MIGUEL OSCAR MENASSA

POESÍA  


Miguel Oscar Menassa. Nace en Buenos Aires en 1940 y llega a  Madrid en 1976.

 

Es Médico, Psicoanalista, poeta, pintor, editor, letrista de canciones,  actor y productor de cine, escribe y dirige guiones cinematográficos,

 

Publica desde 1961 y es fundador del Movimiento Científico Cultural Grupo Cero en 1971 y de la Editorial Grupo Cero en 1974. 

 

Su máximo aporte a la escritura es la conjunción Poesía y Psicoanálisis. Su producción abarca desde más de 30 libros publicados hasta más de 200 psicoanalistas en formación, siendo uno de los pocos poetas que ha creado Escuela de Poesía donde han nacido innumerables poetas.

 

Su dedicación y trabajo en la cuestión de la transmisión del Psicoanálisis desde 1971, le lleva a la fundación de la Escuela de Psicoanálisis en 1981, en la cual cumple funciones didácticas y actualmente es Director. 

 

Hace numerosos aportes tanto a  la clínica psicoanalítica como a  la transmisión en psicoanálisis, siendo su manera de concebir la escritura una novedad dentro de este campo.

 

Menassa se toma el trabajo de ser un autor original en todo aquello que emprende siendo su lema fundamental no repetir lo hecho, así podemos apreciar la singularidad que surge en la producción que lleva su nombre, ya sean cuadros, libros, poetas o psicoanalistas. "El que repita lo hecho jamás lo conseguirá", "Si es posible el poema es posible la vida", "Cuando todo está destruido la única posibilidad es la poética" son sus fundamentos ideológicos, porque la escritura es el cuerpo, el tiempo de todas las producciones.

 

"Grupo Cero", "Apocalipsis Cero", "El Indio del Jarama", "Onda Cero",  "Extensión Universitaria", "Las 2001 Noches", son los nombres de las revistas de Poesía y Psicoanálisis que funda y dirige desde 1974.

 

Miguel Oscar Menassa brinda el perfil de un hombre del Renacimiento, fundamentando teóricamente su negación a ser otro post-modernista. El arte de la suprema sencillez, el código que puede ser compartido por una gran mayoría es fruto de una trayectoria tras la cual se adivina el optimismo trágico de un creador singular. Sus producciones le colocan en la vanguardia del pensamiento contemporáneo.

 

Actualmente dirige la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero y, en dicha Institución, es Director  del Departamento de Formación Empresarial Superior.

 

PUBLICACIONES EN POESÍA:

 

Pequeña historia 1961, Petite histoire1961, La ciudad se cansa1963,  22 Poemas y la Máquina Electrónica o Cómo Desesperar a los Ejecutivos1966, Los Otros Tiempos 1970, Yo Pecador 1975, (1ª edición), Salto Mortal 1977, Canto a Nosotros Mismos. También somos América. (1ª edición) 1978, El Amor Existe y la Libertad 1984,  Un Argentino en España, 1987 Poemas y cartas a mi amante loca, joven, poeta, psicoanalista, 1987, El Verdadero Viaje, Le Véritable Voyage, 1988,  La Patria del Poeta, 1991,  La Murga del Solo. La Guerra del Golfo, 1991, Yo pecador, (3ª edición), 1994,  L'Amour Existe et la Liberté (2ª edición), 1994, Chant á Nous-Mémes, (2ª edición), 1995, Amores Perdidos, 1995,  Las 2001 Noches. Poesía, aforismos, frescores y 393 noches de repuesto, 1997 La Poesía y Yo, 2000 La poésie et moi, 2000, Cumplir 60 años, 2000, Llantos del Exilio, 2001, Al sur de Europa, 2002 La Mujer y yo, 2003 El hombre y yo. 2005, La Maestría y yo, 2007 Aforismos y decires.  2008.

 

 

PUBLICACIONES EN PSICOANÁLISIS

 

Primer manifiesto del grupo cero  1971, Segundo Manifiesto del Grupo Cero1976, ¿Perversión? o la ¿Muerte de la Palabra? Y Psicoanálisis del Amor1978, Primer Manifiesto Internacional (Entre tantas una Manera de Comenzar) 1978, Grupo Cero, ese Imposible y Psicoanálisis del Líder, 1979 Freud y Lacan -Hablados 1- (1ª edición), 1987 Psicoanálisis de la Sexualidad 1987, Medicina Psicosomática1993, Poesía y Psicoanálisis. 20 Años de Historia del Grupo Cero 1971-1991, 1995, Siete Conferencias de Psicoanálisis en la Habana, Cuba, 1995. Charlas-Coloquio con Miguel Oscar Menassa en Buenos Aires1999, Freud y Lacan -Hablados 2-2000, La identificación en Psicoanálisis 2002.

