258 EL SECRETO MASONICO.

EL SECRETO MASONICO. 
 

En el diccionario Akal de Francmasonería, (Ediciones Akal S.A. 1997)
cuyo autor es Juan Carlos Daza (desconozco si es o no masón), se dice
en la entrada a SECRETO:
"El Secreto es el aspecto más destacado y controvertido de la
Fracmasonería desde la óptica exterior. El secreto masónico no es más
que una parte de su simbólica, a la vez que una etapa en el camino
iniciático. Podemos decir que existen dos tipos de secretos: los que
pertenecen a la tradición masónica y se mantienen para preservar esa
tradición, a la vez que forman parte de su simbólica; y el secreto que
sólo es percibido por el iniciado, el cual no se concede ni se
transmite, sino que lo vive cada uno de forma singular, siendo por
tanto intransferible. Así diremos que el secreto masónico tiene varios
planos de aplicación:
- El secreto que juran guardad todos los masones, referente a no poder
desvelar la identidad de otros hermanos, ya que la pertenencia a ella
es de ámbito puramente íntimo y personal, y sólo uno mismo debe juzgar
el interés por hacer conocer su condición de masón.
- El secreto ritual, por el que no puede desvelarse el contenido de
los trabajos del interior de la logia, de forma similar a cómo un
Estado, una confesión religiosa, un consejo de administración tiene su
secreto operativo. Este secreto hace al Taller más cohesionado y
virtual, sus trabajos, dentro del plazo de lo sagrado, lejos de los
condicionamientos sociales de lo vulgar.
- El secreto iniciático, aquel que se circunscribe como el fenómeno
personal intimo de la conciencia, que conduce al hombre nuevo de la
recepción hacia el ser completo de la iniciación, transcendiendo su
condición humana. Esta experiencia será ininteligible para quién no
esté preparado, quién no sólo no lo comprenderá, sino que, con toda
seguridad, lo desfigurará. Este es un secreto intransmisible por
naturaleza.

- El secreto de cada grado son las enseñanzas simbólicas específicas
del grado, y que sólo se transmiten al llegar a éste, momento en el
que se está preparado para comprenderlas y recibirlas".

Jean Mourgues (masón francés), en su libro El Pensamiento Masónico
(Kompás Ediciones S.L., 1997), escribe:

"En cierta medida, el misterio que rodea a las deliberaciones
masónicas sólo se justifica ante los ojos de los profanos por la
voluntad de preservar designios inconfesables y, en la medida en que
dichos objetivos inconfesables jamás han sido revelados, declarados,
reconocidos por ningún masón enterado, se saca la conclusión no de que
el secreto no existe -al menos bajo esa forma-, sino de que se trata
de un secreto de segundo e incluso de tercer grado, que la mayoría de
los masones ignoran y que, en la masonería, el poder está en manos de
individuos tan bien protegidos y capaces de maquinaciones tan
profundas y misteriosas que nadie sabe a ciencia cierta de qué se
trata.

Grave cuestión, una buena fábula.
Hay que centrar la situación de inmediato: el secreto del conocimiento
no es el conocimiento de un secreto, es el conocimiento de una
técnica, de un lenguaje y de un método. Hace tiempo que se repite la
evidencia por la cual un tratado de álgebra, o un esquema de un
circuito integrado, son misterios profundos e impenetrables para
quienes no son especialista en la materia y que es absolutamente
imposible para alguien no iniciado penetrar en un secreto divulgado de
esa forma. No es necesario volver a retomar el tema.

Pero quizás resulte útil subrayar la forma en que los francmasones se
toman las acusaciones que se les hacen.

Oswald Wirth decía a Lantoine: No tenemos nada que temer al revelar la
verdad, nadie la cree.

Y aún podríamos añadir una broma a esta afirmación decepcionada: ¿qué
diferencia hay entre un secreto que nadie conoce y un secreto que no
existe?.
Hay, de hecho, una diferencia entre un secreto que nadie conoce y un
secreto que no existe: siempre se puede tener la esperanza de
descubrir el secreto ignorado, pero el otro secreto, el que no existe,
agotará los esfuerzos de todos los que intenten encontrarlo.
Ahí no hay dudas: lo importante es buscar. Pero en la medida en que el
francmasón dice que lo que busca es la verdad y la justicia, la paz y
el amor, significa que no posee el secreto que las proporcionan. Wirth
tiene razón, la mejor manera de disimular la verdad es decirla.

No obstante, no resulta inútil intentar definir en qué está vinculado
simbólicamente el trabajo masónico al secreto y por qué esa noción de
secreto desempeña un papel considerable en la andadura iniciática.

De pasada, es necesario observar que en las logias del siglo XX, ya no
se trata de ningún secreto.

A propósito del secreto, como a propósito de todas las nociones
significativas, hay distintos niveles de acceso. Es natural que el
primero cuya importancia hemos de poner de relieve es el que manda la
tradición. Los francmasones jamás han renegado de sus orígenes
operativos. La tradición de los oficios, que se remonta a los orígenes
más remotos, nos obliga a tomar en cuenta los datos elementales del
secreto. El secreto es el know how, es el conocimiento de las cosas,
es el dominio de una técnica. El secreto es siempre la habilidad que
nos hace triunfar. Es la riqueza de quién sabe hacer las cosas.
Los maestros del fuego, los maestros del hierro, los cazadores, los
pescadores, todos los que, tras pacientes pruebas y búsquedas
constantes, por medio de descubrimientos personales o transmitidos,
por un privilegio tribal, conocen recetas, técnicas, habilidades
manuales o capacidades particulares, han conservado como una virtud,
un poder y una riqueza el conocimiento adquirido".

