Comentario al evangelio: Mt 1, 18-24


FUENTE: dominicanos.org

Lunes de la III semana
Tiempo de adviento

El Señor nuestra justicia

La primera lectura de hoy nos presenta un oráculo del profeta Jeremías. Frente a la multiplicidad de pastores que aparecían en los versículos anteriores (Jr 23,1-4), aquí se habla de un solo rey, descendiente de David. El profeta lo presenta con una imagen vegetal propia de contextos de vida y fecundidad (Is 11,1; Jr 23,15): “un vástago legítimo”. A este Mesías no se le atribuyen exitosas campañas militares, ni triunfos políticos. Lo que lo identifica son sus cualidades éticas: un rey prudente que gobernará implantando “la justicia y el derecho en la tierra”.

El oráculo recoge también la imposición de su  nombre: “El-Señor-nuestra-justicia”. El nombre en la Biblia no viene dado por la tradición familiar, ni es tampoco una cuestión estética, sino que alude a la vocación y la misión de aquel que lo lleva. En este caso el nombre insiste en lo que se ha dicho anteriormente. El Señor es la causa de la justicia que va a llevar acabo y el Mesías la administrará según el proyecto de Dios.

Desde esta perspectiva  y en esta actitud de espera del Adviento, la Palabra nos invita a alimentar la esperanza de que otro mundo es posible, el mundo que Dios sueña;  un mundo habitable para todos y en el que se favorezca una vida digna para cada uno de los seres humanos. La llegada del Mesías nos compromete a construir ese nuevo mundo y,  frente a la “globalidad de la indiferencia”,  promover la globalidad de la solidaridad con acciones concretas. ¿Cómo puedo realizarlo hoy?

Dios-con-nosotros

Jose era un hombre justo. En la Biblia, este sobrenombre no alude al ejercicio de la justicia distributiva, sino que se refiere a una  persona que realiza la voluntad de Dios. Ante una situación desconcertante, como es el embarazo de María, y que provoca la desconfianza en ella, se le aparece en sueños el ángel del Señor. En el AT era frecuente que el Señor se apareciera en sueños: Jacob (Gn 28, 10-22), Labán  (Gn 31,24) para revelar determinadas cosas. El ángel del Señor es el mismo Yahvé (cf. Gn 16,7; Jc 6), aunque poco a poco se va diferenciando y aparece como un mensajero celeste.

El ángel anuncia a Jose la procedencia del Espíritu del niño que va a nacer de María y le manda que le ponga el nombre. En este caso el nombre es Jesús que significa “Dios salva”. El texto aclara el porqué de ese nombre presentando así la misión del personaje “porque salvará a su pueblo de los pecados”. Junto a ese nombre, Mateo presenta a Jesús como el Mesías. En Él se cumplen las promesas de Dios hechas a su pueblo en la primera Alianza. Lo anunciado por los profetas, se realiza ahora en Jesús. Él es el verdadero “Dios-con-nosotros”, es el verdadero rostro de Dios.

El Adviento está a punto de dar paso al tiempo de Navidad. En este contexto ya se nos anuncia el nacimiento de Jesús. Ante las dificultades de la vida, los fracasos del camino, los proyectos no logrados, la enfermedad o la muerte de alguien que queremos, el dolor de este mundo y la corrupción y la injusticia que lo habita, también nos preguntamos como el pueblo de Israel: ¿Esta el Señor con nosotros?. Dios nos ha dicho en Jesús de Nazaret que sí, que Él está con nosotros, que Él nos acompaña. Es presencia y protección. Él trae vida para todos: justicia, paz, fraternidad. Esperar es confiar en que los planes de Dios son mejores que los nuestros. ¿Estoy convencida/o de ello? ¿Soy capaz de abrirme a los planes de Dios en mi vida?

Hoy celebramos la advocación de la Virgen de la Esperanza, Santa María de la O. Una O que se prolonga para expresar el asombro, y la expectación que genera la llegada de quien viene a re-novar y re-crear nuestras vidas.

Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo