Yom Kippur
 El servicio de Yom Kipur en el Templo

El Perdon como terapia

Terapia de Perdon

Caracteristicas del perdon

El resentimiento

Como perdonar

Nivel psicologico

Nivel espiritual

 Tora

Iom Kipur

Teshuva

Yom Kippur

Juan Pablo II

Perdon y resilencia

Psicologia del perdon

Los niños y el perdon

Pasos segun R.Enrigh

consejos de R.Enright

Capacidad de perdonar

Bibliografia

Ahora recordamos como se realizaba el servicio de Yom Kipur en el Templo por manos del Sumo Sacerdote. Durante este servicio el Sumo Sacerdote pedía el perdón para todo el pueblo de Israel.

Avodá o el orden del servicio del Templo empieza con un breve resumen y descripción de la historia del mundo desde Adán hasta Aharón. Luego describe los siete días de preparación del Sumo Sacerdote anteriores a Yom Kipur, la preparación del día antes y la realización del servicio.

El punto álgido del servicio era cuando el Sumo Sacerdote entraba en el kodesh Kodashim (el Santo de los Santos). Solo el Sumo Sacerdote podía entrar en el Santo de los Santos, y el único día permitido durante todo el año era el día de Yom Kipur, cuando iba a cumplir con el ritual del ketoret (incienso).

El Sumo Sacerdote realizaba el ritual de la confesión tres veces. En la primera pedía perdón para él mismo y su familia. En la segunda confesión pedía perdón para la tribude los kohanim (sacerdotes) y en la tercera pedía perdón para todo el pueblo de Israel.

Cada confesión del Sumo Sacerdote incluía súplicas de perdón por los pecados de omisión o no intencionados (jataim), por los voluntarios o deliberados (avonot) y por los pecados de rebelión o los que se hicieron en una falta de fe (peshaim). Al final de cada confesión invocaba el versículo de la Torá (Lv 16,30)

Durante la recitación de Ve ha kohanim (y los sacerdotes), cuando el Sumo Sacerdote pronunciaba el nombre de Dios, el pueblo de Israel congregado en el patio del Templo se arrodillaba y se prosternaban diciendo "Bendito sea el nombre de su reino ahora y por siempre." Todavía hoy el jazán tiene la costumbre de arrodillarse tres veces.

El Sumo Sacerdote terminaba cada confesión prolongando la pronunciación del nombre inefable, hasta que toda la gente había completado su respuesta (bendito sea el nombre...). Terminaba la frase diciendo titharu (sed puros).