NORMA SEGADES – MANIAS

POESÍA  

Norma Segades – Manias, nace en la ciudad de Santa Fe el 5 de junio de 1945.

Es docente, escritora, periodista cultural. Cultiva la poesía, la prosa poética y la narrativa, aunque aún no ha  dado a conocer sus relatos.

 

Es autora de la siguiente bibliografía:

 

Romance del Brigadier - Edición artesanal-Santa Fe (1986)

Más allá de las máscaras - Ministerio de Educación y Cultura-Santa Fe (1989)

El vuelo inhabitado - Imprenta Lux-Santa Fe (1990)

Habitantes del paisaje en edición cooperativa, capítulo: Mi voz a la deriva / Colegio de Farmacéuticos - Santa Fe (1990) /Imprenta Lux-Santa Fe (1991)

Tiempo de duendes  - Imprenta Lux-Santa Fe (1991)

El amor sin mordazas - Seuba Ediciones-Barcelona, España (1992)/Imprenta Lux-Santa Fe  (1994) /Edición artesanal –Casa Cid de León-México (2004)

Crónica de las huellas - Editorial Vinciguerra-Buenos Aires (2000)/Edición artesanal Casa Cid de León-México  (2004)

Un muelle en la nostalgia - Edición artesanal-Santa Fe (2001)

A espaldas del silencio - Edición artesanal-Santa Fe (2002)

Desde otras voces - Linajes Editores-México (2004)/Universidad Tecnológica Nacional-Santa Fe (2005)

La memoria encendida - Edición del autor-Santa Fe (2004)

Pese a todo - Formato CD-Santa Fe (2004)

A solas con la sombra (2005) Inédito en libro

Bitácora del viento (2006) Inédito en libro

Historias para Tiago (2007) Inédito en libro

En nombre de sus nombres (2008) Inédito en libro

 

 
De su obra se ha dicho lo siguiente:

 

Habitantes del paisaje: Mi voz a la deriva

 

“…Segades Manias, con una elaboración entre metafísica y nostálgica, permite que sus versos salgan del dibujo, hagan pie en el terreno de las islas y se dispongan a lo universal…” Graciela Geller, escritora (Santa Fe)

 

El amor sin mordazas

 

“…He leído El amor sin mordazas primero con asombro, después con un deleite renovado. Porque el sentimiento lírico que anima sus páginas es de primera agua. Y esto no es poco decir. En el poemario, como quantum total, hay toda una constante de entrega fervorosa, de vuelo lírico, de intensidad formal…” Jorge Taverna Irigoyen, escritor y crítico de arte (Santa Fe)

 

“El premio que galardona este libro no puede ser más merecido. Ya las palabras escritas en el prólogo son pura prosa poética… Creo que es una poesía que apunta y llega muy hondo… En algunas poesías he encontrado algo magnífico y dulce a la vez, un contrapunto que suena como una guitarra templada en noches de estío…” María Isabel Clucellas, escritora y periodista (Buenos Aires)

“…es un grito, un alarido, la reclamación lírica de muchísimos derechos humanos que a la mujer se le secuestran diariamente. Sin embargo, su tono es menos desgarrado que poético, menos panfletario que metafórico, ya que su autora no pierde jamás el verdadero norte y sentido de la poesía. A fe mía que la poetisa argentina sale con ´nota´ por ser una diestra versificadora, por utilizar una suerte de recursos, todos legítimos y altamente significativos hasta los versos finales del poema con que cierra el libro”. Nel Amaro, crítico bibliográfico (Ciudad Real, España)

 

“Al leer estos versos, recordamos a otra maestra ejemplar, cumbre de la poesía femenina en América, Gabriela Mistral. Por su pasión contenida y por su belleza formal la presencia de la escritora genial parece manifestarse en los poemas de la autora argentina”. Vicent Alperi, crítico bibliográfico (Gijón, España)

 

“…Es una obra de excepcional lirismo, escrita con absoluto dominio de la forma, gran riqueza de metáforas, alto vuelo de ideas y muy intensa, aunque ceñida la expresión amorosa y la pasión sexual”. Joseph Carol, escritor y filólogo (Barcelona, España)

