Psicólogo de Parejas Barcelona


Por qué el ‘egoísmo sano’ es esencial para el buen sexo

Centrarse demasiado en el otro, olvidado la propia satisfacción, es el camino más corto para un sexo complicado y poco placentero.

RITA ABUNDANCIA | 8 SEPTIEMBRE, 2015 | 07:34 H
cover
Foto: Cordon Press
Etiquetas: sexo

Siempre he pensado que la teoría del liberalismo económico, el famoso laissez faire –buscando el propio interés se llega al bien común donde realmente funciona es el en sexo. También que muchos de los problemas de cama podrían solucionarse si abandonásemos un poco el altruismo o el afán por complacer al otro –que en el fondo podría interpretarse como un amor incondicional a nuestros egos o a nuestra reputación–, y nos dedicáramos más a buscar el propio placer, lo que desembocaría en el goce comunitario. Si los primeros polvos de nuestra vida son, generalmente, desastrosos es porque no estamos siendo fieles al “liberalismo sexual”. Más bien nos mantenemos demasiado ocupados intentando ocultar nuestra inexperiencia, tratando de satisfacer, por encima de todo, a la pareja; haciendo méritos para que ese chico/a que tanto nos gusta vuelva a llamarnos tras la experiencia, evitando que alguien se haga la idea de que somos unas estrechas o construyendo el falso personaje de uno/a que disfruta plenamente del sexo y conoce todos los botones que hay que apretar para hacer saltar por los aires el polvorín de placer.

Creo también que si con los años uno le va pillando el punto al asunto, no es tanto por la experiencia, sino por el hecho de que la vida nos ha tocado ya tanto nuestros genitales, que uno decide que la próxima vez que esto suceda, optará por el “relájate y disfruta”. Y es esta actitud un tanto egoísta, hedonista y realista, la que nos hace dejar de luchar en la cama, rendirnos y empezar a disfrutar.

Las técnicas de supervivencia enseñan que primeramente hay que estar a salvo para intentar luego salvar a los demás o que, en un avión, hay que ponerse primero la mascarilla de oxígeno y luego hacerlo al niño que tenemos al lado. Ese mismo orden de prioridades es extrapolable al sexo, y los estudios así lo confirman. Uno de la Kwantlen Politechnic University, en Surrey, British Columbia, Canadá, llegaba a esta misma conclusión tras estudiar a 60 parejas y preguntarles sus motivaciones para tener sexo. Los que respondían que lo hacían para divertirse o por su propio placer, es decir, los que estaban más centrados en si mismos, eran las parejas que conseguían un mayor grado de satisfacción; mientras que los que argumentaban que buscaban en el sexo una forma de expresar su amor y afecto por el otro, eran los que registraban parejas menos complacidas. Como comentaba a los medios Hayley Leveque, una de las profesionales que realizó el experimento, “encontramos que si la atención en si mismo de un individuo disminuía, lo hacía también el nivel de satisfacción de su pareja. La gente pensará que debería ser al revés, con una pareja más atenta a las necesidades del otro, el éxito está garantizado. Pero eso no es lo que nosotros descubrimos”.  

En la película En carne viva (2003), de Jane Campion, uno de los personajes cuenta a la protagonista, interpretada por una Meg Ryan felizmente liberada de su eterno peinado, “¿sabes?, puedo recordar a todos los tíos con los que he follado por cómo les gustaba hacerlo, no por cómo quería hacerlo yo”. Una reflexión común a muchas mujeres, pero también a bastantes hombres, porque según cuenta Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona y directora del Instituto Iberoamericano de Sexología, el “altruismo excesivo” es una patología que afecta por igual a ambos sexos. Según Molero, “en las relaciones esporádicas es más difícil que las mujeres que tengan dificultad para llegar al orgasmo lo alcancen, porque hay menos confianza y la compenetración de la pareja es menor. Mientras que en el sexo casual, el problema más común para los hombres es el miedo al fracaso, el gatillazo. Pero el altruismo excesivo se ve más entre las parejas estables, especialmente en las más jóvenes, porque se quieren tanto, que solo piensan en satisfacer al otro. Y esto se agrava si hay algún problema de por medio. Por ejemplo, cuando hay una anorgasmia coital y a ella le cuesta alcanzar el clímax. Es entonces cuando la insistencia por llegar al final feliz se vuelve obsesiva. El hombre se erige en responsable del placer de la mujer, abandonando la idea de conseguir el suyo. Los preliminares se vuelven interminables hasta llegar a agobiar a la otra persona, que empieza a sentirse culpable por ser la causante de todo este problema. Y todo esto puede acabar derivando en patologías como la eyaculación retardada o la falta de eyaculación”.  

