EJÉRCITOS ROMANOS DE FINALES DE LA REPÚBLICA

TÉCNICAS  DE  COMBATE  DE LOS EJÉRCITOS ROMANOS DE FINALES DE LA REPÚBLICA


Cneo Pompeyo Magno y  Marco Licinio Craso habían quedado satisfechos con la labor de su agente y socio en el triunvirato Cayo Julio César durante el consulado del año 59 a. C. y no tuvieron ningún reparo en movilizar influencias y dinero para que a éste último se le concediera, mediante la Lex Vatinia, un imperium  proconsular por cinco años en Galia Cisalpína, Ilírico y Galia Transalpina. Lo normal era que ésto sucediera, ya que gobernar una provincia era el medio habitual que tenían los cónsules salientes para resarcirse de los gastos y desvelos que llevaba consigo la alta magistratura. Aparentemente las provincias concedidas a César no prometían demasiados beneficios, no estaban en oriente, no eran la rica provincia de Asia, donde las actividades comerciales, artesanales y financieras tenían un gran desarrollo; pero César estaba muy bien informado de la inestable situación de los territorios transalpinos y sabía que el estallido de un conflicto militar en el que Roma se viese involucrada estaba próximo. Esto esperaba César, y los acontecimientos se precipitaron al poco de hacerse cargo de sus provincias; en marzo del año 58 a.C., al tener conocimiento de que los helvecios preparaban una gran migración que les llevaría desde sus tierras en lo que actualmente es Suiza hasta el suroeste de Galia, parte con la mayor rapidez posible hacia la provincia de Galia Transalpina. Allí encontró a los helvecios en número superior a los 350.000, de los cuales serían hábiles para la guerra unos 90.000, concentrándose en la margen derecha del Rhódano, en las proximidades del lago Lemán. Tras unas conversaciones con los jefes helvecios retrasó el avance de la gran masa humana durante unos quince días, lo que le proporcionó el tiempo suficiente para construir un foso y una muralla defensiva de tierra a lo largo de la ribera del Rhódano de más de 26 Km de largo.

Cuando los helvecios intentaron cruzar el río fueron rechazados y entonces decidieron tomar otra ruta a través de los territorios de los sécuanos y los eduos, César los siguió con seis legiones y tras cruzar el río Saona  se enfrentó a ellos en una batalla durísima.

Los helvecios viendo el deseo de César de dar la batalla en aquel lugar formaron disciplinadamente en un extenso y apretado frente mientras César ordenaba a sus dos legiones más bisoñas que cavaran una trinchera para proteger el bagaje sobre una suave elevación del terreno; inmediatamente, César ordenó a las otras cuatro legiones y a la               

Caballería auxiliar que formaran como sigue:



La primera línea de frente con cuatro cohortes por legión y las segunda y tercera línea con tres cohortes por legión; las legiones de novatos en retaguardia junto a la caballería.

Al acercarse los frentes los romanos lanzaron varias descargas de pila y se produjo un parón en el avance de los helvecios, descompuestos y con las primeras filas diezmadas; entonces los romanos avanzaron esgrimiendo el gladium y se produjo una gran matanza; no obstante, los helvecios resistieron con valor inusitado. Parecía que el final de la batalla estaba próximo cuando por la derecha aparecieron dos grandes grupos de combatientes boyos y tulingos que amenazaban con arrollar el flanco romano. Las legiones de César maniobraron así:




La tercera línea se movió con rapidez y formó un segundo frente que detuvo a los combatientes recién llegados. Los galos lucharon como quien lo hace a la desesperada pero finalmente fueron derrotados y cayeron en el campo de batalla más de 100.000.

He comenzado esta exposición narrando un episodio muy conocido y comentado, y que el propio César nos cuenta en sus Comentarios, porque en él, siendo César un general todavía poco experimentado, se ponen en práctica todas las nociones básicas de la táctica de combate de las legiones romanas; lejos está todavía el Julio César creativo y audaz.