 

“Estos poemas me llegan como una torrentera de palabras apasionadas y encendidas imágenes… De hecho, de un libro de poemas con el amor como motor único no se puede decir sino que nos gana con un abrazo o nos deja fríos porque lo hallamos convencional y tópico. No ocurre así, afortunadamente, con la obra de Norma Segades Manias. La autora ha volcado en sus versos un torrente amoroso que incluye en sus rabiones de entusiasmo latidos de ilustres antecedentes femeninos hispanoamericanos tales como Delmira Agustina, Juana de Ibarbourou o Alfonsina Storni… Pero la imaginería de Norma, tras la que se ve como un río de secuencias cinematográficas el paisaje sudamericano, es como una expresión verbal de sus sentimientos que sólo pueden ser comparables con los recursos de Pablo Neruda. En una época en la que predomina una poesía a base de escrupulosos cernudismos, asombra este alud de metáforas y brillantes adjetivaciones… un granado lenguaje poético… En suma, un libro que no puede pasar inadvertido por ser un eslabón poético en la tradición de los poetas posmodernistas hispanoamericanos…” Juan Mena, crítico bibliográfico (Cádiz, España)

 

Crónica de las huellas

 

“… su elevada inspiración, su torrente de limpios endecasílabos, su lujosa imaginería verbal, la concepción global en la que todos los matices se insertan con naturalidad y sin forzamientos, el tránsito suave de la confidencia a lo hímnico, de la vinculación del dato histórico-tradicional con la total libertad de la poesía… Esa salmodia que la discreta rima sostiene y canaliza. Pero más aún me ha impresionado su pudor religioso. El silencio del que todo parte y hacia donde todo tiende y no deja de ser silencio que más allá de las voces de todos dice lo suyo sólo al corazón del que está preparado para la escucha. Poesía religiosa: poesía que calla a tiempo y se queda en el umbral de lo que no puede ser nombrado… “ Osvaldo Pol poeta y sacerdote (Córdoba)

 

Desde otras voces

 

“Norma Segades es una mujer de temple y garra que tiene prohibido renunciar a la poeta que vive en sus entrañas, a pesar de los obstáculos. Es una poeta bien plantada que desea libertad para su gente, que presta su voz al marginado, a los que sufren, a los que tienen hambre. En este libro, encontró Musas en el brillo de poemas de otras poetas hermanas. Le damos gracias por regalarnos su talento”. Lina Zerón, escritora y editora (México)

 

“Al igual que W. Benjamin puedo decir que gracias a Norma me he salvado un poco del olvido, mezclada en el canto de sus palabras que me recuerdan a mí misma pero a la vez me transforma en engranaje, en partecita de una identidad mucho mayor que me acoge y me sostiene, y desde donde, orgullosa, puedo decir que soy latinoamericana”.  Carla Vidal, escritora y actriz (Chile)

 

“Norma Segades ha creado una joya que estremece. La estructura de sus versos impacta. Visualmente figuran la toma de un electrocardiograma, el del corazón de quien lee. De esa manera palpita éste conforme va introduciéndose en ellos. Producen taquicardia, suspenden la respiración o la restauran en el lapso de un suspiro”. Leticia Ricárdez, escritora y artista plástica (México)

 

“Los versos de Norma muerden, como la verdad. Hacen sentir más cerca la otra mano, hacen que la esperanza sea una sábana tendida al aire, henchida de luz. Sus versos detienen a la llaga para ponerla con ternura en nuestros ojos, sin la estridencia de pus que los lastime. Así, su libro es una de las cuentas en este dolor universal, collar que ciñe corazones y conciencias. Mi admiración por ese manejo cirujano del lenguaje, y sobre todo, por esa comunión con el dolor que nos iguala”.  Liz Durand, escritora y artista plástica (México)

 

