TANIA ALEGRIA

 
 
NARRATIVA    

 

Tania Corrêa Alegria nació en Porto Alegre - RS, Brasil y reside en Lisboa, Portugal. Es licenciada en Derecho y en Ciencias  Sociales por la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul, Brasil. Cursó pos grado en el Instituto Superior de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Clásica de Lisboa. Ejerció la carrera profesional en el sector del comercio internacional y transportes marítimos. Desde 2002 se dedica al estudio de las técnicas de narrativa y versificación en el panorama literario íbero americano. 

 

Se expresa literariamente en ambos idiomas, portugués y español. En el género poesía escribe sobre todo poemas en verso libre o en métrica con rima asonantada, siendo el verso endecasílabo su principal herramienta de trabajo. Su obra poética es influenciada, entre otros, por los poetas contemporáneos Carilda Olivier Labra, Carlos Raúl Lemiña Cortés, Delfina Acosta, Manuel Alcántara y Rafaela Pinto. Las influencias que marcan su estilo narrativo son Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y Juan Carlos Onetti.

 

 

Obra publicada:

 

2008 - InVerso, poemas, en edición bilingüe Español-Portugués, Redactors i Editors

 (Valencia, España).

 

2009 - Histórias do mundo virtual, cuentos, en portugués, Editoras Movimento/Crivella/ AlegrePOA, Porto Alegre, RS, Brasil.

 

2009 - Memorial de exorcismos, poemas, en edición bilingüe Español-Portugués, sello Colección Biblioteca Digital Siglo XXI, impreso por Bubok, Madrid, España.

 

2010 - En la ebriedad del bosque, poemas, Ediciones y Arte, S.L., Asunción, Paraguay.

En autoría conjunta con E. Dominique Jollivet (Francia), Felipe Fuentes García (España) y

Óscar Distéfano Miers (Paraguay).

 

2011 - Poemas sem flor nem fruto, poemas, en idioma portugués, Corpos Editora, Oporto, Portugal.

 

2011 - Enquanto o vento, novela, en idioma portugués, Ed. Movimento/Crivella, Porto Alegre, RS, Brasil.

 

 

Participación en antologías:

 

2009 - Tarta de Manzana, relatos, Bohodón Ediciones, Madrid, España.

 

2009 - Atmósferas, relatos, Ediciones Sonatas Digital, Madrid, España.

 

2010 - Antología Poesía Universal, Editor Fernando Sabido Sánchez (edición digital)

 

2011 - Antología de Gaceta Virtual, Editora Norma Segades-Manias (edición digital)

 

 

Publicaciones en revistas:

 

Algunas de sus obras en poética y narrativa están publicadas en las revistas digitales o de circulación tradicional Alkaid (España), Artesanías Literarias (Israel), Gaceta Virtual (Argentina), Guatiní (EUA), Letralia (Venezuela), Palabras Diversas (España), Paralelo 30 (Brasil), Meander Magazine (Holanda), RBA (Francia) y Remolinos (Perú).  

 

 
                            
                                                             
                              INVERSO                                 HISTÓRIAS DO MUNDO VIRTUAL
                 Poemas en edición bilingüe Español-Português             Cuentos. Idioma Portugués.
                 Editado por RiE - Redactors y Editors, SL                 Ilustracciones por Beatriz Morán
                 Valencia, España, 2008.                                        Editado por Movimento/Crivella/AlegrePoa
                 Finalista del "Prêmio Açorianos de Poesia 2009"          Porto Alegre - RS, Brasil, 2009.
                 Secretaria da Cultura, Porto Alegre, RS, Brasil.          "Finalista del "Prêmio Açorianos-Cuento,2010"
                                                                          Secretaria da Cultura, Porto Alegre, RS, Brasil
 
                                                              
 
                 EN LA EBRIEDAD DEL BOSQUE                    MEMORIAL DE EXORCISMOS
             Poemas                                                  Poemas en edición bilingüe Español-Portugués
                Editado por Ediciones y Arte, S.L.                                                COLECCIÓN
                Asunción, Paraguay, 2010                                               BIBLIOTECA DIGITAL SIGLO XXI
                En autoría conjunta con E. Dominique Jollivet,             Impresión: Bubok, Madrid, España, 2009.
                (Francia), Felipe Fuentes García (España) y
                Óscar Distéfano Miers (Paraguay          
         
