen de ella, teniendo partenaire. Para Epsteinuna pareja sin sexo es aquella que tiene menos de un encuentro al mes o menos de 10 al año.

Pero lo cierto es que no es difícil engrosar la lista de parejas asexuadas, pasados varios años de convivencia, aún cuando los miembros se lleven bien, haya comunicación e, incluso, intimidad. El sexo es lo primero que se deja para mañana cuando la lista de quehaceres es larga y extensa. En parte porque todavía seguimos con la idea de que la pasión y el entusiasmo son cualidades que vienen en el pack “dos personas que se quieren se van a vivir juntas”. En principio si vienen, lo que pasa es que las pilas se acaban. Ante esta nueva situación muchos piensan que la vida es así y que inevitablemente todo llega a su fin –no se les ocurre pensar que existen baterías de recambio–. Como se llevan bien con su media naranja, les gusta el mismo tipo de cine, todavía le quedan muchos años de hipoteca e inician un periodo de hibernación, interrumpido por las vacaciones de verano, en las que pueden tener algunos encuentros para darse cuenta de que casi es mejor no tenerlos. Así pueden continuar el resto de sus días o, también puede ocurrir, que alguien se les cruce por el camino a uno de los dos, le haga descubrir el sexo por segunda vez, o tal vez por primera, y ponga fin a una relación más de compañeros de piso, que de cama. Es lo que le ocurrió a Lorena, 39 años, tras seis años en dique seco. “Cuando el sexo empezó a dejar de ser frecuente yo intenté preguntarle a mi ex, qué es lo que ocurría. Yo todavía tenía ganas pero él ponía excusas casi siempre, hasta que llegó un momento que yo también entré en esa dinámica. Es como cuando quieres algo y no le consigues, entonces dejas de pensar en ello para no hacerte mala sangre. Así que me convencí a mi misma de que todo era normal porque a mis amigas también les ocurría lo mismo. El sexo tampoco es para tanto, decíamos, y hasta hacíamos chistes sobre el hecho de que cuando estábamos sin pareja ‘mojábamos’ más. De este letargo me sacó alguien al que me presentaron en una fiesta y que es ahora mi actual pareja. Pero recuerdo la ruptura como algo muy doloroso. Nos llevábamos muy bien, hablábamos de todo y yo quedé un poco como la ninfómana insaciable que abandonaba al hombre de su vida por un revolcón”.

Las consecuencias

Perder el factor sexo en un momento dado es normal en toda relación, lo que no lo es tanto es enterrarlo sin motivo aparente. Según Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga y directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, esto puede derivar en problemas fisiológicos, aunque en principio no los haya. “Es el caso de las mujeres que empiezan a pensar que ya no son atractivas y por eso sus parejas ya no se van a la cama con ellas, o el de muchos hombres a los que la negativa a las relaciones sexuales, por parte de sus mujeres, les empieza a provocar inseguridades y ansiedad, lo que acaba afectando a la respuesta sexual y puede finalmente provocar eyaculación precoz u otros trastornos. Lo cognitivo bloquea o controla el instinto. Desgraciadamente, la falta de interés en el sexo no siempre afecta de igual manera a ambos miembros de la pareja. Lo más normal es que uno siga queriendo tener relaciones y el otro no, lo que también es fuente de frustración, culpas, peleas, rabia contenida. Todo esto acabará minando la relación, tarde o temprano”, comenta esta sexóloga.

Recientes estudios científicos indican que las mujeres son las primeras en perder interés tras años con la misma pareja y que el síndrome de deseo hipoactivo, es decir la falta de ganas, podría ser nada más ni nada menos que aburrimiento, como se exponía en un artículo publicado en el Huffington Post y titulado ¿Es la monogamia la causa de disfunción sexual femenina y puede una pastilla ser la respuesta? La mayoría de los hombres, por su parte, tras un tiempo de convivencia, empiezan a cansarse de ser ellos los que lleven la iniciativa en el terreno erótico, del mito de que siempre están dispuestos y de la creencia de que el género femenino es el más necesitado de que le doren la píldora. Raúl y su pareja son de los que fueron conscientes de que las pilas había que cambiarlas de cuando en cuando, solo que el puesto de encargado de mantenimiento se le adjudicó a él. “La verdad es que nuestra faceta sexual había empeorado, bajado de calidad, e imagino que fue eso lo que nos hizo empezar a olvidarla”, cuenta Raúl, “por lo que decidimos reactivarla. Pero en esa reforma empezaron a salir muchos reproches, frustraciones, deseos no realizados. Se me dibujó como el responsable máximo de que ya no hubiera tantos preliminares ni pasión, de dejar de dar muestras de cariño (besos, pellizcos y hasta azotes espontáneos), de no querer cuando a ella si le apetecía. ¿Acaso a los hombres no nos gusta que nos seduzcan, se nos insinúen y que tomen otros la iniciativa, de vez en cuando?”.