“Los alebrijes de Norma danzan un baile de sobrevivientes sin máscaras. Aún más, sobre baldosas desarrolla una poesía desgarrante, como nuestro continente”. Lourdes Vázquez, escritora y profesora universitaria (Puerto Rico-Estados Unidos)

 

“Los poemas de Norma me han parecido geniales, podría decir que son la radiografía de una ciudad no imaginaria, que está aquí o en otro lado, en cualquier lugar del planeta. Puedo decir que cada uno de sus personajes, desde hoy no anónimos, pululan incomodando, recuperando sus nombres, apellidos, nacionalidades. Algunos me han estremecido porque los he conocido desde siempre: los mismos puentes, el mismo color amarillo, las mismas entreabiertas ventanas, las mismas vulvas, las mismas orfandades. Sigo pensando que sus versos son extremadamente complicados e inquietantes, sigo pensando que no tiene piedad con el lenguaje, que pone en ellos toda su furia y su destreza, especialmente cuando describe al delincuente, a los drogadictos, a los ciudadanos, a la hambrienta, al mendigo viejo, (este poema creo que es el mejor de los poemas por mí leídos nunca, el más estremecedor). Pero la escritora, la idealista, los jubilados, el demente, son terribles, honestos... son la verdad”. Silvia Delgado Fuentes, escritora  (Euskal Herria)

 

“Norma Segades Manias hace del encadenado y desencadenado de poesía un arte. Como las bisabuelas bordadoras que se pasaban los puntos unas o otras, la poeta santafesina toma de sus colegas la letra, la punta del ovillo, y desenreda, organiza, estructura con fabuloso oficio sus "alebrijes", aquellos que aprendió a mirar, sí, a sentir en México. Treinta y dos poemas hilados a partir de la palabra de otras treinta y dos poetas: Pinceladas de Munch, monstruos del Bestiario, descarnados trazos de Otto Dix. Miseria, gozo, el dolor de ser o la piedad, los filosos alebrijes de Segades - Manias cortan el rostro. Cualquier cosa menos el olvido.” Esther Andradi (escritora – periodista – Argentina – Alemania).

 

Su obra obtuvo los siguientes reconocimientos:

 

Comenzó a escribir en el año 1986, recibiendo los siguientes reconocimientos:

Primer Premio y Mención de Honor Certamen Provincial "Alfonsina Storni" (1988), Segundo Premio Nacional Certamen "Plaza de los Poetas `José Pedroni´" (1989), Primer Premio Edición Certamen Regional "Rosalina Fernández de Peiroten" (1990), Mención de Honor Certamen "Municipalidad de Santa Fe" (1990), Primer Premio Edición Certamen Internacional "Villa de Martorell", Barcelona, España (1992)

Integra antologías poéticas editadas en Santa Fe (Palabras para compartir-Biblioteca Legislatura Provincia de Santa Fe 1989/1990); (Camino de plata, Urdimbre de sueños y Huellas de palabras - Fundación Banco Bica 1992/1993-1994/1995-1996/1997); (Mesa de cuentistas santafesinos - Secretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe y Asociación Santafesina de Escritores-1996), (Mesa de poetas santafesinos - Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Santa Fe y Asociación Santafesina de Escritores-1996), (Santa Fe, las palabras y su gente Lengua EGB 2 - Editorial Aique-1996);  México (Mujeres poetas en el País de las Nubes), Perú (Como ángeles en llamas, Algunas voces latinoamericanas del siglo veinte - Casa del Poeta Peruano, Editorial aBrace y Ediciones Maribelina-2004) y España (Inventario Relacional de la poesía en español período 1951-2000 - Universidad Autónoma de Madrid y Editorial Prometeo-1996)

En 1999 la Fundación Reconocimiento Dra. Alicia Moreau de Justo, le otorga diploma y medalla nombrándola Alicia por “su actitud de vida” y el Instituto Argentino de la Excelencia (IADE) le hace entrega del Primer Premio Nacional a la Excelencia Humana por “su meritorio aporte a la cultura”. En el año 2005 fue nombrada Ciudadana Santafesina Destacada por el Honorable Concejo Municipal de la ciudad de Santa Fe “por su talentoso y valioso aporte al arte literario y periodismo cultural y por sus notables antecedentes como escritora en el ámbito local, nacional e internacional”. En 2009, la Asociación Latinoamericana de Poetas (ASOLAPO) la condecora con la Medalla al Mérito "José Saramago y Jaime Sabines" por la importancia y valor de su obra poética.

