TESTIMONIO DE INTERCESION

FECHA:  Miércoles 7 de octubre de 2015


Hermanas Misioneras Clarisas:

Mis datos generales

Mi nombre es Silvio Ramírez Benavente, costarricense nacido en Managua, Nicaragua, el día 18 de diciembre de 1953. Tengo 61 años, cédula 800770753. Vivo en Hatillo No 8, Alameda 10, Casa # 38, en San José, Costa Rica. Mi número de teléfono es 8639 4796 y mi correo electrónico es   silvioramirezb@gmail.com

 

Un poco de historia

Fui guerrillero sandinista en mi juventud, totalmente ateo y marxista, deseoso de matar a los representantes de la dictadura de los Somoza y a los miembros de la burguesía en Nicaragua. Al final, luego de algunos años y debido a problemas internos dentro del sandinismo, fui balaceado por mis mismos compañeros y una de las balas que me impactó tocó una vértebra de mi columna a la altura de mis lumbares. Terminé postrado en una silla de ruedas en donde los médicos aseguraban que nunca volvería a caminar. La mitad de mi cuerpo, desde la parte baja del ombligo hasta mis pies, estaba en aquel entonces totalmente insensible, muerto y con graves problemas de circulación en la sangre lo que motivó que mis piernas se mantuvieran por años prácticamente congeladas, muy pero muy frías. Debido a la permanencia en la silla de ruedas se me formó con el tiempo una ulcera a la altura del cóccix que me duro por años antes de llegar a cerrarse.

Las secuelas de este atentado a mi vida aun persisten en gran parte, aunque muchas de ellas igualmente han desaparecido. En la actualidad presento lo que los médicos llaman una paraplejia incompleta bajo L4 ASIA B debido a fractura luxación de L3 por traumatismo de alta energía en región lumbar, con vejiga e intestino neurogénico y una nueva ulcera crónica profunda a nivel isquiática derecha que me apareció hace aproximadamente 9 años debido a mi mismo problema circulatorio.

Dentro de esa panorámica, hace unos 6 años atrás tuve un problema serio en mi pierna derecha, lo que llevo a los médicos a contemplar la amputación del miembro  en su totalidad, es decir, a lo largo de toda la pierna, por lo que me vi obligado a permanecer internado en el Hospital San Juan de Dios, aquí en San José, desde julio del año 2009. Al final lograron salvar mi pierna y ésta volvió a la normalidad. Mientras permanecí dentro del Hospital se me descubrió un nuevo padecimiento a mí ya desquebrajada situación de salud. Los médicos dictaminaron que padecía de un trastorno en mis niveles de azúcar en la sangre llamado diabetes mellitus tipo II, por lo que de inmediato empezaron a suministrarme insulina. Al salir del Hospital debía inyectarme 10 unidades de insulina diariamente. Ver documento adjunto No 1

 

Ante la Hermana María Inés

Esta situación me angustió en sobremanera, ya que hay muchas superficies de mis piernas en donde aun no siento absolutamente nada, debido a mi problema lumbar, y tengo por tanto totalmente anestesiados mis dos pies. Si a esto agrego el problema de la diabetes, se me figuraba y no creo equivocarme, que en poco tiempo iba a ir viendo mermada algunas partes de mis piernas hasta finalmente alcanzar la muerte. Esta nueva enfermedad realmente me trastornó.

Luego de más de un mes de haber sido dado de alta del hospital San Juan de Dios fui a visitar con mi familia a las hermanas clarisas al barrio de Moravia, en San José, y mientras estaba allí entré a la Capilla que ellas tienen al frente de la entrada de la Casa Pastoral y le pedí a la Hermana Beata María Inés que intercediera por mi ante la virgen María, para que la diabetes, la nueva enfermedad que me aquejaba y que se me diagnosticó en el dicho Hospital desapareciera de mi vida definitivamente. Mientras oraba a ella, fijando mi mirada en su imagen, tuve la sensación que ella realmente prestaba atención a cuanto le decía y de inmediato sentí que la diabetes ya no me iba a atormentar.