                                                               
 
              POEMAS SEM FLOR NEM FRUTO                               ENQUANTO O VENTO
                           Editora Corpos                                                     Novela
                     Oporto, Portugal, 2011                                     Portada sobre dibujo de
                                                                                        Carlos Raúl Lemiña Cortés
                                                                                            Ed.Movimento/Crivella
                                                                                        Porto Alegre, RS, Brasil, 2011

 

 

 
 Miembro de  
 

REMES-RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL

  

 
 
 
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MARIÉN
 
 Empiezo por decirle que yo soy una persona seria. Tengo un currículo académico y una historia de vida que lo comprueban. Puedo demostrarlo: el currículo, no la historia, las historias personales no se muestran, sólo su saldo es visible; positivo o negativo, se ve al final del recorrido del tiempo, cuando el blanco de las sienes y las hormonas de reposición restablecen la verdad en el cómputo general de las columnas del activo y del pasivo. Y además de seria, soy sensata. Si hay algo de lo que me enorgullezco es de ser una celosa madre de familia, una profesional honesta y una ciudadana útil a la sociedad. Sí, seguro, siempre supe que tenemos aspectos en nuestra personalidad que no son completamente conocidos, hay áreas cenicientas, zonas de sombra, algo de escarcha y niebla, lo sé, la ciencia lo explica -cuando no lo baraja-, pero en fin. De todos modos puedo afirmar que jamás permití que esas siluetas menos luminosas se asomasen al balcón de mi vida pública, por decirlo de algún modo. Tuve el cuidado de mantener a mis fantasmas privados al resguardo de cualquier mirada indiscreta y si alguna vez –y debo admitir que ha sucedido– alguien se enteró de que había bultos enmascarados recorriendo mis íntimos senderos, ésos fueron mis familiares más próximos, marido, hijos y madre, en ese orden de información y con exclusividad.
  
 Muy bien, sigo: esto expuesto y a bien de la verdad, no puedo decir que nunca sospeché de la existencia de algún otro yo dentro de éste que aparento y exhibo; un súper ego, por supuesto –¿Y quien no lo tiene?– con su correspondiente id debidamente controlado puesto que la información científica sobre esos temas es accesible, si no a las masas por lo menos a quien tenga pincelado el intelecto con el barniz de una educación de nivel superior, como es mi caso; un lobo estepario, tal vez, pero debidamente entrenado para no ensuciar con sus patas la alfombra de las etiquetas, seguro que usted ha leído a Hermann Hesse; quizá un Dasein, sintiéndose culpado por no ser el fruto de su propia creación, pero de Heidegger por supuesto usted sabe más que yo. Como ve, todos esos fenómenos no me eran desconocidos ni me fue ajeno el cuidado de mantenerlos reducidos a sus debidas proporciones. Pero con ella no contaba. Se me apareció un día con estatuto de alma melliza, otro yo, segundo ser, como le quiera llamar, habitando el caparazón de mi dimensión corpórea. Dijo que se llamaba Marién. Ésta es la razón por que vengo a consultarlo, doctor.
  
 Pregunta usted cuál fue mi reacción. Bien, no se puede decir que no haya intentado convivir pacíficamente con la persona esa que se me presentó, mejor dicho que me empujó hacia un lado para que le cediera espacio en mis circunscritas realidades, sí que lo hice, en verdad tengo algunos conocimientos de psicología, aunque principalmente de psicología social –¿Le dije que soy socióloga?– pero no, el problema no se encuentra en elaborar un esquema para una coexistencia armónica, sino en mantener determinados trazos de su personalidad ceñidos en un ámbito razonable.
 