Ha actuado como panelista, conferencista, periodista cultural y jurado en escenarios provinciales (Municipalidad de la ciudad de Rafaela, Escritores Rafaelinos Asociados, Secretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe), nacionales (The Buenos Aires Dickensians-Buenos Aires) e internacionales (Premio Continentes-México), fue presidenta de la Asociación Santafesina de Escritores durante dos períodos consecutivos (1997/1999 y 1999/2001) y  co-directora de la Gaceta Literaria de Santa Fe (1997/2007). Desde entonces dirige Gaceta Virtual on line; Editorial Alebrijes y el Movimiento Internacional de Escritoras “Los puños de la paloma”, que ella misma fundara en el año 2006.
 
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LA ESCRITORA
 

“... porque hasta el último hálito de vida

voy a aferrarme a la conciencia.”

Leticia Ricárdez  (México)

 

La voz estalla en huecos de conciencia

con un gesto de espiga reclamándole al siglo sus silencios culpables.

La voz se eleva triste, sin ritmo de panfleto admonitorio

ni cadencia de muerte multiplicando coágulos

ni palabras convulsas.

La voz busca engendrarse

con semen de fogatas pulsando en la vigilia,

en el cántaro azul de una esperanza ejercida a mansalva.

La voz quiere ser clara como el agua en la lluvia o la luz en la aurora.

La voz quiere ser largamente pura.

 

Pero ella no suscribe al disimulo,

renuncia a los secretos, abdica a los disfraces, reniega de mordazas.

Entonces ya no puede consentir los dolores encrespados,

admitir los vendajes que ciegan las pupilas,

omitir la denuncia.

Entonces se apasiona,

entonces se derrama como un bálsamo tibio

entre todas las llagas rigurosas, entre todo el agravio,

entre todos los odios que invaden la intemperie cuando la vida exhibe

sus colmillos de eclipses y penumbras,

 

inventa algunas treguas tutelares,

alguna fe propicia que le encienda horizontes a pesar del espanto,

algún síntoma breve de escasas indulgencias malheridas,

un resto de plegaria agazapada

que funde otra liturgia...

Pero en el fondo sabe

que algo viene creciendo a través de la pena

que, más allá de la quietud del viento, el hambre anda en jaurías,

que tiene el corazón de pie en las coordenadas del más hondo cansancio,

que tiene el corazón sobre la furia.

(Libro Desde otras voces)

 

PALABRAS BAUTISMALES

 

A orillas de la nada,

durante la inquietud de los presagios,

vagaron densas hordas de tinieblas desplegando una esencia inescrutable urdida en los telares de la noche por arcángeles ciegos.

De pronto,

la palabra

estalló en lo profundo del abismo.

Desnudos silabarios encendieron los hachones flamígeros del alba

y derrotaron huecos en jauría con su aliento de fuego.

El cosmos fue distancia.

Alzó la arquitectura del oxígeno rotundos arbotantes que erizaron nervaduras de agrestes transparencias

hasta alcanzar las altas soledades

más allá de los truenos.

Se reunieron las aguas en una antología de frescura

que estrelló la obediencia de su espuma contra la voluntad del arrecife

donde el tenaz asedio del oleaje golpeaba a contrafreno.

El mundo fue ordenado según el albedrío de la magia.

Geografías de arcilla contundente surgieron desde el fon do de la ausencia ocultando

en compactos corredores

sus gérmenes secretos.

Estatuyó la hoguera el susurro nacido de sí mismo.

Los rituales quemantes de la vida escanciaron

a fuerza de reflejos

el mosto primitivo de los soles desde alambiques negros

mientras la luna andaba su intemperie de escarcha cenicienta

entre constelaciones infinitas laceradas por ráfagas de eclipses

antes que naufragaran las  lloviznas sobre el musgo sediento.