El sano egoísmo, la persecución del propio placer durante el sexo, hace que uno se vea aliviado en su tarea de satisfacer a la pareja. Sin contar con que ver que alguien disfruta, es algo que puede contribuir a calentarnos aún más. Se ha comprobado que los hombres segregan más testosterona cuando ven que la mujer está excitada y pasándoselo bien.

Pero a veces, llegar a entender estas simples premisas puede llevarnos media vida y, en algunos casos, el entendimiento llega como por iluminación, tras una ruptura, un fracaso o un terremoto existencial. Luisa, 47 años, Madrid, confiesa que empezó a disfrutar realmente del sexo cuando rompió con su pareja de toda la vida y experimentó el dolor de ver como todo lo que se había cultivado atentamente durante años, tarda solo unos segundos en evaporarse, dejando un rastro de mal olor y podredumbre. “La tarea que me impuse a partir de entonces”, cuenta Luisa, “fue la de ser un poquito más egoísta en todos los ámbitos de la vida y, por supuesto, también en el sexo. Sobre todo porque veía que entre mi grupo de amigas, las que mejor se lo pasaban y tenían más orgasmos eran las más lanzadas, las que se valoraban más a sí mismas, las que pensaban que para que los de su entorno estuvieran bien, primero ellas tenían que estarlo antes. No se trataba de convertirme en una cabrona egocéntrica sino de quererme más a mi misma. Es decir que si empezaba a salir con alguien no pensaba “¿le gustaré?”, sino “¿me gustará él a mi?”. Y cuando me iba a la cama con compañía no me importaba ya tanto lo que pensara él de mi, sino lo bien que yo me lo iba a pasar. Desde luego que mi vida sexual cambió. Dio un giro de 360º, lo que no quiere decir que no haya tenido experiencias malas, pero incluso éstas, me las tomo ahora de otra manera. Alguien dijo: “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”.

Dan Savage escritor, comentarista, periodista y autor de una columna de consejos sexuales y de pareja llamada Savage Love, muy famosa en EEUU, es otro de los defensores a ultranza del “liberalismo sexual”. Savage es audaz, divertido y, a menudo, genera polémica con sus artículos, ya que a pesar de ser homosexual, no duda en criticar lo que el llama el gay establishment. Su consejo para una mujer que le escribe comentando que ella y su pareja no tienen muy en cuenta sus propios orgasmos pero si se preocupan por los del otro, es este: “Uno de vosotros va a tener que empezar a ser egoísta. Los dos dais demasiado, invertís muy poco en vuestro propio placer y mucho en el del compañero. Y todo eso sueña maravilloso en teoría –¿quién no desea una pareja que no tenga rastro de egoísmo?– pero en la práctica las parejas sexuales desinteresadas son pésimas en la cama. Dar es fantástico, pero en cualquier encuentro sexual  alguien está tomando, tomando el cargo, el control, dando placer a su pareja porque está tomándolo de ella. Y si no va a ser él quien empiece a tomar, deberás ser tú. Echa un vistazo hasta donde ha llegado tu preocupación por su satisfacción y repite conmigo: ¡que lo follen a él y a su satisfacción!. Luego hazte estas preguntas: ¿qué quiero?, ¿qué es lo que me excita?, ¿qué me gustaría experimentar y explorar? Aún no estás condenada si puedes dar con las respuestas, pero si no las encuentras, me temo que sí lo estás. Condenada a tener mal sexo en esta relación, el tiempo que dure, y a repetir lo mismo en la siguiente, si das con otro que sea tan desinteresado como tú”.

