LA GUERRA EN LAS TRINCHERAS

El 4 de Agosto de 1914 el ejército alemán invadió Bélgica con el objetivo de cruzar más tarde la frontera francesa y alcanzar París. Esta estrategia bélica seguía un plan previamente establecido que era conocido con el nombre de Plan Schlieffen. El gobierno alemán había exigido a Bélgica que dejase el paso franco a través de su territorio a los soldados del Reich; a lo cual, se había negado totalmente el rey Alberto I de Bélgica, argumentando que aquello jamás lo haría una nación soberana, además de romper la neutralidad de Bélgica en el juego de alianzas que se había fraguado en Europa desde principios de siglo.
El 5 de Agosto el ejército alemán asedió la ciudad de Lieja. El general Von Bülow creía que Lieja caería en sus manos en breve tiempo; pero se equivocó, y la ciudad resistió heroicamente hasta el día 16 del mismo mes. Entonces el ejército belga se retiró hacia Amberes y Namur, donde se hizo fuerte. Los alemanes rodearon Amberes y asediaron Namur, que acabó rindiéndose el 23 de Agosto.
La resistencia belga tuvo importantes consecuencias para el comienzo de la guerra. Por un lado demostró que siendo Bélgica un país pequeño, no por ello era un enemigo fácil de vencer; incluso si quien lo atacaba era el ejército alemán, reputado como uno de los mejores del mundo. Por otro lado reafirmó a Inglaterra en su voluntad de intervenir en la guerra contra Alemania. Finalmente, hizo perder a los alemanes un tiempo valiosísimo para el correcto desarrollo del plan Schlieffen, que se basaba en la rapidez de movimientos.
Invasión de Bélgica a principios de Agosto de 1914.
 
 
 
EL PLAN SCHLIEFFEN
 
 El plan Schlieffen recibió su nombre de quien lo imaginó, el jefe del Estado Mayor del II Reich alemán, Alfred Graf von Schlieffen. El plan exponía la estrategia a seguir en caso de que Alemania se viese envuelta en una guerra con Francia y Rusia a la vez.
Lo primero que dejaba claro el plan Schlieffen era que al verse Alemania atacada en dos frentes a la vez, uno occidental y otro oriental, era necesario sacrificar en principio uno de ellos, en concreto el oriental. Ello se debía a que Schlieffen consideraba que Alemania no podía vencer en ambos frentes a la misma vez, y por tanto, era necesario concentrarse al principio en el frente francés, y conseguir allí una rápida victoria. Esto se vería favorecido por la lentitud de movilización que mostraba Rusia, con un territorio inmenso y un ejército anticuado y poco eficaz. Una vez alcanzada la victoria contra Francia, sería posible concentrar todo el esfuerzo en la lucha contra el ejército ruso, enorme, pero lento y mal preparado.
Según el plan el ejército del Reich atravesaría Bélgica y su ala derecha se dirigiría hacia el norte de Francia para rodear al enemigo. Sin embargo, el ala izquierda no debería mostrar debilidad, pues se esperaba que el ataque francés se hiciese por aquel lado. Con el objetivo de reforzar el ala izquierda para que resistiese la ofensiva francesa, Schlieffen propuso movilizar a los reservistas, que aunque estaban faltos de entrenamiento, sí podían combatir a la defensiva.
Pero Schlieffen murió en 1913 y no pudo dirigir su plan; de ello se encargó su sucesor en el cargo Helmuth Johan von Moltke.
 
Los franceses actuaron como se esperaba que lo hiciesen; invadieron Lorena y Alsacia. El plan francés, elaborado para el caso de tener que enfrentarse a Alemania, recibía el nombre de Plan XVII, y su creador fue Ferdinand Foch. El plan consistía en desencadenar un ataque masivo y directo contra Lorena y Alsacia; con tal violencia, que las líneas defensivas del Imperio Alemán cederían fácilmente y el enemigo quedaría desbaratado. Los partidarios de este plan creían firmemente que el Reich no se atrevería a atacar por Bélgica, pues trataría a toda costa evitar que Inglaterra interviniese a favor de Francia. Sin embargo, el espíritu del plan era de carácter revanchista, pues Francia se sentía humillada por la pérdida de los territorios de Alsacia y Lorena en la Guerra Franco-Prusiana de 1871. Por eso, uno de los objetivos principales del Plan XVII era recuperar dichas provincias. Como puede comprobarse fácilmente, el plan francés no era objetivo ni racional en absoluto, en él imperaba el aspecto sentimental y el orgullo herido, y confiaba en que el enemigo careciese del atrevimiento necesario para defenderse adecuadamente.
El general Joseph Joffre adoptó el plan XVII y supo ponerlo en práctica con más rapidez de la que esperaban los alemanes. El día 7 de Agosto de 1914 el ejército francés atacó Mulhouse en Alsacia, cuando todavía el ejército del Reich no había hecho nada más que comenzar el asedio de Lieja; unos días después, el 14 de Agosto, los franceses atacaron Saaburg, en Lorena. Lo sorprendente es que, conociendo Joseph Joffre las intenciones de los alemanes, no rectificase el Plan XVII, y dejase para la defensa de la frontera norte un ejército reducido. No obstante, Joffre permanecía tranquilo pues confiaba en el apoyo de las divisiones de la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF), a las órdenes de Sir John French.
Por supuesto que el Plan XVII fracasó. Los alemanes se fueron retirando lentamente hacia el Rin y el Sarre, mientras los franceses avanzaban por Alsacia y Lorena sufriendo terribles bajas. Mulhouse fue conquistado, pero los alemanes realizaron un contraataque y como consecuencia el ejército francés hubo de abandonar la ciudad y retirarse hacia la frontera. En Lorena, cuando los franceses llegaron a Saaburg fueron rechazados por el ejército alemán y tuvieron que retirarse con enormes pérdidas.
 