 

 

NOVELA

La Novela Rosa 1989, El sexo del amor.

 

 

NARRATIVA

Cartas a mi mujer 2000, Manifiesto del Poeta Condenado 2000 El Indio del Jarama Editoriales 2001, Monólogo entre la vaca y el moribundo 2001.

 

 

PRODUCCIONES CINEMATOGRÁFICAS

 

Guionista, director, actor y montador de los cortometrajes:

De mutuo acuerdo (2005),

El hombre del caballo (2005)

Hay hombres que no saben (2005)

La venganza del goce (2005)

La Familia Española (2006). Rodada en 35 mm. Estreno en Madrid.

Hay amores que matan (2006)

Millonarios con la poesía (2007)

Ella, él y pirulo (2007)

El mecánico y la fotógrafa (2007)

Relaciones psicoanalíticas (serie de 13 cortometrajes) (2007)

Largometrajes:

¿Infidelidad? 2006

Mi única Familia 2007

 

 

Premios en Poesía y a la difusión de la cultura:  

 

Academia Ferdinandea de lettere scienze arti. Oscar 2000 por la difusión de la cultura a la Editorial Grupo Cero, de la que es director.

 

 

Premios en cine:

 

1. Premio Accolade 2007. La Jolla. California,  al mejor largometraje a ¿Infidelidad?

2. Premio Accolade 2008. La Jolla. California. Mención de Honor, al largometraje  Mi única Familia.

3. Premio Accolade 2006. La Jolla. California. Mención de honor al cortometraje La Familia Española.

4. Premio Academia Ferdinandea de lettere scienze arti  al mejor largometraje 2007 a ¿Infidelidad?

5. Mejor productor de cine internacional 2007  por la "International Writers and Artists Association" (IWA)

6. Premio Urkunde 36 Festival der Nationen.   Al largometraje ¿Infidelidad? Reconocida con elogio por el Comité de selección.
 
LINKS A ALGUNOS DE SUS LIBROS
 
 
 
                          
 
 
 
 
             AL SUR DE EUROPA      LA MAESTRÍA Y YO           
 
             
 
 

 
WEBS:
 
 

    PINTURA

 
 
BLOG:
 
 

 

 

 

CARTAS A MI MUJER

27 de julio de 1997, Málaga

 

      A veces me asombro a mí mismo, con las cosas que hago o sería capaz de hacer para que funcione la máquina, que no puedo definir muy bien, ni su funcionamiento ni sus atributos y que, por otro lado, si produce algo yo, todavía, no me he enterado bien qué.

      Sin embargo, debo reconocer un deleite cuando la veo, la escucho o la imagino funcionando. Me siento como incluido en un movimiento superior a mis fuerzas, a mis propios pensamientos, por eso nunca le pregunto hacia dónde vamos, quién viaja con nosotros.

      Acepto mansamente su mapa de ruta y sus amores. Dispuesto a compartirla con todo quien la ame, ella se  comporta conmigo dulcemente y cuando no hacemos el amor, sonreímos mirando la luna al unísono de cantos de pájaros extranjeros, para hablar de países exóticos y calientes, donde el agua de mar es una pesadilla de dolor, aullidos horribles y espectrales marcan constantemente el ruido del amor.

      No te detengas en el borde de las horas como ese horrible personaje francés.

      Cae en mis brazos, cae en la ausencia de tiempo de mis latidos de amor y desesperación por encontrar, quién sabe, la huella misma, de cada poema, grabada en piel marina, ajena luz para tus ojos nocturnos, cada poema como una huella de algún cuento infantil en la mirada de la humanidad.

      Para cada mujer habrá en mis versos, el poema que la contenga toda, y para cada mujer, distinta será la flor y otro el poema.

      Después aún, rodaremos escenas inútiles, un corsario, vestido de payaso, muriendo de viejo y triste en el hospital de la Princesa. Haremos un documental para demostrar que las armas de fuego y su perfeccionamiento se deben a una regla ética, que diría, más o menos, así:

    Inventamos las armas de fuego para evitar por todos los medios que un millón de pequeñas hormiguitas negras se coman en quince minutos a un enorme elefante blanco.

