Amuletos y Talismanes

Amuletos y Talismanes
 
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La necesidad de protegerse y ayudarse ha sido una constante en la historia de la humanidad. Al elegir el medio de hacerlo, muchos optan por los objetos que presentamos a continuación.

Al hombre no le han faltado motivos para advertir su propia fragilidad. Muchos se preguntan cómo habrán hecho ricos y famosos para llegar a los lugares donde han llegado. Uno de los secretos reside en la forma en que se protegen del mal y potencian su buena suerte. 

Los amuletos que aparecen en esta nota son algunos muy populares y otros menos refinados. Usados por hombres de todas las épocas han demostrado -cuestión de creencias- ser artífices de su buena suerte.

AMULETOS TRADICIONALES
Creer en el mal de ojo y la hechicería no es nada nuevo, como tampoco lo es tratar de neutralizarlo y protegerse contra ello. De ahí la existencia de numerosas creencias supersticiosas que otorgan a ciertos objetos o partes de animales la virtud de proteger contra algunas enfermedades en concreto o contra los alojamientos, a la vez que favorecen la fertilidad y ayudan en los partos.
Entre los objetos de mayor arraigo tradicional que se utilizan como amuletos destaca la higa, la herradura, los corazones y lunas de nácar o plata, los colmillos de lobo o jabalí, las garras de tejón, las astas de venado, piedras engarzadas de cuarzo, coral, ágatas y azabache, junto con algunas plantas tan significativas como la ruda, el romero y el laurel. También las figuras de animales como la rana, el pez, el escarabajo y el elefante tienen una carismática vinculación con las leyes de la suerte.

El Ankh o Cruz ansada de los egipcios:
Ankh es "La llave del aliento de Vida", el aliento solar cedido a los hombres y generador de toda vida. Su simbolo significa vida y es un simbolo que apunta a la divina y eterna existencia. Como amuleto, al Ankh, se le atribuiría la capacidad de atraer y conservar el aliento de la vida y las fuerzas vitales.
La cruz ansada, junto con el ojo de udjat y el escarabajo, compone la trilogía de amuletos más característicos del antiguo Egipto. Su imagen es similar a la cruz cristiana; únicamente varía la parte superior, que presenta una forma ovalada a modo de argolla o asa.
Los egipcios consideraban a esta cruz como el símbolo de la vida, y era uno de los principales atributos de la diosa Isis, que fue quien consiguió devolver la vida a su esposo y hermano Osiris. Aunque, en realidad, la mayoría de los dioses, en su calidad de inmortales, la llevaban.
Son muy numerosos los grabados y esculturas en los que aparece un dios o diosa con la cruz en la mano, acercándosela a la nariz de algún otro dios o protegido. Con este gesto el portador de la cruz insuflaba aliento de vida al otro, quien a su vez, lo recibía a través de las ventanas de su nariz.
La cruz ansada representa la vida en un amplio concepto. Es la vida con mayúscula, la que no acaba con la muerte, la que resurge y continúa. Por eso, se aplicaba a la frente de los faraones, para que su visión de la eternidad prevaleciera durante todo su mandato por encima de cualquier contratiempo.
Por tanto, como amuleto, favorece la longevidad y la sabiduría de quien ha vivido muchas vidas.
La cruz de Caravaca:
El poder milagroso de esta cruz, tiene su origen en una leyenda que data del año 1232, cuando el rey moro Muley Albuceil obligó a oficiar misa a un sacerdote que tenía prisionero. Para ello, y movido por la curiosidad de descubrir qué misterio ocultaba el sacrificio de la misa, mandó traer prácticamente todo lo necesario para su celebración. El sacerdote no se opuso, pero cuando comenzó, le fue imposible articular palabra. Muley preguntó el motivo, y el sacerdote le contestó que no podía continuar porque faltaba la santa Cruz; en ese momento, dos ángeles bajaron del cielo con una cruz patriarcal de cuatro brazos.
Ante tal prodigio, el rey moro se convirtió al cristianismo, y la imagen de esta cruz patriarcal fue motivo de un fervor popular y una veneración tal, que pronto llegó a convertirse en símbolo de auténtico poder talismánico.
Como amuleto su virtud principal es la protección, ya que sintoniza con la providencia divina. La cruz, que suele ir acompañada de un librito de oraciones, protege del mal en un amplio sentido: peligros, adversidad, enfermedades o malas energías. Aunque también hay que tener en cuenta que su poder depende, en buena medida, de la fe que en ella deposite la persona que la lleva.
El Tetragramatón hebreo:
La palabra tetragramatón procede del griego Tettares (cuatro) y gramma (letra), y hace especial referencia a las cuatro letras que, en hebreo, componen y expresan el concepto de Dios. Estas cuatro letras: Y H V H (yod, he, vav, he), escritas en caracteres hebreos (de derecha a izquierda), se consideran la representación de la Divina voluntad, la Creación, el intelecto y la Acción.
Como amuleto de protección suele aparecer la palabra inscrita dentro de un círculo que, a su vez, engloba la figura de un pentagrama (estrella de cinco puntas) o de un hexagrama (estrella de seis puntas). El hexagrama es conocido también como estrella de David o sello de Salomón (dos triángulos entrelazados) y su simbolismo recoge la idea de la unión del hombre con la divinidad. El triángulo que sube simboliza el esfuerzo humano de superación, es decir, su trabajo evolutivo, y el triángulo que baja representa la providencia y la ayuda de Dios.
El simbolismo de la estrella de cinco puntas es similar, ya que representa al ser humano (de pie con brazos y piernas extendidos) que se siente identificado con las fuerzas del Universo, y sintoniza sus energías con la energía universal.
En ambos casos se trata de un talismán de protección personal que expresa el concepto de unión con Dios.
La mano de Fátima:
La llamada mano de Fátima es un amuleto marroquí, de origen islámico, y su figura tiene forma acampanada y representa una mano con los dedos extendidos. Cada uno de los dedos representa una virtud (fe, caridad, ayuno, oración, peregrinación) y aunque su número puede variar de tres hasta seis, lo más frecuente es que tenga seis. Suele llevar también una piedra en forma de ojo de color azul o verde, que se sitúa en la parte superior de la palma.
La mano de Fátima protege contra las enfermedades y atrae la buena suerte.