 Caballería pesada francesa en el camino a la batalla, París, agosto de 1914
 
El Plan XVII también fracasó en el norte. El 16 de Agosto Lieja se había rendido al ejército del Reich después de 11 días de resistencia y los restos del ejército belga se habían retirado hacia Amberes y Namur. Alexander Von Kluck, comandante del I Ejército del Reich y Karl Von Bülow, comandante del II y III Ejército se dirigieron entonces hacia Namur rodeando las Ardenas, con el objetivo de acabar definitivamente con el ejército belga y dejar libre el camino hacia la frontera francesa. Entre el 20 y el 23 de Agosto los alemanes asediaron Namur, que finalmente se rindió. Aquello supuso el fin de la resistencia belga.
Casi un millón y medio de soldados alemanes avanzaban en dirección a Charleroi, cerca de la frontera francesa, mientras Namur era asediada. El día 21 de Agosto se toparon con el general francés Lanrezac al mando del 5º Ejército, que había dispuesto una línea defensiva de una longitud de 40 Km a lo largo del río Sambre; hacia el oeste, siguiendo la carretera que llevaba hasta la frontera francesa se había desplegado la Fuerza Expedicionaria Británica, junto a la ciudad de Mons.
El 21 de Agosto el general alemán Von Bülow con el II Ejército cruzó en Sambre y estableció dos cabezas de puente; la artillería de Lanzerac no pudo impedir el avance alemán y al día siguiente Bülow lanzó un ataque directo contra el 5º Ejército francés. EL 23 de Agosto los franceses retrocedieron derrotados, mientras el III Ejército alemán cruzaba el Mosa. Lanrezac se vio obligado a ordenar la retirada, con lo cual pudo salvar al 5º Ejército de un desastre total, pues el paso del Mosa por los alemanes amenazaba con envolver a los franceses, para ser aniquilados más tarde.
Sir John French, general de la Fuerza Expedicionaria Británica se había situado el día 22 de Agosto a la izquierda de Lanrezac con sus cinco divisiones y aguantó el ataque de  Von Kluck y su I Ejército a lo largo del canal de Mons-Condé, pero cuando el día 23 observó como los franceses comenzaban a retirarse decidió hacerlo él también para evitar ser atrapado entre Von Kluck y Von Bülow.
El 24 de Agosto los soldados del Reich avanzaban por Francia tras cruzar la frontera, mientras el enemigo se retiraba derrotado. El plan Schlieffen parecía tener éxito, o al menos, tenía grandes posibilidades de llevarse a cabo. Era verdad que los movimientos del ejército alemán no habían sido todo lo rápidos que era deseable y que, al contrario de lo que había supuesto Schlieffen, Inglaterra había decidido intervenir, y con gran rapidez; pero era evidente que la línea defensiva de Lorena y Alsacia había funcionado y que Joffre tendría muchas dificultades para evitar que París se viese asediado en pocos días. Desde luego, la rapidez de movimientos era esencial en aquel momento.
 
 
 
 
 
BATALLA DE EL MARNE
 
 Lo cierto es que el ejército alemán avanzaba a buen paso en dirección a París y obligaba a batirse en retirada a británicos y franceses. Helmuth Johan von Molte, Jefe de Estado Mayor del Reich, pensaba que el Plan Schlieffen se estaba cumpliendo conforme a lo previsto, a pesar de la intervención británica, que en un principio parecía poco probable; no obstante las Fuerzas Expedicionarias Británicas habían sido derrotadas en Mons y habían emprendido una retirada que por momentos tenía tintes de huída.
Pero las tropas británicas tenían un buen nivel de preparación y, a pesar del estupor de los primeros momentos, el II Cuerpo de las BEF hizo frente a Von Kluck en Le Cateau. Los británicos resistieron bien al principio y después se retiraron ordenadamebte gracias al apoyo de la caballería francesa. Los soldados de Lanrezac y French hicieron todavía un intento de contraofensiva en San Quintín, a corta distancia de Le Cateau, pero el 30 de Agosto se retiraron hacia el Marne para reforzar el gran frente que estaba organizando Joffre.
 Otro lugar de resistencia al avance alemán fue la ciudad de Maubeuge, punto de unión de cinco líneas de ferrocarril junto al río Sambre. Maubeuge estaba fuertemente guarnecida por infantería y artillería, manteniéndose como baluarte desde el día 25 de Agosto durante dos semanas, al término de las cuales capituló.  
 Soldados de las Fuerzas Expedicionarias Británicas. Agosto 1914.
 
 Joseph Joffre, Comandante en Jefe del Ejército Francés, había visto con decepción cómo el Plan XVII fracasaba en Alsacia y Lorena y cómo el apoyo de las BEF había sido incapaz de evitar que el frente del norte se derrumbara ante el asalto del ejército del Reich. Joffre comprendía la gravedad de la situación y era consciente de que el enemigo podía plantarse a las puertas de París en unos cuantos días; por esa razón ordenó un rápido repliegue para organizar un frente en una posición ventajosa entre la margen izquierda del río Marne y la margen derecha del Sena, mientras reclutaba un nuevo ejército en la capital a toda prisa; a la izquierda de este frente se situó French con las BEF.
Aquella línea defensiva iba desde París hasta Verdún, con unos 150 Km de longitud y más de un millón de soldados. Aún así, en París, una gran preocupación se había instalado en el ánimo de todos. El recuerdo de la gran derrota de Sedán en 1871 pesaba como una losa sobre la moral de los ciudadanos; y esta vez sería peor, la derrota significaría el final de Francia como gran potencia y el sometimiento al Imperio Alemán. Quizá, esta sensación de verse al borde del precipicio actuó como una fuerza que lanzó a los franceses a una defensa desesperada. Joffre reclutó al 6º Ejército en muy poco tiempo y a primeros de Septiembre ya estaba en condiciones de enfrentarse a los generales alemanes Kluck y Bülow.  
Hasta ese momento, aquel frente occidental de la Primera Guerra Mundial había mostrado una apariencia semejante a la de las guerras del siglo XIX. Se habían producido movimientos de tropas, fuego de artillería y fusileros, cargas de caballería y gestos heroicos por ambas partes. Pero había algo que hacía sospechar que las cosas no iban a discurrir de la manera acostumbrada; y es que, verdaderamente, el número de bajas en un solo mes de guerra había sido extraordinario. Tan solo el ejército francés había perdido más de 200.000 soldados entre muertos, heridos y prisioneros. También los alemanes habían sufrido grandes pérdidas en Charleroi, Mons y San Quintín.
El hecho era que desde finales del siglo XIX la tecnología había creado nuevas armas mucho más mortíferas que las que se utilizaban anteriormente. La tecnología de armas alemana había desarrollado el modelo Mauser 98, que es considerado como el mejor de fusil de cerrojo; los franceses habían creado el fusil Lebel y los británicos utilizaban el Lee-Enfield. Todos estos fusiles eran armas muy eficaces, capaces de hecer caer filas enteras de soldados en sucesivas descargas. Pero el arma más terrible, la que más bajas causaba en los asaltos era la ametralladora. La MGo8 alemana disparaba 400 proyectiles por minuto, mientras que los británicos utilizaban la ametrelladora Lewis, que era capaz de hacer 550 disparos por minuto. Ambas eran armas muy mortíferas, aunque demasiado pesadas, por lo cual eran utilizadas para detener los asaltos enemigos. También el uso de la artillería tuvo efectos devastadores, pues los nuevos cañones lanzaban proyectiles a distancias mucho más largas y la potencia de fuego se multiplicó como nunca se había visto.
Era inevitable, por tanto, que en aquella guerra en la que participaban millones de combatientes y con unos medios de destrucción tan eficaces, el número de caídos en combate sorprendiera desde los primeros encuentros en el campo de batalla.
 Ametralladora y soldados alemanes.
 