    Dime dónde estoy, dime dónde estoy y haremos el amor sin conocernos. Ciego, a las bondades de la naturaleza, prefiero estar, cuando la niebla del deseo nos atraviesa.

    Y es un sentir oculto lo que se hace vana presencia iluminada.

    Un beso siempre muere en el beso, un verdadero gran amor, muere la misma noche que se produce. Un polvo  verdadero no se recuerda nunca.

    Por eso es que te amo, extranjera, blanca extranjera mía y tan lejana. Te amo por ese mundo que se abre al perderte. Amo las alas que me diste para volar lejos de ti, oh, enamorada.

    Noches de locura donde el recuerdo de tu piel son todos los recuerdos.

    Y cómo te extendías sobre mi vida sin que ni yo me diera cuenta, tu piel aguda sombra esclarecedora de enceguecidas luces, tu piel amante de los misterios sin solución, amante loca, empecinada, ciega. Tu piel era el regazo materno para los grandes poetas milenarios.

     Cuando había canto, cuando la música sonaba al unísono  con la música, cuando toda violencia era un violín sangrando, era tu piel la que cantaba.

    En cada giro sobre ti misma, sobre la humanidad, en cada vuelta de hoja, en cada nuevo encuentro eras otra y otra más aún, pero no danzabas, te mostrabas todo el tiempo como desapareciendo, como no queriendo estar del todo en ningún sitio, no amar ninguna realidad, ningún tiempo.

    Fue entonces cuando te besé los labios con ternura, los labios, las estrellas, las cien cuentas no hechas, el salario del miedo que nunca cobraremos en metálico, las estaciones públicas, los trenes arrebatados de calor en pleno verano, las espigas de trigo, cómo se movían lentamente esas espigas doradas de trigo al compás del movimiento de tus labios. Te pedí que me besaras los ojos y moviste tus nalgas caprichosamente.

    Enseguida me dije: es el influjo del sol sobre las bestias, ahora nos buscaremos como fieras para hacer del amor las cosas de las fieras. Y te morderé el pescuezo como si fueras un animal caliente y te moverás excitada y loca, tratando de que yo crea que te quieres salvar, que mejor dejarlo para el próximo verano, y ahí, es cuando se caen las flores de la mesa, los asnos dejan de llevar la pesada carga, para cocear al viento sus antiguos pesares, todo tiembla en nosotros como si nuestros cuerpos fuesen la esencia del temblor, y aún nos queda todavía una jornada de locos y volveremos a caer junto con la caída del, sol y cada tarde se encenderá la mañana siguiente.

    Haber vivido a plena mar estos amores hacen del tiempo sales curativas. No fue que tuve que perder mi juventud para ganar el tiempo. Como no había más remedio que perder mi juventud, amé la noche intensamente, bordé cada palabra a cientos de palabras, dije eso y lo otro, permanentemente, y nunca tuve prisa por llegar. Y así pasé gran parte de mi vida y cuando me metía en el mar lo hacía con respecto y nunca me acercaba a los volcanes y me daban tristeza los animales en cautiverio y las mujeres en cautiverio y los hombres en cautiverio y los niños en cautiverio y cuando me enteraba que alguien no había tenido su pedazo de pan, enseguida abandonaba todo lo que estaba haciendo y me ponía a pensar si tenía o no tenía solución el hambre ajena.

    Amada, amada, dónde estás, sé que te estás yendo a hurtadillas, sin llamar mi atención, como si nunca hubieras estado. Como la pequeña llama interior que nos permite el mundo, que a veces se nos apaga, sin que sea posible detectar ningún viento, ni siquiera una pequeña brisa.

    Llama de amor me digo se apaga con amor.

 

 
 
MONÓLOGO ENTRE LA VACA Y EL MORIBUNDO NÚMERO XXXVII

 

 

Querida Vaca

Incumpliendo normas de funcionamiento, te escribo antes de recibir carta tuya.

Sé que tengo que cambiar casi todos los fundamentos de mi vida actual, porque mi vida actual es actual y sus fundamentos, antigua o por lo menos, no son actuales.

Jefe de un discurso quiere decir, de manera fundamental y actual, Jefe.

Y no quiero decir hombre sensibilizado por la radiación atómica, medio amariconado, de tanto impotente suelto, de tanta mujer desesperada.