 ¿Que le dé un ejemplo? Por supuesto, figúrese usted que ella habla español. Sí, usted lo escuchó bien, fue lo que dije: habla castellano. Dice que es de Andalucía, descendiente de moros, gitanos y judíos. Naturalmente, en cuanto al habla castellana, le dije que no me parecía practicable, puesto que mi idioma materno es el portugués, mi familia es lusitana desde los tiempos de D. Afonso Henriques, que me conste nunca hubo en nuestro árbol genealógico ningún fruto cogido por manos que se hubieran extendido desde el otro lado de la frontera. Así que, cómo vamos a entendernos, le pregunté educadamente. Dio de hombros. Ya veremos, respondió con displicencia. Por hablar de eso, es una persona displicente, debo decirlo. Lo noté de pronto, porque no compartía mis preocupaciones. No parecía importarle la cuestión del idioma y la consecuente carga cultural que eso implica. Usted sabe a qué me refiero, los pisos con azulejos, el sol entre las ramas de las enredaderas, el sonido del agua en el surtidor, el aroma a azahar, las columnas mudéjares, las violetas, o por otras palabras, la sombra, el silencio y el embrujo de un patio andaluz a las dos de la tarde. Una necesita una estructura especialmente dotada para cargar con la imaginación de otra persona además de la nuestra, sobre todo si la otra es andaluza. Sí, que no quepan dudas, el ser andaluza altera considerablemente las proporciones de la cuestión a causa de la soleá, la luna mora, el mantón de Manila, el duende y el clavel. Por no hablar de los palos del flamenco. Como ve, no es un tema que deba ser tratado con liviandad, una pasa la vida fortaleciendo a sus columnas íntimas para sostener la propia herencia cultural y de pronto nos surge un otro yo, huido de un patio andaluz, y tenemos que hacer que quepan mezquitas, arrayanes, rosas de los vientos, barrios de la judería, tardes de toros, alcázares, caballos árabes y olivos en nuestra propia arquitectura interior, a mí me parece una ecuación con demasiadas variables, por no decir que estamos al borde del absurdo. Ya me dirá usted lo que piensa, por cierto ha estudiado esos casos.
 
 Bien, de acuerdo, digamos que la cuestión del idioma y su respectiva carga cultural sería manejable, si no fuera otro aspecto que a mí me parece que escapa a los cómputos de la matemática existencial: es que además de andaluza, mora, gitana, judía, displicente y de habla castellana, también es poeta. Sí, lo que le digo, de ésos que escriben versos. Ni más ni menos. Que lo lleva en la sangre, dice. Supongo que tiene que ver con los duendes que antes mencioné. Parece ser algo incontrolable, como una arritmia cerebral o algo semejante, se da a la métrica y la rima, y a sabiendas de que con eso una no conlleva la vida de todos los días, hay que pensar que las cosas verdaderamente importantes –al contrario de lo que pueda parecer a muchos y entre ellos a los poetas– están en lo cotidiano, los cuidados de la familia, la casa, el trabajo, los compromisos, la vida social por reducida que sea, la salud sobre todo, en fin, lo esencial está en todo el mecanismo organizado para sustentar la vida y –hay que decirlo– a la sociedad en la que estamos insertos y de la cual somos células. Ésa es la verdad y lo contrario es el caos, aunque ella diga que lo contrario es la poesía. A mí me parece discutible. Aun desde aquí, mirando desde esta perspectiva, es decir en esta posición en que le hablo, acostada en el diván, cuando los pensamientos parecen surgir de abajo para arriba y no de adentro para afuera, me sigue pareciendo discutible.
 
Pues como le decía, suele poetizar. En las horas menos apropiadas, en los momentos más inesperados, cuando se hace necesaria la serenidad para la toma de decisiones, la firmeza para la conducción de los asuntos, la crudeza para hacer frente a los desafíos de la vida, ella poetiza. Delira en forma de versos, digo yo. Hay caballos galopando en las noches, misterios descifrados en penumbras, un minotauro en su laberinto, polvo de oro y arreboles, además de algunas cosas extrañas que, conforme juzgo haber entendido, tienen que ver con olvidos amarillos, desiertos en tinieblas, manantiales, mareas, golondrinas y, a veces –aunque más ocasionalmente– orquídeas y paradojas. Vea usted la situación. ¿Qué puede una hacer, impotente e ignorante, ante tan asombrosas fuerzas y tan contradictorias? Dice que son metáforas. Supongo que también esos detalles los conocerá usted de los compendios médicos, estoy informada de que la psiquiatría está muy avanzada en esos temas.
 
