SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

POESÍA  


Sergio Esteban Vélez. (Medellín, Colombia, 1983). 

Escritor, poeta, comunicador, periodista y gestor cultural colombiano.
 
Comunicador de la Universidad de Antioquia, especializado en Lenguas Modernas en la Universidad de Sherbrooke (Canadá). Ha desarrollado estudios complementarios de Humanidades, en la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad de Santiago de Chile. Estudios avanzados inconclusos de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Pontificia Bolivariana, de Medellín. 
 
Ha sido Director de Cultura del Colegio Altos Estudios Quirama - Instituto de Integración Cultural; Director Ejecutivo (1997 – 2004) de la Academia Antioqueña de Letras y Vicepresidente (1996 – 97) de la Corporación Cultural “La Casa del Poeta”, en su ciudad. Es miembro de una decena de academias e instituciones culturales de su país y de Hispanoamérica. 

Ha desarrollado actividad periodística en prensa, radio e internet. Actualmente, es corresponsal en Canadá y columnista semanal del periódico "El Mundo", de Medellín; comentarista cultural del suplemento literario "Palabra y Obra", del mismo diario,  y colaborador eventual de otras publicaciones.

Su labor lo ha llevado a hacer más de setenta presentaciones poéticas y literarias, en importantes auditorios de su país y de ciudades como Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima, Quito y Quebec.   Publicaciones en Colombia, España, México y Suecia.  Entrevistas para prestigiosos medios de Colombia, Estados Unidos, Canadá, Perú y televisión latinoamericana. 
 
Ha sido organizador y director de casi un centenar de eventos culturales y académicos y ha colaborado ad-honorem, a lo largo de más de 10 años, en diversas entidades cívicas, políticas, sociales y de ecología. 
 
A lo largo de su carrera, ha recibido diversos premios y reconocimientos a su gestión cultural y a su obra poética.  Ha sido finalista en el Premio Nacional de Poesía “Porfirio Barba Jacob” y en el Concurso Literario “Jorge Isaács”.  Ganador del Premio al Humanismo Integral, concedido por la Asociación Nacional de Profesionales Integrales y de diversas placas y resoluciones de honor de entidades cívicas y culturales.  La Academia Antioqueña de Historia y el Concejo de Medellín, en el libro “Medellín, 330 años”, lo incluyeron en el listado de 10 poetas sobresalientes nacidos en Medellín.

Ha recibido elogiosos comentarios de la crítica hispanoamericana y la felicitación de autores de la talla de Mario Vargas Llosa, Jorge Edwards, Ernesto Cardenal, Fernando Savater, Carlos Germán Belli, Manuel Mejía Vallejo, Fernando Vallejo, Gustavo Álvarez Gardeazábal y Pedro Lemebel.  El ex presidente de Colombia Belisario Betancur lo ha llamado “El Rimbaud colombiano”.  Meira Delmar, en el prólogo del libro “Historia cóncava”, lo considera como uno de los mejores exponentes de la poesía colombiana actual, y la reputada escritora Olga Elena Mattei escribió en el diario El Mundo, de Medellín: “Los poemas de Sergio Esteban Vélez son mucho mejores que los míos”.
 

Libros de Poesía: “Destellos nocturnos” (Dos Ediciones, 1996, 97); “Entre el fuego (Dos Ediciones, 1998, 1999); “Sinfonía mística” (Sonetos hagiográficos, introducción de Octavio Arizmendi Posada, ex ministro de Educación de Colombia);  “Urdimbre bajo la piel” (2005, ilustraciones de David Manzur; introducciones de Olga Elena Mattei y Fernando Vallejo); “Historia cóncava” (2004, inédito; introducción de Meira Delmar); “Estancias cerradas” (ilustraciones de David Manzur. En 2007, la revista internacional de Arte y Literatura “Mefisto” publicó una edición especial, con 23 poemas de este libro).
 