 El general Von Kluck, al mando del I ejército alemán se había aproximado muchísimo a París, tenía órdenes de completar el Plan Schlieffen y rodear por el norte la capital francesa, para de esta forma, cogerla en una tenaza entre él y Bülow por el sureste. Su ejército era el mejor de Alemania y solo tenía ante sí al recien formado 6º Ejército francés, menos numeroso, peor armado y con menos experiencia. Todo parecía presagiar que París sería atacada en pocas horas. Sin embargo, esto no ocurrió, pues el alto mando alemán con Moltke a la cabeza tenía dificultades de comunicación con los generales alemanes que se acercaban a la capital de Francia y Von Kluck decidió girar hacia el sur para atender la petición de ayuda que le había hecho Von Bülow. 
  Bülow había cruzado el Marne y se encontraba frente a la gran línea defensiva de Joffre; ante él estaba el 5º Ejército francés y un poco más a su derecha los soldados de las BEF. Aunque estas tropas habían sido derrotadas en varias ocasiones por los alemanes, Bülow los consideraba un enemigo peligroso, que él por sí solo no podía desbaratar al asalto, y por eso solicitó la ayuda de Kluck. 
 
 
Bülow tenía razones para ser prudente; el frente de Joffre era enorme, y como consecuencia había que estirar muchísimo las líneas. Por otra parte, a su espalda se encontraba el río Marne, posición arriesgada si se trataba de retroceder. Además el enemigo contaba con el apoyo de la gran ciudad de París en el extremo occidental del frente. Por si esto no bastaba, sus soldados estaban agotados después de un mes de combates y una incesante marcha a través de Bélgica y la llanura francesa.
A pesar de que a Bülow no le faltaban razones para solicitar la ayuda de Kluck y su I Ejército, algunos investigadores creen que la decisión de abandonar la línea original del Plan Schlieffen fue tomada por el Jefe de Estado Mayor alemán, Helmuth Johan von Moltke. Según estos autores, Moltke estaba mal informado de la situación de Bülow y pensó que el general alemán sería incapaz de resistir un ataque masivo anglo-francés, y por esto ordenó a Cluck que se dirigiese hacia el sureste para apoyar a Bülow; aunque más bien parece que lo que pudo influir decisivamente en Moltke fue el recuerdo de la batalla de Sedán y la forma en que su tío, el Mariscal de Campo  Helmuth Karl Bernhard Conde Von Moltke, resolvió la situación aniquilando al ejército francés y dejando a París indefensa, como consecuencia de lo cual se produjo la rendición inmediata. De esta forma, Johan von Moltke tenía muy presente que la absoluta destrucción del ejército francés era condición previa para la victoria.
Helmuth Johan von Moltke.
 
 Fuese quien fuese el que dio la orden, Kluck se dirigió hacia el sureste y abandonó el plan original de envolver París por el noroeste. Joffre comprendió entonces que aquello suponía un cambio estratégico decisivo y que el recien reclutado 6º Ejército debería acudir al extremo occidental del frente.
Von Kluck tenía el mando del I Ejército del Reich, unos 250.000 soldados bien entrenados y magníficamente equipados; probablemente, aquel era el mejor ejército de su época. Kluck se situó a la derecha de Bülow; una parte de su ejército cruzó el Marne, mientras el IV Cuerpo de Reserva compuesto por dos divisiones quedó al otro lado, muy próximo a París y capitaneado por Gronau.
 
 
 
 Conociendo Joffre que el flanco derecho de Kluck estaba ocupado por el IV Cuerpo de reserva, siendo aquella una de las únidades más débiles del I Ejército, ordenó al 6º Ejército francés que saliese de París y atacase a los soldados de Gronau el día 6 de Septiembre de 1914. Aquella maniobra desbarataría la ofensiva alemana al menos por unos días, y en caso de éxito, devolvería la iniciativa a los franceses. El 6º Ejército, compuesto por 150.000 hombres, se puso en marcha, pero en  la mañana del 5 de Septiembre su vanguardia fue divisada por las patrullas de caballería de Gronau y se produjo el primer choque entre ambos enemigos.
 
El general Joseph Joffre
 
 Previamente Joffre había acordado con French que los soldados de las BEF, unos 70.000 hombres, atacasen también a Gronau de manera simultánea a la ofensiva del 6º Ejército. Este último envió a sus dos divisiones a hacer frente a franceses e ingleses y los batió en las inmediaciones del arroyo Ourcq, viéndose obligado el 6º Ejército a retroceder en dirección a París. Ese mismo día 6 de Septiembre, Joffre dio orden a todos los comandantes del frente de que llevasen a cabo una gran ofensiva desde París hasta Verdún.
A lo largo del río Marne y en las proximidades de Verdún, los alemanes tenían cinco ejércitos; de los cuales los dos más fuertes eran el I de Kluck y el II de Bülow; más a la derecha se encontraba el III de Hausen, el IV del Duque de Würtemberg y el V del Principe Guillermo de Prusia. En total, 27 divisiones en las que formaban un millón y medio de soldados.
Desde París hasta Verdún, Joffre había dispuesto siete ejércitos; los dos más fuertes eran el 5º de d´Esperey y el 9º de Foch; a su derecha se encontraba el 4º de Langle, y más allá, próximos a Verdún, el 3º de Sarrail y el 2º de Castelnau. A la izquierda del frente se encontraban las BEF de French y en París el 6º de Manoury. En total 39 divisiones francesas y 6 británicas en las que formaban un millón cien mil hombres. 
Carga de la infantería francesa a orillas del Marne.
 
El 7 de Septiembre parecía claro que los soldados del 6º Ejército francés no dejarían de retroceder hacia París si no recibían refuerzos. Esta situación fue resuelta por el general Gallieni, gobernador militar de París. Joseph Gallieni no solo consiguió mantener alta la moral de los parisinos mientras el gobierno de la nación huía a Burdeos, sino que consiguió reclutar 10.000 hombres y enviarlos a toda prisa junto al 6º Ejército subidos en unos seiscientos taxis que había requisado en París. El milagro se produjo y Manoury aguantó la acometida de Gronau.
Taxi de la batalla de El Marne.
 