Personalmente creo que el sexo en una pareja cumple el papel del inconsciente y que, generalmente, es el primero que detecta y somatiza los problemas que el intelecto tardará, seguramente, años en entender. Por lo tanto la expresión de: “Estamos bien y nos llevamos genial pero no tenemos vida sexual” se traduce al idioma castellano en:“En realidad no estamos tan bien, por eso en la cama ni siquiera estamos”. Como Francisca Molero apunta, “muchos problemas sexuales o falta de deseo, no son sino el reflejo de otros de pareja, como falta de confianza, de comunicación, intereses diferentes, inexistencia de un proyecto de vida en común o ideas contrarias. Cuentas pendientes que no se manifiestan y se expresan indirectamente en el ámbito de la sexualidad”.

Técnicas para despertar el erotismo

A la consulta de esta sexóloga y ginecóloga llegan parejas sin sexo en busca de ayuda, cada vez con edades más jóvenes. “En principio lo importante es saber si quieren volver a encontrarse o no, que en muchas ocasiones, ni ellos mismos lo saben. Por lo tanto se les hace una terapia que consiste en tareas individuales y colectivas. Entre las primeras estánactividades para despertar el autoerotismo, el interés por el sexo, lo que también les ayudará a la hora de ampliar sus habilidades eróticas y sexuales. Pasada esta fase se entra en los deberes conjuntos. Muchas parejas están tan distanciadas que hay que volver a acercarlas. Se les pide que salgan juntos, que paseen, que se vayan a la cama a la misma hora… Diversos ejercicios hasta poder desembocar en una vuelta a las relaciones sexuales. A veces se consigue. Otras ya no hay nexos de unión y no es posible, pero lo importante es que ellos sean conscientes de lo que ocurre, para luego tomar o no decisiones”.

Seguramente el secreto de las parejas que se llevan bien a lo largo del tiempo es tan sencillo como que siguen teniendo sexo. Para acabar, me viene a la cabeza una escena de la película Vidas Rebeldes (1961). Roslyn Tabor (Marilyn Monroe) es una mujer que llega a Reno para divorciarse y allí conoce a unos vaqueros. En un momento dado van a casa de uno, Guido (protagonizado por Eli Wallach). Roslyn baila con él y descubre que es un excelente bailarín. El diálogo es todo un compendio, triste, de filosofía de las relaciones de pareja.

Roslyn- ¿Tu mujer no bailaba?

Guido- No como tú, ella no tenía gracia.

Roslyn- ¿Por qué no la enseñaste a ser graciosa?

Guido- Eso es algo que no se puede aprender.

Roslyn- ¿Cómo lo sabes? Ella murió y nunca llegó a saber lo bien que podías bailar. En cierta manera erais como dos extraños.

Guido- No quiero hablar de mi mujer.

Roslyn- No te enfades. Solo quiero decir que si la amabas, debías haberle enseñado. Porque todos, maridos y esposas, estamos muriendo cada minuto y no nos estamos enseñando los unos a los otros lo que sabemos.