Después reptó la escama bajo el regazo roto de las ciénagas

y en el advenimiento de los saurios

detonaron membranas las  anteras

poblando los recodos de la tarde con vestigios de helechos.

Hubo un rumor de alas

horadando las vastas lejanías hacia la inmensidad del horizonte

que paría los signos del crepúsculo entre los muslos tensos.

Derrotó la memoria el torpe cautiverio de la greda

expulsando los músculos precarios, la osamenta, los coágulos fugaces,

la obstinada nostalgia de un destino

a espaldas del silencio.

Bajo la sexta lámpara

la piel nacida inauguró los pactos,

esa alianza de luz acantilada donde las hierbas propagaban tréboles y el sonoro lenguaje de los pájaros taladraba el sosiego.

Crecía la esperanza entre las madrigueras vegetales.

No existían fronteras, patrimonios, amarras, inventarios, apetencias.

Todo era una implacable mansedumbre en la orilla del tiempo.

La Tierra Prometida.

En la consumación de las arenas

ese extraño espejismo inalcanzable fraguado por

descalzas inocencias

celebraba los días del origen.

 

Entonces... llegó el viento.

(Libro Bitácora del viento)

 

 

 
ANDAMIOS EN EL VIENTO 
  

Yo edifiqué este amor.

Con fragmentos de oscuras inocencias,

con torpes esqueletos de caricias,

con harapos de sueños,

con astillas de heridas sin cerrojos,

con retazos de olvidos,

con silencios,

con este terco corazón obrero

enhebrando

        una a una

        las miradas

hasta llegar al beso.

 

Yo edifiqué este amor.

Me desollé las manos

        y el alma

        para hacerlo.

Desgarré la agonía de mis pieles

en el seco perfil de tus misterios,

en tu salvaje lluvia de raíces,

en tu escasa ternura,

en la eterna aspereza de tus miedos,

en el rencor marchito de tu zarza,

en la estirpe indomable de tus fuegos.

 

Yo edifiqué este amor.

Establecí mi sumisión descalza

como piedra y cimiento,

lo parí con la fuerza de la tierra

en la orilla de enero,

lo afirmé como hiedra a tus murallas

de aguijones sin tiempo...

y lo sostengo

        a pura garra y dientes

entre racimos de cuchillos negros.

(Libro El amor sin mordazas)

 

 
EN LA ORILLA DEL VIENTO
 

 

Habla

María   

 

Ya no puedo parirte nuevamente...

Tengo toda tu muerte en mi regazo

y la inocencia herida de tus sienes yaciendo... en el ritual de mi ternura.

Pero puedo mecerte,

como antaño,

cuando enjambres de ráfagas azules desceñían la paz de tus caricias,

cuando mis manos de ágiles vaivenes tejían, con vilanos encendidos, las pastorales tramas de tus túnicas.

Pero puedo tener entre mis brazos,

no al Cristo... no al Profeta... no al Mesías...

sino esta palidez de tu silencio capturado en las redes de los sueños, como en esas fragancias madereras con que José, te construyó la cuna.

En la orilla del viento,

con tu sombra esbozando ese cuerpo fatigado sobre espinas de penas absolutas...

porque, no en vano el eco de mi sangre retuvo en sus esferas solitarias el dulce cautiverio de tus lunas.

En la orilla del viento,

sin respuestas,

paladeando un brebaje acidulado

mientras otras mujeres sollozantes salmodian sus dramáticas liturgias.

En la orilla del viento,

abandonada,

reclamando una tregua a los enigmas para cubrir tu pecho mancillado por navajas de sórdidas injurias.

Pero puedo tener,

junto a mi rostro,

tus frágiles mejillas, tus cabellos derramando sus últimas penumbras.

Porque ya nada existe sin tu vida: exhausta, macilenta y derribada en la ardiente crueldad de las torturas.