Un jefe tiene dirección, conceptos, opiniones, aunque le toque ser jefe de un Discurso Poético. Ahí tenéis a Breton, cuando Artaud le fue  a preguntar si estaba loco y Breton le dijo claramente: “Estás loco”. Y a la pregunta de Artaud de por qué se lo decía, Breton contestó sencillamente como un jefa: “Porque estás loco”. Y cuando Aragon le preguntó: “¿Yo también estoy loco?” Breton le dijo tranquilamente como un jefe: “No, tú no estás loco, tú tienes ideas políticas diferentes a las mías”.

Con estas dos medidas sencillas, que implican un cambio atroz de mi personalidad, todo sería diferente.

Si fuera capaz de decirle a todos los que están locos, que están locos y a los que tienen ideas políticas diferentes a las mías con respecto a  la transmisión del psicoanálisis, que tenemos ideas políticas diferentes…

Si pudiera, que no puedo, esas dos medidas tan sencillas, en apariencia, ¿quién sabe quién quedaría a mi lado?

Me termino de dar cuenta que no tengo que tocar nada, si algo quiero tocar, me tengo que tocar yo mismo.                

Sigue siendo el mismo día 

Pero ya son las diez de la noche.

 

Todo el día como anonadado de mis propias estupideces. Ya tenemos todos 60 años o casi, ya nadie puede cambiar demasiado, y los jóvenes que nos rodean  ya tienen nuestros vicios, creo que os queda una sola posibilidad:

Esta vez, querida vaca, toca cambiar la realidad.

Y eso es por fin una apuesta, ya que en este siglo que agoniza nadie, ni   los estados poderosos pudieron cambiar la realidad.

El hombre era una mierda el siglo pasado y sigue siendo una mierda.

Modificar mi yo, eso decíamos en renglones anteriores, y  lo único que se me ocurre es ganar más dinero, para tener más dinero para poder repartir entre más personas que yo, Dios y mi mamá.

Quiero modificar mi yo mismo y no lo encuentro por ninguna parte pero dejo escapar las palabras como si fueran pompas de jabón que una vez producidas, todavía, necesitan del viento para volar y me detengo en esa sabiduría extraordinaria del siglo mugiente y me digo en voz alta: -Un niño hoy es una boca que debemos alimentar mañana porque esa boca será dos brazos que den de comer a 10 bocas.

Fui por la vida montado en esa frase que leí a los 14 años, por casualidad y sin intervención, aparente, de cómplice alguno, y atribuí no sé porqué motivos a Mao, pero esa frase no tenía en cuenta la envidia.

Me he visto dándole de comer a una boca que, para seguir siendo boca, iba cortando sus brazos a medida que le crecían, para no darle de comer a nadie, para sentirse frente a mí, el único niño del mundo.

Y bocas feroces que se comían todo lo que había y después lo escupían, para poder tener hambre nuevamente y comerse toda la comida de los otros niños. En esta fantasía, no era que no existían otros niños, son que el personaje central de la película, a los niños que no eran él, los mataba de hambre.

Hubo bocas serenas, que se cuidaban de todo. Tampoco llegaron muy lejos en ningún tipo de nueva ética. Cuando no comían, no permitían  que comiera nadie y cuando comían, se empecinaban en que tenía que comer todo el mundo.

Y hubo bocas y bocas, bocas sedientas y hambrientas y nunca llegamos a ser tantos brazos para alimentar tantas bocas.

Por eso, querida vaca,

EL SIGLO XX HABÍA FRACASADO.  

 

 

LLEGÓ LA POESÍA Y ME DIJO

Un sí o, bien, un no, me hicieron
abrir nuevos caminos, abandonar caminos.

Hasta que topé, una noche, con la Poesía
me la pasaba volando de un lado para otro
según el capricho de mis tiernas amadas
que del amor, sólo sabían hacer el amor.

La Poesía me dijo con solvencia:
Para vivir, un hombre, no necesita volar
menos aún de un lado para otro tras su amada.
Un hombre debe tener los pies a la altura de los pies.

El alma al alcance de una breve caricia,
el sol sobre la tierra a la hora del sol,
el cuerpo y la palabra cual ríos disponibles
y a la noche algún sueño, una historia de amor.

Un hombre tiene todas sus esperanzas en el hombre.
Un hombre tiene como bandera la libertad.
Le da agua al sediento y lucha por un trozo de pan
y ama, hace como que ama pero no sabe amar.

