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La moda del positivismo


En la actualidad y debido a la crisis hay personas que comentan, entre amigos o en familia las siguientes afirmaciones: “la cosa no va bien” “cada día está peor” “no se dónde vamos a parar” “no le veo salida” etc.

Hay una corriente pseudo psicológica que tiende a criticar duramente a estas personas, argumentando que son individuos negativos, afirmando que chupan energía, que atraen la mala suerte, se les dice también que dan dolor de cabeza y otras cosas parecidas.

Creen, los positivistas, que en la vida, se ha de ser positivo, ver la vida de color de rosa y a pesar de que todo se desplome alrededor de uno se ha de ver el lado positivo del desastre. La idea es que con el positivismo se atrae buena energía, buena vibración y que todo va a salir a pedir de boca. Y que en definitiva se atrae la buena fortuna.

Es como si fuera obligatorio ser feliz y debamos pasear por todo el mundo una careta sonriente y amable. “Si tu padre se muere sonríe, si tu mujer o esposo te deja sonríe, si pierdes el trabajo sonríe”.

Las personas tenemos derecho a quejarnos, a lamentarnos, a superar el duelo, a decir lo que nos plazca sin faltar al respeto a nadie. A llorar, sentir, lamentar, gritar.

No voy a entrar si es mejor lo uno (positivismo) o lo otro (lamentos). Lo único que quiero comentar es que tanto los unos como los otros tienen el mismo derecho a expresar sus sentimientos.

A mi parecer ni los primeros riegan buena suerte, ni los segundos atraen desgracia, y a todos se les debe escuchar.

Marcos de la Osa.



Nada esta escrito, todo está por decir

Los tarotistas no creemos o, no deberíamos creer, en el determinismo ni en el fatalismo. Veamos de que se trata estas corrientes.

Determinismo: La creencia de que cada evento tiene una causa y que todo en el universo es absolutamente dependiente y gobernado por leyes causales. Puesto que los deterministas creen que todos los eventos, incluyendo las acciones humanas, están predeterminadas, el determinismo es típicamente clasificado como incompatible con el libre albedrío. 



Fatalismo: La creencia de que “lo que será, será,” puesto que todos los eventos pasados, presentes, y futuros, ya han sido predeterminados por Dios u otra fuerza todopoderosa. En religión, esta perspectiva puede ser llamada predestinación; y sostiene que ya sea que nuestras almas vayan al cielo o al infierno, ya está determinado antes de que naciéramos, independientemente de nuestras elecciones. 



Los tarotistas creemos, o deberíamos tomar en serio el libre albedrío, la capacidad del ser humano para dirigir, crear y recrear su propia vida a pesar de todas las circunstancias, condicionantes, presiones e influencias por muchas que estas sean.

Es cierto que dichas influencias son poderosas. Las circunstancias y los condicionantes junto con el inconsciente... son como hilos invisibles, los cuales nos manejan como a marionetas, creyendo que nuestros actos son de voluntad pura cuando en realidad son fruto de los mil condicionantes que nos dominan y aprisionan.

Con todo, el tarotista cree que el hombre, a pesar de todo lo que le condiciona, es en última instancia, amo y señor de su vida.

Veamos que es el libre albedrío.

Libre albedrío: La teoría de que los seres humanos tienen la libertad de elegir o auto-determinación; esto es, ante una situación, una persona pudo haber hecho algo diferente a lo que hizo.

Significa la facultad de obrar por reflexión y elección, independiente de otros factores, como por ejemplo la inclinación natural.

La expresión libre albedrío se identifica con la libertad de elección y se la pude definir como: el ... " poder que en virtud del cual el hombre puede elegir entre acciones contrarias sin ser determinado por ninguna necesidad."

Por una parte, San Agustín expone su fundamentación distinguiendo el libre albedrío, de la libertad propiamente dicha. Para él, el libre albedrío es " la facultad de la razón y de la voluntad por medio de la cual es elegido el bien, mediante el auxilio de la gracia ( de Dios), y el mal, por la ausencia de ella."

Existen argumentaciones de tipo moral, de conciencia, social, metafísico, psicológico... los cuales dotan al ser humano de libertad de acción que le responsabiliza de sus actos ante los demás.