 ¡Pero que no! ¿Cómo no va a ser de conocimiento público? Mantenerla al abrigo de los ojos ajenos, ocultarla a la curiosidad de extraños, enmascarar los síntomas y las evidencias, borrar vestigios, eludir ardides, eso es lo que querría yo, pero… ¿de qué manera? Usted dígame cómo, de qué modo, si se metió en Internet y de allí no hay quien la desconecte. Sí, por cierto, anda en la red como si estuviera en casa, armó el tablado y se instaló de alpargatas y rosa en los cabellos. ¡Pues, si le digo que está como en su patio! Frecuenta talleres literarios, salas de chat, páginas de poesía, sitios de cultura general, bibliotecas virtuales, observatorios de la ciber sociedad, foros, blogs, lo que venga. Dice que necesita navegar, que uno debe expresarse, compartir opiniones, intercambiar ideas. Sí, en ese aspecto no le va mal, se comunica, tiene compañeros de red e incluso amigos fiables, algunas esporádicas aventuras románticas, cada vez más esporádicas y cada vez menos románticas, por suerte o por desgracia, no lo sé, de esos mundos virtuales una no sabe nunca nada. No, eso no, afortunadamente no le dio por frecuentar sitios de sexo virtual ni de pornografía. Dice que es por ser poeta que no le da por esas cosas. Que necesita integración emocional, es lo que afirma. Supongo que trata de interiorizar la percepción del binomio espacio/tiempo reducido a las realidades cibernéticas. En cuanto a mí no tengo por hábito maquillar la nomenclatura: las cosas son lo que son, información, comunicación y tecnología, son los tres ejes fundamentales de la ciber cultura, aunque a ella lo que le atrae en el mundo virtual son las emociones: alegrías, esperanzas, desengaños, frustraciones, euforia, desaliento, intimidad, devaneos, fantasía. Supongo que busca el otro yo de los demás, con quien identificarse y en donde encontrar solidaridad. Dice que son las emociones que la tienen enganchada a la red. Vea usted qué lejos va una a buscar la gratificación para sus carencias.
 
 ¿Que por qué no la desconecto? No puedo, le dan las tres cosas, a sabiendas: los suspiros, los gemidos y el llanto, en ese orden, aunque pensando bien, en las tardes de lluvia pueden darse en el orden inverso. Y además mira de soslayo a las paredes como si quisiera sorprenderlas. Dice que busca atisbar en la cal las grietas de las canciones. Al principio supuse que serían las grietas en la pared, pero no, las grietas son en las canciones. No me hago idea de lo que quiere decir con eso. No es todo lo que consigo entender, algunos de sus procesos mentales se me escapan. Pero lo que pude notar es que a causa de tales grietas a veces se echaba a dormir tardes enteras, como si no quisiera estar. O como si no quisiera ser, lo que no es lo mismo aunque bajo determinadas circunstancias se puedan confundir los dos estados. Ahora por hablar de eso, y mirando hacia atrás, me parece que fue así como empezó a irse. Con lo de las tardes durmientes. Se durmió tres semanas y luego declaró que se iba. Que echaba de menos a su patio andaluz, dijo. Que tenía que encontrar a la rosa de los vientos para buscar el rumbo del Sur. Que había un jardín en donde alguien la esperaba a la sombra de los arrayanes, y en cuanto a eso debo admitir que escuché como un murmullo de voces que la llamaban. Habló del olor a canela y a jazmín que volvían el aire más delgado y la vida más antigua pero no aclaró de dónde soplaba el aire. De manera que se fue, un poco como quien parte, un poco como quien olvida. La llamé: Marién. Pero ya se había ido.
 
 Sí, es como le digo, se fue. Así que ahora ya sabe usted mi historia, y además ya se debe haber agotado el tiempo de la consulta, ¿verdad? Estoy segura de que en los muchos estudios que usted ha hecho (sé que tiene una larga experiencia profesional, importantes trabajos publicados y participaciones de relieve en congresos médicos), por cierto… ¿Encontró casos semejantes? ¿Los ha estudiado? ¿Y sabe el santo y la seña para solucionarlos?
 
 ¿Cómo dice? ¿Que si Marién ya se fue el asunto está solucionado? ¡Ah, no! Me temo que no haya entendido, doctor, seguramente no me expliqué con claridad: vine a consultarlo porque quiero que vuelva.
 