Un hombre, dijo la Poesía, con severidad,
un hombre sabe que morirá y no le importa.
Sabe que muere cuando escribe y, sin embargo, escribe.
Sabe que cada amor le mata y, sin embargo, se enamora.

Un hombre, le dije, ambiciona volar
y aunque no pueda no le importa.
Ambiciona volar, ama la ilusión de volar.
Sentir en ese instante que algún día...

Un hombre, Poesía, es capaz de matar,
es capaz de comerse el corazón amado,
quitarse de la boca con asco un beso de amor
y amar, de sus cautivos amantes, el dinero.

También una tarde cualquiera un hombre
se deja acariciar por una brisa, un aire,
un sentimiento lo golpea en el pecho
y el pobre hombre cayendo se enamora.

Y hace como si tuviera sangre en las venas
y salta y corre y se acaricia con frenesí
y quiere entregarse, totalmente, por amor
y, ahí, viene la policía y lo encarcelan.

¿Me sigues, Poesía? Del hombre hablamos.
Es capaz de morir por ideales falsos
capaz de hacer la guerra por casi nada
dejar morir su otra mitad, en silencio.

Se mete en el centro del volcán y lo desafía.
Quiere atravesar los océanos con su cuerpo,
tocar la inmensidad, el cielo con sus versos
agujerear el vientre de la montaña, la piedra.

El hombre quiere llegar con sus latidos
al centro desconocido de la tierra,
a la vida íntima de todos sus amantes,
quiere llegar, al corazón de las cosas.

Y se enamora, Poesía,
y se pudre como una flor al sol
cuando alguien se muere o lo abandona.

 

El amor la poesía

   

SOY UN COBARDE, ME DIGO AL LEVANTARME.

 

Soy un cobarde, me digo al levantarme,

cuando me pongo a escribir no puedo,

luego escribo pero ya no soy yo.

 

Como me pasa a mí con el cuerpo,

cuando me acaricias no siento nada

luego mi cuerpo se pone loco de pasión

pero ya no es mi cuerpo.

 

Podríamos decir, le digo entonces,

que poema y amor es otro 

el que por mí lo hace.

Sentirás el amor en tu cuerpo

y pondrás tu nombre al final del poema 

pero vaya a saber qué fantasma o sombra

hizo ese amor, escribió ese poema.

 

Una vez, recuerdo, un gran marino

se posó en mi mano derecha

y escribí versos donde el mar me amaba.

Y con la mujer del aliento perdido

fui todo el tiempo viento desesperado

y nunca llegamos al amor o a la letra

pero rompimos la montaña, hicimos la noche.

 

Recuerdo, recuerdo, dijo ella,

cuando fuimos esas águilas fusiladas

y tu escribías de nuestra patria

y del dolor 

y de la sangre caída inútilmente.

 

Sí, mi querida, mi pequeña,

es cuando el amor me atropella

que puedo amarte, dejarme poseer

y ahora, como un indio resignado,

dejo caer la pluma y sueño

que soy libre y feliz.

 Ella, a veces, pedía cada cosa

que enseguida disparaba mi imaginación.

Un día me preguntó por el exilio y le dije:

 

Hoy he pintado de la muerte algún brillo

y la lujuria incuestionable del hambre.

No es que haya muerto o haya comido algo

fue un verde que rasgó la realidad

que atravesó los rojos y los serenos malvas

que se adueñó del centro de la vida

que fue a la vez, verde y canción,

verde y fuego y sombra y corazón

y sembró todo el mundo

de cuerpos verdes floreciendo al amor.

 

No fue la luna posándose en mi mano

fue el plata de mi infancia donde un río

era agua y metal, reflejo y movimiento.

Cuando la plata de mi río canta

hasta el sol se estremece tal cual un hombre,

lujurioso, frente a los brillos de la amada.

 

El río turbio y varón y la mujer de plata,

hacen frente a una ciudad desconsolada,

de una manera permanente, el amor.

Después, dibujo una clara princesa

en un nuevo cuaderno

y llego de esa manera a Plaza de España

y no recuerdo si no es con alegría

los primeros años del exilio.

 

De comer no tenía, seguí diciendo,

y el frío diferente me congelaba

pero caminar por la calle

como si fuera un huérfano,

sin techo y sin amor, me hacía bien,

no exactamente fuerte, pero más precavido:

Ningún viaje más alterará mi vida.

