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Fábulas siglo XVII-XVIII

página realizada por Imanol Alcuaz y Natalia Zuazu
 
 
FABULAS S.XVII-XIX en Francia

Breve historia


En el siglo XII, Alfonso X el Sabio, tío del Infante don Juan Manuel, fue quien mandó traducir el libro de Calila e Dimna, manteniendo así la presencia de esta obra y de la fábula que, como género no tendría fortuna hasta el siglo XVII.

Pero fueron La Fontaine (1621-1695), Félix Maria Samaniego (1745-1801) y Tomás Iriarte (1750-1791) quienes consagraron definitivamente el género en Europa.

La lectura de estas breves composiciones compuso gran parte de la educación y la enseñanza en l

as escuelas, y alimentó la cultura de generaciones enteras. En el entorno escolar su aprendizaje era obligatorio como ejercicio de memoria y como enseñanza moral


Nosotros nos vamos a centrar en las fábulas del S.XVIII en Francia. Este siglo, es conocido como el Siglo de Las Luces puesto que en este siglo en hombre rechaza todo aquello que se le es impuesto y solo admite lo que le llega a través de la luz de la razón.


La fábula en el siglo XVIII se cultivó con el objetivo de ofrecer a los lectores moralejas y enseñanzas puestas en boca de animales. Grandes fabulistas de esta época fueron Iriarte y Samaniego.

Fabulistas más destacados


  • Tomás Iriarte.

    Nació en Tenerife en 1750 y murió en Madrid en 1791. Fue traductor de la primera secretaría del Estado y archivero del Supremo Consejo de la Guerra. Además de las fabulas literarias escribió muchas otras obras e hizo muchas traducciones del francés. También fue compositor. Sus fábulas le dieron fama, y en ellas se destacó con una peculiaridad: además de hablar de vicios, puso especial énfasis en la “erudición vana y pedante” y en todos en los que “sin regla ni arte” se lanzan a la aventura de producir cualquier obra artística.

    Utiliza sus fabulas para dictar normas q

    ue logren un buen estilo literario.

    Una de sus fábulas más famosas es El burro flautista en la cual un burro se acerca a una flauta y, al olerla, ésta suena. Lo que hace pensar al animal que sabe tocarla; entonces el autor saca la moraleja: sin reglas del arte, el que acierta en algo, acierta por casualidad.

El burro flautista

Sin reglas de arte,
el que en algo acierta,
acierta por casualidad.

Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.

C

erca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un Borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.

En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

"¡Oh! -dijo el Borrico-:
¡Qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala
la música asnal!"

Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.



 
  • Felix María Samaniego
    Nació en Álaba e n 1745 y murió en el mismo pueblo en 1801. Fue el continuador inmediato de La Fontaine. Estudió en Valladolid y viajó por Francia, cuya influencia se advierte en la única obra por l a que lo conocemos; las fábulas morales, 157 fábulas distribuidas en 9 libros, escritas para los alumnos de seminario de Vergra. Samaniego ridiculiza les defectos humanos en sus fábulas, imitando a los grandes fabulistas Fedro, Esopo y la Fontaine. Aunque las fábulas de Samaniego están escritas en verso, su carácter es prosaico, dados los asuntos que trata y su finalidad didácti ca.
    Se sintió terriblemente herido cuando su amigo, Tomás Iriarte publicó sus fábulas liter arias, atribuyéndose el mérito de ser primero en tratar esa clase de literatura, cuando él ya había publicado tres años antes. Tras varios enfrentamientos y publicaciones contra las fabulas literarias de Iriarte fue condenado a prisión. Aunque no llegó a cumplir condena gracias a sus influyentes amistades.
    Antes de morir hizo quemas todos sus escritos, de los que se salvaron sus nueve libros de fábulas, las que lo han llevado a la posteridad por su versificación ágil, fluida e imperecedera ironía.
    Una de las más famosas fábulas de Samaniego es la Cigarra y la Hormiga. Está escrita en heptasílabos. Pero vea el lector a la cigarra como un personaje y no se juzgue al animal por estos hechos, pues en el campo nunca pediría comida a la hormiga cuyos gustos alimenticios son distintos.

La Cigarra y la Hormiga

Cantando la Cigarra
pasó el verano entero,
sin hacer provisiones
allá para el invierno;
los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Viose desproveída
del preciso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo y sin centeno.
Habitaba la hormiga
allí tabique en medio,
y con mil expresiones

de atención y respeto
le dijo: "Doña hormiga,
pues que en vuestro granero
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste Cigarra,
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme;
que fielmente prometo
pagaros con ganancias,
por el nombre que tengo."

La codiciosa Hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
"¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
dime, pues, holgazana,
¿qué has hecho en el buen tiempo?"
"Yo, dijo la Cigarra,
a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento."
"¡Hola!, ¿conque cantabas
cuando yo andaba al remo?
Pues ahora que yo como,
baila, pese a tu cuerpo."

 

La obra de estos dos enormes fabulistas fue posteriormente continuada por otros que también tuvieron gran importancia y realizaron importantes obras.

Por otro lado, existe un pequeño grupo que incluye a Lope de Vega y Calderón de la Barca, que sin ser propiamente fabulistas, han dejado una pequeña producción que los hace merecedores de figurara en antologías.




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Natalia Zuazu,
14/11/2010 3:28
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