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Consideramos de especial relevancia los planteamientos formulados por la teoría de las relaciones objetales, por la importancia que concedió a las relaciones personales en el desarrollo psíquico del individuo. Si bien Freud ya habló del objeto como aquello que permitía la reducción de la tensión pulsional, esta nueva corriente psicoanalítica, define el objeto de un modo más específico, refiriéndose a aquella persona, que es objeto de placer por si mismo y que el yo busca por su necesidad de relación. Rechazan además el concepto de narcisismo primario, señalando que las relaciones con el objeto se observan desde el principio de la relación del niño con la madre. Desde la teoría de las relaciones objetales, se asume que las experiencias de relación con el objeto, marcan las estructuras psíquicas del niño, generando una organización mental que, una vez internalizada, perdurará en el tiempo y afectara a las relaciones posteriores. Dentro de esta línea de pensamiento, encontramos dos grupos de trabajo. El primero, representado principalmente por Melanie Klein, centrado en el objeto interno y, el segundo, representado por el grupo británico, quienes enfatizaron el efecto de la relación con el objeto real y el entorno en la estructura mental del niño. Melanie Klein. El mundo de los objetos internos y las fantasías inconscientes Las primeras formulaciones de la teoría de la relación con el objeto se deben a Karl Abraham (1924), sin embargo, sería Melanie Klein (1932) quien desarrollara su obra y sentara las bases de la importancia de las relaciones tempranas con el objeto, afirmando que la relación del bebé con su madre, y más específicamente con el pecho de la madre como primer vínculo oral, se ubica en el centro del desarrollo y es fundamental para el desarrollo psíquico posterior. Para Klein, el bebe nace con una predisposición innata que guía la búsqueda del objeto de vinculación externo. En 1959 afirmó: “mi hipótesis es que el niño tiene un conocimiento innato inconsciente de la existencia de la madre (...) y este conocimiento instintivo es la base para la primera relación del bebé con la madre” (p. 248). Contrariamente a los planteamientos freudianos, Klein abogó por la existencia de gratificaciones en la relación con el objeto, además de las relacionadas con el alimento en sí mismo pero, sin embargo, sus formulaciones teóricas se centran en aspectos concretos como el pecho de la madre, la comida y la oralidad (Ainsworth, 1969). La relación del niño con su objeto primario, la madre, y hacia la comida están unidos uno con el otro desde el principio. Por lo tanto, el estudio de los patrones fundamentales hacia la alimentación parece ser la mejor aproximación para el entendimiento de los jóvenes infantes” (Klein, 1948; citado en Bowlby, 1958; p. 354) Klein supo resaltar la importancia del cuidador en la modulación de los sentimientos del niño. No obstante, se alejó de la teoría del apego al afirmar que la interacción del bebe con el medio está al servicio de un sistema relacional interno, primariamente defensivo. En el modelo kleiniano, la mente humana se sitúa entre la posición esquizo-paranoide y la depresiva, dimensiones que Fonagy (2004) relaciona con la seguridad inseguridad infantil y adulta del apego. Sin embargo, discrepamos de la interpretación realizada por Fonagy, puesto que los conceptos que utiliza Klein, además del elevado contenido psicopatológico, no tienen una repercusión tan clara en la regulación afectiva. Las aportaciones realizadas por Melanie Klein supusieron un avance en el reconocimiento de las necesidades afectivas dentro del psicoanálisis ortodoxo al afirmar que “la gratificación está mucho más relacionada con el objeto que da el alimento que con la alimentación en sí misma” (Klein, Heimann, Isaacs y Riviere, 1952; citado en Bowlby, 1958, p. 355). Sin embargo, su negativa a alejarse de los planteamientos freudianos, la llevaron a distanciarse de otros autores para quienes, compartiendo sus postulados sobre las relaciones objetales, diferían en el hecho de la consideración del ambiente, y especialmente la relación con la madre, como el principal responsable en la formación de la estructura mental del niño. En este momento histórico, las controversias surgidas entre Klein y Anna Freud, darán lugar al surgimiento del denominado grupo independiente. La postura mantenida por Klein y la de los teóricos del grupo británico tienen algunos puntos en común. Ambas posturas señalan la importancia de la relación con la madre en la estructura de la personalidad del bebé: se centran en el aspecto emocional del vínculo afectivo, en la necesidad de contacto con el objeto primario, considerando que el origen de la patología se encuentra en los estadios del vínculo inicial con la madre. Sin embargo, ambas posturas se sitúan en un sentido diametralmente opuesto cuando priorizan el papel determinante de la madre en el desarrollo mental del niño. Así, por ejemplo, las divergencias con Bowlby (inicialmente perteneciente