El buen sexo precisa, entonces, de este pequeño-gran reajuste conductual, aunque según Francisca Molero, hay hábitos que hay que romper y otros que nos ayudan a colocarnos en el buen camino. “La sinceridad excesiva es algo que no lleva a nada, lo mismo que las evaluaciones post coitales, sobre la experiencia. Fingir es otro síntoma de que nos preocupamos más por lo que sienta, piense o quiera el otro, que por nosotros mismos. Es un acto destinado única y exclusivamente hacia la pareja. Hay personas que no se atreven a expresar sus fantasías porque piensan que pueden escandalizar al compañero/a, hacerle cambiar la idea que tienen de su personalidad; olvidando que las fantasías son solo juegos, papeles que representamos durante unos momentos. La reciprocidad es también algo deseable en una relación, pero no tiene porque tener una exactitud matemática. Me refiero a que si uno le hace algo a su pareja, no tiene que ser el otro el que, inmediatamente, le de la réplica. No hay que buscar que todo sea al 50%. En este sentido, puede ser bueno jugar al juego del esclavo sexual. Un día uno hace y el otro solo disfruta, y viceversa. Lo de la reciprocidad se ve claramente en el tema del sexo oral. Tendemos a pensar que cuando hacemos sexo oral a alguien le estamos haciendo un favor que luego tendrá que devolvernos, o le paramos en el mejor momento porque creemos que ya está cansado o aburrido, o que estamos abusando de él. Pero hay gente que disfruta y se excita mucho practicándolo ”, argumenta Molero.

“Que los malos sean un poco buenos y los buenos un poco malos, y todos se curarán”, sentenció Walt Whitman. Para muchos/as tal vez sea hora de dejar de dar tanto y empezar a coger. Porque además, nada es lo que parece, y el que trata de perseguir su bienestar, está en parte contribuyendo a un mundo mejor. Mientras el altruismo es, en muchas ocasiones, una forma disfrazada, sutil y ambigua de egoísmo.


Què és el Trastorn d'Ansietat Generalitzada?


El Trastorn d'Ansietat Generalitzada (TAG) es caracteritza principalment per la presència de preocupacions i ansietat excessives. Si bé tots ens preocupem en major o menor mesura, quan les preocupacions passen a ser quotidianes, permanents i s'acompanyen de malestar, poden estar indicant la presència d'un quadre d'ansietat que genera molt sofriment i deteriorament en la qualitat de vida.


El TAG es caracteritza per preocupació excessiva i persistent referida a múltiples situacions i temes, com són la seguretat, la salut pròpia i dels éssers estimats, la feina, les relacions interpersonals, etc.
La vida quotidiana està plena de situacions incertes, de les quals no podem saber amb antelació què passarà. Les persones amb TAG viuen aquestes situacions com potencialment perilloses. Ja que no es coneix el desenllaç de moltes situacions, aquestes podrien acabar
malament. Així com cada succés incert es transforma en perillós per a qui pateix de TAG i la preocupació es fa cada vegada més present com a mode de preparar-se per a possibles problemes futurs.

Totes les persones es preocupen de tant en tant, però les que pateixen de TAG estan preocupades gairebé constantment, en diverses situacions temen que alguna cosa dolenta passi, la qual cosa
genera un sentiment de tensió constant, que en alguns casos s'acompanya de malestar En les persones que pateixen TAG, la preocupació constant s'acompanya d'almenys tres dels símptomes següents per un període no menor a 6 mesos:


 aprensió o preocupació excessiva i persistent
 dificultat per concentrar-
 irritabilitat
 inquietud i impaciència
 dificultats per dormir
 dolors i contractures musculars
 fatiga excessiva


Com evoluciona?