Me quedo aquí, al sur de Europa,

en Madrid, para siempre, escribiendo.

Sin mirar atrás, le dije mirándola a los ojos,

pero tampoco mirando hacia delante,

sin mirar, sentado y escribiendo, eso es todo.

Y ha pasado, mi amor, más de un cuarto de siglo

y aquí me tienes, sentado y escribiendo.

 

Todo pasó por mí y todo se alejó.

Nunca retuve nada y nunca

dejé que nada se escapara. Todo lo mío estaba ahí, conmigo

y fui un poema roto o siempre por hacer

una piel enamorada de sí misma o muerta

y las calandrias, eso sí, las calandrias

haciendo círculos ilusorios 

sobre la piel del tiempo,

volaban a nuestro lado hasta morir.

Puedo asegurarte, mi amor, que,

exactamente, en medio del dolor,

el espectáculo de las rosas creciendo,

al paso de los años, era maravilloso.

 

Está bien, dijo ella,

me doy por enterada. 

 

 

LA MUERTE DEL HOMBRE

 

Es otra vez de noche
y en general
la casa duerme.

Una voz en la radio
dice últimas palabras.
Me entretengo con el humo
y me ocurren mil fantasías
y ninguna tiene que ver
con recostarme
tranquilamente en la cama
y dormir.

Entre tantos papeles
terminaré siendo un escritor
y fijo mi mirada en la lejanía
y dejo que la historia del hombre
irrumpa
con la violencia de su sino
mi noche.

Enciendo cigarrillos a mansalva
uno detrás de otro como si fueran
centelleantes granadas contra los opresores.

Desde hace millones de años
el hombre vive de rodillas.

Las granadas estallan en mi rostro.

Primitivas presencias
pueblan mi noche de salvajes ritos.

Ceremonias donde la muerte
siempre es una canción
sublime y misteriosa.
Bestias indomables
semejantes al hombre
por la torpeza
de sus movimientos
danzan a mi alrededor
iracundos
silvestres.

En un mal castellano 
me dicen que su jefe
quiere charlar conmigo.

Sentado en mi cama escribiendo
pido que dejen de rugir tambores
que cese la danza
que me dejen escribir este poema.

El hombre tiene hambre y sed desde milenios.

Somos ese hombre hambriento y sediento poeta 
cantad con nosotros:
Venimos de la Mesopotamia
y del Caribe
y buscando la perfección hemos llegado
hasta los mundos que se esconden
por encima del cielo
y no hemos encontrado nada.

Siempre hay un hombre que tiene hambre. 
Siempre hay un hombre que se muere de sed.

Aquí mismo poeta
en tu casa
anidan el opresor y el oprimido.

Sentado sobre mi cama escribiendo 
les digo a los salvajes
que ya es noche tarde
que por favor dejen de danzar
que necesito
hundirme entre las letras
mi hambre
mi única sed.

Dejaron de danzar
y el que se destacaba
por su tremenda humanidad
me fulminó con su mirada.

¿Quién es más cruel?
Poeta
¿Quién más salvaje?
El que muere peleando
por un trozo de pan
o el que no muere nunca.
Quién producirá el exterminio
poeta. 
Mis armas o tus versos.

Y ahora poeta deja la pluma
echa a andar y piensa.

Sentado sobre mi cama
escribiendo
le digo al salvaje
que no quiero irme de mi pieza
y que siempre supe que pensar
no era necesario y que deseo
es la última vez que se lo digo
seguir escribiendo este poema.

Antes de continuar me detengo
en la inteligencia del salvaje:
habla bien y mientras habla
deja escapar entre las palabras
el aliento
para que todo suene vital 
desgarrador.

Yo soy el hombre
grita la bestia encadenada
y tú poeta ¿eres el hombre?
Escribir para quién
dónde los amigos
y dónde los enemigos.

Dime poeta
¿tu canto
necesita del futuro
para ser?
Ese poema que escribes
contra todo
a quién le servirá.

A ver poeta un verso
que me diga ahora mismo
¿qué es el hombre?

Sentado sobre mi cama escribiendo 
me doy cuenta
que la inteligencia del salvaje 
terminará quemando
todos mis papeles escritos
en esa hoguera
que fueron construyendo
a mi alrededor
sus palabras.

Dejo de escribir
lo miro fijamente a los ojos
y murmuro sus propias palabras
en un solo verso un hombre
en un solo verso un hombre
y me decido a escribir ese verso.

