¿Qué es la vocación y cómo reconocerla?


FUENTE: santaclaradeestella.es


Sentido de la Vida

        En el principio de los tiempos, antes de que existiesen día y noche, cielos y tierra, Dios estaba pensando en todos y cada uno de nosotros . No nacemos ni vivimos hoy por azar. Todo estaba perfectamente dispuesto en la Voluntad de Dios quien "dispuso para cada uno  de nosotros el tiempo y lugar donde debemos habitar con el fin de encontrarle" . (Hch 17,26-28).

      Todos hemos nacido en este Mundo, y en este mundo estamos para hacer algo positivo. La mayoría de las veces que lo pensamos no sabemos qué hacer ni cómo. Todos tenemos una vocación en este mundo, estamos en él para algo y este algo está dentro del plan de Dios, que nos ha llamado a la vida y que espera de cada uno de nosotros una respuesta libre y generosa. Todos estamos (tú principalmente) en el plan de Dios desde el principio de los tiempos, antes de los orígenes de la tierra y estamos hoy y aquí para hacer algo importante: depende de tu voluntad, de tu entrega. Sabes que puedes contar con Él. Y con Él todo es posible. Solo depende de tí: de tu voluntad, de quitarte tus miedos, tus tinieblas y de entregarte totalmente  para ser parte de Dios, de sus planes, de su Iglesia. " Y, si le escuchas, serás feliz porque el que encuentra a Dios ha encontrado la vida" . (Prov.8.22)

        Se sobrecoge el corazón al escuchar el grito de San Pablo: ¡Esta es la Voluntad de Dios: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra! (Ef. 1, 9-10). En efecto, ésta es la voluntad de Dios y la razón de ser de nuestra existencia : atender la llamada de Dios a nuestra santidad personal para pacificar las almas con auténtica paz, para transformar la tierra, para buscar en el mundo y a través de las cosas del mundo a Dios Señor Nuestro. Para que su Nombre sea Santificado, para que se haga su Voluntad, para que a este nuestro pequeño mundo venga el Reino de Dios: El Reino del Amor, la Paz, la Justicia y la Verdad.

        Así, Dios llama y espera una respuesta. "La peor prisión es un corazón cerrado" (JP II). En el respeto a la libertad que Él mismo nos ha dado, espera una respuesta libre y acogiendo tu respuesta libre, te regala esta misión para construir con ella tu felicidad y la de tus hermanos y el camino para conseguirlo no es otro que frecuentar el trato con Dios mediante la Oración para así crecer en la familiaridad y en la confianza con Dios tratándole en la oración, hablando con Él, manifestándole –de corazón a corazón– nuestro afecto.

Pero no podemos olvidar que estar con Jesús es, seguramente, toparse con su Cruz. Cuando nos abandonamos en las manos de Dios, es frecuente que Él permita que saboreemos el dolor, la soledad, las contradicciones, las calumnias, las difamaciones, las burlas, por dentro y por fuera: porque quiere conformarnos a su imagen y semejanza, y tolera también que nos llamen locos y que nos tomen por necios. Al admirar y al amar de veras la Humanidad Santísima de Jesús, descubriremos una a una sus Llagas. Y en esos tiempos de purgación pasiva, penosos, fuertes, de lágrimas dulces y amargas que procuramos esconder, necesitaremos meternos dentro de cada una de aquellas Santísimas Heridas: para purificarnos, para gozarnos con esa Sangre redentora, para fortalecernos.

En ese momento sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas. Con esta entrega, el celo apostólico se enciende, aumenta cada día –pegando esta ansia a los otros–, porque el bien es difusivo. No es posible que nuestra pobre naturaleza, tan cerca de Dios, no arda en hambres de sembrar en el mundo entero la alegría y la paz, de regar todo con las aguas redentoras que brotan del Costado abierto de Cristo, de empezar y acabar todas las tareas por Amor "He venido a prender fuego a la tierra; y ¡cómo desearía que ya estuviese ardiendo!" (Lc 12-49).

    Para el creyente,  la vocación específica se puede comprender como el particular camino de Cristo que cada persona emprende. Son muchos los caminos que llevan a la misma meta: ser otro Jesús. Es obra del Espíritu en la variedad de formas. Él construye la Iglesia como una comunión orgánica en la diversidad de vocaciones, (vocaciones a la vida laical, al ministerio ordenado y a la vida consagrada).

     ¿Qué es la Vocación?  

La vocación religiosa es un misterio de amor entre un Dios que llama y un ser humano que le responde libremente y por amor. La vocación es un misterio de elección divina, es una iniciativa de Dios a la que debemos responder, es una llamada de Dios para una tarea que abarca la vida entera. " Antes de haberte formado en el seno materno, te conocía y, antes que nacieses, te tenía consagrado " (Jer 1, 5). La vocación es un don muy grande que transforma a un hombre corriente en elegido de Dios. "No me habéis elegido vosotros a Mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure " (Jn 15,16).

    ¿Cómo saber si se tiene vocación? 

Dios nuestro Señor hace oír su voz de varias maneras: en un rato de oración, a través de las palabras de una persona o de un libro, etc. Suele surgir una inquietud que, si perdura un poco, será buena señal de que Dios desea algo. Dios es Amor y todos tenemos en nuestro corazón una pequeña chispa de amor "Pero había en mi corazón como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no podía." (Jr. 20,9). Abriendo el corazón a Dios oiremos su llamada y nos preguntaremos "Señor, ¿Qué quieres que haga?" (Hch 22,10). En su presencia, podremos afirmar: "¡Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir! ¡Me has forzado y has prevalecido!" (Jr. 20,7).