Obras de Historia: “El color en el Arte Moderno Colombiano” (Prólogo de Belisario Betancur, ex presidente de Colombia.  Edición de lujo. 2007) “El lenguaje expresivo del maestro David Manzur, en sus propias palabras” (Trabajo para optar al título de Comunicador. Beca del CODI de la Universidad de Antioquia). “Maestro de Maestros: Luis Uribe Bueno” (Biografía autorizada, para publicar) “Linaje, vida y descendencia del Presidente de Antioquia Don Luciano Restrepo Escobar” (350 Págs., inédito). Además, decenas de ensayos de crítica literaria, artística y musical; biografías de antioqueños ilustres y asuntos religiosos e históricos.

 

Premio: Premio José María Heredia, 2010, otorgado por el Instituto Nacional de Periodismo Latinoamericano con sede en Los Angeles, EUA.

 



Referencias en la Web:
 
 
  
 
 


ES MIEMBRO DE
 
 

 
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EL ALMA PESA VEINTIÚN GRAMOS
     
 
El alma pesa veintiún gramos,
afirman los filósofos
esotéricos.
La energía suprema
encadenada a un cuerpo
y sólo dos postigos
trémulos
le muestran un rincón
desierto
del universo.
 

La pseudovida
sometida al tiempo;
los sueños,
a unos huesos,
y el amor,
a unos átomos de humo.
 

Todo en un cenicero.
 

Son sólo veintiún gramos
eternos.
 


EL SUICIDIO DE TCHAIKOVSKI
 
 
Corriendo
por las escalinatas
de tu pensamiento,
veo
juegos de fuego
ominosos
creciendo
hasta el Big Bang
lumínico y patético.
 

Tchaikovski,
piedra,
Pedro,
no puedo,
no puedo consolar
el llanto de tus vientos:
salmo de saetas,
puñales negros,
sables cosacos
gimiendo.
 

Esta es la sinfonía del destino
que mendiga un abrazo sempiterno,
pero que,
más allá del falso ensueño,
rosado,
arrullo del pasado,
se encuentra con el frío del Infierno
que quema
como un beso.
 

Lontano
solo el hielo,
tu saudade circunda
un chelo esquizofrénico,
y lloras en el suelo,
vibrando,
trémulo,
mientras tus labios congelados
recitan los compases
del primer movimiento
de tu melancolía enajenante
que no tendrá remedio.
 

Sólo el vuelo,
solamente una fuga hacia el Nirvana,
asido de la mano
del cisne negro,
amainará el desasosiego
ciego:
esa incomodidad
por ser el mundo tan pequeño
para albergar tu genio.
 


EN EL INFIERNO
 
 
Estas almas
que están tan convencidas
de que van tan bien...
no saben
que están en el Infierno.
 

Parecen sonámbulos,
tienen la conciencia
completamente dormida,
ambulan por todas partes
y creen firmemente que están vivos.
Ignoran su muerte.
 

No está de más decir
que sienten
el huracanado
viento de Mercurio,
y blasfeman incesantemente
en la zona subterránea
del cerebelo.
  

LORCA 
  
“Que no quiero verla.”
 
Que no quiero ver tu sangre
filtrándose entre la tierra
ni el rictus de agonía entre tus labios,
como un San Sebastián.
 

Lorca,
¿Cómo habrán sido las estrofas
que te dictaba el numen,
mientras las balas asesinas,
te arrebataban del parnaso?
 

¿Habrán pasado por tu mente
aquellos resplandores
taurinos
de tu tierra,
la fuerza refrescante
del Hudson
en América,
y habrás vuelto a sentir
en tus membranas
los cambiantes sabores
de esos amores
marineros
que las furiosas hordas medievales
actuales
no pueden comprender?
 

Seguramente por tus ojos,
que se mojaban de nostalgia,
pasaban velozmente
aquellos baños en el río
con Dalí, húmedo y altivo;
el azúcar de Cuba,
y el salobre sabor a celuloide
de Buñuel y sus noches.
 

Tanto invocaste el drama
y llamaste a los dioses con tu piano,
y quisiste bruñir gitanamente
los mejores romances andaluces,
poeta en Nueva York,
que ahora se fundían
tus alvéolos,
para escribir los versos
que harán
que entre tus brazos moros
se venza anonadado
Ganímedes,
el olvidado efebo
de un poderoso dios. 
  