al grupo independiente) se producen al rechazar Klein la importancia de la experiencia actual, afirmando que la ansiedad del niño era debida a tendencias constitucionales (Fonagy, 1999a) y por la importancia concedida a la fantasía, que reducía la importancia de los factores ambientales. A continuación se comentan algunos de los autores más relevantes del grupo británico. Innovaciones teóricas en el grupo Británico Conocidos inicialmente como “grupo intermedio” por situarse entre las teorías kleinianas y las de Anna Freud, esta nueva corriente de pensamiento originaria de Sándor Ferenczi , supuso un nuevo avance en la conceptualización del mundo afectivo. Así por ejemplo, Michel Balint (1952), unos de sus discípulos, acuñó la expresión de “amor primario” afirmando que entre el recién nacido y la madre existía un vínculo afectivo y que, de no satisfacerse, conduciría a patologías emocionales posteriores. Por otra parte, Fairbain (1952), a diferencia de Freud, consideraba que el impulso motivacional libidinal inducía al niño a buscar a la madre como objeto en sí y no como medio para reducir la tensión u obtener otro tipo de gratificación. El niño está necesitado de la madre para organizar su mente y su mundo emocional; la base de los vínculos humanos está en las relaciones con el objeto. Este autor basó sus conclusiones en la observación del desarrollo de niños víctimas de abusos, donde concluyó que el niño, a pesar de la falta de placer, seguía afianzando el vínculo con sus padres, observando que, el “apego obstinado” al objeto en la infancia, persisten a lo largo de todo el desarrollo adulto. Winnicott (1960, 1965), al igual que Klein, destacó la importancia de las etapas iniciales en el desarrollo emocional del individuo, sin embargo, para Winnicot el ambiente era un elemento fundamental, afirmando que la fuerza o debilidad del yo dependía de la sensibilidad del cuidador para atender correctamente a las necesidades del niño en los primeros años de vida. Así, definió dos elementos esenciales de la parentalidad: el TESIS DOCTORAL 20 apoyo emocional y la no intrusividad del cuidador, que permite generar el sentido de “continuidad del ser”. Es esta dialéctica entre contacto y separación, lo que desarrolla la capacidad de relacionarse y la de estar solo, acorde a la posición de Bowlby (Marrone, 2001, p.137). Otros puntos de contacto señalados por Cantero (2001) son, en primer lugar, la similitud entre el concepto de “soporte” en el logro de un óptimo desarrollo afectivo temprano y el concepto de sensibilidad materna ante las señales del niño propuesto por Mary Ainsworth, uno de los determinantes básicos de la calidad del vínculo afectivo que el niño desarrolla. Fonagy (2004) destaca que Winnicott acuñó el término de “falso self” (1965) como patología de la subjetividad que desarrolla el niño como consecuencia de una figura de cuidados insensible; por otra parte, un cuidador seguro reduce la ansiedad del bebé al proporcionarle un afecto incompatible con su malestar. Así Fonagy (2004) considera que: “Winnicott fue quizá el autor más cercano a la teoría del apego, al reconocer la importancia de la comprensión psicológica del bebé por parte del cuidador, para que pueda emerger el self verdadero y el reconocimiento del aspecto dialéctico de esta relación” (p.177). En segundo lugar, Cantero se refiere al concepto de “objeto transaccional” (sustitutos simbólicos que reemplaza las fuentes primitivas de seguridad y protección) acuñado por Winnicott (1953) y que se relaciona con el hecho de que el niño utilice ciertos objetos (peluches, almohada, etc.) que le facilitan la vinculación al permitir mantener un lazo simbólico con la madre en ausencia de ésta. Para finalizar este apartado, nos gustaría señalar el hecho de que el psicoanálisis fue un paradigma revolucionario, excepcionalmente original en sus planteamientos y con importantes repercusiones para la psicología en su vertiente clínica. El hecho de que los planteamientos de Bowlby (que comentaremos detenidamente más adelante), surgieran inicialmente de esta corriente es una muestra de la importancia concedida por los psicoanalistas al estudio de la afectividad. Sin embargo, consideramos que este hecho no resta relevancia a la figura de John Bowlby como padre de la psicología del apego. Fonagy y Marrone, por ejemplo, han reinterpretado las concepciones y teorías psicoanalistas a la luz de los descubrimientos de Bowlby, restando, en cierto modo, originalidad a sus planteamientos. Sin embargo, las diferentes corrientes psicoanalistas no lograron dar al estudio de la afectividad humana el significado ni la coherencia teórica que sí supo darle Bowlby, en parte debido a su negativa a centrarse en la experiencia real y por  la complejidad de sus planteamientos. La claridad conceptual de la teoría del apego tal y como la conocemos en la actualidad, su aplicación al mundo infantil y adulto y su relevancia en la regulación emocional, es un mérito que debe reconocerse a John Bowlby. 
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