Si un tarotista al leer las cartas dar por sentado, por seguro, por fijo, por inmutable, por firme un acontecimiento está traduciendo el mensaje de los naipes desde el determinismo o fatalismo. Todo lo contrario a lo que debería ser una correcta y sana lectura de tarot. Esta debería valorar la situación consultada (ver la raíz del problema), y en todo caso aconsejar las mejores opciones disponibles para que el consultante salga airoso de su problema (libre albedrío). El tarot no obliga ni fuerza a nada, tan sólo muestra una vía o posible solución al problema planteado. En última instancia es el mismo consultante quien decide tomar un camino u otro, (libre albedrío).

El libro de la vida de un ser no está escrito de antemano, sino que este se ve completando a base de las decisiones y acontecimientos que tienen lugar a partir de la voluntad del mismo.

No caigamos (ni tarotistas ni colsultantes), en la trampa del fatalismo. Este a sido utilizado como mordaza y argumento para conformar al menos favorecido, al débil, al pobre, al enfermo...

Históricamente, el fatalismo ha desempeñado un papel reaccionario. Por una parte, el considerar el destino como un «plan» de la vida del hombre establecido desde arriba incitaba a la pasividad, a subordinarse servilmente a las circunstancias o al poder. Por otra parte, la seguridad en la omnipotencia de la voluntad suprema que conducía a los «elegidos del destino» a la victoria inevitable y al dominio favorecía el fanatismo religioso, político y social.


Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar.

(Antonio Machado)


Marcos de la Osa


¿Alguien puede imaginar una situación como la siguiente?


Un abogado recibe un cliente y éste después de tomar asiento le dice al abogado que le hable del derecho y de la abogacía en general.

El abogado, perplejo, le pedirá amablemente que le comunique el porqué de su visita, qué le preocupa, qué le trae al bufete, etc.


Esto pasa muchísimas veces en las consultas de tarot. Llega un consultante y éste le pide al tarotista que le haga una tirada de cartas “en general”.

El tarotista, perplejo, le comunica al cliente que el tarot precisa de preguntas concisas, directas y concretas (lo mismo que el abogado).

Cuando al tarot se le pregunta “en general” éste, como mofándose, responde impreciso, inconcreto y en abstracto causando estupor, confusión y extrañeza en el consultante.

Muchas veces pasa (no siempre), que el cliente quiere como poner a prueba al tarotista y lo que consigue con ello es el perder el tiempo, hacérselo perder al tarotista y tirar el dinero.

Por todo ello, un servidor, no hago tiradas “en general”.

Tampoco hago tiradas, por motivos éticos, sobre salud (mejor acudir al médico), ni sobre terceras personas (¿mi vecina se va divorciar? ¿mi jefe tiene una amante? etc).

Marcos de la Osa.



El tarot tiene la palabra

En una consulta de tarot, este es quien tiene la palabra. El consultante pregunta y el tarot responde a a través del tarotista. Este cede su voz a las cartas. El tarot es el centro de todo.

Algunas personas acuden a un despacho de tarot para que les validen y confirmen aquello que ellos creen o piensan al respecto de un asunto dado.

La estrategia es explicar al tarotista, con todo lujo de detalles, los problemas, las dificultades e incluso las consecuencias del mismo. Así como las actitudes y determinaciones que ellos mismos han tomado al respecto. Con todo ello pretenden colocar al tarotista de su lado y que este les justifique aquello que el propio consultante asimila con dificultad.

Desean que el tarotista les dé la razón y acredite, con las cartas, las medidas que previamente el mismo cliente había tomado en el asunto y de esta manera salir de la consulta de tarot con la conciencia algo mas tranquila y confortada. Con el convencimiento de que su actuación ha sido, en todo momento, la justa y correcta por malvada y perversa o bondadosa y bienhechora que esta haya podido ser.

Es deber del tarotista no permitir que el cliente le pueda influir sobre el asunto consultado. El tarot no está para justificar nada ni a nadie. La razón de ser del tarot es poner luz en todos y cada uno de los rincones del problema propuesto. Buscar soluciones óptimas, basadas en la verdad, la honradez y la justicia, en las que todas las partes implicadas en el asunto encuentren alivio, descanso y bálsamo.