 

ESTRUCTURAS  DEFENSIVAS

Un general romano, si tenía el tiempo necesario, siempre construía estructuras defensivas antes de la batalla. Dependiendo del tiempo que tuviera estas estructuras eran más complejas o más simples, el no construirlas era considerado clara muestra de falta de responsabilidad. Estas estructuras tenían dos objetivos fundamentales, servir de protección a tropas y equipaje, y disuadir al enemigo del ataque inmediato. En el ejemplo que hemos visto César solo tuvo unas horas, el tiempo justo para excavar un foso y amontonar la tierra a un lado a modo de muralla; se trata de la más simple de las estructuras defensivas, incluso los campamentos para pernoctar eran más elaborados pues seguían un modelo que se repetía siempre con la máxima exactitud e incluían una plaza de armas, dos grandes avenidas que se cruzaban perpendicularmente y otras muchas calles a las que daban las entradas de las tiendas de campaña de los legionarios.

El más grande de los maestros en este tipo de construcciones fue Cayo Mario, quien elevó el arte de la fortificación de campamentos a su máximo nivel con ocasión de su enfrentamiento c n los teutones cerca de la desembocadura del Rhódano. En aquella ocasión Mario tuvo casi dos años para construir un campamento fortificado inexpugnable, como pudieron comprobar los teutones cuando en el verano del año 102 a. C. quisieron asaltarlo y tras ser rechazados con grandes bajas tuvieron que desistir del  intento. En el caso de la batalla con los helvecios, César actuó de manera metódica pues sabía que si sufría una derrota en campo abierto la débil estructura defensiva del campamento sería superada poco después por la enorme masa humana del enemigo; pero la precaución fue buena porque los helvecios no avanzaban en columna compacta, sino en grupos algo separados y se corría el peligro  de que un grupo rezagado apareciese de improviso y asaltase el equipaje, como en parte ocurrió después con la aparición de boyos y tulingos.

En general cualquier estructura defensiva básica constaba de un foso de más de dos metros de profundidad y una muralla de tierra en cuya parte más alta se clavaban unas estacas puntiagudas. Mi propuesta para esta estructura es la siguiente:



Como puede verse existe una asimetría entre la pendiente exterior y la interior; es muy inclinada hacia fuera para dificultar el asalto y bastante suave hacia adentro para permitir la formación de una línea de frente desde la cual poder arrojar proyectiles. Las estacas afiladas que coronaban la muralla eran transportadas por los legionarios en una especie de bastidor sobre las espaldas en el que además portaban una pala o un pico, dos pila y el gladium; debajo del bastidor y a modo de plataforma el soldado llevaba el escudo embutido en la funda de cuero.

En el fondo del foso a veces se clavaban unas estacas más finas, pequeñas  y puntiagudas denominadas stimuli que provocaban dolorosas heridas en los atacantes.

Este era el modelo básico de estructura defensiva para un ejército que marchaba o se preparaba para una batalla inminente

 

FORMACIÓN  DE  COMBATE

Los legionarios romanos no combatían como una masa de unidades individuales que sumaban sus fuerzas de manera desordenada. César en sus Comentarios y otros autores latinos nos quieren dar a entender que los galos, britanos y germanos así lo hacían y que ésta era una de las causas de sus derrotas, sobre todo cuando se enfrentaban a ejércitos muy organizados y disciplinados como los romanos. Sobre esto hay diversas teorías, pero lo que bien parece es que estos pueblos poseían sus métodos propios aunque al compararlos con los de los romanos pareciesen anticuados.

Los romanos de finales de la República formaban en cohortes, cada cohorte contaba con 480 soldados de infantería pesada y cada legión estaba compuesta por diez cohortes.

Las cohortes se movían en el campo de batalla con bastante autonomía, pero las diez cohortes de una legión estaban bajo la estrecha vigilancia de un centurión primus pilus; no existía un frente, por tanto, absolutamente compacto, pero sí una gran coordinación a la hora de avanzar entre todas las cohortes.

Cuando César plantea la batalla contra los helvecios pone en la primera línea de frente 16 cohortes veteranas de las legiones VII, VIII, IX y X; lo mejor que tenía, porque sabía que el choque iba a ser terrible y si la línea se rompía la batalla estaba perdida.

En la segunda línea puso 12 cohortes también de veteranos. La función de éstas era reforzar a la primera línea en sus puntos débiles. Y en la tercera línea colocó otras 12 cohortes veteranas cuya función era estar en reserva por lo que pudiera pasar, y lo que pasó fue que aparecieron dos masas de enemigos por la derecha y entonces dio la orden de que la tercera línea se desplazara para crear otra primera línea de frente en la derecha.