Aquello tuvo graves consecuencias para los alemanes, pues Kluck se vio obligado a enviar desde el día 6 de Septiembre grandes cantidades de soldados al Ourcq para evitar verse envuelto por la derecha. El 8 de Septiembre algunos aviones de reconocimiento franceses pudieron comprobar que todo el I Ejército de Kluck había cruzado el Marne para enfrentarse a Manoury y había dejado entre él y Bülow una enorme brecha de 30 Km. Esta ocasión fue aprovechada por Joffre que no dudó en ordenar a d´Esperey y French se se introdujeran en esa brecha con el objetivo de aislar al I y II ejércitos alemanes. Los británicos de las BEF cruzaron el Marne el día 9 de Septiembre, con lo que el I Ejército de Kluck quedó rodeado, mientras Bülow, con su flanco derecho desprotegido sufría la ofensiva del 5º Ejército francés.
Entre los arroyos Pequeño y Gran Morin se estaba desarrollando una gran batalla en la que la brecha entre los ejércitos alemanes era cada vez más grande; los soldados estaban agotados y Bülow, que temía verse rodeado por su derecha, era partidario de retirarse a orillas del Aisne.
Moltke estaba al tanto de la situación y ordenó a Kluck que se retirase si Bülow lo hacía. Ambos comenzaron la retirada el mismo día 9, movimiento que se prolongó hasta el 13 de Septiembre. Desde el día 10 los franceses y británicos encontraron una escasa resistencia en su avance hasta que se encontraron con las trincheras que habían cavado los alemanes. El 15 de Septiembre de 1914 el frente se estabilizó, acabó la guerra de movimientos y comenzó una nueva fase de la Primera Guerra Mundial conocida como la guerra de trincheras.
 
 
 
 
 
 
LA  TRINCHERA
 
 
La imagen de los soldados alemanes retrocediendo hasta llegar a orillas del río Aisne para cavar trincheras es una de esas cosas que marcan la Historia de manera definitiva.
Mientras cavaban, aquellos soldados ignoraban que estaban cerrando una etapa de la Historia y abriendo otra; a cada golpe de pala se desvanecía un mundo, una forma de entender las cosas que era la propia del siglo XIX. Verdaderamente se podría decir que el siglo XIX acabó realmente a finales de 1914, cuando Europa perdió la confianza en sí misma y en la certeza de la bondad absoluta del progreso; aquella gran quiebra tuvo lugar en el barro de las trincheras. Europa entera quedó estupefacta cuando comprendió en aquel otoño que la guerra sería larga y llena de crueldad porque ninguno de los antagonistas podía imponerse al otro. Los uniformes vistosos y los adornos de las guerreras dejaron de tener sentido cuando de lo que se trataba era de arrastrarse entre el lodo para evitar que una bala hiciese su terrible trabajo. El orgullo y la soberbia de los soldados en el campo de batalla quedaron aplastados bajo la lluvia de metralla de una artillería capaz de convertir una llanura verde en una superficie fangosa llena de cráteres.
Realmente, Europa se vio metida en un callejón sin salida, del que no había que esperar sino sufrimiento y miseria. La guerra no duró unos cuantos meses como se pensaba en principio; fue mucho más larga, duró cuatro largos años y arrojó el saldo espantoso de 10 millones de muertos y una economía exhausta. Pero eso no fue todo, la confianza en las instituciones quedó rota; los imperios Austro-Húngaro, Alemán, Ruso y Otomano desaparecieron y se sembró la semilla de los totalitarismos que serían protagonistas de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.
Trinchera de la Primera Guerra Mundial.
 
El Plan Schlieffen había fracasado a mediados de Septiembre de 1914, lo mismo que lo había hecho el plan francés a mediados de Agosto. El resultado eran dos gigantescos ejércitos agotados por varias semanas de campaña e incapaces de romper el frente enemigo. Moltke fue destituido el 14 de Septiembre y en tomó su puesto Erich von Falkenhayn. El antiguo Jefe de Estado Mayor se retiró en medio de una fortísima crisis personal y con su prestigio hecho añicos; probablemente el fantasma de su heroico tío le perseguiría hasta el día de su fallecimiento, que no se hizo esperar demasiado, pues ocurrió el 18 de Junio de 1916.
En París, las noticias de lo ocurrido en el Marne fueron acogidas con alivio; la ciudad se había salvado en el último momento y se abría la esperanza de hacer retroceder al enemigo, de derrotarlo. En Berlín, las cosas se vieron de manera bien distinta; los ciudadanos estaban decepcionados y aún no podían comprender lo que había ocurrido, ¿cómo era posible que a pocos kilómetros de París el ejército del Reich se hubiese dejado arrebatar la victoria de aquella manera?
No obstante, Falkenhayn se hacía cargo de una situación menos desastrosa de lo que pueda parecer; la fortuna no parecía serle totalmente contraria, pues días antes de su nombramiento el ejército alemán había derrotado a los rusos en Tannemberg. Aquella gran victoria había tenido lugar estando Moltke todavía al mando, y en parte se debió a sus decisiones, pero no pudo apuntarse el tanto por lo escandaloso de la derrota de El Marne.
La catástrofe del ejército ruso había sido total y miles de prisioneros habían caído en manos de los alemanes. Aquello ofrecía la posibilidad a  Falkenhayn de distraer tropas del frente oriental para enviarlas a occidente. Verdaderamente, aquello parecía una broma del destino; el plan Schlieffen había salido al revés, victoria ante Rusia, derrota ante Francia.
Cuando en ambos lados del frente aún se estaban cavando las trincheras, todos se percataron de que al norte, en el valle del Somme y en Flandes, se hallaba un enorme boquete por el que podían penetrar tanto los alemanes como sus enemigos franceses y británicos; quienes ocupasen primero aquella zona podían envolver a su contrincante y, a la larga, derrotarlo.
En ambos bandos se hicieron levas apresuradamente con el objetivo de controlar aquel enorme espacio que se extendía hasta el mar; las trincheras se alargaron desde el río Aisne hasta la desembocadura del Yser. El frente era tan gigantesco que nunca se había visto nada igual, se extendía desde la frontera suiza hasta el Canal de la Mancha.
 