 

 

 
MADAME BUTTERFLY
(A Yukio Mishima)
 
 
Las simas
submarinas
de los ojos azules
de Pinkerton
eran tus únicos confines,
en ellas
naufragaba tu espíritu,
y en cada noche negra,
cuando te acariciaban
los vientos oceánicos,
te quedabas dormida
recordando esa única
fruición de pensamientos
en que entregaste el nimbo de tu pecho
a aquel capitán gélido.
 

Y soñabas la hora
sublime
en que el furtivo amado
subiría corriendo
por la colina verde,
llamándote agitado,
implorando tu abrazo
indisoluble.
 

Ya lo veías.
Ya podías sentir
su beso entre tus labios
y el gozo de tu sueño
sobre su torso tibio.
 

Preparabas la casa
que albergaría
su delicia
por novecientos noventa y nueve años,
olvidabas la gloria
de tus ancestros,
y renunciabas a tu propia esencia,
ante la dicha eterna
de aquel
anatema.
 

Y llegó el día:
en el paisaje gris
se percibía
la silueta de un par de enamorados
que ascendían veleidosos
hacia su nuevo hogar,
y cuando estaban próximos
a tu morada
pudiste ver
la intemperancia
del que tanto esperabas,
posesionarse de tu estancia
con su “auténtica esposa americana”,
y te ignoraba frío,
como un desconocido.
 

¡Ah! Butterfly,
tu corazón ingenuo
ya no podrá latir jamás;
ningún elíxir milenario,
ninguna planta extraña
del Japón
alcanzará la estación
de florescencia,
para cicatrizar
el loto de tu entraña desgarrada.
 

Con una banda blanca
le cubriste los ojos
al hijo que lloraba,
invocaste tus genes
en samuráis guerreros,
y con la misma fuerza
de su grito
empuñaste el puñal contra tu vientre,
cumpliste el hara-kiri
y descendiste al suelo
para siempre.
 
 
 
LA COPA ESCANCIADA
 
 
San Agustín,
el obispo de Hipona,
el padre de la Iglesia,
el incansable buscador
de la esquiva verdad
inaprensible,
también gustó el amor
en sus papilas
y se hundió inconsolable
cuando sus ojos húmedos
lo vieron escaparse
definitivamente.
 

La juventud ardía,
y aquel mancebo vehemente
lograba que él se alzara en frenesí
y que ascendiera al cosmos
pagano
del éxtasis.
 

Agustín estudiaba,
leía y naufragaba
en mil incertidumbres,
misterios, jeroglíficos,
teoremas cabalísticos
y enigmas maniqueos...
mas toda su sapiencia no podía
detener su conciencia,
que loca se fugaba
a la silueta necia
del terrenal amado.
 

Llegó la muerte,
y fulminante su descarga
se lanzó impertinente
sobre el objeto
de su elación
y salpicó de hieles
las vértebras de su alma.
 

Y su curioso espíritu,
que antes había morado
en los dos cuerpos,
se vio vacío,
vago y torturado.
Sus ojos lo veían
en todas partes,
y cuando incontenible
se abalanzaba
para abrazarlo
sus manos huérfanas
solo palpaban la locura ciega.
 

Y esperaba el regreso,
“ya vendrá”, se decía,
y sólo el aire amargo
lo tocaba, glacial,
mientras las lágrimas rodaban
hacia el desierto
y los suspiros infinitos,
el llanto,
los gemidos,
los gritos de la ausencia
absorbían su ímpetu.
 

Anhelaba el sepulcro,
la vida no era viable
a medias,
el pánico insondable le impedía dormir
y todos los lugares conocidos
le taladraban la memoria.
 

Ni el juego,
ni la música,
ni las fiestas,
ni el gozo de otros lechos
pudieron alejarlo
de aquel recuerdo.
Y escapó de su patria,
y de la omnipresencia de su duelo,
creyendo que en Cartago
confortaría su demencia
pero su esencia estaba dividida
y ya nada podría restaurarla;
entonces se adentró en los planos místicos
con toda la potencia
de su desazón,
a transformar al hombre
en el reo de Dios
y en pecado al amor.
Y, en arrepentimiento
de su propia pasión,
castigó al mundo
y lo sumió en la Edad de las Tinieblas.