Las dos legiones de novatos permanecieron mientras tanto completando los trabajos de fortificación y guardando el equipaje, no participaron en el combate, ni siquiera al final, cuando se convirtió en una matanza. La caballería, formada por auxiliares galos solo participó al principio, estorbando la formación del frente helvecio y en el último momento, cuando el enemigo había dado la espalda y arrojado el escudo.

Como los helvecios superaban ampliamente en número a los romanos, César tuvo que abrir un frente amplio para evitar que el enemigo le superase por los lados desde el principio, por eso debió de situar  longitudinalmente las 96 centurias correspondientes a las 16 cohortes de la primera línea; teniendo en cuenta que por mínima seguridad nunca se hubiera atrevido a organizar la línea con menos de 6 en fondo, lo más probable es que lo hubiera hecho de 8 en fondo, lo que daba como resultado una línea de frente de 960 legionarios cada uno contiguo a su compañero, poco a mi parecer; aunque la segunda línea de cohortes hubiera podido colaborar a extender el frente ya en el transcurso de la batalla. Pero esto último son conjeturas sobre lo que podía haber hecho y no conocemos con exactitud. De lo que no cabe duda es que en los ejércitos romanos de esta  época se consideraba una imprudencia formar con menos de 6 en fondo. Por sus decisiones en esta batalla César se muestra como un general con poca experiencia, inseguro, que echa mano de las técnicas convencionales de cualquier general; en realidad se trataba de la primera gran batalla campal en la que ejercía como general, ya que durante su gobierno en Hispania Ulterior combatió en batallas de menor importancia donde el golpe de mano y la sorpresa eran el elemento decisivo. Algunas de estas técnicas aprendidas en aquel tiempo influyeron de manera decisiva en su posterior actuación.

 

TÉCNICA DE COMBATE

En Comentarios de la Guerra de las Galias I,XXIV César nos dice:

“César, haciendo retirar del campo de batalla todos los caballos, primero el suyo y luego los de los otros, para que, siendo igual en todos el peligro, nadie pensase en huir, animando a los suyos, trabó el choque.”

César hace retirar su caballo el primero, con esto da ejemplo y demuestra a sus soldados que ante el peligro no habrá clases ni privilegios, con ello refuerza su liderazgo y prepara psicológicamente a la tropa para que lo arriesgue todo y no huya.

La preparación psicológica del combatiente era un arte conocido desde antiguo y pocos generales no la ponían en práctica, César se mostró siempre como un maestro en la arenga y los gestos que galvanizaban a los soldados. Si el soldado tenía la moral alta y creía en el triunfo, resistía mejor el choque y se volvía reacio a emprender la huida. Es, por tanto, la psicología de masas un elemento fundamental en la táctica de combate de las legiones romanas.

El autor de los Comentarios continúa diciendo:

“Los soldados, dispararon de alto a bajo sus dardos, rompieron fácilmente la falange enemiga, la cual desordenada, se arrojaron sobre ellos espada en mano.”

Aquí César nos describe cómo se producía el ataque; en primer lugar, la primera línea de frente avanzaba hacia el enemigo y a la distancia de unos 20 m aceleraban la marcha para lanzar a una distancia de unos 15 m la jabalina pesada. Esta jabalina llamada pilum pesaba demasiado para ser lanzada a mayor distancia, pero ahí radicaba su efectividad, el impulso, unido a su peso hacía que fuese capaz de perforar escudos y cotas de maya; veamos una representación de este arma:



Cómo puede observarse constaba de dos partes, un vástago de hierro de 75 cm de largo y un fuste de madera de 1,5 m de largo; ambas iban ajustadas gracias a dos pasadores, uno de metal y otro, probablemente, de madera para que al romperse el pilum quedase inútil. La punta era de forma piramidal y bastante pequeña, por lo que se concentraba en ella toda la fuerza del impacto, lo que hacía que fuese capaz de perforar escudos y después clavarse en el cuerpo del enemigo.

Cada soldado de infantería portaba dos pila y realizaba dos descargas consecutivas y el efecto de centenares de lanzamientos a la par era demoledor. En cuestión de unos instantes el avance del frente enemigo quedaba frenado.

Al respecto César nos cuenta lo siguiente:

“Sucedíales a los galos una cosa de sumo embarazo en el combate, y era que tal vez un dardo de los nuestros atravesaba de un golpe varias de sus rodelas, las cuales, ensartadas en el astil y lengüeta del dardo retorcido, ni podían desprenderlas, ni pelear sin mucha incomodidad, teniendo sin juego la izquierda; de suerte que muchos, después de repetidos esfuerzos, optaban por soltar el broquel y pelear a cuerpo descubierto.”