Los sucesivos intentos de ambos bandos para romper el equilibrio al que se había llegado llevaron aquella guerra a tal límite de brutalidad, que aquel inmenso frente se convirtió en una carnicería. Las primeras trincheras, sencillas zanjas de algo más de 1 m de profundidad, fueron haciéndose más profundas con el paso del tiempo hasta alcanzar los 3 m, y en algunos casos todavía más.
Los asaltos de la caballería o la infantería a estas trincheras fracasaban sistemáticamente, debido a la eficacia de los nuevos fusiles, capaces de alcanzar objetivos a una distancia de 1 km. Pero el arma que más estragos hacía entre los atacantes era la ametralladora, que hacía caer filas enteras de soldados muchos metros antes de llegar al borde de la trinchera. Conforme la tecnología introdujo mejoras en la artillería, este arma fue imponiéndose por el aumento de su capacidad de fuego y la mayor rapidez de disparo. En los últimos episodios de la Primera Guerra Mundial, los cañones provocaban una auténtica lluvia de fuego y metralla sobre las trincheras; el ruido era ensordecedor y los soldados se veían sometidos a una tensión nerviosa hasta el límite, pues a veces los bombardeos duraban muchas horas seguidas.
Las trincheras franco-británicas y alemanas estaban separadas entre sí por una zona denominada tierra de nadie, que a veces podía tener casi 500 m; distancia que dificultaba el alcance de los fusiles. Sin embargo, la mayoría de las veces la distancia era mucho más corta, entre 100 y 300 m, lo que exigía a los defensores de la trinchera un gran cuidado para evitar los disparos de los francotiradores de la trinchera contraria. La tierra de nadie estaba cubierta de alambre de espino, que dificultaba enormemente el avance de la infantería y la djaba expuesta al fuego de las ametralladoras; la caballería era absolutamente ineficaz ante estos alambres, como pudo comprobarse desde un principio.
Ambos bandos pudieron comprobar como un grupo reducido de tiradores y algunas ametralladoras podían defender una trinchera, causando bajas masivas entre los asaltantes y haciéndoles retroceder totalmente derrotados. A finales de 1914 las trincheras habían adquirido una gran complejidad. Se disponían en tres líneas paralelas conectadas por trincheras transversales; la primera línea se denominaba frontal, la segunda de apoyo y la tercera de reserva. La línea frontal estaba defendida por una guarnición no demasiado numerosa que realizaba las guardias durante el día y la noche y se aprestaba a la defensa en caso de asalto; si la trinchera era tomada por el enemigo, los defensores retrocedían a la línea de apoyo a través de las trincheras transversales. En la trinchera dereserva era donde se preparaban los asaltos y los contraataques.
Las trincheras no dibujaban líneas rectas, sino que seguían un esquema dentado formado por segmentos; esto facilitaba la defensa, pues el enemigo se encontraba con múltiples frentes articulados que dificultaban el asalto frontal.
A lo largo de la Primera Guerra Mundial las trincheras acabaron convirtiéndose en estructuras de gran complejidad que incorporaban almacenes y habitáculos donde los soldados podían descansar, dormir y guarecerse de la lluvia, que en aquel clima era frecuente. Los alemanes fueron los que más lejos llegaron en este aspecto, pues construyeron habitáculos de hormigón bajo tierra; a veces dispuestos en varios niveles. A pesar de estas mejoras, las condiciones sanitarias de las trincheras eran terribles y las epidemias hacían estragos entre la tropa. Además, el frío y la humedad hacían enfermar a los soldados, que tampoco estaban adecuadamente alimentados. Las trincheras eran un lugar temido y odiado por todo el que debía soportarlas; increíblemente los soldados mostraron una entereza y un espíritu de sacrificio enormes durante toda la guerra.
El último intento de romper aquella situación de estancamiento bélico en el otoño de 1914 por parte de los alemanes fue la primera batalla de Yprés. Von Falkenhayn, que comandaba el Alto Mando Aleman (OHL), decidió lanzar un ataque contra la zona del frente que creía más débil, la que era defendida por las tropas expedicionarias británicas en Flandes. Desde mediados de octubre hasta la última semana de noviembre de 1914, las tropas alemanas intentaron romper el frente francobritánico en la zona de Ypres, pero fracasaron, a pesar de la intensidad de los combates. En esta batalla, los contendientes sufrieron un terrible degaste, hasta tal punto que casi agotaron sus recursos humanos y materiales. La batalla acabó por el agotamiento de las dos partes y por la llegada del invierno que sometió al frente a unas condiciones meteorológicas pésimas. La batalla fue un desastre para ambos bandos por la sangría que supuso y por ser muestra evidente de la estabilización del frente sin posibilidad de que cambiase la situación a corto plazo.
A principios de 1915, quien trató de romper el estancamiento bélico fue el comandante en jefe francés Joseph Joffre. Preparó una gran ofensiva que comenzaría a primeros de Marzo, cuando el invierno tocaba a su fin. El ataque tendría como objetivo romper las líneas alemanas por la zona denominada Saliente de Noyon, conocida así por hallarse en ella la localidad del mismo nombre. Un ejército británico y canadiense atacaría por el norte, mientras los franceses atacaban por la Champagne. La ofensiva fracasó y el estancamiento volvió de nuevo al frente occidental.
 En aquella primavera de 1915 el Alto Mando Alemán estaba convencido de que jamás podría batir las líneas enemigas con las armas convencionales que poseía. Esto parecía haber quedado muy claro tras la ofensiva franco-británica del mes de Marzo. A pesar de los intensos bombardeos que tuvieron que soportar las líneas alemanas, estas resistieron, y cuando se produjo el ataque de la infantería, los soldados volvieron a ser abatidos por las ametralladoras.
Convencidos de esto, los alemanes decidieron que la única forma de romper el frente enemigo era utilizar gas clorhídrico como arma. Los gases lacrimógenos ya se habían utilizado al principio de la guerra, pero el clorhídrico era diferente por ser mortal y haberse planeado utilizarlo de forma masiva.
El 22 de abril el ejercito alemán lanzo 168 toneladas de gas cloro sobre  la línea del frente enemigo de la zona de Ypres. Los efectos fueron terribles, porque nadie estaba preparado para contrarrestar el gas; sin embargo, los alemanes no supieron aprovechar la ventaja y apenas consiguieron avanzar sobre las trincheras enemigas. Aquella sería conocida como la Segunda Batalla de Ypres; los combates se prolongaron durante un mes, y en ellos los alemanes continuaron utilizando el gas, pero los aliados consiguieron equiparse rápidamente para evitar sus efectos. El resultado fue que a finales de Mayo de 1915 el frente no se había movido y comenzaba la era de las armas químicas.
Soldados británicos afectados por el gas.
 