Ante esto tuve la necesidad de llorar, de agradecer, de contar a todos. Los ojos se me humedecieron de la emoción y lloré en silencio, procurando que nadie me viera, aunque en la Capilla no había nadie más que yo y la Hermana Beata. Le di las gracias por lo que había hecho por mí, por curarme de la diabetes. Cuando mi esposa llegó a mí para indicarme que era hora de irnos, me levanté y salimos de la Capilla. Mientras caminábamos a la salida me volví a mi esposa y le dije que ya no tenía diabetes. Le conté rapidito lo de mi encuentro con la Hermana María Inés y ella no me creyó.

En la casa conté a toda mi familia lo que me había sucedido en la Capilla y nadie me creyó, se hicieron chistes al respecto, hubo risas, sarcasmos, y al final mi dosis de insulina. Uno y otro día contaba lo mismo y siempre terminaba inyectándome la insulina y apegándome a una dieta que creo que me afectaba más que la misma diabetes que decían tenía. Con el tiempo señalé ejemplos de diabéticos de mi comunidad que comen de todo y que allí están allí sin mayores complicaciones, y así  la dieta no fue ya tan rígida y pude empezar a comer de manera normal, aunque por insistencia de mi familia seguía las indicaciones de los médicos para controlar la diabetes.

Con el tiempo reconocí que de nada valía seguir con la historia del milagro de intercepción hecho por la Hermana María Inés y siempre daba mi cuerpo para que me inyectaran la insulina o yo mismo lo hacía en presencia de ellos. Cuando se me ocurría volver a mencionar lo de la curación de la diabetes me decían lo mismo, que eso bueno, pero que pusiera mi hombro o mi panza para punzarlo e inyectarme la insulina. Con el tiempo empecé a engañar a mi familia al asegurarles que me había inyectado cuando en realidad no lo hacía y así pasaba días sin inyectar mi dosis de insulina.

 

En el centro de salud

A los días de haber salido del Hospital San Juan de Dios tuve que presentarme al centro  de salud de mi localidad, según indicación del Hospital, para ponerme en control como paciente crónico diabético. En mi primera cita en el centro de salud, la Clínica Dr. Solón Núñez Frutos, ubicada en Hatillo Centro, San José, luego de hablarme acerca de mi nueva condición de vida a partir de la aparición de la diabetes, de la necesidad de seguir al pie de la letra la dieta recomendada desde el Hospital, me señalaron el cuidado especial que debía tener con mis pies, los cuales llamaron “el pie diabético”. De inmediato comenzaron a extenderme órdenes de exámenes que debía realizar en el laboratorio de la Clínica y que debía repetir cada tres meses.

Todos los exámenes de laboratorio posteriores a mi visita a la Casa de la Madre María Inés y practicados en la Clínica siempre mostraron que no tenía problemas o complicaciones y que todo lo que pudiera relacionarse con la diabetes estaba bajo control. Estos resultados se han repetido durante seis años, y la verdad no he seguido dieta alguna, e incluso pasaba días seguidos que no me inyectaba la insulina. En varias ocasiones también me he sacado uñeros del pie derecho y me he sangrado el mismo y no me ha sucedido nada, y he sufrido heridas en mis pies que han sanado en el tiempo que sanan heridas en una persona no diabética.

Presento a continuación cinco imágenes de un accidente que tuve y en donde prácticamente se me desprenden dos dedos del pie derecho. En esta oportunidad fui atendido de emergencia en la misma Clínica Solón Núñez, en donde a pesar de ser una herida muy profunda y de poseer mi diabetes dicha herida sanó en el tiempo que sanan heridas graves de personas sanas. Esta herida se produjo en la primera semana de mayo de 2014. El expediente de esa intervención existe en la Clínica y está a disposición de algún facultativo que lo solicite.