Sostengo con mi mirada
la mirada del salvaje
y con rápidos movimientos
tomo la ametralladora
y disparo varias ráfagas
sobre el cuerpo del salvaje
que con los ojos desorbitados
por el asombro
cae
para morir y desaparecer.

Sentado sobre mi cama escribo ahora 
con la seguridad
de quien ha llegado a la cima:

Un poeta asesinó su hombre
para escribir este poema
y eso
es un hombre.
 
 
LA PASIÓN: LA POESÍA 

 

Entre la vida

que no me pertenece el amor

y la vida que soy

la locura.

La poesía

puede llenar

todo ese vacío. 

 

Hablaba

siempre en silencio

sin decirle nada.

Ella pensaba en el futuro. 

       

Estábamos así,

sentados uno frente al otro

desde hacía siglos. 

 

Mi voz sonaba hueca 

entre los perfumes violentos

de sus nalgas

abiertas como manantiales

como vertientes cristalinas

de rocío abriéndose

al pequeño sol de la mañana. 

 

Mi voz se perdía

entre la acústica marea. 

 

Sigilosos movimientos de su cuerpo

vulva enamorada, vulva de miel

diamante enfurecido

espesa vulva azucarada

sella en mis labios

el silencio. 

 

Más que escuchar mi voz

Ella seguía

pensando en el futuro. 

 

Cabalgando feroz en su locura

yo soy

ese pequeño sol de la mañana. 

 

Rómpete

como se rompe el cristal

haciendo música

y Ella se rompía

Bailábamos. 

 

Éramos como un hombre

y una mujer bailando. 

 

Ella me besaba las mejillas

y en ese ardor

yo le decía que la amaba. 

 

Después

éramos capaces de detener la música

para mirarnos francamente a los ojos. 

 

En silencio nos sabíamos famosos,

reyes del gesto

opíparos comensales del amor,

mirarnos

era como morir. 

 

Después, aún, seguíamos

danzando levemente.

Instante de las formas

caídos uno sobre el otro

yo no decía nada.

Ella, era el futuro: 

 

Escribiré en silencio

y la poesía  alforja delirante 

silencio perenne 

que necesita mi voz para vivir,

llena mi vida de sorpresas. 

 

Hiriente,

jactándose de su momentáneo poder 

sobre mis nervios habla para mí. 

 

Yo soy Ella

y Ella es la Poesía

juntas

como si nos hubiesen

arrancado a la tierra

de la misma raíz

ocupamos

un solo espacio en tu corazón. 

Somos el mismo tiempo. 

 

Ella y la Poesía aman vestirse con las mejores sedas. 

 

Joya marina

flor

diadema de locura

brillos serpenteantes

y topacios

embravecidos de tanta luz

para tu cuerpo momificado

siempre igual cada vez

siempre diferente. 

 

Nutren sus cuerpos manjares únicos. 

Devorar limpiamente el universo

y hacer el amor las enloquece. 

Cuando cierran la boca para morir

en silencio

desean conocer de los sabores

uno diferente. 

 

Siempre ambicionan

estar en otros brazos

y una vez más,

doliente mueca sin sonido

comienza a latir. 

 

Abre sus ojos y pregunta,

¿es el atardecer o la mañana?

Me desplomo a su lado Abre sus ojos y pregunta,

¿es el atardecer o la mañana?

Me desplomo a su lado

para no perturbar

el curso de sus sueños.

En silencio dejo de vivir.

Ella sueña

y la noche se puebla de sonidos, 

misterios

ardores de su cuerpo y la música. 

 

Sus ronquidos son el bravío mar

y la torpeza de sus dientes 

entrechocándose en las sombras 

cataratas volcánicas de lejanía y nube. 

 

Ruidos ardientes

anuncian el final de la ternura.

Trenes ensangrentados en la guerra 

chirriando a veces porque el dolor

es inalcanzable. 

 

Su piel

brutal enredadera trepa desordenada,

bramido sideral,

hacia las concavidades

más remotas

hacia los vericuetos. 

 

Amianto vespertino

crece

en el tumulto de los cielos

hacia un destino en llamaradas. 

 

Poesía de fuego

ardiente vulva desgarrada 

 

Ella es la poesía

dragón enamorado

bocanada febril

humo y ceniza. 

 

Mujer de fuego Poesía de fuego 

consumen vorazmente

hacia los espacios infinitos

el cuerpo del amor.