La higa:
La higa es uno de los amuletos en forma de mano que más se ha utilizado en Europa y en América del Sur y Central. En Brasil, por ejemplo, recibe el nombre de figa.
Su imagen es la de un puño cerrado en el que el dedo pulgar aparece y sobresale entre los dedos índice y corazón. Cómo amuleto una de sus virtudes principales es la de ahuyentar el mal de ojo, aunque también se utilizaba contra la envidia y los celos y para protegerse de algunas enfermedades como la de la rabia y la alferecia (epilepsia).
Las higas suelen estar hechas por orfebres de forma artesanal, utilizando materiales semipreciosos entre los que destacan el azabache, el coral o el cristal de roca, y se usan, por lo general, como colgante personal. Las de azabache estaban especialmente indicadas para neutralizar el mal de ojo y los maleficios.
Hoy por hoy su uso no goza de tanto auge como años atrás, pero aún sigue siendo un amuleto de fuerte arraigo popular. En España, sin ir mas lejos, son muy apreciadas en regiones como Galicia y Castilla-León.
La Herradura:
Dentro de la diversidad de amuletos tradicionales, posiblemente, la herradura sea de los más conocidos y populares, tanto es así que su imagen, ya por sí sola, es símbolo de fortuna y buena suerte.
Aunque, según reza la tradición, para que tenga verdadero poder como amuleto, se deben utilizar auténticas herraduras de caballo hechas de hierro, a fin de colgarlas cerca de la puerta de entrada de las casas y establos. Con este gesto se pretende ahuyentar los maleficios, el mal de ojo y los malos espíritus.
La costumbre de usar herraduras como antídoto contra la mala suerte y los hechizos es muy antigua, especialmente si esa herradura se mantiene en el fuego hasta que el hierro esté candente, y después, una vez fría, se cuelga con las puntas hacia abajo en el dintel de la puerta.
El escarabajo:
El escarabajo pelotero tuvo en el antiguo Egipto un papel muy destacado como animal simbólico de protección, ya que representaba la inmortalidad del alma a través de los ciclos de reencarnaciones. Como amuleto aseguraba una muerte digna con un feliz tránsito, y su poder talismánico se extendió hasta Fenicia, Cartago, Etruria y Grecia, e incluso en el arte paleocristiano aparece como símbolo de resurrección.
Al parecer, los egipcios mantienen la creencia de que esta especie carecía de hembras, así que cuando el macho quería engendrar, formaba una bola de estiércol con sus patas traseras durante un recorrido que siempre se dirigía del este hacia el oeste, imitando el movimiento del Sol. En la bola depositaba su simiente y la enterraba durante un tiempo para después desenterrarla y arrojarla al agua. Más tarde, de esa bola nacería un nuevo escarabajo, de ahí, la analogía con el hombre que muere y es enterrado para después renacer, tras su paso por las aguas, a una nueva vida.
El valor del escarabajo como amuleto aún se mantiene, especialmente representado en el típico escarabajo egipcio de color azul. Se trata de un amuleto que atrae la buena suerte en momentos difíciles y cambios importantes, no en vano el color azul produce una sensación de calma y profundidad, a la vez que favorece el espíritu de aventura y el despego material.
La media luna o creciente lunar:
El origen de este amuleto, que favorece la fertilidad femenina y protege a los recién nacidos y a sus madres, durante el período de lactancia, es antíquisimo. Se han encontrado piezas arqueológicas de joyas prerrómanicas con un diseño muy similar al de los amuletos en forma de luna que suelen usar hoy como colgantes o pendientes. En algunos de ellos aparece también una pequeña higa que pende del arco de la luna.