Por otra parte y ante los buenos resultados consecutivos de los exámenes que debía realizar cada tres meses, mismos que los médicos miraban con complacencia, a la vez que me felicitaban por seguir, según ellos, todas las prescripciones de rigor, comencé a planear a los doctores que cambiaran mi tratamiento, y que en lugar de prescribir insulina me mandaran ingerir pastillas, que hacen el mismo efecto, ya que mi familia seguía insistiendo que tenía diabetes y que debía inyectarme, lo que en ocasiones hacía delante de ellos.

Yo planteaba a los distintos médicos que me trataban que si los exámenes salen siempre bien entonces que si había la posibilidad de dejar de inyectarme algún día. Ellos siempre me expresaban que en efecto los resultados de los exámenes indican que estoy muy bien en mi nivel de azúcar en la sangre, que estoy sano como cualquier persona normal que no tiene diabetes, pero que no se arriesgan a cambiar el tratamiento porque si algo sale mal y mi azúcar se altera es una grave responsabilidad para ellos y por tanto no se arriesgan a dejar de alterar mi tratamiento.

Debido a esta situación sigue con lo indicado para personas diabéticas durante algunos años más, engañando a mi familia y a la clínica ya que en verdad no seguía las indicaciones médicas al pie de la letra, aunque cuando me preguntaban siempre aseguraba que me cuidaba en mi dieta y que me inyectaba diariamente cuando en realidad no lo hacía.

 

Con la doctora Heidy María Cordero Guerrero

El día 11 de noviembre de 2014 me ve una nueva doctora de nombre Heidy Cordero, y al igual que todos los anteriores revisó los exámenes que normalmente me hacen cada tres meses, solo que al tener los mismos resultados y sugerirle que me cambiara el tratamiento de insulina a pastillas, esta nueva doctora si aceptó mi propuesta, no sin antes haber echado un vistazo a mis exámenes anteriores que se encontraban en el expediente. A partir de esa fecha salí del centro de salud con 60 pastillas de Metformina Clorhidrato de 500 mg  y con la prescripción de tomarme dos diariamente.

Por supuesto me aseguró que con cambiarme el medicamento ella “se la jugaba” porque si algo salía mal y mi vida peligraba eso podría ponerla a ella en una situación difícil ante la clínica y el Colegio de Médicos. Sí, me dijo que debía realizarme pruebas de mi nivel de azúcar por lo menos tres veces al día y que en cuanto observara que el azúcar estuviera arriba de 180 mg/dl fuera de inmediato al hospital más cercano o que llamara al 911 en caso de no poder movilizarme por mi mismo.

Como por lo regular no me inyecto entonces al darme las pastillas tampoco ingerí alguna de ellas, pero sí vi correcto hacerme las pruebas para saber el nivel de azúcar en mi sangre. Estas pruebas las realicé frente a mi familia a diferentes horas: en ayunas al levantarme, antes de acostarme por la noche, poco antes de comer, dentro de las dos horas después de comer y después de las dos horas de haber comido. En todos los casos el resultado, sin insulina y sin pastillas para controlar la diabetes, fue siempre el mismo. Estaba en los niveles normales. Mi esposa y mis hijos “se apuntaron” también a medirse el nivel de azúcar y compararlos con mis resultados obtenidos. No había cambios significativos entre los niveles de azúcar de ellos y los míos.

Ante esta realidad mi familia acepta que realmente no tengo diabetes y que los ruegos de la Hermana María Inés ante la virgencita tuvieron efecto y que un milagro se había operado verdaderamente en mí, ya que estamos claros que esta enfermedad no tiene cura médica. A partir de entonces mi esposa e hijos no volvieron a decirme que me inyectara insulina. Las pastillas para controlar el azúcar en mi sangre están intactas, igual que me las dieron en la farmacia de la clínica. La próxima cita con la doctora Heidy Cordero la tendría el 11 de febrero de 2015.

