La expansión europea durante la Baja Edad Media

La expansión europea durante la Baja Edad Media

A partir del siglo XI se operan profundos cambios en la economía y en la sociedad de Europa Occidental. Estas transformaciones están asociadas con una expansión de la economía medieval que se traducirá en sustanciales incrementos de la producción agrícola, la expansión de las tierras puestas en producción y el consecuente incremento demográfico, como por otra parte, la renovada vitalidad de las ciudades, la fundación de nuevos centros urbanos con su correspondiente rol en el impulso de la actividad manufacturera y del comercio.

El siguiente mapa conceptual sintetiza esquemáticamente estas transformaciones tramadas en la Europa de la Baja Edad Media.
 
 
 
 
Expansión agrícola: El fenómeno del incremento de la producción agrícola se asoció con la puesta en producción de tierras (roturaciones) hasta entonces improductivas o subutilizadas (tala de bosques, desecamiento de pantanos, pólder) y la incorporación de nuevas técnicas productivas. Estas últimas contribuirán a un mejoramiento en el rendimiento de la tierra y, por ende, a la acumulación de beneficios en la clase señorial, principales beneficiarios de esta expansión. El arado de vertedera, reja de hierro que penetra más profundamente en la tierra, más resistente que la madera utilizada hasta ese momento, permitió labrar la tierra con mayor profundidad, habilitaba la aireación del suelo y su acondicionamiento final mediante la utilización de la rastra, herramienta empleada para alisar el terreno y facilitar la siembra. Este nuevo instrumental agrícola se respaldó en la incorporación de la fuerza equina a las actividades agrarias partir del desarrollo de la collera, implemento con el que se enganchaba al animal al arado y le otorgaba mayor movilidad. Otra metodología de explotación del suelo que

aportó al incremento en los rindes agrícolas fue la rotación trienal, sistema por el cual se disponía la división de la tierra cultivable en tres sectores, uno dedicado a cultivos de verano, otro a cultivos de invierno y otro en barbecho (descanso).

          En el campo de la relaciones de producción, debemos tener presente que esta tarea fue realizada, sustancialmente, por la fuerza de trabajo de los campesinos, muchos en condiciones de servidumbre y otros de condición libre (campesinos alodiales), aunque los beneficios que produjo la expansión económica medieval siguió acumulándose en manos de los señores, nobles y eclesiásticos (mediante el pagos de tributos, tasas de peajes, tasas por la utilización de los molinos, etc., a los cuales eran sometidos los campesinos), aunque paulatinamente un nuevo sector (la burguesía comercial urbana) fue acrecentando su participación en los beneficios.

 

La Baja Edad Media: Renacimiento urbano y comercial

El incremento en la producción agrícola tuvo como consecuencia inmediata el incremento demográfico, y éste a su vez impulsó, en un movimiento circular, la roturación de nuevas tierras y la ampliación de la producción de alimentos de la sociedad medieval. Esto, por otra parte, fortaleció a los viejos centros urbanos e impulsó la fundación de nuevas ciudades las que cumplieron un rol central en el impulso de la actividad manufacturera y del comercio.

Una figura sobresaliente fue la de los comerciantes (burgueses) que vendían sus productos en mercados o ferias (mercados que se celebraban regularmente en determinados lugares). Sus actividades eran diferentes a las realizadas por los nobles o campesinos y por lo tanto, su poder no procedía ni de la posesión de la tierra ni por su nacimiento, sino del dinero. Se dedicaban al comercio de bienes suntuarios (seda, especias, cerámica china, perfumes) y a la producción artesanal. Algunos amasaron enormes fortunas y se convirtieron en banqueros, es decir prestamistas de dinero.

Paulatinamente se afianzaron nuevas estrategias e instrumentos de intercambio en la sociedad medieval, tales como el Pagaré o la Letra de Cambio, documentos que expresaban la promesa o la orden de pago de un determinado monto de dinero, de una persona a otra, en un determinado plazo de tiempo. Estos nuevos instrumentos bancarios posibilitaron el intercambio sin la necesidad de trasladar las monedas junto con las mercancías, ante el peligro de los asaltos a los que estaban sometidos los comerciantes itinerantes.
 
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