Como podemos comprobar por estas palabras el efecto era que la línea de frente quedaba descompuesta y los enemigos sin armas defensivas; a esto hay que añadir que a cada salva de pila debían de caer heridos centenares de combatientes, muchos de ellos de muerte.

Y en este momento era cuando se producía la carga con la espada corta, arma conocida con el nombre de gladius. Este arma poseía una hoja de tan solo 25 cm y era tremendamente eficaz en las distancias cortas, de manera que al legionario le resultaba muy fácil sacarla rápidamente desde detrás del escudo y acuchillar al enemigo.

En este momento se producía una matanza entre los sorprendidos soldados de las primeras líneas enemigas, muchos de ellos ya habían caído bajo los pila, otros, malheridos eran simplemente rematados, otros muchos, desconcertados, intentaban arrancar los pila clavados en los escudos. Pero ya era demasiado tarde por que la línea estaba rota y la rapidez de los romanos era enorme, fruto de un intenso entrenamiento.

Y entonces ocurría lo que César nos describe:

“Finalmente, desfallecidos de las heridas, empezaron a cejar y retirarse a un monte distante…”

El enemigo buscaba la huida. En este caso concreto, lo hicieron sin dar la espalda, sino que se retiraron para continuar la lucha junto a los carros que era donde se habían refugiado las mujeres y los niños. Los helvecios lucharon valientemente por que lo hacían por sus familias, pero en la mayoría de los casos, cuando el pánico se apoderaba de los combatientes, arrojaban las armas y corrían lo más que podían para salvar sus vidas. Este era el momento en que la caballería salía tras ellos y llevaba a cabo una gran matanza, de manera que el mayor número de bajas se producía durante la huída, cuando había desaparecido el orden y el sentimiento de grupo.

 

EN  RESUMEN

 La táctica de combate de las legiones romanas giraba en torno a un objetivo: provocar el pánico en el enemigo en los primeros momentos de la batalla y de esta manera conseguir romper el frente y el sentimiento de grupo del oponente, lo demás se convertía en una carnicería. En el caso del episodio que hemos comentado este objetivo no se consiguió y el combate se dilató durante horas, ésta fue una de las batallas donde César tuvo más bajas.





CUERPOS  MILITARES  ROMANOS  DE  FINALES  DE  LA  REPÚBLICA

Acabada la Segunda Guerra Púnica, Roma se encontraba sin verdaderos adversarios que opusiesen resistencia a su poder; esto fue consecuencia, entre otras causas, de la compleja y eficaz organización de los ejércitos romanos.

 

En el año 53 a.C. Marco Licinio Craso partió de Antioquia al mando de siete legiones y un cuerpo de 4000 jinetes; su intención era cruzar el Eufrates y dirigirse a Seleucia del Tigris y Ctesifonte en territorio parto, donde esperaba capturar un inmenso botín. Al llegar al río Balij, afluente del Eufrates, en medio de una llanura seca y polvorienta fue atacado por la caballería ligera de los partos, que lanzaron una nube de flechas tras otra sobre el ejército romano; queriendo responder, Craso envió a su hijo Publio al mando de la caballería a perseguir al enemigo, pero cayeron en una emboscada y la caballería pesada de los partos, con jinetes y monturas protegidos por catafractas, los aniquilaron. Craso emprendió la fuga hacia el caravansar de Carras y allí sufrió una terrible derrota. Craso murió, el ejercito romano fue totalmente destruido y las siete águilas de plata de las legiones fueron capturadas y llevadas ante Orodes, rey de los partos.

 

LA  LEGIÓN

El águila era el emblema de la legión y era portada por el aquilifer, un legionario de gran envergadura que la enarbolaba en el combate y tenía la misión de defenderla, éste soldado se distinguía del resto porque iba cubierto con la piel de un lobo.

La legión era la mayor y más completa unidad militar del ejército romano; estaba compuesta por 4800 soldados de infantería y 1200 hombres no combatientes que realizaban actividades de apoyo, además, en algunos casos contaban con pequeñas unidades de caballería de unos 400 jinetes; era común que la legión fuese provista también de equipamiento de artillería y máquinas de guerra; todos los medios y recursos para el mantenimiento de la actividad militar eran transportados en un tren de equipaje que solía desplazarse en el centro de la columna durante la marcha.