 

Examen de Fondo de Ojos

Antes de la cita del 11 de febrero me realicé un nuevo examen, esta vez de Fondo de Ojo. Este examen, según el médico que me atendió, Doctor Fabián Lascarez Abarca, permite observar el interior del globo ocular para diagnosticar alguna enfermedad, o bien para comprobar la evolución de patologías como la diabetes o la hipertensión. Este examen se realiza para conocer si existen algunos vasos sanguíneos rotos en la retina del ojo, ya que según la medicina, el exceso de azúcar en la sangre propicia este padecimiento y como consecuencia se dan lagrimeos con pigmentación de sangre y progresivamente la perdida de la  vista, hasta llegar a la ceguera total en algunos casos.

Según el doctor que me practica este examen y a preguntas mías, me dice que normalmente este riesgo de vasos sanguíneos rotos en la retina de los diabéticos se inicia a los dos o tres años del padecimiento de descontrol en la azúcar en la sangre. Pese a todo el doctor me señaló que la situación general de mi retina, a pesar de tener este padecimiento diabético por 6 años está totalmente sano, ya que no hay rompimiento alguno ni se observa en el examen anormalidad en mis vasos sanguíneos. Ver documento adjunto No 2.

 

Ante la doctora Sheyka Vanessa Hall

Tres semanas antes de la cita del 11 de febrero debía hacerme, como siempre está indicado, los exámenes de rigor: orina y sangre. Al llegar a la cita del 11 de febrero me encontré con una  nueva doctora de nombre Sheyka Vanessa Hall. Ella ve mis exámenes de fondo de ojos, sangre y orina, y me dice que salieron muy bien. Revisa mi expediente y descubre el cambio de insulina a pastilla y luego me hace la observación que todo está muy bien y que estuvo correcto hacer el cambio de medicamento porque los exámenes revelaban que no hubo complicación alguna ya que mi cuerpo había tolerado el cambio de medicamentos con satisfacción.

En este punto le muestro a la doctora mi regocijo por los buenos resultados de los exámenes, pero le hago ver que en realidad llevo tres meses sin realizar ningún control para la diabetes. Aquí le narro que no sigo ninguna dieta, aunque por supuesto evito comer en exceso. Le dije que ya no me inyecto insulina porque la doctora Heidy me la había quitado, pero que tampoco ingerí ninguna pastilla. Le indico que no seguí ninguna prescripción médica en todos los tres meses, a no ser medirme el nivel de azúcar desde mi casa  y que éstos me habían salido siempre bien, como una persona normal.

Inmediatamente le señalo los resultados de los exámenes que ella acaba de ver y le pregunto si yo me cure de la diabetes a lo que ella me dice que no. Que la diabetes no tiene cura. Al insistirle sobre mi caso me dice no saber por qué no tengo complicaciones pero que va a enviarme nuevos exámenes para tratar de descubrir si tengo o no diabetes. Esta vez me dice que no me va a prescribir ningún medicamento para la diabetes, es decir que tendré otros tres meses sin insulina ni pastillas, pero ahora con el consentimiento del centro de salud, es decir prácticamente estoy siendo dado de alta aunque tengo que hacerme exámenes médicos de laboratorio para constatar la normalidad de mi estado de salud.

Los nuevos exámenes que me envían debo hacerlos en dos tractos, con intervalos de 2 horas cada uno. La primera muestra debe hacerse con 12 horas de ayuno, luego voy a ingerir alimentos y dos horas después me debo realizar un nuevo examen. Los estudios solicitados son Glucosa basal, glucosa dos horas posprandial, análisis general de orina y hemoglobina glucosilada (Hb A1C). Según la doctora Sheyka Vanessa, estos exámenes son claves para descartar cualquier descontrol en mis niveles de azúcar en la sangre, o bien para determinar la presencia de la misma.

Al salir de la consulta debo ir a buscar la fecha de mi próxima cita y ésta me es otorgada para el 13 de mayo, día de la festividad de la aparición de la virgen de Fátima en Cova de Iría.