El TAG pot començar en la infantesa o adolescència i si bé el més freqüent és que comenci a principis de l'edat adulta, pot començar en qualsevol moment de la vida. Aquest quadre és més comú en les dones que en els homes. Si no es tracta es converteix en un trastorn crònica, el qual sol ser fluctuant. Els símptomes del TAG solen agreujar quan qui el pateix està exposat a situacions estressants, i poden millorar en períodes de calma.


Què se sap de les causes?


Actualment es considera que l'aparició d'un trastorn no es deu a una única causa. Tant els aspectes biològics com els psicològics i les experiències al llarg de la vida (tenint en compte el context familiar, cultural i social), influeixen en el desenvolupament de la personalitat i en la salut de cada individu. La confluència d'aquests diferents aspectes determina l'aparició d'un trastorn en un moment donat. No obstant això, es van identificar alguns dels factors que, de presentar-se, fan més probable el desenvolupament d'un trastorn. En persones biològicament predisposades a la ansietat un determinat esdeveniment o una sèrie d'esdeveniments estressants en la vida d'un individu poden desencadenar un TAG.


Quins són els tractaments disponibles?


Diverses investigacions científiques mostren que el tractament que va mostrar major eficàcia és la teràpia cognitiu conductual. En aquest tipus de tractament es treballa directament sobre les preocupacions. La teràpia cognitiva apunta a la disminució de les preocupacions i per
consegüent de la sensació de perill, aconseguint millores en l'estat anímic i el son. Per treballar amb les preocupacions és essencial en primer lloc que el pacient pugui identificar clarament. Després aquestes són dividides d'acord al seu tipus ja que d'això dependrà el treball a realitzar.

Els diferents tipus de preocupació provoquen gran malestar en qui els pateix, encara que en ocasions són difícils de comprendre per al nucli social del pacient. Els familiars han de saber que es tracta d'un quadre d'ansietat i que el suport de la família és clau en el tractament de les persones que el pateixen. És possible que els que no acompanyen al pacient creguin que aquest exagera. No obstant això, patir un TAG provoca gran sofriment i ser comprès és important
per a ells.
 
Tot i que les persones amb aquest trastorn no senten restringides dins del medi social o a la feina, desenvolupen la seva vida a costa d'un gran esforç. A diferència de molts altres trastorns d'ansietat les persones amb TAG no necessàriament eviten certes situacions. no
obstant això, si el quadre és sever pot ser molt debilitant, provocant dificultat per dur a terme fins a les activitats diàries més simples.
També hi ha disponibles tractaments farmacològics que van mostrar bons resultats. Dins aquests últims, el tractament de primera elecció són els antidepressius, algunes de les més recomanats són coneguts com ISRS (Inhibidors Selectius de la Recaptació de Serotonina),
associant en alguns casos a benzodiazepines d'alta potència.


En què poden ajudar els familiars i cercles pròxims?


Si un familiar o acostat pateix Trastorn d'Ansietat Generalitzada, és important tenir present que hi ha tractaments efectius per a aquest malestar. Recordeu que qui té aquest trastorn realment està patint a causa. Per això solen estar preocupats pels seus afins i cridar freqüentment a la seva família amb l'objectiu d'assegurar que estan bé i disminuir els seus preocupacions. Per a ells serà fonamental la contenció i comprensió de la família fins que millori el quadre.

Si els qui envolten al pacient estan informats, podran contenir durant els moments difícils i ajudar-lo a triar un tractament adequat.


L'eficàcia dels tractaments farmacològics per a la fòbia social ha rebut una gran atenció en els últims anys (Botella, Banys & Perpinyà, 2003). Els objectius d'aquest tipus de tractament inclouen: a) Reduir els símptomes d'activació autònoma; b) disminuir l'ansietat anticipatòria i les conductes evitatives; c) bloquejar les crisis de pànic situacionals; id) tractar les condicions comòrbides (Cia, 2004). Els medicaments més utilitzats són els beta-blocadors adrenèrgics, les benzodiazepines i alguns antidepressius (Barlow, 2002; Book & Randall, 2002).