Durante la República las legiones estaban a las órdenes de un magistrado con imperium, ya fuese cónsul, procónsul, y más raramente, pretor o propretor. Los oficiales superiores de una legión eran los legados y los tribunos militares, éstos últimos en número de seis. Los oficiales de menor rango eran los centuriones, en principio a las órdenes de los anteriores, pero de un valor enorme en el campo de batalla pues constituían el auténtico nervio de la legión.

 

LA  CENTURIA

Era la unidad táctica más importante del ejército romano, estaba formada por 80 combatientes de infantería y 20 no combatientes de apoyo, en el mando se encontraba un centurión, que había ascendido al cargo por méritos de guerra. Cada legión se dividía en 60 centurias y, por tanto, cada legión contaba con 60 centuriones.

 

EL  MANÍPULO

El manípulo era una unidad de combate formada por dos centurias que fue operativa hasta las Guerras Púnicas, pero en estos conflictos bélicos se mostró poco eficaz debido a las grandes masas de combatientes que intervinieron en ellos, de ahí que se crearan unidades más grandes denominadas cohortes. A finales de la República el manípulo solo se utilizaba en paradas militares.

 

LA  COHORTE

Es posible que fuese durante las Guerras Púnicas cuando apareció esta unidad táctica como respuesta a los combates donde participaban muchos miles de soldados en campo abierto; quizás las propias necesidades del combate forzaron de una manera natural, al principio, el agrupamiento de las centurias en cohortes y, más tarde, este tipo de formación se regularizó. Lo cierto es que a finales del siglo II a. C. ya se había impuesto totalmente.

La cohorte estaba compuesta por seis centurias, es decir, por 480 soldados de infantería y 120 no combatientes de apoyo; diez cohortes formaban una legión. Al mando de las seis centurias se encontraban seis centuriones y el de más experiencia y méritos ostentaba el mando de toda la cohorte y el nombre de pilus prior; el centurión de mayor experiencia de las diez cohortes que componían una legión era llamado primus pilus  y tenía la máxima responsabilidad ante el comandante, ya fuese un tribuno o un legado.

 

LOS AUXILIARES

Cuando las legiones entraban en campaña casi siempre iban acompañadas de otras unidades más pequeñas denominadas auxiliares y que, como su nombre indica, cumplían la función de auxiliar a los legionarios en el combate; sin embargo, al final de la República estas unidades actuaron cada vez más de manera independiente. Los auxiliares se reclutaban entre extranjeros, es decir, entre gentes que no tenían el derecho de ciudadanía. Su origen es muy antiguo y comenzaron a ser más frecuentes en la Segunda Guerra Púnica, cuando comenzaron a reclutarse grandes contingentes de honderos baleáricos y jinetes celtíberos, más tarde, durante la guerra de Numancia, fueron los jinetes númidas los que alcanzaron mayor fama en estas unidades.

La caballería fue, en efecto, la elite de estas tropas y eran conocidas con el nombre de alas; combatían en los flancos, corriendo a izquierda y derecha de la legión.

Los auxiliares también formaban en cohortes independientes, del arma de infantería, y acompañaban a las legiones muchas veces con la función de abrir hostilidades.

Otra formación de auxiliares era el númerus, nombre que se aplicaba a unidades compuestas por un número indefinido de soldados extranjeros que habían conservado sus características étnicas en cuanto a armamento, lengua y atavío.

 

ADAPTACIÓN Y ESPECIALIZACIÓN

En cualquier caso, lo que demuestra la organización militar de fines de la República es una inmensa capacidad de adaptación a las circunstancias. Si hubo que modificar un ejército preparado para guerras cercanas en escenarios reducidos, se hizo con rapidez y acierto, y surgió una organización capaz de transportar tropas de un extremo a otro del Mediterráneo en poco tiempo para combatir contra formidables enemigos en espacios inmensos.

Pero también asistimos en este momento a un proceso de intensa especialización del soldado. Cada combatiente luchaba en su puesto y estaba intensamente entrenado en su función específica; cada batalla era una repetición más de lo que ya estaba previsto y revisado con anterioridad.

Craso perdió la vida y siete legiones. La noticia de la masacre provocó en Roma un sentimiento mezcla de estupor e indignación, pues todos pensaban que siete legiones eran imbatibles; eso mismo pensó Craso y es posible que esa fuese la primera causa, entre otras, de su derrota.





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