 

Nuevamente ante la doctora Heidy María Cordero Guerrero

El día de la celebración de la virgen de Fátima estoy nuevamente ante la doctora Heidy y ésta ve los resultados de la prueba de diabetes y me dice que todo salió bien (Ver documento adjunto No 3). Revisa el expediente y observa que ya no hay insulina ni pastillas, me pregunta cómo me siento y después de expresarle que me siento bien, me toma ella misma una muestra de sangre para medir el azúcar. Luego me dice que la tengo bien y que no hay problemas. Es decir luego de seis meses de estar sin tratamiento para control de la diabetes no tengo ninguna complicación. Nuevamente vuelvo con las mismas preguntas que le había formulado a la doctora anterior tres meses atrás y encuentro las mismas expresiones: Que la diabetes no tiene cura y que no se explica por qué yo no la tengo alterada.

Al final me dice que en vez de tres meses tendré una nueva cita a los cuatro meses, y que un mes antes debo hacerme la misma prueba de azúcar, esto es Glucosa basal, glucosa dos horas postprandial, análisis general de orina y hemoglobina glucosilada (Hb A1C). Que luego si estos nuevos exámenes salen bien me los hará cada seis meses, y así sucesivamente, me dice, porque no hay que descuidarse y porque el azúcar no se cura. Le pregunté si podría ser algún milagro lo que ocurrió en mi y entonces ella se sonrió, me dijo que tal vez, pero que en verdad eso de milagros no es posible y que los exámenes deben hacérmelos cada seis meses, pero mientras tanto no me prescribe nada para controlar el azúcar. Es decir los doctores, dos de ellos, Heidy y Sheyka no me dan más tratamiento para la diabetes pero aseguran que ésta no se cura y que no se explican porque no tengo complicaciones y no sigo tratamiento alguno.

.

Comprobación de lo aquí dicho

El día 27 de agosto de 2015 fui al centro de salud y pedí cita con la doctora Heidy Cordero, y una vez ante ella le expresé lo del milagro de la Hermana Beata Madre María Inés, le conté la historia aquí relatada y le dije si ella podría darme algún dictamen médico que corroborara lo que aquí expreso. Ella me dijo que era creyente y que está de acuerdo que en ocasiones existen milagros que no tienen explicación médica, y luego escribe una nota en donde expresa que mi historial médico revela que fui diagnosticado con Diabetes Tipo II y que actualmente estoy sin medicación para la diabetes. Antes de escribir dicho dictamen me hace una prueba de azúcar en uno de mis dedos y éste revela una glicemia de 88 mg/dl, es decir, un nivel de azúcar totalmente normal. Ver documento adjunto No 4.

Mi expediente clínico se encuentra en el Hospital San Juan de Dios y en la Clínica Solón Núñez Frutos, y entiendo que puede estar a disposición de personas calificadas que deseen observarlo y/o estudiarlo.

Por mi parte yo mismo me someto a cualquier prueba médica que se me desee hacer y esto incluye el estar confinado en algún lugar, bajo observación, sin tratamiento alguno para la diabetes, sin dieta alguna, ingiriendo alimentos ricos en grasas y azucares, y midiéndome el nivel de azúcar en la sangre para comprobar que realmente estoy sano en cuanto a la diabetes se refiere. A la fecha llevo exactamente 10 meses de no seguir ningún tratamiento contra la diabetes.

 

Testimonio

Este es mi testimonio de Intercesión y desde él aseguro con toda fe que la Hermana Beata María Inés realmente prestó atención a mi suplica, y acudió a la virgen María para que yo fuera sano de la diabetes y así terminara mi tormento ante la posibilidad de ver mermada poco a poco mis piernas antes de morir. Para mí la Madre María Inés es ya una santa mujer y debe ser llevada a los altares como tal.

Sin más que añadir aprovecho para saludar a las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento que han mantenido viva la memoria de la Beata María Inés Teresa Arias.

 

                                                                                 ______________________

                                                                                   Silvio Ramírez Benavente

 

 

PAGINA PRINCIPAL