En el libro LA MASONERÍA (Alianza Editorial S.A., Madrid, 2001, 2002)
escrito por D. José Antonio Ferrer Benimeli, profesor titular de
Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y presidente del
Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española; dice este
autor:
"4. Juramento y secreto.

De los antiguos albañiles (maçons) de la Edad Media, se conservaron
ritos de iniciación, entre ellos el famoso juramento y secreto que
tanto han dado que hablar a los que se han ocupado de la masonería.
Las características de los juramentos exigidos en las logias de
Londres, Berna, Amsterdam, Roma, etc., coinciden en su formulación.
Estos juramentos contienen explícitamente aquellas causas a las que se
someten. Propiamente dicho no son otra cosa que una promesa revestida
de formalidades, que no la hacen ni más terrible, ni más sólida, sino
que solemniza su prestación con un aspecto teatral destinado a grabar
un recuerdo permanente que impida su no cumplimiento.

El juramento y secreto masónicos son fruto de la más genuina tradición
inglesa.
La fórmula del juramento, según un catecismo de la francmasonería de
Berna del año 1740, dice así:
""Prometo bajo mi palabra de honor no revelar jamás los secretos de
los masones y de la masonería que me van a ser comunicados bajo el
sello del arte. Prometo no esculpirlos, ni grabarlos, ni pintarlos o
escribirlos sobre ningún objeto. Además, prometo jamás hablar nada
contra la religión, ni contra el Estado, ayudar a socorrer a mis
hermanos en sus necesidades y según todo mi poder. Si faltare a mi
promesa, consiento en que me sea arrancada la lengua, cortada la
garganta, atravesado el corazón de parte a parte, quemado mi cuerpo y
mis cenizas arrojadas al viento para que no quede ya nada mío sobre la
tierra, y el horror de mi crimen sirva para intimidar a los traidores
que fueran tentados de imitarme. Que Dios sea en mi ayuda"".

Más o menos de este tenor son también los juramentos utilizados por
los masones españoles a comienzos del siglo XIX, y que se conservan en
el Archivo de Palacio entre los papeles reservados de Fernando VII.
Aquí la nota dominante, aparte de las clásicas fórmulas conminatorias
finales, es la expresa y reiterativa declaración de fidelidad al rey y
a la religión.
""Además, juro que siempre seré fiel súbdito del Rey y de la
Constitución establecida en mi país, nunca permitiendo ni moviendo
controversias, disputas, ni cuestiones sobre asuntos políticos ni
religiosos dentro de la logia; pues desde ahora conozco que son muy
ajenas y contra el espíritu y esencia de la verdadera masonería,
siendo su único fin establecer la sana moral, cultivar las ciencias,
ser justo y benéfico y caritativo en cuanto permitan mis
circunstancias, y sobre todo sostener los sagrados derechos del Rey y
ser obediente a los mandatos del Gobierno y preceptos de la
religión"".

Las terribles amenazas con que se conmina al perjuro -muestra
evidente, para muchos, de la gravedad del secreto y de los fines de la
masonería- en realidad no son otra cosa que la fórmula del juramento
exigido por las leyes inglesas de los siglos XVII y XVIII, donde se
amenaza al perjuro con las penas destinadas al culpable de alta
traición. Es decir, arrancarle y quemarle las entrañas y arrojarle al
mar, a la ""distancia de un cable, allá donde el flujo y reflujo`pasan
dos veces en veinticuatro horas"", fórmula que todavía se utilizaba en
el siglo XIX, al igual que el lord-alcalde de Londres, en el siglo XX,
también lleva en las grandes solemnidades la misma peluca que sus
antepasados de los siglos XVII y XVIII".

Pues bien , acabo de plasmar tres opiniones sobre el secreto masónico:
una metafísica, otra de un masón racionalista y la tercera de un
científico.

Queda a vuestro libre albedrío optar por alguna de ellas, o por
ninguna, claro.

Mi opinión ha quedado plasmada a lo largo del blog y, especialmente en
la entrada sobre la INICIACIÓN MASÓNICA.
Ese secreto era real, para los antiguos albañiles constructores del
gótico, que preservaban para sí mismos esos conocimientos que les
permitían desarrollar su trabajo y, que sólo transmitían a sus
aprendices, una vez que estos habían demostrado a lo largo de los años
su predisposición para el oficio, así como la adquisición de la
habilidad manual para ejercerlo. Ese era el único secreto de la
masonería operativa, cuyos últimos detalles y técnicas, sólo se
transmitían en la ceremonia en la que los aprendices eran elevados al
grado de compañero.
Así de simple y de diáfano. Sin embargo, cuando la masonería
especulativa se constituyó en 1717, utilizó esos datos históricos,
para a partir de ellos, crear la actual masonería, magnificándolos,
ensalzándolos y haciendo pivotar sobre la iniciación y el secreto,
todo el humo que venden, y que al parecer, no tienen intención de
dejar de vender, con lo cual seguirán ocupándose de sus propios
ombligos, sin mirar hacia la calle, que es donde están los ciudadanos
y los problemas de nuestros días, que nada tienen en común con las
normas que se dieron si mismas un grupo de personas en 1717. Normas
obsoletas en su mayor parte, e inoperativas para cualquier
organización que pretenda incardinarse en la vida de los que lo
necesitan.
 
 
 

Comments