¿Por qué, entonces, me fuiste prometido por las voces del ángel, al crepúsculo

siendo, apenas, un cáliz de azucena sediento de lloviznas invisibles que colmaran mi entraña taciturna?

¿Por qué elegirme a mí?

¿Por qué mi vientre?

¿Por qué no te engendraron los volcanes en la lava apremiante de su furia?

¿Por qué fue una mujer?

¿Por qué la arcilla hubo de recibir la gracia plena para tensar Tu Nombre en su cintura?

¿Pensaste alguna vez que, en esta hora saciarías mi espacio de miserias?

¿Que un dolor excesivo, ilimitado, me entregaría a huérfanos naufragios, a ciegas escolleras de locura?

Ya no puedo parirte...

Ya no puedo...

Soy sólo esta mujer encadenada a su tristeza anónima y aguda...

(Libro Crónica de las huellas)

 

“... el hombre es el único animal que mata por deporte...”

 

 
COLMILLOS AL ACECHO

 

Cuando perfila vértices el llanto en úteros noctívagos de luna, soledades de musgos ateridos sofocan el sonido de los pasos... y manadas de hienas tenebrosas observan con codicia la inocencia extraviada en las pieles del cansancio. No gime el viento su advertencia oscura ni quebranta pupilas el follaje y desde madrigueras desvalidas inquietudes de vísceras insomnes olfatean distancias y presagios. El peligro está aquí, lo sabe el miedo, lo desnuda el instinto desgreñado. Es un reptar de escamas, un crujido amotinando sombras y relámpagos. Por latitudes de estertores ciegos, con sus hordas de muertes implacables, anda el hijo del hombre, amo del tiempo, señor de los colmillos emboscados.

(Libro A solas con la sombra)

 

 
 
ACERCA DE LA RIADA
 

Los regueros de hormigas treparon por encima de retamas, madreselvas, bignonias, hiedras enamoradas de los muros, escapando de los presentimientos que avanzaban sin pausa entre los estertores de las hierbas.

Fue cuando en la alta lluvia desmadraron su furia los estanques.

Y las hojas de todas las begonias, de todos los geranios se ahogaron en el lodo, en el limo salvaje, en la audacia del cieno.

Cuando anduvo la muerte rondando como un cuervo sobre el jacarandá, sobre los plátanos.

Y un enjambre de lirios desveló su tristeza en la alta arquitectura del silencio.

Y era otoño.

Y llovía.

Cuando la soledad erró por los caminos con su antifaz de tul, sus lentejuelas, sus torpes canutillos recamando vulnerabilidades, racimos de infortunios. Pero dolían con dolor estricto.

Y centurias de hocicos afilados emigraban al este esquivando las fauces de la noche que ya estaba naciendo. Y los ángeles niños alineados en todas las cornisas no encontraban plegarias. Y los dioses se habían escondido de los hombres para no conjugar explicaciones. Y los lobos.

Los lobos ululaban un pavor iracundo.

La luna estaba grávida de sombras.

Con su párpado negro, con su túnica negra, con sus negras puntillas, sus negros abanicos, navegaba entre nubes pronunciando en secreto los nombres de la ausencia, desgarrando las médulas del miedo.

Pero el agua seguía con su juego siniestro.

A ras de la demencia decretaba la asfixia, inundaba rincones, altares, alacenas, proyectaba los días del olvido.

Fue en mitad del otoño.

En el atardecer del penúltimo eclipse.

Abril ya se aprestaba al holocausto de viejos calendarios.

A la hora en que los pálidos señores, el señor de las viñas, el señor de las paltas, los antiguos pastores de los nardos, crespones y jazmines, treparon por las frondas a custodiar la luz de las luciérnagas, la antigua ruta de las mariposas, los bulbos sepultados por los dedos del fango hasta que se fundara la mañana.

Entonces, sobre el llanto, sobre la integridad de las violetas, sobre el despojo y los escalofríos, el agua fue rindiendo sus baluartes.

Sin arrepentimientos.

Sin apremios.

Como si no pudiera con los pájaros.

(Libro Historias para Tiago)