Sólo decir que el cliente no abona la cuota de la consulta para conversar con el tarotista, ni este percibe el salario para dialogar con el cliente. Se retribuye para que el tarot dé su veredicto.

Marcos de la Osa.  


 ¿“Sonsacar”?


Sacar información al cliente es un error que comenten algunos echadores de cartas.
  1. El consultante se da cuenta del interrogatorio y pierde la confianza en el supuesto tarotista, en la adivinación proporcionada por este, y lo que es peor aún, en el Tarot.

  2. El cliente cuando acude a una consulta de Tarot lo hace porque necesita una visión nueva, diferente y diría que atrevida sobre el caso que le ocupa. Por lo que si el supuesto tarotista confecciona su oráculo a partir de la información que le proporciona el consultante provoca que este se ratifique en su visión contaminada por el sentimiento, el dolor, la pasión, quizá el orgullo, el amor propio, el egoismo.

    Luego el consejo dado por el echador de cartas se basa en suposiciones arbitrarias y personales, por lo que sin remisión es estrepitosamente erróneo y falso.

    Así no se ayuda al cliente y este pierde su dinero y su tiempo.

  3. Algún supuesto lector de cartas puede pensar que “sonsacando” puede ayudar mejor a su cliente, ya que así puede confeccionar mejor una línea de actuación con miras a solucionar el problema que este le presenta. Puede que, en el fondo, no haya más que comodidad y falta de preparación. Faltando un estudio serio y riguroso del Tarot.


Cuando una persona solicita un servicio de lectura de tarot busca y necesita un consejo o una posible solución a un problema que le preocupa y angustia.

Cuando alguien “sonsaca” información a un consultante lo que sucede es que la persona afectada por un suceso da su versión de los hechos. Esta versión viene acompañada y contaminada por un estado mental de ofuscamiento producido por el dolor, la ansiedad, el miedo, los deseos, etcétera. Por lo que la información que puede ofrecer el consultante al supuesto tarotista está sesgada por sentimientos, emociones... y no sirve, de ninguna manera, para dar un consejo adecuado, correcto y sabio a su problema.

Es por eso que es imprescindible consultar el Tarot. Él nos da una versión de los hechos desapasionada y libre, con un ángulo de visión perfecto. Nos indica que actúa a favor, cuales son los aspectos que rodean el caso que están en contra o lo dificultan y como se debería actuar para sacar el mejor partido o dar con la solución del problema.

El tarotista debe dedicarse única y exclusivamente a leer el Tarot. Decir en voz alta lo que los símbolos gravados en las cartas evocan en su mente y no salir de ello bajo ningún concepto.

Cuando el lector de cartas se deja llevar por lo que ha dicho el consultante o por su propia opinión al respecto, el error y la falsedad se hacen presentes de manera drástica y avasalladora, dejando al consultante sin aviso ni opción.

El Tarot es quien proporciona el consejo sabio y acertdo, no el tarotista ni la información aportada por el consultante.

Marcos de la Osa. 



El Tarot vivido por mi mismo


Cuando alguien abre un juego de tarot se encuentra con toda la historia de las emociones, sentimientos, pasiones, alegrías

angustias, esperanzas, turbaciones, deseos, ilusiones, dudas, anhelos, gozos, miedos... de todos los seres humanos sin excepción. Conviene mirar las cartas con ojos limpios, corazón puro, cabeza cubierta y pies descalzos.

Mi forma de ver y vivir el tarot huye de la publicidad en radios, televisiones y medios diversos. No deseo formar parte del espectáculo mediático con el hipotético objetivo de "vender más". El tarot es en asunto serio, la simbología y el mensaje que contiene atañe a lo más profundo del ser humano, de cualquier tiempo y en cualquier espacio y esto no puede ser mancillado alegremente y con frivolidad, todo lo contrario, uno ha de admirarse ante tanta sabiduría, respetar y venerar su contenido como bien se merece.

Mi lectura de tarot está basada en la sencillez, la naturalidad, la humildad, la austeridad y el respeto hacia el consultante y hacia todas las personas que nos han precedido y nos han legado sus enseñanzas del universo del tarot.

Marcos de la Osa. 

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