A partir de este momento el equipamiento del soldado incorpora una serie de elementos nuevos que están relacionados con el uso de los gases y con la protección general del combatiente; el principal de ellos es la máscara de gas.
Máscaras de gas de 1915 y 1916
 
En aquella primavera de 1915, los aliados comenzaron a usar aviones de reconocimiento para dirigir más eficazmente los ataques de la artillería. Se trataba de batir con proyectiles las trincheras enemigas; para ello era necesario obtener fotografías aereas del frente aleman; esta información era muy útil, pues gracias a ella no solo se conocían con exactitud las posiciones enemigas, sino que era posible saber cuales eran los puntos más débiles del frente y la situación de las trincheras de retaguardia. Tras algunos éxitos de los aviones aliados, los alemanes comenzaron a utilizar los cazas, que empleaban ametralladoras que podían disparar a través de la hélice; el resultado fue que los aviones aliados eran abatidos tras un breve vuelo. Durante nueve meses los aviones alemanes Fokker fueron el azote de las fuerzas aéreas aliadas; muchos pilotos franceses e ingleses morían en combate a las pocas horas de llegar al frente y la esperanza de vida de todos ellos era de once días. Esta situación se prolongaría hasta el verano de 1916, en el que la aviación aliada recuperó la iniciativa en la carrera tecnológica; sus aviones ya contaban con ametralladoras delanteras y ahora aparecieron aviones más rápidos y ligeros.
Aviones británicos 1915
 
Durante el otoño de 1915 los aliados realizaron una serie de ofensivas a gran escala, que habían estado preparando durante el verano. El 22 de Septiembre comenzó un feroz bombardeo sobre las posiciones alemanas de Champagne y el distrito de Lille. El 25 de ese mes la infantería asaltó las trincheras consiguiendo algunos éxitos; los británicos estuvieron bombardeando la zona de Lille durante cuatro días y utilizaron gas cloro de forma masiva. Pero en Noviembre ya estaba claro que la ofensiva había fracasado y la situación volvió a estancarse. En diciembre, el general británico John French fue sustituido por Douglas Haig como comandante de las fuerzas británicas.
John French, comandante de las fuerzas británicas.
 
A finales de 1915 a los alemanes no les iba tan mal en el frente oriental; en el verano habían llegado hasta Varsovia y Rusia comenzaba a dar signos de agotamiento. Sin embargo, Von Falkenhayn pensaba que en el frente occidental era imposible romper las líneas enemigas al asalto. Él mismo había comprobado como el gas causaba terribles daños entre los enemigos, pero no era suficiente para abrir una brecha en las trincheras. Estando así las cosas, pensó que la solución era desangrar al enemigo hasta el límite, llevando a cabo ataques selectivos en zonas donde se le pudiesen causar muchas bajas. Esta estrategia sería verdaderamente eficaz si a la misma vez se cortaban los suministros que Francia recibía por vía marítima; así se conseguiría el agotamiento de hombres y recursos. Para conseguir el bloqueo marítimo de Francia desplegó una gran cantidad de submarinos en el Atlántico, el Canal de la Mancha y el Mar del Norte con la misión de hundir todos los barcos que se acercasen a las costas francesas para desembarcar tropas o suministros.
 
 
 
 
 
LA   BATALLA  DE  VERDÚN
 
 
Falkenhayn era un hombre frío y orgulloso, muy distinto a Moltke, su antecesor en el cargo. Después de estudiar minuciosamente las líneas francesas, llegó a la conclusión de que Verdún era la zona del frente que reunía las características idóneas para llevar a cabo un asalto y conseguir los resultados perseguidos. Falkenhayn no pretendía romper el frente francés por Verdún; lo que quería conseguir era que los franceses empeñasen todos sus recursos humanos y materiales en la defensa de esta ciudad estretégica, que además era símbolo de la lucha de Francia por la victoria. El jefe del Estado Mayor Alemán suponía que los franceses sacrificarían hasta el último hombre en la defensa de Verdún. Además, aquel sector del frente llevaba mucho tiempo disfrutando de una tranquilidad poco habitual en la guerra de trincheras, no se habían producido combates desde mediados de Septiembre de 1914 y la vigilancia había comenzado a relajarse.
No obstante, Verdún no estaba desprotegida; la ciudad estaba rodeada de un círculo defensivo compuesto por 18 fuertes, algunos de ellos de gran tamaño, dotados de búnkeres reforzados con acero y hormigón y torres artilladas y ametralladoras. A simple vista parecía un objetivo difícil de batir, pero hacía meses que se había olvidado su mantenimiento y buena parte de la guarnición había sido trasladada hacia el norte, donde habían tenido lugar los combates más violentos durante 1915.
Por otra parte, Falkenhayn no pretendía realmente romper el frente de Verdún, sino obligar al ejército francés a defender la ciudad de manera desesperada y, como consecuencia, sufrir tal cantidad de bajas que quedase aniquilado, incapaz de hacer un solo esfuerzo más. Lo acertado de tal estrategia parecía reafirmarse en el hecho de las muestras de cansancio y abatimiento que comenzaba a mostrar la tropa francesa, muy castigada por las privaciones de la vida en las trincheras.
 
Erich von Falkenhayn.
 
Verdún era una ciudad prácticamente rodeada, solo una pequeña carretera y una vía de ferrocarril la comunicaban con el resto de Francia; por estos medios recibía los suministros necesarios para su supervivencia. Falkenhayn planeó atacar por la margen derecha del río Mosa, pero fue aconsejado para que llevase a cabo un ataque paralelo por la margen izquierda; sin embargo, el Jefe de Estado Mayor decidió no esperar a que los preparativos en la margen izquierda estuviesen terminados y ordenó atacar el 12 de Febrero de 1916; pero la suerte no le acompañó, porque la lluvia y el viento impidieron el comienzo de la ofensiva; esta circunstancia puso en alerta a los franceses que ya sospechaban el comienzo del asalto por los preparativos de las últimas semanas.
El 21 de Febrero comenzó un terrible bombardeo sobre los fuertes que defendían Verdún; también se utilizó el gas. Después comenzó el asalto de la infantería alemana perteneciente a los ejércitos III, VII y XVIII. Aquel ataque masivo sorprendió a los franceses, que comenzaron a ceder ante el enemigo; los alemanes alcanzaron las trincheras que defendían los fuertes y utilizaron, por primera vez, lanzallamas para limpiarlas de combatientes.
El 22 de febrero, las tropas de choque alemanas habían capturado el "Bois des Caures", en el borde de la aldea de Flabas, y dos días después el 30º Cuerpo de Ejército Francés se veía obligado a retirarse ante la ofensiva alemana. La derrota hubiera sido total si no hubiese acudido en su ayuda el 20º Cuerpo Francés, que detuvo el avance alemán; aún así, los alemanes tomaron  Beaumont, el Fosses des Bois y el Caurières des Bois, y después el fuerte Douaumont, uno de los mejor equipados del círculo defensivo de Verdún.
Esa misma noche, el Jefe del Ejército francés, el general Edouard de Castelnau, aconsejó a su comandante en jefe, el general Joffre, que el 2º Ejército francés, a las órdenes del general Philippe Pétain, debia ser llevado a reforzar el sector de Verdún.
Pétain había ascendido en el escalafón durante las campañas de 1914 y 1915, durante la retirada en Bélgica y en el Marne. En Agosto de 1914 fue ascendido a general de brigada y poco después a general de división. Sus teorías militares se basaban en la utilización de la artillería, pues según él, las armas habían alcanzado tal potencia de fuego que era inutil y peligroso exponer a la infantería a semejante lluvia de proyectiles. Era, por tanto, la artillería la que debía destruir previamente las posiciones enemigas, mientras que la infantería debería limitarse a ocuparlas.
Philippe Pétain.
 