Els beta-blocadors adrenèrgics (atenolol, propanolol) utilitzats també com antihipertensius, es recomanen principalment per al tractament de les fòbies socials específiques, pel fet que suprimeixen els símptomes perifèrics d'activació autònoma, com l'acceleració cardíaca, la sudoració i la hiperventilació, augmentant la confiança del pacient per afrontar les situacions fòbiques (CIIA, 2004; Echeburúa, 1996). No obstant això, aquests psicofàrmacs no semblen ser efectius per disminuir l'ansietat anticipatòria (Scott & Heimberg, 2000).

Les benzodiazepines (alprazolam, clonazepam, bromacepan), utilitzats contra altres trastorns d'ansietat, tenen un efecte similar al dels beta-blocadors adrenèrgics, però els seus efectes no es mantenen després que s'ha interromput el tractament, per la qual cosa es tem que puguin generar dependència (Scott & Heimberg, 2000). A més, segons els autors citats, poden generar diversos efectes secundaris, incloent sedació excessiva, dificultats de concentració, problemes sexuals (disminució de la libido i anorgàsmia), problemes de coordinació i problemes de memòria.

Els antidepressius que s'han utilitzat per a la fòbia social són els inhibidors de la monoaminooxidasa (tranilcipromina, fenelzina) i els inhibidors selectius de la recaptació de serotonina (fluoxetina, fluvoxamina, sertralina, paroxetina, citalopram) (Acheburúa, 1996; Scott & Heimberg, 2000).

L'ús dels inhibidors de la monoaminooxidasa és limitat pel fet que suposa restriccions en la dieta d'aliments rics en tiroxina i poden comportar a crisi d'hipertensió (Cia, 2004). A més, poden teber diversos efectes secundaris, incloent augment de pes, vertígens i interferències en el son i la funció sexual (Scott & Heimberg, 2000). Les dades ofertes per Liebowitz et al. (1992) assenyalen, d'altra banda, que la fenelzina podria ser més efectiva per a les persones amb fòbia social que l'atenolol. En un estudi doble cec (on ni el pacient ni el metge saben què droga està rebent el primer), en què van assignar a l'atzar un grup de 74 pacients amb fòbia social (76% amb fòbia social generalitzada), a un tractament de vuit setmanes amb aquest psicofàrmac, amb atenolol o amb placebo, van trobar un major percentatge de pacients recuperats en el primer grup (64%), que en el segon (30%) i el tercer (23%). Addicionalment, van trobar efectes superiors d'aquest psicofàrmac sobre el atenelol, 16 setmanes després d'iniciat el tractament.

Els inhibidors selectius de la recaptació de serotonina, per la seva banda, han rebut una gran atenció en els últims anys ja que els seus efectes secundaris són escassos (Barlow, 2002) i han estat considerats, segons Scott & Heimberg (2000), com a agents de primera línia per al tractament de la fòbia social per la seva eficàcia demostrada i tolerància relativa. Malgrat diversos estudis a favor de la seva efectivitat, aquests productes també generen efectes secundaris indesitjats, com augment de pes, somnolència i interferències en el son i funció sexual (Scott & Heimberg).

Es reafirma la necessitat de combinar la medicació, per contrarestar els símptomes de la fòbia social per al curt termini, amb la teràpia cognitiu conductual per anul·lar aquests símptomes a llarg termini (Fresc & Heimber, 2001). No obstant això a causa dels efectes secundaris propis dels psicofàrmacs i la possibilitat de recaigudes una vegada que deixen de prendre, les psicoteràpies empíricament sustentades podrien constituir una millor alternativa per al tractament per la fòbia social que aquests, la qual cosa no descarta l'ús remedial d'un psicofàrmac amb pocs efectes col·laterals, per contrarestar símptomes indesitjables en casos molt seriosos.

Comments