ALGÚN DÍA

 

 

Y no te callas, Oscar, y no te callas. Algún día dejaré de escucharte, no sé cómo, no sé cuándo, pero algún día no te escucharé más. Si no fuese a causa de la lavadora sería por cualquiera otro motivo, dices que estropeo todo lo que toco pero a ti no te interesa saber que la lavadora lleva años funcionando todos los días, no vas a perder la oportunidad de decirme torpe e imbécil.

 

No te callas, Oscar, y yo estoy muy cansada después de todo el día trabajando, los niños tan revoltosos, tú con toda esa rabia, y aún me toca hacer la cena. Y tú insistes en que no soportas mi dejadez. Conozco tan bien tus furias, Oscar. Es siempre lo mismo. Ya lo veía venir. Me acusas de que no conseguiste el ascenso por mi culpa, de que si tuvieras una casa presentable y una mujer capaz podrías invitar al jefe a venir a casa, y ofrecerle una cena, pero no, con una mujer como yo, ¿cómo podrías hacerlo? Lo peor es que te enfureces cada vez más a medida que gritas conmigo. Si al menos me dejaras sola en la cocina, fritando las malditas patatas, si al menos aquí yo pudiese tener un poco de paz o silencio. Pero no, Oscar, tienes que cumplir el rito completo, del insulto al puñetazo.

 

No sé cómo ni cuándo dejaré de escucharte, Oscar, pero sé que algún día pasará. Ya imaginé tantos modos de  cómo acabar con esto, de cómo acabar con todo, pero después pienso en los niños, cuando no me tengas a mí para insultar y abofetear te volverás en contra ellos, descargarás en ellos tus frustraciones, tus iras, tu violencia descontrolada. No puedo más Oscar, no podré aguantar mucho más tiempo esta puñetera vida. Algún día esto tiene que acabar.

 

Ahora me atormentas a causa del coche que no puedes comprar, de lo que sería tu vida si no te hubieras casado conmigo. Me callo, Oscar, porque es peor cuando te  respondo. Sólo deseas que te conteste para  pegarme. Algún día dejarás de hacerlo, Oscar, no sé cómo, no sé cuándo, pero algún día será. 

 

Me da vergüenza cuando salgo al pasaje y las vecinas me miran, todas las noches escuchan como me gritas, como me insultas, y saben que me pegas. Y los niños tienen miedo, tapan sus cabecitas con la ropa de cama cuando en la noche están acostados y te oyen gritar.

 

 Y ahora qué, Oscar, también soy culpable de que la casa necesita pintura, de que tus pantalones están mal planchados, y ahora qué, Oscar, ¿cuándo vas a callarte? ¿Cuándo tendré fuerzas para acabar con esto, para dejar de escucharte para siempre? Algún día no estaré aquí, Oscar, ya no debería estar. Hay tantas maneras de huir, el gas, el veneno, los raíles del tren. Algún día, Oscar. Si no fuera por los niños…

 

Ya te acercas y gritas cada vez más fuerte. No descansas hasta que no me das una bofetada. Ahora me dices ramera y ya no me callo: ¡ramera es tu madre! Grito para apurar el puñetazo que siempre llegará, más tarde o más temprano, aprendí que mejor si más temprano. Era lo que querías. Vienes hacía mí con aquella mirada que conozco tan bien, el aliento de animal, la fuerza concentrándose en el brazo con que habrás de golpearme. ¡Ramera es tu madre! Vuelvo a gritarte. Y te acercas más. Mejor así, después de pegarme te irás al cafetín a emborracharte y lastimarte de la puta vida, y yo terminaré de freír las patatas y daré la comida a los niños y me echaré en la cama para llorar con la boca enterrada en la almohada porque no me escuchen.

 

¿Hasta cuándo, Oscar? Te miro con rabia de ti y con pena de mí, los brazos caídos, la garganta seca. Ahora me dices puta. ¡Puta es tu madre! Consigo gritar y giro la cara para esquivar el golpe, cierro los ojos  y empiezo a levantar la mano para proteger el rostro, pero el golpe tarda, el golpe no viene, abro los ojos y de repente veo. Veo y comprendo. En una fracción de segundo tu mirada aterrada baja de mi cara a mi brazo, de mi brazo a mi mano, de mi mano al mango de la sartén, del mango del sartén al aceite hirviendo. No lo había pensado, Oscar, pero ahora lo veo en tus ojos: hoy es el día.