La conquista del fuerte Douaumont fue una auténtica gesta heróica de los alemanes, pues era conocida como la mayor fortaleza del sistema defensivo de Verdún; y lo mantuvieron en su poder hasta finales de Octubre de 1916, cuando la batalla de Verdún se encontraba en sus últimos compases.
El general Philippe Pétain fue nombrado comandante de la zona de Verdún e inmediatamente se aprestó a la defensa. En primer lugar reorganizó las líneas que habían sido rotas por la ofensiva alemana; como consecuencia, el 29 de Febrero el ataque alemán se detuvo ante la encarnizada resistencia del 33.° Regimiento de Infantería, que había sido mandado en persona por el Mariscal Petain en los años anteriores a la guerra. La segunda medida que tomó fue crear una vía de abastecimiento utilizando el ferrocarril de Bar-le-Duc a Verdún y una estrecha carretera del departamento, la llamada "Voie sacrée". Alrededor de 100.000 soldados y miles de toneladas de municiones llegaron a Verdún en poco tiempo, y el flujo se mantuvo ininterrumpido durante los meses siguientes con un esfuerzo titánico. En principio parecía que los planes de  Falkenhayn se iban a cumplir, Francia se empeñaba en defender Verdún a toda costa, aún al precio de sacrificar todos sus recursos.
 
 
Sin embargo, Falkenhayn no había calculado del todo bien, porque Petain, fiel a sus teorías militares, nada más hacerse cargo de la situación comenzó a aumentar la potencia de fuego del frente francés. En pocos días el general francés acumuló una enorme cantidad de piezas de artillería en la margen izquierda del Mosa y machacó a la infantería alemana que avanzaba hacia la población de Douaumont, cercana al fuerte del mismo nombre. Cuando el 2 de Marzo de 1916 los infantes alemanes consiguieron tomar dicho pueblo, las bajas que habían sufrido eran enormes, cuatro regimientos aniquilados. Verdún no quedaba muy lejos de allí, pero expuestos a un fuego de artillería tan intenso, acercarse a la ciudad era una actitud suicida.
Falkenhayn estaba comprobando que, si bien el ejército francés se estaba desangrando, el ejército alemán también estaba sufriendo una auténtica lluvia de fuego. Cualquier avance o retirada de la infantería se convertían en una prueba para la capacidad de resistencia de los soldados, pues el suelo, a consecuencia de la gran cantidad de proyectiles que caían constantemente, se había convertido en un barrizal cubierto de hoyos, encharcado por doquier.
El 6 de Marzo de 1916, tras haberse terminado los preparativos necesarios, y en respuesta a la petición de varios generales alemanes, comenzó la ofensiva sobre la margen izquierza del río Mosa. En ella intervino el VI Ejército Alemán; simultáneamente se llevó a cabo un ataque sobre el fuerte Vaux, que bloqueaba por la derecha el avance hacia Verdún.
Uno de los objetivos principales en la margen izquierda era una colina con amplio campo de visión, conocida con el nombre de Le Mort Homme ( El Hombre Muerto ), tras de la cual se encontraba situada una batería artillera de gran potencia. Desde El Hombre Muerto se dominaban los fuertes de Bois Bourrus y Morre, provistos de artillería pesada y auténticos baluartes que defendían Verdún por el Oeste. 
Los combates en la margen izquierda del Mosa fueron terribles; el bombardeo fue casi constante durante tres meses y los soldados alemanes, hundidos en el barro, eran fácilmente abatidos por las ametralladoras situadas en puntos desde donde dominaban las laderas de las colinas y el fondo de las encharcadas vertientes. Petain, avisado por los movimientos del enemigo en los días anteriores al 6 de Marzo, había reforzado la artillería en toda la zona; y cada metro que ganaban los alemanes era a costa de un alto precio. Aún así, el VI Ejército Alemán, a cuyo mando se hallaba el Principe Heredero Guillermo de Prusia, consiguió conquistar algunas pequeñas poblaciones entre finales de Marzo y primeros de Abril.
El 9 de Abril de 1916 los alemanes comenzaron un ataque con el objetivo de tomar la colina de El Hombre Muerto, avanzaron hasta la misma falda del cerro y comenzaron a subir por la ladera, pero fueron acribillados desde la Cota 304, otra colina que se encontraba junto a El Hombre Muerto; en esas condiciones era prácticamente imposible tomar la posición. A partir de mediados de Abril, los franceses pasaron a la contraofensiva, y entonces los alemanes realizaron un bombardeo en el que participaron 500 piezas de artillería; los soldados morían a millares en el barro, ni siquiera se retiraban los cuerpos de los muertos, que se pudrían en el lodo. A principios de Mayo los bombardeos habían sido tan intensos que la Cota 304 había perdido 7 m de altitud; los alemanes tomaron finalmente la colina de El Hombre Muerto, pero a un precio terrible.
 
El 22 de Mayo, los franceses intentaron reconquistar el fuerte Douaumont, manteniéndolo en su poder durante unas horas, para tener que retirarse después, habiendo fracasado en su intento. La operación la dirigió el general Robert Nivelle, que se había hecho cargo del sector de Verdún, ya que Petain había sido ascendido a Comandante de los Ejércitos del Centro.
A esta ofensiva, los alemanes respondieron con el asalto al fuerte Vaux, que comenzó a finales de Mayo. La guarnición francesa resistió heróicamente, pero ya sin agua y sin esperanza tuvieron que rendirse el 7 de Junio de 1916. Estas victorias permitieron a los alemanes conquistar a finales de Junio el fuerte  de Thiaumont y el pueblo en ruinas de Fleury. Sin embargo, en el camino hacia Verdún aún quedaba un obstáculo que superar por los soldados del Reich; el fuerte Souville. Los bunkers de este fuerte ya habían sido destruidos por la artillería pesada alemana, pero los niveles subterráneos estaban bien defendidos por los franceses.
Las cosas parecían irle bien a los alemanes, cuando los aliados comenzaron el 1 de Julio de 1916 una gran ofensiva más al Norte, en el Somme, siendo los británicos de la zona de Picardía, con apoyo francés, los que se encargaron de atacar las trincheras alemanas. Esta ofensiva pretendía aliviar al ejército francés de las enormes pérdidas que estaba sufriendo en Verdún, al obligar a los alemanes a defender sus líneas en aquella zona del Norte.
El ejército alemán era consciente de la dificultad de tomar el fuerte Souville, y por esta razón, para impedir el bombardeo de la artillería francesa, lanzaron gas fosgeno sobre el enemigo, con poca efectividad porque los franceses ya estaban bien equipados para evitar sus efectos. El asalto al fuerte Souville fue durísimo para la infantería alemana, que a pesar de todo consiguió alcanzar la cima de la colina llena de escombros el 12 de Julio; pero el bombardeo era tan intenso en aquel lugar que hubieron de retirarse al poco, para no ser aniquilados totalmente.
En aquel verano de 1916 las bajas en ambos ejércitos eran altísimas, y por tanto, los planes de Falkenhayn no se estaban cumpliendo de forma adecuada. Efectivamente el ejército francés se estaba desangrando, pero el alemán también. Además el gasto de recursos era enorme, ambos estados estaban poniendo toda su energía en juego. No obstante, Falkenhayn pensaba que Francia estaba a punto de derumbarse; que la moral de los soldados franceses se hallaba por los suelos y que los motines eran inminentes. Era cierto que en los primeros momentos de la batalla de Verdún la moral había flaqueado, incluso después, hubo algunos conatos de desobediencia, pero Petain había resuelto esta situación brillantemente. Philippe Petain era un general que gozaba de gran popularidad entre los soldados, era querido y admirado por la tropa. Desde el principio se había preocupado por las condiciones en que vivían los soldados franceses; había montado una serie de hospitales de campaña en torno a Verdún y un sistema de camilleros y ambulancias que aseguraban a los heridos que con gran rapidez serían sacados el campo de batalla y atendidos por médicos y enfermeras. Por otra parte, estableció un sistema de permisos, gracias al cual los soldados podían visitar a sus familias frecuentemente. También se preocupó por mejorar la alimentación de la tropa y a menudo preguntaba a los soldados para informarse sobre las preocupaciones de los combatientes. Esta actitud mejoró la moral del ejército francés y evitó el motín. Desde luego que todas estas medidas no hubiera podido tomarlas sin la logística necesaria; para llevar hasta el frente de Verdún la inmensa cantidad de recursos materiales y humanos necesarios utilizó la carretera que unía Bar-le-Duc con Verdún, conocida ál poco tiempo como  "Voie sacrée". Por esta vía hizo transportar día y noche durante meses miles de toneladas de alimentos, municiones, armas, soldados y todo tipo de materiales y maquinaria. Philippe Petain quería lograr una rotación rápida de los regimientos que combatían en el frente para oponerse siempre a los alemanes con las tropas más frescas. Esto lo consiguió gracias al sistema conocido como "La Noria", que permitía organizar una corriente sin fin de tropas.
Voie sacrée. 1916.
 
Verdún se convirtió en un símbolo de la lucha francesa contra los alemanes. Falkenhayn había olvidado que Francia es uno de los lugares donde surge el sentimiento nacionalista, el sentimiento patriótico. Con una mezcla de instinto de supervivencia y de exaltación del patriotismo, los franceses se aprestaron a defenderse y el avance alemán quedó paralizado. Los generales franceses, conocedores del espítitu de sus soldados, aprovecharon este estado de ánimo y lo fomentaron con frases propagandísticas, como aquella que decía: "No pasarán", inventada por el general Robert Nivelle, y que luego fue copiada por el Frente Popular en la Guerra Civil Española.
A principios del otoño de 1916 era evidente que Falkenhayn había fracasado; las líneas francesas no habían cedido a pesar del tremendo desgaste y la moral de los soldados se había mantenido en pie. Por el contrario, el ejército francés lanzó una contraofensiva para recuperar Douaumont en octubre de 1916. El ataque comenzó como de costumbre con un enorme bombardeo seguido del asalto de la infantería. Los alemanes evacuaron el fuerte Douaumont, que fue capturado el 24 de octubre por la infantería de marina francesa y colonial, y el 2 de Noviembre, los alemanes evacuaron Fort Vaux.
Los combates en Verdún se prolongaron todavía durante muchos meses, pues la colina del Hombre Muerto y la Cota 304 serían reconquistadas en Agosto de 1917, y todavía en 1918 se luchó en aquellos cerros hasta el fin de la Primera Guerra Mundial.
Philippe Pétain alcanzó un gran prestigio tras la Batalla de Verdún y fue reconocido como un auténtico héroe nacional. Después de la victoria en la guerra, Pétain fue elevado a la dignidad de Mariscal de Francia el 19 de noviembre de 1918. Recibió el bastón de mariscal el 8 de diciembre de ese año, en la ciudad de Metz. Sin embargo, fue tratado con dureza tras la Segunda guerra Mundial, al ser declarado culpable de alta traición y condenado a muerte. La pena de muerte sería condonada, debido a su avanzada edad, y en vez de ello hubo de cumplir pena de cadena perpetua hasta su muerte en 1951.
Erich von Falkenhayn, tras el desastre de Verdún, renunció al cargo y fue sustituido por los generales Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff. Después de aquello estuvo combatiendo con diversa fortuna en el Este de Europa y en Próximo Oriente. Falkenhayn era un buen soldado, pero le faltaba la genialidad de los grandes generales. Descendiente de una familia aristocrática y educado en la Escuela Prusiana pensaba que la disciplina y el deber estaban por encima de todo. Por estas razones y por su carácter altivo jamás se ganó la admiración de sus soldados, aunque eso sí, su obediencia. Subestimó a los franceses, sus enemigos, y eso nunca debe hacerlo un militar.
 
LA  BATALLA  DEL  SOMME
(En elaboración)
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